Escapada. 1.

No conseguía deshacerme de aquella camioneta. Dondequiera que me escondiera aparecía antes o después. Ya fuera en mi casa, donde la vi aparecer por primera vez o en el lugar más inopinado. La ocupaban tres individuos. Bajaron dos y, mientras uno observaba las dependencias visibles de la casa desde el exterior, el otro tocaba el timbre. La chica de la limpieza se acercó a la verja y dijo que no estaban los señores. Yo observaba desde la ventana del salón sus movimientos. No parecían satisfechos con la respuesta pero subieron a la camioneta y se marcharon sin dejar de mirar en todas direcciones. No me gustaba su pinta. No eran policías porque no llevaban uniforme. Tampoco de una empresa de abastecimiento o atención al cliente, como vienen otras veces, del gas, la luz o el agua. Su aspecto no era tranquilizador. Ademanes bruscos, brazos y cuello de gimnasio, movimientos marciales. No tenía nada que ocultar ni llevaba a cabo ninguna actividad sospechosa de nada. Es cierto que tampoco cerraba la boca ante cualquier asunto de cualquier índole. Mis opiniones sobre cualquier tema eran públicas y por tanto conocidas por todos aquellos a los que les pudieran interesar. Yo sabía que no todos estaban de acuerdo con mis puntos de vista. En cuestiones de política general, educativas, lingüísticas, de gestión municipal, en fin, en todo aquello que constituye la vida diaria de un ciudadano que no está desempeñando ninguna función laboral o profesional, pero que, a la vez, defiende sus derechos y sobre todo hace uso de su libertad de opinión y expresión sin cortarse un pelo en la crítica a todo el que se le pone por delante. Ya sé que estos comportamientos son aplaudidos por unos pocos, traen indiferentes a la mayoría, pero son muy mal vistos por aquellos que son objeto de crítica, en unas u otras posiciones de poder. Decidido a no soportar impertinencias, en el mejor de los casos, y , libre como estaba de poder hacerlo, preparé una maleta con algunas de nuestras pertenencias para unos días, cogí mi Toyota blanco y me marchó con mi mujer, sorprendida todavía por una decisión tan inesperada y repentina. Sin dejar de mirar por los espejos retrovisores, en el papel de detective, fui explicándole las razones de nuestro precipitado viaje. ¿Hacia dónde vamos? Podemos ir a cualquier parte. Una zona muy discreta puede ser la costa, desde Torrevieja a Cartagena. Hay cientos de urbanizaciones con miles de turistas de todas las procedencias. Allí pasaríamos desapercibidos. También podríamos pasar unos días en casa de nuestros viejos amigos de Cartagena. Ella no podía entender que a estas alturas, con tantos años ya de democracia, nos viéramos en esta situación, poco menos que huyendo de no sabíamos qué o quién. Hablamos de todo mientras avanzábamos por la autovía del Mediterráneo en dirección a Cartagena, donde finalmente nos instalamos. Nuestros amigos nos acogieron con la alegría de siempre y una de las primeras cosas que hice fue preguntarles por una peluquería cercana porque tras tantos días de confinamiento no había podido cortarme la cabellera. Me acompañó Gorki, tan abstraído como siempre en sus acordes flamencos y, cuando ya estaba el peluquero acabando su faena, él, que parecía distraído, me llamó la atención sobre una camioneta con tres individuos que había dado ya tres vueltas a la manzana. Los tipos no le habían dado buena espina. Me quité el trapo blanco que me rodeaba el cuello, le eché un billete de 20 euros en la repisa bajo el espejo y salimos de la peluquería agachándonos tras los coches aparcados hasta llegar a su casa. Cogimos las maletas, aún sin deshacer, bajamos al garaje, donde habíamos dejado el Toyota blanco y salimos de Cartagena en dirección a Ricote, aquel pueblecito perdido por las montañas del interior, hasta el último momento fiel a la República.

(Continuará)

San Juan, 30 de marzo de 2020.
José Luis Simón Cámara.

