CAMINO MOZARABE ALMERIA – GRANADA

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada, 14 ABRIL 2026, ya estamos en la línea de salida; ya nos hemos reunido con otros peregrinos en el punto de encuentro indicado por Nelly: la plaza de la catedral de Almería, donde se inicia este camino, Camino Mozárabe que deja atrás el mar para buscar las Alpujarras almerienses y adentrarnos por las estribaciones de Sierra Nevada, en Granada. Ahora, a descansar y mañana, a caminar. ¡¡Este año también llevo en la mochila a Antoñito!! Salud.

15 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada, etapa 1. Almería – Rioja, 15 km. Vamos dejando el nivel del mar para, en ligera subida, ir abandonando Almería por una de sus arterias principales (Rambla); nos vamos cruzando con chavales que al cole van, cada uno hace su camino. En la parte alta está Torrecárdenas, donde se alza el Hospital General de Almería a modo de alcazaba (qué gran industria es la sanidad). Enfilamos hacia Huércal, pasando por su estación de tren, para alcanzar al poco tiempo Pechina, cuna, hace la tira de años, de una de las principales taifas de Andalucía. El sol nos acompaña todo el recorrido, que transcurre en buena parte por el cauce seco del río Andarax. Llegamos a Rioja, donde hacemos parada y fonda en su albergue, que tan bien regenta la asociación del Camino Mozárabe (felicitaciones). El albergue es de donativo (QUE NO ES GRATIS), los rituales (ducha, cama…) y mañana continuará. Antonio sigue entero y, al llegar a Rioja, asumió su papel de madre y marchó a realizar la compra y preparar la comida; la hicimos comunal con los compis franceses.

16 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada. Etapa 2. Rioja – Alboloduy, 23 km. “Pasamos del Andarax al Nacimiento y, de paso, entramos en las Alpujarras almerienses”. Todos a una despertamos y en el albergue desayunamos. Enfilamos por carretera a buscar el cauce del río Andarax, saludando a los paisanos (ruta del colesterol) que por el camino íbamos encontrando, camino de Gádor, serpenteando, jalonados de naranjos y pequeños cortijillos, para llegar a Santa Fe de Mondújar, donde desayunamos en el bar Manolo. Vi a algún paisano tomando limonada (similar a la paloma alicantina: anís seco con agua fría + hielo; aquí le ponen zumo de limón 🍋). Pasamos por el majestuoso puente de hierro y entramos en la zona montañosa, estribaciones de la sierra de los Filabres. A la derecha puedo ver el observatorio de Calar Alto y, a mi izquierda, al fondo, Sierra Nevada cubierta de manto blanco. En algunos tramos de carretera pude ver en las cunetas cómo los envases vacíos de bebidas energéticas son los que ganan por goleada (menudo virus nos invade). Después del tramo de montaña (incluido el mirador del cerro de la Cruz), pasamos nuevamente a la ruta de pueblos blancos, cauce del río Nacimiento, para llegar a Alboloduy a las 14 horas, a tiempo para comprar en la tienda víveres para mañana. La hospitalera Lola nos aloja y muestra las dependencias del albergue (de lujo, era la antigua casa del médico). Mañana la etapa será un poco más larga; cada día vamos incrementando. ¡¡Ahora toca descanso, paseo y, posteriormente, cena comunitaria (somos 9 = 5 franceses, 1 checo, 1 holandés y Antoñito + yo)!! Con el estómago lleno, nada mejor que un paseo por sus callejuelas. Salud y kilómetros.

17 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada, etapa 3. ALBOLODUY – ABLA, 29 km. 750 +. “Encajonados en el río Nacimiento”. Todos a una, reunidos en la mesa comunitaria, desayunamos antes de amanecer y, con las primeras luces, iniciamos el camino, alcanzando el curso del río Nacimiento, el cual fuimos sorteando y, como niños, saltando para salvar sus aguas; los tamarindos, a ambos lados, desde el inicio hasta el final de etapa. Dejamos el mismo para alcanzar la carretera en fuerte subida; nuevamente descendimos al mismo y, por su cauce, alcanzamos el pueblo de Nacimiento, donde desayunamos, para continuar camino de Doña María. Almorzamos en su plaza y enfilamos camino de Abla, dejando Ocaña a la izquierda. De nuevo, por el cauce del Nacimiento, nos cruzamos con alguna perdiz que otra, así como conejos. La autovía nos anuncia que Abla está cerca; llegamos y, por subida continuada, alcanzamos la plaza de San Antón, donde se ubica el albergue. Andre nos recibe y acomoda; Raquel está atareada en la cocina para preparar la cena (hoy está completo el albergue: 12 peregrinos). Magníficas vistas de Sierra Nevada para disfrute de cuerpo y alma. Cansados, pero reconfortados: así es el camino. Antoñito tiene molestias, pero solo eso, así que bien vamos. Salud y mañana más. P. D.: Abla se prepara para sus fiestas, son este fin de semana y se nota en sus calles, limpias como una patena y engalanadas para la ocasión.


