Desde el más allá. 4.

IV

¡Amigo! Así acaba la tablilla segunda. Hermosa palabra. Necesitaban enfrentarse, rivalizar, pero enseguida se dieron cuenta de que era mucho más lo que los unía que lo que los separaba. ¡Cuántas veces nos ha pasado en la vida como a ellos! Después de muchos enfrentamientos hemos descubierto que nos sentíamos mucho más cerca de aquellos con los que discutíamos que de otros con los que no habíamos cruzado una palabra siquiera, que de otros con los que parecíamos coincidir en todo. Del revolcón al abrazo. Cuántas veces ocurre en la vida.

TABLILLA III

“Enkidu se sentía atormentado. Entonces Gilgamesh, volviendo su rostro, habló así a Enkidu: Amigo mío ¿por qué tus ojos están llenos de lágrimas? ¿Por qué tu corazón está lleno de tristeza y te sientes atormentado? Enkidu abrió su boca y habló así a Gilgamesh. Amigo mío, a causa de mis lamentos, los sollozos han oprimido mi garganta, mis brazos están débiles y mi fuerza aniquilada.”

— Oye, escúchame, ¿qué le ha ocurrido a Enkidu ahora que está civilizado, que come pan y bebe cerveza, que vive en la ciudad y tiene un amigo?

— No está muy claro porque, como sabes, algunas de las tablillas de arcilla están desaparecidas y otras incompletas o rotas, pero parece que la tristeza y abatimiento de Enkidu se debían a su nuevo tipo de vida, muy diferente al que había llevado en la estepa. Para evitar este estado Gilgamesh le sugiere la realización de un viaje y una gran aventura: ir a combatir a Khumbaba, el guardián del bosque de los cedros. No te cuento, por no aburrirte con datos intra y extraliterarios algunos pormenores pero todo esto que estamos leyendo pertenece a tablillas y columnas encontradas en distintos lugares de Mesopotamia como Nínive, Sippar, Khatusha, Uruk con versiones en distintas lenguas como la asiria, hitita, babilónica, acadia y que hoy se conservan en museos de Londres, Filadelfia de Pensilvania, Yale, etc.. y que han sido objeto de traducción y estudio por muchos investigadores fascinados por su riqueza humana y literaria.

El viaje y la lucha contra Khumbaba se interpreta como un conflicto entre agricultores de la llanura (Uruk) y pastores de la montaña. También están documentadas las expediciones que efectuaron sumerios, asirios, babilonios y acadios a las regiones montañosas occidentales en busca de madera y resina.

“Enlil ha destinado a Khumbaba para proteger el Bosque de los Cedros, para ser el terror de las gentes. Su bramido es el diluvio, su boca es fuego, su aliento es la muerte. Sobre sesenta dobles leguas oye todos los ruidos del bosque. ¿Quién puede, pues, adentrarse en su interior? Enkidu dijo a Gilgamesh: Amigo, es imposible que vayamos al encuentro de Khumbaba. Gilgamesh le respondió: Tú y yo iremos a abatirlo y cortaremos los cedros. Pero Enkidu le dijo: Amigo mío, yo sabía eso desde que en la montaña yo andaba vagabundeando con la manada. ¿Por qué quieres acometer tal empresa? Es un combate imposible. Gilgamesh le respondió:¿Quién, amigo mío, puede escalar el cielo? Sólo allí viven los dioses.

En cuanto a la humanidad, tiene los días contados. Todo lo que un hombre hace no es más que viento. Tú mismo, si tienes miedo de morir ¿en qué se ha convertido tu coraje? Voy a partir delante de ti. Si sucumbo, al menos me habré hecho un renombre. Gilgamesh, se dirá, contra el feroz Khumbaba entabló la lucha. Tú, nacido y criado en la estepa, tú a quien han atacado los leones, tú debes comprender todo esto. Diciendo estas cosas has afligido mi corazón. Sea lo que sea, he decidido ir a cortar los cedros, así haré un nombre eterno. Vayamos, amigo, quiero asignar el trabajo a la fragua para que, ante nuestros ojos, se forjen las armas.

El rey de Uruk plantea su proyecto a sus consejeros y ancianos. Éstos se levantaron y comunicaron su decisión a Gilgamesh: Tú eres todavía un niño, tu pasión te arrastra, tú no sabes de qué estás hablando. Si alguien se interna en el bosque queda paralizado. Entonces Gilgamesh lanzó una mirada burlona a su amigo y le dijo: Escucha, amigo mío, mi respuesta debería ser: Tengo miedo de él, voy a permanecer aquí. ¡No! Iré al bosque de los cedros! Se marcharon, pues, juntos a la fragua y les forjaron hachas, machetes, espadas, arco y carcaj, armas todas de gran tamaño.

Cuando se conoció la noticia, el pueblo se amontonó y manifestó su alegría por las calles de Uruk. Los ancianos lo bendecían y le daban consejos sobre el viaje.

No confíes únicamente en tu fuerza. Ten los ojos abiertos, estáte atento. Que Enkidu vaya delante de ti, pues ya conoce la ruta, ha recorrido el camino, conoce los accesos al bosque y todas las astucias de Khumbaba. Es experto en el combate. Que Enkidu proteja a su amigo, salve a su compañero, que transporte su cuerpo por encima de las trampas. Nosotros, Enkidu, en nuestra asamblea te confiamos al rey, cuando regreses, devuélvenoslo otra vez.

Gilgamesh entonces tomó la palabra y dijo: Ven, amigo mío, vayamos a visitar a la gran reina Ninsún, la sabia, mi madre, hará de nuestros pasos una marcha prudente. Cogiéndose de la mano el uno al otro fueron a visitarla y pedir su protección. Y dijo Ninsún, dirigiéndose a la diosa Shamash. ¿Por qué, habiéndome dado a Gilgamesh por hijo, lo dotaste de un corazón sin reposo? ¡Oh, Enkidu, te confío a Gilgamesh!”

Y así, con las advertencias del Consejo de ancianos y la blanda oposición de Enkidu, vencida por Gilgamesh con la ironía y amagos acusadores de cobardía, se encaminaron ambos, con la bendición de sus dioses protectores, hacia el bosque de los cedros donde se enfrentarían con Khumbaba. Siempre o casi, han sido los viajes un bálsamo para las inquietudes y monotonía cotidianas. Nunca se sabe lo que puede deparar un viaje. En cualquier momento puede surgir algo imprevisto. Otro aliciente más.

San Juan, julio de 2020
José Luis Simón Cámara.

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