XIII El Valle Trail – La Alberca, Murcia (7-Marzo-2020)

El Valle Trail. 50 Km + 2.850+

El 7 de Marzo se celebró en la localidad de La  Alberca, la XIII edición del Valle Trail. Son tres pruebas deportivas las que componen dicha edición: El Valle Trail 50k, El Valle Trail 30k, y El Valle Trail 15k.

Una carrera que merece la pena, en un entorno único. Gran parte del territorio de la Cordillera Sur se encuentra englobado dentro del Parque Regional de El Valle y Carrascoy, espacio natural protegido que constituye además el pulmón verde de la comarca. Tanto su riqueza paisajística y calidad medioambiental, como el antiguo patrimonio arqueológico, histórico y cultural que atesora este rincón de la Huerta Murciana, le han valido su potenciación como importante reclamo lúdico y turístico de la zona. Excursiones, deportes de montaña, visitas guiadas, rutas monumentales, son algunas de sus muchas posibilidades. Una gran desconocida para mi que me sorprendió gratamente. Tan solo a una hora y cuarto de nuestra casa.

La noche antes llegaba a La Alberca, provincia de Murcia, como decía el Gran Paco Rabal, aunque en este caso era Bullas…, recogía el dorsal (un 45, número perfecto…) en la alcaldía del pueblo y una bolsa del corredor generosa con prendas de HG.

El despertador sonó a las 7:00 AM, el traje de luces y el equipo preparado la noche de antes me esperaba. Me vestí rápidamente, como si ya me faltase tiempo, recogí mis cosas y partí hacia el pueblo. Tuve suerte y pude aparcar cerca de la salida. Busque un bar, como alma que lleva el diablo, necesitaba mi dosis de cafeína antes de la gran cita, también tomé una tostada con tomate y sal, conservador, sin arriesgar el estómago.

Ya preparado con todos los atuendos me acerqué al arco de salida, el speaker gritaba y animaba a los corredores, no hacía frío pero la brisa allí parado molestaba un poco.

A las 8:00 AM arrancaba la carrera, nada más salir del pueblo, encarábamos las primeras rampas, aunque no es una carrera con largas pendientes abruptas, más bien son suaves, con mucha cantidad de éstas a lo largo de todo el recorrido.

Poco a poco, nos internamos en los bosques de pinos, espacio que me recordaba en gran parte a los espacios que podemos encontrar en Sierra Espuña, en realidad la distancia entre ellas es muy pequeña, por tanto, supongo que al compartir latitud y climatología, ayuda a esta similitud.

Los avituallamientos, bastante escasos, se alternaban durante el recorrido, plátanos, gajos de naranja, gominolas y onzas de chocolate, es lo único que la organización dispuso para los corredores. Me quejé a los voluntarios que una carrera de 50 km no se puede realizar con esa escasez. Yo fui tirando desde el km 0 de mi reserva alimentaria e iba suplementado con lo que me encontraba en estos avituallamientos.

La carrera se estiró, no hubo aglomeraciones, puesto que el número de corredores que nos dimos cita, era pequeño. Mantuve un ritmo constante y tranquilo durante toda la carrera, esta vez, no era un objetivo primordial y por tanto me lo tomé de otra forma.

Me mantuve todo el rato con el mismo grupo de corredores, unas veces adelantaba yo y otras veces ellos. Es por ello, que sabía que en ningún momento había caído el rendimiento y podía seguir tirando con el mismo ritmo con el que había empezado la carrera.

Entre en meta a las 14:45 aproximádamente, está vez, como otras muchas, con una sonrisa de oreja a oreja.

“Es más fácil caminar colina abajo que hacia arriba, pero las mejores vistas se ven desde lo alto.” Arnold Bennett

Elías.

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Elías M35M 6:51:08 31 21

Coronavirus

No tengo una opinión muy formada sobre el mono-tema del momento. Sus causas, sus consecuencias y la respuesta que está teniendo tanto a nivel nacional como internacional. Sobre las causas pasará aún tiempo hasta que se clarifiquen. Las consecuencias ya las estamos sufriendo como individuos y como sociedad a todos los niveles, aunque aún no se han desplegado todas las implicaciones.