18 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada, etapa 4. Abla – Huéneja, 20 km, 470 +. “Con la omnipresente Sierra Nevada a la vista”. Lleno total en el albergue de Abla; los hospitaleros Raquel y Andre (australianos) colgaron el cartel de completo: 12 en total, siendo los únicos españoles Antoñito y yo; el resto, un grupo variado (5 franceses, 2 suizas, 1 checo, 1 holandés y 1 americano). La ruta la iniciamos desandando la subida de ayer para transcurrir por caminos de almendros, olivos y alguna que otra huerta, con algo de sombra, para llegar por el cauce del río seco a Fiñana, con dura cuesta que nos llevó al bar de la plaza, donde desayunamos. Bajamos nuevamente a la rambla, que nos llevó a la Venta Ratonera y, a continuación, a Huertazuelas, donde su fresca fuente nos refrescó. Por la rambla pusimos rumbo a Huéneja, jalonados por almendros y olivos, a los cuales no les faltaba el agua. Entramos en el pueblo final de etapa por la rambla del río Ispafama, que nos llevó a las puertas del albergue, donde fuimos agrupándonos poco a poco los que desde Abla partimos; ya somos una familia peregrina. Al poco llegaron Marilo e Igor, que nos acomodaron. Día perfecto y soleado. Seguimos en el camino. Mañana más. P. D.: En la cena, lleno hasta la bandera; llegaron 2 más, a los que Marilo e Igor acomodaron, y posteriormente a todos nos brindaron una rica, rica cena regada con vino y agua. ¡¡Qué más se puede pedir!! GRACIAS, magníficos hospitaleros.


19 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada. Etapa 5. Huéneja – Alquife, 18 km. Etapa corta, con una parte rompepiernas, pero sin apenas dificultad. Abundan los almendros, a los que les queda poco para su recolección. Pasamos por Dólar y Ferreira; el silencio reina en sus calles. Las panaderías están cerradas, así que bebemos agua de su fuente y continuamos (en Ferreira andaban poniendo dos paradas de mercadillo). Llegamos a La Calahorra, donde su majestuoso castillo, a modo de atalaya, se alza en su colina. Cruzamos la carretera que va al puerto de La Ragua, tomamos el café de la mañana y, por la vía pecuaria, cogemos rumbo a Alquife (final de etapa). Pasamos por su poblado minero (abandonado) y llegamos a Casa Norman, donde nos alojamos en el día de hoy. Las vistas de Sierra Nevada son impresionantes; aún sigue con su manto blanco. Salud y kilómetros; seguimos andando y disfrutando del Camino Mozárabe. P. D.: Compartimos buena parte de la etapa de hoy con Juan Lucas, de Francia, en animada tertulia hablando de agricultura y plantas aromáticas; Antoñito y él se daban relevos de conocimiento de sabiduría popular.


20 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago. Etapa 6. Alquife – Marchal, 27 km (por variante de tierra al final). “Descubriendo las CÁRCAVAS”. Salimos de los últimos, casi a la par de las amigas suizas (Angela y Margarita). Nos tomamos la jornada con tranquilidad, pues la noche ha sido movidita. La nieve sigue presente, con un buen manto a nuestra izquierda, y se nota en los caudales de los arroyuelos. Llegamos a Jerez del Marquesado, donde reponemos en su panadería (los bares están cerrados hoy lunes); bueno, repongo yo, mientras que Antoñito marcha para atrás como los cangrejos a buscar su bastón (cómo no 🙂). Nos internamos en una zona minera (cobre, hierro…; hoy cerrada, pero a saber si algún día abrirán de nuevo). Antes de llegar a Cogollos de Guadix, circunvalamos el embalse (está a tope): parada, café, saludos… y continuamos hacia la ermita de San Gregorio. En ese punto dejamos la dirección de Guadix y, al poco, nos internamos por caminos de tierra (estábamos cansados de asfalto) hacia el cordal de Lugros (menuda aventura). Ya en zona alta, fuimos oteando el paisaje lunar, troglodita… Son CÁRCAVAS. Llegamos al mirador del Fin del Mundo, donde disfrutamos de las vistas (y descansamos); al fondo, el río Alhama, así como las poblaciones de Beas de Guadix y Marchal, final de etapa. Alojamiento en Casa Cueva El Rubio (de la asociación): una maravilla, paz, tranquilidad. Somos los únicos peregrinos que nos alojamos (gracias, Paco). Al alojamiento en cueva no le falta de na; seguro que descansaremos y mañana continuaremos. P. D.: La tarde-noche se prestaba a lo que hicimos: sentaos estuvimos en la puerta de la cueva. Antoñito estuvo hablando con una vecina y se empapó de cuanto acontece en Marchal y demás… Grata charla y buen descanso.



