Matrix

«Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios,

que una de las dos Españas,

ha de helarte el corazón»

No eran sólo unos versos de aquel distraído poeta andaluz recriado y enamorado en Castilla. Fue premonición de lo que pasó. Y lo que pasó fue la guerra fratricida de las dos Españas.

Una, la vencedora, bendecida por la Iglesia católica, apostólica y romana.

Y la otra, vencida, y maldita por la misma iglesia que hoy, olvidándose de su más claro mensaje evangélico de amor y respeto al prójimo, atiza el rechazo social al derecho que el ser humano tiene a una forma determinada de entender y sentir el amor, motor principal de Jesucristo cuyo corazón semita, del desierto, ofrece dátiles y miel al caminante y el pecho a su amado Juan en la última cena.

Esa Iglesia, que en sus carnes está sufriendo la vergüenza de clérigos corruptores de menores en grado escandaloso, se suma  a la intransigencia de quienes con el pretexto de una palabra para ellos inadecuada, «matrimonio de homosexuales», han organizado manifestaciones en protesta por su reconocimiento legal.

Esta intolerancia me recuerda algunas películas americanas en las que el alcoholizado juez se retira de la sala del tribunal a pegarse un trago de la botella que oculta en su despacho, antes de aplicar todo el peso de la ley para condenar a un borracho.

¿Es realmente la palabra «matrimonio» lo que les inquieta?

Nunca imaginé que estuviera esta España tan preocupada por cuestiones lingüísticas.

En ese caso hubieran podido recurrir a la Real Academia Española de la Lengua.

También hubieran podido organizar unos seminarios sobre lingüística histórica en el Monasterio del Escorial presididos por su ilustre abad fray Justo Pérez de Urgel.

Pero no. Lo mejor que se les ha ocurrido es movilizar a los ciudadanos, siempre bendecidos por la misma cruz, para exacerbar los sentimientos de hostilidad y rechazo a la otra España.

Antonio Machado, la otra España, salió al exilio con su anciana madre a pie por la frontera y sus pocas fuerzas los llevaron a Collioure, pueblecito francés junto a los Pirineos, donde pocas semanas después murieron con el corazón helado.

No son sólo unos versos.

 

José Luis Simón Cámara.
San Juan, 10 de Junio de 2005.