Quizá podemos analizar mejor, por el momento, la respuesta que está habiendo al problema en los distintos países, centrándonos especialmente en nuestro entorno.

¿Qué respuesta está dando la Unión Europea al problema? No hay respuesta propiamente dicha de la Unión Europea. Esa aparente pretensión de crear las bases de un espacio común europeo está haciendo aguas ante el gran envite de un vaporoso enemigo común que nos ataca por todos los frentes. Parece imponerse el “sálvese quien pueda”. Esa pugna permanente y soterrada entre soberanía nacional y proyecto común se está quitando la careta, ahora que es tiempo de mascarillas. Se vuelven a abrir las brechas históricas en la vieja Europa. Entre los países del sur y los del norte. Los países mediterráneos y los centroeuropeos. Y volvemos a la época del imperio español y los cimientos de las guerras de religión, las luchas entre el mundo católico y el mundo protestante, entre una concepción más colectivista o fraternal y otra más individualista. Conocemos por la historia que la religión sirvió como punta de lanza para romper la unidad imperial, aquel proyecto de Carlos V, Lutero y la Reforma, en sus diversas modalidades, luterana, calvinista, anglicana,.. supuso un cisma en el mundo del cristianismo que tenía como centro a Roma, símbolo de la unidad religiosa y a Carlos V, símbolo de la unidad política frente al mundo otomano unido por el Islám. Desde aquella época, los príncipes alemanes, incómodos con la dependencia del emperador, en última instancia votado y elegido por ellos, no cesaron, sirviéndose sobre todo de la religión como arma de lucha política, hasta conseguir fracturar la frágil unidad política del sacro imperio romano-germánico. La idea de Carlos era la de un imperio católico, universal, frente al fraccionamiento que, como se comprobó bien pronto, llevó el movimiento de la Reforma, el protestantismo, con sus muchas sectas o facciones. Movimiento caracterizado esencialmente por el individualismo en su relación con Dios, en la interpretación de las Sagradas Escrituras, en la predestinación, en la salvación por la fe o las obras,.. individualismo trasladado también a los temas económicos, sociales y políticos. De ahí arranca, aparte de errores históricos en la dureza con la libertad religiosa, sobre todo de su hijo Felipe II, más intransigente que su padre, la hostilidad de los países centroeuropeos de predominio protestante hacia los mediterráneos, de mayor implantación católica. Estos sentimientos se acrecientan en el siglo XIX con el romanticismo que antepone el sentimiento a la razón en el individuo y la sociedad. No sé si este breve recorrido por la historia explica quizá la actitud que los países de predominio protestante mantienen aún hoy en día con los movimientos periféricos nacionalistas en el sur de Europa, protegiendo a los prófugos de la justicia de sus Estados y, por centrarnos en el grave problema que nos afecta ahora, la actitud insolidaria que están manteniendo con los países del sur ante la pandemia que, si bien se ha cebado hasta ahora en los países mediterráneos, acabará extendiéndose a todos los demás. Ahora, que aún no les ha tocado de lleno, no son capaces de dar una respuesta solidaria con los países del sur que lo necesitan. Vuelve a imponerse, por el momento, el individualismo calvinista. Mal presagio para el futuro de Europa.

San Juan, 29 de marzo de 2020.
José Luis Simón Cámara.

 