21 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago. Etapa/paseo: Marchal – La Peza, 13 km. Salimos sin prisa, pues la etapa invitaba a ello. Circunvalando y en subida llegamos a las zonas de aguas termales y balnearios de Los Baños y Graena, muy tranquilos en esta época del año. Al poco nos internamos por una rambla salpicada de viñedos jóvenes y jalonada de tamarindos y retamas. La parte final la hicimos por carretera, que nos llevó a la parte más alta, desde donde divisamos abajo el final de etapa = La Peza y, a la derecha, el embalse de La Peza. Nos dejamos caer por fuerte pendiente, llegando a la plaza de la iglesia a eso de las 12. Compramos y almorzamos junto a la fuente, de donde manaba agua limpia y fresca por dos caños. Allí se daban cita personas del pueblo. Me hizo gracia el comentario de un gitano a una gitana acerca de una boda que tenían el fin de semana próximo: “Me voy a hartar de comer, hasta que se me rompa la camisa 🙂”. El albergue de la asociación lo teníamos al volver, así que para allá que nos fuimos, y allí nos fuimos juntando los peregrinos que compartimos jornada, una gran familia. La hospitalera, la gran FINA, una crack, nos alojó y agasajó con una gran cena comunitaria: garbanzos, lentejas del día anterior, ensalada y fruta… ¿Qué más se puede pedir? Gracias, Fina. Mañana más, la larga a Quéntar. P. D.: En La Peza celebran San Marcos, al igual que en Puente Genil. Aquí hay tradición de regalar una rosca de pan bendecida y fuimos afortunados y disfrutamos de una, acompañada de queso de cabra del lugar y vino.
22 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada, etapa La Peza – Quéntar, 29 km. Sin duda, una etapa para recordar, con un inicio de etapa tipo calvario: una cuesta de órdago en la que el cuerpo entra en calor enseguida. Por pistas forestales tipo tobogán, pero siempre en ascenso, caían los kilómetros. Nos cruzamos con un par de brigadas de agentes forestales que andaban realizando limpieza de montes. A la derecha oteábamos la zona de Diezma y cerca queda el puerto de la Mora. Enfilamos por una rambla hasta el puerto de los Blancares (cerca de 1.300 m). En ese punto está la intersección hacia Tocón de Quéntar, pero nosotros seguimos por la derecha para llegar a la zona recreativa de Aguas Blancas, donde hicimos la paraeta para comer y descansar. Cogimos fuerzas, ya que a continuación nos esperaba la subida que nos situaba a 1.410 metros, tocando techo. Llegamos a la cantera de los Blancos (hoy día abandonada, donde se extraían áridos, así como carbonato cálcico) y desde allí ya todo era bajada hasta el pueblo, fin de etapa… En esta etapa se nos unió Isidoro, de Salamanca, con el que compartimos posada, charla y ronquidos. Ya en Quéntar, alojados en el hostal, reposamos y, una vez duchados, a estirar las piernas nos vamos. Se nos ha hecho breve la etapa y el tiempo acompañó; mañana pondremos rumbo a Granada.

23 ABRIL 2026

Camino Mozárabe de Santiago de Almería a Granada, etapa Quéntar – Granada, 19 km. “Ya en Graná, casi ná”. Ya desayunados y con la mochila a la espalda, bajamos al cauce del río Aguas Blancas para seguir su curso hasta el pueblo de Dúdar, pudiendo apreciar restos de los temporales de meses atrás en el cauce del río. A partir de Dúdar se empina el camino y, conforme alcanzamos altura, las vistas nos regalan mejores paisajes: puente romano, ruinas de un acueducto, Sierra Nevada, olivares… Ya en el alto nos cruzamos con grupos de ciclistas (abundan más las eléctricas…). Descendemos a Jesús del Valle, donde avituallamos y echamos a andar en animada tertulia. Tanto fue así que nos confundimos de ruta y, por tanto, nos tocó hacer un par de kilómetros de más, pero todo tiene arreglo. Una vez cogimos el cauce del río Darro, no lo dejamos hasta llegar a Granada, con entrada por sus concurridas y turísticas zonas del Sacromonte, Paseo de los Tristes, paradas para fotos, Albaicín… Sobre todo sabiendo que esto llega a su fin, de momento por este año en el Camino Mozárabe. Pasamos a saludar a Fanny por el Palacio de los Perfumes, hicimos paraetas para degustar cervezas y tapas y, con tristeza, pero contentos, nos despedimos. Antoñito regresaba para Alicante, Isidoro para Madrid y yo me quedo en Granada para estar con mi hermana. Seguiremos caminando y disfrutando. Son caminos que dejan huella y un montón de anécdotas y gratas experiencias, siempre enriquecedoras. Gracias a la Asociación del Camino Mozárabe por dar tanto y estar siempre que lo necesites. Nelly, Paco, Lola, Fina, Marilo, Igor… grandes hospitaleros, voluntarios. P. D.: Estas dos últimas etapas formamos un trío, pues se sumó Isidoro y todos salimos más enriquecidos.

