La secesión.

 

Los movimientos de secesión en Cataluña me recuerdan más a la guerra de secesión norteamericana que a las luchas de independencia de las colonias españolas con su metrópoli.

No estoy diciendo que los catalanes quieran implantar la esclavitud a estas alturas de la historia, eso espero al menos, pero el tufo de superioridad que se les escapa en múltiples declaraciones, las muestras de exclusión, el falseamiento de la realidad histórica, las frecuentes manipulaciones, el menosprecio de lo que no consideran propio, los amagos de xenofobia hacia lo distinto o contrario, me recuerda más a los supremacistas suristas de la confederación, defensores de la esclavitud, de la superioridad de la raza blanca, que a los Bolívar, San Martín o José Marti de Sudamérica o Centroamérica, que con ansias democráticas pretendían librarse de la metrópoli, más preocupada en el expolio económico de las colonias que en el bienestar de sus habitantes.

¿De qué tiranía pretenden librarse los independentistas catalanes cuando en sus territorios no ha habido jamás, como en el resto de España, tanta libertad para todos como ahora? Y digo como ahora para todos porque si fueran ellos los que decidieran el futuro de esta tierra, y ya han dado muestra de ello acallando al disidente incluso en el Parlament, sede de la soberanía popular, ejercerían su poder, sin control judicial independiente, contra quienes no comulgaran con sus ideales independentistas. Asistiríamos al paulatino destierro de todos aquellos elementos que hasta ahora han unido a las dos comunidades, como es por ejemplo la lengua castellana que ya ha sido objeto de represalias, emulando los tiempos en que durante las distintas dictaduras se represaliaba el uso de la lengua catalana. Ya se han escuchado voces que piden la desaparición de calles dedicadas a, por ejemplo, Antonio Machado, por ser considerado, no sé por qué altas instituciones culturales, como franquista, y seguramente en esa línea se quitaría el nombre de Miguel de Cervantes por ser el símbolo de la opresión lingüística imperial sobre Cataluña que probablemente preferirá el uso del alemán, más propio de sus añoranzas históricas de los Habsburgo frente a los decretos de Nueva Planta de los Borbones. No vendría mal recordar que los Habsburgo fueron altamente respetuosos con los fueros de todos aquellos países bajo su control, como por ejemplo con Castilla cuando pasaron a cuchillo a tantos comuneros castellanos de los que la historia recuerda a Padilla, Bravo y Maldonado o con los Países Bajos en la época del Duque de Alba cuando decapitaron en Bruselas a los condes de Egmont y Horn, el primero pariente de Felipe II y abanderado en las batallas de San Quintín y de Gravelinas, y no por veleidades independentistas, ya latentes en sectores de la sociedad flamenca, sino por oponerse a la implantación de la Inquisición en aquellas tierras con fuerte predominio protestante, aunque ellos eran católicos.

¡Qué poco aprendemos de la historia! Me resulta patético leer estos días en la prensa que Tarradellas ya advirtió del giro secesionista que tomaría la Generalitat cuando en el traspaso de poderes a Jordi Puyol le sugirió acabar con el “Visca Cataluña”, “Viva España” a lo que éste se opuso y leer también que el mismo Tarradellas trató en el año 34 de disuadir a Companys de que declarara la independencia de Cataluña. Ni con Puyol tuvo éxito ni tampoco con Companys.

Ya hemos visto los resultados en ambos casos.

¡Qué poco aprendemos de la historia!

San Juan, 18 de octubre de 2017.
José Luis Simón Cámara.

Un pensamiento en “La secesión.

  1. Josele, siempre leo con interés lo que escribes, porque eres de los que meditan mucho lo que escribes y además lo expresas magnificamente. Comparto plenamente esta reflexión, hay días que los supremacistas catalanes me ponen de mal humor por lo que dicen y piensan y lo peor es que pueden ir a mas.

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