Rara Avis

No se sabía mucho de ella salvo que era un ave nocturna y que habitaba los frondosos bosques de Europa Central. Se suponía que se alimentaba de pequeños roedores y reptiles que cazaba en la oscuridad.

Rodrigo llevaba varios años estudiándola y su curiosidad inicial se transformó en interés antes de acabar de convertirse en obsesión. Aquella era sin duda una rara avis, nunca mejor dicho. Ningún museo de la naturaleza en el mundo, por importante que fuera, podía presumir de contar en sus salas con un ejemplar disecado.

Los escasos avistamientos que se habían registrado, poco más de una decena en los últimos veinte años, habían ocurrido siempre poco antes del amanecer. Sin duda por eso, también eran pocas las imágenes de que se disponía. Todas en vuelo y borrosas por falta de luz, pero permitían colegir que podía alcanzar los tres metros de envergadura con las alas abiertas.

Sin embargo, sí se contaba con una grabación de sonido de más de dos horas. En ella se podía apreciar un canto, entre silbido y gorjeo, que los expertos interpretaban como la llamada de cortejo del macho en época de celo.

Durante seis meses estuvo acudiendo Rodrigo a sesiones con un foniatra, hasta que logró reproducir de forma casi idéntica la llamada de aquél ave.

Preparó con minuciosidad el viaje eligiendo fechas y lugares con mayor número de avistamientos para contar con la mayor probabilidad de éxito. Consiguió aquella munición especial que causaba la muerte de la pieza sin más huella ni daño que el pequeño orificio de entrada en el cuerpo. Limpió y engrasó la carabina de repetición con visor telescópico nocturno y compró ropa de camuflaje adecuada. Habilitó un amplio espacio sobre la vitrina de trofeos del salón de caza, reservando el lugar preferente para la pieza soñada.

Después de dos noches baldías, a la tercera, sus labios perfilados se contraen de nuevo para dejar escapar el silbido corto tantas veces ensayado. Agudiza el oído en espera de idéntica respuesta, pero nada oye.

Sería una lástima, piensa. Después de tanto esfuerzo e ilusión sería una lástima que no apareciese y tuviera que volver de vacío. Repite el silbo pasados unos segundos.

Cuatro meses tardaron en curar las graves heridas de garra en la espalda y los picotazos en el cuello producidos por el ataque de una feroz rapaz en celo de la que no se sabía mucho, salvo que era un ave nocturna y que habitaba los frondosos bosques de Europa Central.

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Acerca de Fele

Ni corre rápido ni megadistancias, y la verdad es que debe dar pena verlo trotar, pero ¡mira!, parece que es el único que corrió las 25 ediciones de la Marathon de Benidorm, además de otras 32 más por diversos lugares. Aunque no presume de ello, simplemente permite que los amigos, de vez en cuando, lo recuerden. Seguirá en A to Trapo mientras nadie se dé cuenta de que lo desprestigia.