Un día cualquiera en la vida de……

No, no voy a comenzar, como el Lazarillo, desde la infancia para que sea una novela moderna ni tampoco como las historias medievales en las que el guerrero ya era adulto; tampoco como en las historias más antiguas del mundo, las de Gilgamesh y Enkidu o Adán y Eva en las que algún dios aburrido, como los niños juegan con la tierra y el agua, hizo barro escupiendo sobre la tierra y se distrajo dando vida al monigote.

Tampoco sé si es relevante en este caso decir que tengo 15, 40 o 60 años. Esas medidas del tiempo están siendo discutidas. Esta tarde al llegar a casa donde comían varias amigas de mi mujer, justamente decía Lola que la física cuántica está planteando el resquebrajamiento de esas unidades de tiempo y espacio en las que nos movemos o eso creemos.

A las siete menos diez ha sonado el despertador que funciona con una pila cogida de una muñeca de mi nieta que habla en inglés, me refiero a la muñeca, aunque también mi nieta repite como ella “I love” y suelta una carcajada. Desgreñado, me miro como todos los días al espejo del cuarto de aseo; he de confesar que me miro más de lo que podría parecer al espejo; de hecho, a veces, como si me remordiera, me miro como de paso, como de soslayo, como si no me mirara. Veo la cabellera, abundante aún, revuelta y me asomo a la ventana con la esperanza de que llueva para encamarme nuevamente y evitar la carrera hasta la playa. Eso sólo ha pasado este mes de octubre último en que parece que las lluvias se habían aprendido el camino de esta zona casi siempre seca.

El termómetro exterior marca 8 grados. Me coloco el equipo: pantalones cortos, dos camisetas, de manga corta y larga y las zapatillas de deporte. Escuchando, ya desde la cama el canto del gallo, y por el callejón las 7 en el reloj de la iglesia camino por la acera que blanquea en el amanecer aún oscuro. Llego al jardín triangular y contra el tronco de un árbol hago algún estiramiento para desentumecerme y entrar en calor. Algún coche ilumina los árboles al pasar por las protuberancias de la calle, y casi siempre antes de las siete y cinco llega Jesús, mi compañero de carreras, y también aparece un vecino que todos los días a esa hora saca al perro a pasear y cruzamos algunas palabras.

–Hoy tu amigo se ha dormido.

Lleva un zapato de tacón muy alto para equilibrar alguna diferencia de tamaño en las piernas. Viste chándal y parece envidiarnos cuando iniciamos poco a poco la carrera. De un eucaliptus gigante que hay en el jardín está lleno el suelo de semillas que cojo y pongo en movimiento con los dedos como si fuera una peonza. Miramos la luna, las estrellas y comenzamos la carrera por una senda de tierra que blanquea entre las hierbas y matorrales y nos guía en la escasa luz de la mañana. Alguna vez hemos pisado un charco o tropezado en una piedra hasta caer tendidos al suelo. (Véase la muestra en estos días). Años atrás había una casa ya derruida de donde veíamos salir y entrar a unas viejecitas.

Antes de llegar a la carretera, a la izquierda una antigua y hermosa casa, en lo que se ve, porque está como amurallada con una pared muy alta y rodeada de mucha vegetación. Con torreta, grandes ventanales, pintada de rojo y blanco, con rejas historiadas. Nunca hemos visto entrar ni salir a nadie más que al guarda de la casa que a la vez es el hortelano que antes cultivaba la tierra de los alrededores y ahora se limita a cuidar el jardín, creemos, y a quemar en la antigua huerta abandonada, la poda de los árboles y plantas del jardín.

Nos hemos tropezado a veces a una pareja de ancianos tanteando el camino, a algún estudiante cargado con la cartera, algún coche aparcado de cualquier forma y ocultando a jóvenes chutándose, al anciano vecino del Carrer del Mar con su bastón y la hierba entre los labios, últimamente a otro señor de unos 70 años que camina rápido dando saltitos con su vara al subir el puente que cruza la carretera. Incluso alguna moto subiendo por el puente, gente casi toda con la cara fría y las manos en los bolsillos. Al cruzar el puente siempre miramos a la sierra y allá vemos la lucecita de Aitana y también un reverberante grupo de luces que creemos es Sella, a media altura de la montaña. Si ya ha amanecido se pierde en la montaña, pero si aún es de noche las vemos a lo lejos. Y también, al fondo, el mar.

Al bajar el puente está la carretera de servicio. Un día, mi perro que nos precedía, saltó a la carretera y un camión que pasaba pegó un frenazo brusco. Golpes y ruido de botellas. El camionero bajó todo airado porque se le habían volcado los palés de bebidas y había botellas rotas. Yo, por evitar problemas, le dije que el perro no era nuestro y él, a regañadientes y como sin creérselo, se fue hacia el camión maldiciendo, mientras nosotros desaparecíamos por la penumbra de la vereda.

No voy a salir más con el perro, me decía a mí mismo, y no es la primera vez que me lo decía, porque en otra ocasión salí con los dos perros, éstos de más envergadura, eran bouvier de Flandes, atados entre sí por una cadena de unos 60 centímetros para controlarlos mejor y, a una llamada mía, acudieron rápidos y me pasó cada uno por un lado; yo estaba distraído y del golpe me levantaron un metro por los aires y caí al suelo y me levanté asustado porque entre el pecho y el vientre se me habían levantado como las costillas. Inspiré aire y me oprimí con las manos y todo aquel saliente sin heridas volvió a su sitio. Regresé a casa y fui al médico. “Ha tenido usted suerte, me dijo, han sido las costillas flotantes que se le han salido, pero han vuelto a su sitio con la presión de las manos”. Decididamente, ya no iba a salir más con los perros. Eso lo podía decidir.

Lo que yo no podía decidir ni me esperaba una mañana era encontrarnos por la senda de todos los días con una perra negra a la que traté de ahuyentar y me lanzó un mordisco en la pierna izquierda que me produjo desgarro. Inmediatamente regresé a casa acompañado de Jesús y Rodolfo y fui al médico. “Por aquí está erradicada la rabia, pero siempre en estos casos hay que atar y observar al perro” me dijo. Puse la denuncia a la policía municipal que fue a la casa del dueño, el del almacén de almendras, que se negaba a aceptar que su perra hubiera salido de su casa. Cuando acompañé a los agentes para mostrarles por dónde había desaparecido el perro después de morderme, vimos que ya había puesto una malla que cerraba el paso.

Días después me enteré casualmente en el veterinario, un antiguo alumno, de que un vecino de la localidad lo llamaba con urgencia para vacunar a su perro contra la rabia. Era el mismo, que quería vacunarlo después de haberme mordido. El veterinario, ante la sospechosa insistencia del dueño del perro le planteó si le había mordido a alguien porque en ese caso no se podía vacunar. Basura humana.

Finalmente me conformé con que reconociera ante el juez de paz que había tapado el agujero por donde el perro entraba y salía y que había intentado vacunarlo después de morderme para justificar que estaba vacunado. Le importaba un rábano mi integridad física y luego quería invitarme a una cerveza.

Bajando la vereda asfaltada, nuevos edificios tan encima del camino que han tenido que apartar las farolas sobre las que se abalanzan. El almez, al que vemos perder la hoja cansada y oscura cada año y rebrotarle tierna, sutil, transparente, jovial. Los olores del jazmín que se encarama por las viejas paredes de los patios. Algún ladrido tras las vallas y enseguida las cañas a cuya altura a veces Rodolfo nos esperaba equipado con sus mallas y calcetines de colores hasta la rodilla, siempre bienoliente, más bien callado cuando de sí se trataba, gustoso de comentar “el dardo en la palabra” aquellos artículos en el ABC del director de la Real Academia Española de la Lengua, Lázaro Carreter. Y juntos hacia abajo, el lugar deshabitado donde poco a poco fueron colocando artilugios de obras o de perforaciones, de grandes dimensiones, luego unas pilastras y después unas grandes telas gruesas negras que formaban como una nave. Un buen día todo fuera.

Cuatro caminos, para la izquierda a los pavos reales, esa hermosa mansión donde los miembros del Gobierno de la República pasaron los últimos días antes del exilio, Villa Marco, en cuyas verjas hacíamos inspiraciones y estiramientos mientras veíamos saltar cientos de pavos reales desde fuera, desde el campo, hacia dentro de la valla, encaramados en ella, en los pinos o en la fantasmal cabaña o cenador, porque arriba, en lo alto de los pinos, antes de que el sol quemara, eran bandadas de garzas las que parecían su fruto. Y no sé si el ruido de una sirena las hacía tomar el vuelo a cientos en distintas direcciones, en tal cantidad que parecía que los pinos crecían tras su marcha, de aplastados que estaban por su leve peso.

Hacia la derecha de Cuatro caminos hay, dicen, una casa de cuento de hadas o de las mil y una noches, con palmeras traídas, como hace el pájaro con la paja para el nido, en el pico de grúas y helicópteros, para situarlas en el patio, con puertas de hierro forjado traídas de las fincas compradas donde se encontraban, con cámaras acorazadas llenas de lingotes de oro…

Pero nosotros seguimos derechos hacia abajo, hacia la playa. Enseguida la casa de Felipe y Magdalena con su huerta delante, naranjos, limoneros, bambú, antes viñas y ahora habas, ajos, tomates, berenjenas, unos pocos para ellos, él cocina como si hubiera aprendido en París donde pasó trabajando a los 20 años. Su cuñado me viene a la cabeza cuando paso, Salvador, el albañil de Jumilla, calvo, delgado, aporreado tras caerse de un andamio en la rehabilitación del teatro principal de Alicante, jugador de máquinas tragaperras, de lotería, fumador, seguidor de faldas, ya muy deteriorado y con el humo pasándole factura en los pulmones.

Unos perros grandes nos seguían corriendo tras la valla y nosotros íbamos buscando el fallo por donde podrían colarse. Al fin se estrellan en el ángulo y nosotros seguimos ya casi en los dominios del gran can, un mastín desmesurado que al principio tras la valla, pero luego por la vereda, nos seguía o precedía, sin atacarnos nunca pero…

Poco a poco fue decayendo, parecía enfermo; luego reaparecía nuevamente, hasta que al fin desapareció y ahora lo reemplaza un chichinabo que ladra y corretea como huyendo, éste sí, de nosotros.

Un día, por cierto, Rodolfo, que siempre nos acompañaba, no vino a correr. Y otro día. Al tercero nos lo dijeron. Se había suicidado.

El mundo se hundió bajo nuestros pies. No podíamos creérnoslo. Sí, sí, era taciturno, reservado, serio, amable, doliente, problemas… ¿Quién no los tiene? Mujer, madre, hija… ¡Habíamos corrido tanto juntos! Juntos entramos en la meta de la maratón de Valencia, Olivares, Jesús, Rodolfo y yo. ¡Tanto cuidarse, tanto correr, tanto curar la vida de los otros para quitarse la suya!

Al fin la vereda sin asfalto, qué descanso para el pie, y la casa en cuya puerta veíamos coches de lujo, salir alguna dama, detrás algún caballero, a esas horas de la mañana… y el Séneca cordobés me indica con la mirada: “Finca san Valentín” ¿Te das cuenta Jota Ele?

Luego el señor de la moto, embozado de bufanda, gorro y guantes, el jardinero de otra de las casas rodeada de jardines. Es una familia vasca. Tienen ocho o nueve hijos y vienen alguna temporada.

Tras alguna loma o árbol o tras la cortina de altas gramíneas, a veces hacemos una leve parada de desagüe. Si no hay papel una piedra sin aristas, como siempre, como antes de la ciudad, como en las afueras de los pueblos donde aún no había, cosa reciente, servicios o toilette.

Y mientras tanto pensando que luego mi madre, mi hermano, mis hijos, mi nieta… Cuando consigo borrar del paisaje de mi mente estas inquietudes permanentes que están en el fondo oculto de todas las conversaciones matinales, seguimos viendo perros, los conocemos a todos, y nos vamos acercando a las proximidades silvestres desde donde saltando ya se ve el mar a lo lejos y los primeros reflejos del sol que aún no aparece en alguna nube o en lo alto del Puig Campana con ese tajo que el gigante le propinó para prolongar unos minutos la vida de su amada que moriría con el último rayo de sol.

Rodeados de tamarindos, de palmeras, de carretera y de vía, hay también un colector maloliente, los traspasamos y al fin sobre la arena nos descalzamos y vamos corriendo hasta la orilla del agua. Allí, buena parte del año, si la luz, si la temperatura, si la soledad o una discreta presencia lejana, nos despelotamos y nos sumergimos en el agua, toda la playa para nosotros, sin turistas, sin gente; si alguien viene a lo lejos, esperamos que nos dé la espalda para no herir su pudor; nos calzamos, nos deleitamos saboreando el amanecer, el mar, la montaña y, a veces, tenemos la suerte de ver emerger al sol en segundos hasta que despega como cayéndole una gota de fuego sobre el agua.

Son las 7 y media cuando regresamos, el tranvía lleno, alguna sudamericana se baja con la bolsa y se pierde por las casas, junto a las obras, permanentes por esta zona, vemos a grupos de trabajadores que se calientan junto a unas maderas encendidas frotándose las manos o están cambiándose de ropa junto al coche o fumando un cigarrillo. Hacemos el camino inverso y encontramos al coche que cruza todos los días, también solemos cruzarnos a la chica rubia, su amigo un poco torcido y el perro fiel y tranquilo que los sigue a veces a muchos metros de distancia. Ya clarea y el viento del norte nos hiela la cara y el cuello, escondemos las manos en las mangas de la camiseta y el vaho nos rodea. Hacia las 7.50 hemos llegado al Típico, nombre dado a la plaza de encuentro, por mi hijo y sus amigos que allí se reunían hace años.

Mañana a la misma hora. “See you tomorrow”. También hacemos pinitos en inglés. Los perros están sueltos cuando llego a casa. El rito diario, atarlos, limpiar sus cacas, recoger las vasijas de comida. Tiendo la alfombra en el patio y estiramientos. No son muy abundantes las carnes, pero unos ejercicios de estiramiento y abdominales, de brazos, subirse por la cuerda a la cabaña del árbol, ayuda a mantenerse en forma.

Después de la ducha, mientras me afeito y me echo limón al pelo para que los rizos no se hagan escarola me sorprendo pensando en todas las cosas que pueden pasar en una hora cuando apenas acaba de comenzar el día.

José Luis Simón Cámara. San Juan, año incierto, posiblemente 2006.

Marcha DENIA – ALICANTE, 104 Kms. 5 junio 2026

¡¡Una larga, dura y a la vez grata jornada!! Marcha DENIA – ALICANTE, 104 KMS (en mi caso 95 kms); que como se cocina eso??, pues buena parte del secreto estriba en la compañía a la cual hay que sumarle la meteo, terreno, estado de forma, etc.
Es la edición 27 que el grupo liderado por Fermín Moreno del Club de montaña Mascarat de currantes (posiblemente más excurrantes en la actualidad) de FEVE/Tram Alicante vienen llevando a cabo esta singular prueba a la que se suman simpatizantes y amigos de Fermín (es mi caso), realizamos el transporte de Alicante a Denia en el Tram en dos tramos, hasta Benidorm (electrificada) y Benidorm-Denia (en convoy sin electrificar), llegamos el viernes sobre las 21:40 y después de tomar fuerzas (cenar) arrancamos la larga marcha, por caminos, sendas, carretera, pistas… Realizando paradas aproximadamente cada 10k, para avituallar, desaguar… El grupo no muy numeroso (en esta ocasión 13) permitía la charla, bromas, cánticos, puesta al día en tema de todos los colores… Superar dificultades… Grupo muy dispar cuyas caras ya conocía de otras rutas excepto a dos personas, cohesión total, la variedad nos enriquecía. En la primera parte, que transcurre por la Marina Alta chispeo(chirimiri, orbayo, calabobo, briznar…) buena parte del camino lo cual le dio un toque especial, la temperatura era ideal, sobre unos 19 grados, ya en Altea desayunamos en el bar Granada y el día se despejó dando paso al sol en Benidorm, continuamos hacia el rincón de Finestrat donde Fermín se compró unos calcetines, en seguida la brisa marina nos abrazó en el camino de la Costa dirección playa de Torres, La Vila y parada en el Paraíso para comer en Las Palmeras, costo arrancar, pero no había otra, así que tirando unos de otros fuimos cresteando, pasando por la cala de Carrixal, hasta llegar a Venta Lanuza, seis o más toboganes, algunos de alta intensidad y así paso a paso llegamos a El Campello y posteriormente a Sant Joan donde me despedí (al igual que la última vez que les acompañe) del singular y entrañable grupo de marcha que continuaron hasta la estación de La Marina de Alicante, punto final. El año que viene será la edición 28 esperemos poder estar. Solo queda felicitar a Fermín que cumplió este día tan especial 75 años. Salud y kilómetros.

Pd/ Hoy, domingo recuperamos piernas y mente en las orillas del mar, sus aguas son sanadoras.

Abrazo pulpero ATT,

Jesus

Memorial Jose Manuel Zambrana de Ibi 2026

Ibi a 23 de Mayo de 2926

Carrera a la cual nunca le había prestado mucha atención, más que nada por el calendario. Casi siempre coincidía con otra agendada en años anteriores. Me hablaron muy bien de ella, sobre todo mi amigo y compañero Tractor Mendez. Nos inscribimos los dos, pero él por motivos personales no pudo asistir. Le comenté a mi gran superjavi Vegara si me acompañaba, aunque fuera a verme, ya que sigue medio lesionado y no se arriesga a recaer. La prueba hace homenaje a Jose Manuel Zambrana, natural de esta localidad, el cual era soldado profesional del ejército. Murió en 2012 debido a un trágico accidente de paracaidismo en Mula (Murcia). El cual se encontraba realizando unas maniobras y el paracaídas le falló y se precipitó al vacío.

En este homenaje había 3 modalidades. Marcha 5k, y 5 y 10k corriendo en un circuito homologado. Por este motivo se encontraban en la prueba, nada más y nada menos, que atletas profesionales y ex-campeones europeos como Javi Guerra y el gran Martin Fiz.

Nosotros nos inscribimos en el 10k. La prueba comenzaba a las 21 y a los 20 me dispongo a recoger mi dorsal con la compañía de Javi. El ambiente ya era espectacular, ya que la “Marea Roja” que es como se denomina a la prueba desde hace tiempo, que eran los andarines, ya habían tomado la salida. Pregunté lo de por qué Marea Roja y me dijeron que se hizo la primera edición y se dio camiseta roja, fue tan multitudinaria que le pusieron ese sobrenombre. A las 21 salimos el 5k los 10k. Los 5k una vuelta y los 10k, dos, a un circuito muy chulo a la vez que un pelín duro. Salimos controlando por no conocer el circuito y la segunda vuelta apretamos un poco. No hace mucho que salí de una lesión.

Muy contento con el tiempo, algo más de 43′. Gran organización, avituallamiento intermedio, final y recogida de dorsales. Muy muy recomendable.

Apuntada al calendario, siempre que se pueda, para el año que viene.

Saludos…..TIKI

MARATÓN DE PRAGA 2026

Tenía en la cabeza hacer un viaje con Rosa en primavera y conocer alguna ciudad europea así que después de hablarlo decidimos irnos en el puente de mayo primero a Budapest para pasar dos días y luego volar a Praga. Al mirar fechas de maratones por el viejo continente vi que coincidía la celebración de la maratón con nuestro viaje así que decidí inscribirme.

Nosotros llegamos el viernes para conocer y disfrutar visitando los lugares más emblemáticos de la ciudad. El sábado nos acercamos a la feria del corredor para recoger el dorsal que estaba situado en el parque real de Stromovka una zona de bosque de varias hectáreas a las afueras de la capital donde mucha gente va a hacer deporte, ya que es un pulmón.

Dentro del pabellón hay mucho ambiente con muchos stands y mucha variedad de complementos para los atletas. Me encuentro con unos asturianos que también participan y me comentan que en la bolsa del corredor solo entra el dorsal una pequeña mochila y una barrita energética y si quieres la camiseta de la prueba tienes que adquirirla por el módico precio de treinta y cinco euros.

Me hago la foto con el dorsal y salimos a dar una vuelta por el parque y hacer tiempo hasta la hora de comer. Praga es famosa por el goulash, el codillo y también por sus famosas cervezas artesanales.

La maratón iba a empezar a las nueve, pero la han adelantado una hora antes debido creo a las altas temperaturas que se esperan nada menos que 27 grados así que toca madrugar y después del desayuno me dirijo a la Plaza de la ciudad Vieja donde empieza y acaba la prueba. El trazado cruza el río Moldava por sus puentes históricos donde el suelo son adoquines medievales.

Se da la salida a los doce mil participantes y pasamos junto al famoso reloj astronómico del siglo XIV y cruzamos el puente de Carlos IV rodeado de estatuas donde nos deleita un grupo musical. En el km 12 volvemos al centro histórico atravesamos la emblemática Torre de la Pólvora y la Plaza de Wenceslao para después cruzar por el barrio judío.

Aquí he venido a disfrutar, puesto que no llevo la preparación adecuada sin haber entrenado prácticamente nada debido a problemas en el aductor. Encuentro a gente española durante la carrera y también gente con banderas a los cuales animo con ganas y ellos me corresponden pues es grato encontrarse gente española cuando estas en otro país.

Llevo el globo de 3h 30 a unos metros por delante y tras pasar la media empiezo a notar la falta de km y el calor aprieta de lo lindo así que toca regular y dosificar. Veo a lo lejos el Castillo de Praga y la imponente Catedral de San Vito pasando cerca de allí, pero sin llegar a subir para después seguir por la ribera del río Moldava km 30 aproximadamente y volver a pasar por las afueras de la ciudad. La carrera se puede hacer también en la modalidad de dos corredores cada uno hace una media es una forma nueva de poder participar la cual están haciendo Amy y Dan una pareja de americanos de Colorado muy majos que conocimos durante la visita a la ciudad de Kutna Hora una ciudad patrimonio histórico de la humanidad.

El último tramo se hace costoso por el cansancio y el calor, ya que me voy echando agua por la cabeza para aliviarme. La gente lleva pancartas con dibujos de manos y escrito “tocame” para animar a los participantes. Entramos en la parte antigua de Praga en el km 40 y ya se saborea la meta. Veo a Rosa que me espera para animarme en los metros finales donde entro en meta en 3h 49m habiendo disfrutado muchísimo puesto que no tenía ninguna presión de marcas como en otras carreras.

Praga es maravillosa y una vez en la vida hay que venir a correr la maratón porque te sientes como si estuvieras dos siglos atrás con todos los edificios antiguos rodeados de estatuas por todas partes y flanqueados por el río Moldava.

Un saludo, Ramonet