Amigos irrepetibles. 1

No podía evitarlo. A pesar de haber sido enredado varias veces por esa persona, caía siempre en sus ardides. Tampoco podía olvidar que en los momentos difíciles por los que había pasado, él fue mi única ayuda. Eso lo explicaba todo. Aquella noche de juerga le largué un billete de 50 para que pagara las copas y, entre el gentío, desapareció de mi vista. Me quedé sin copa y sin dinero. El caso es que minutos antes él le había comprado un bocadillo a un indigente con las monedas que le quedaban. Seguro que no me huía ni se escondía. Estaría buscándome como yo a él pero el trasiego del personal y la hora que se había hecho podría habernos ocultado a uno del otro a solo unos pasos. Mi relación con él era tan contradictoria. Yo no sé. Habíamos estudiado hasta la madrugada en aquella casa que mis padres tenían en el pueblo. Después de estudiar salíamos, a veces, tapados con una manta sobre los hombros a estirar las piernas y, casi sin descansar, cuando llegaba la hora del examen, nos montábamos en su moto y el fresco de la mañana se ocupaba de llevarnos despejados a la facultad, donde, antes de entrar al aula para demostrar nuestros conocimientos, pasábamos por la cantina. Allí Juan, el camarero, sin pedírselas nos ponía sendas copas de ginebra. Era nuestro desayuno. Eso una y otra vez durante varios días. Todos los que duraban los exámenes de Septiembre. Pasaron los años. Tiempo después de todo esto otro amigo mío, Keko, que vivía en un piso pegado al suyo, me dijo que había escuchado golpes, forcejeos y gritos por la madrugada en su casa. Se temía lo peor. En los días siguientes vio cómo su mujer se tapaba la cara cuando coincidían en el pasillo o en el ascensor, pero no podía ocultar hematomas y arañazos. No daba crédito cuando me lo contaba pero esta historia se repitió muchas veces. Coincidió además con un período en el que mi amigo bebía en exceso, hasta el punto de que le dieron una baja forzada por la inspección educativa, para rehabilitarse, alarmada la dirección del centro escolar por las denuncias de agresividad hechas por alumnos y padres. Apenas nos veíamos ya en esa época. Nuestra vida profesional y familiar se desarrollaba en distintas ciudades. Sólo esporádicamente, como aquella vez en que coincidimos en un restaurante. Mi madre y yo salíamos a comer para celebrar su cumpleaños, ya había muerto mi padre, y en otra mesa, solo, se encontraba él. Nos saludamos afectuosamente, como siempre, y cuando fui a pagar la comida de mi madre y mía, nos dijo el camarero que ya estaba pagada. La relación con su mujer había empeorado y ya no convivían. Un día recibí una llamada. Le ha dado un infarto a tu amigo en la habitación de un hotel junto a la playa. Había algo que, a pesar de todo, no podía olvidar. Aquel día que salíamos de la Universidad, como tantos otros, después de haber tomado algunos chatos cerca del teatro Romea, en el Yerbero, donde siempre nos atendía el camarero con dientes desajustados y una gran mancha roja en la cara. Íbamos, como siempre, tres o cuatro amigos por la calle Trapería, esa arteria peatonal de la ciudad, desde la que visitábamos distintos bares, La Viña, Hispano, Soportales, había muchos donde entre vino y vino dábamos rienda suelta a nuestros sueños. Yendo, como tantas veces, por esa calle tan familiar, dos tipos nos paran y dirigiéndose a mí me preguntan. ¿Es usted fulano de tal? ¿Quiénes son ustedes? Sin responder me enseñaron la placa. ¿Cómo iba a decir que no?. Acompáñenos. Mis amigos dudaron. No sabían qué hacer. Pregunté si podían acompañarme. Pueden hacer lo que quieran hasta la puerta de la comisaría. Uno de ellos continuó unos pasos más con nosotros y se despidió. El otro, el que de madrugada paseaba conmigo bajo la manta, el que me llevaba en la moto, el que maltrataba a su mujer, siguió conmigo y me acompañó hasta la puerta de la Comisaría donde, a pesar de su insistencia, no lo dejaron entrar. Allí ya, un inspector me dio un bofetón en respuesta a mi silencio y a partir de ese momento comenzó la noche oscura.

San Juan, 28 de marzo de 2020.
José Luis Simón Cámara.

Nocte pluit tota

A pesar de mi escasa formación clásica[1], la persistente lluvia de estos días, y especialmente en las últimas horas, me ha recordado aquella hermosa historia vinculada a los versos latinos que encabezan este escrito. La cuenta Tiberio Claudio Donato.

Nocte pluit tota: redeunt spectacula mane.
Divisum imperium cum Jove Caesar habet.

(Llueve toda la noche: por la mañana se reanudan los espectáculos.
César tiene su imperio  compartido con Júpiter.)

Estos dos versos, anónimos, (un dístico) aparecieron una mañana de sol radiante en la puerta del palacio del emperador Augusto,  después de que hubiera llovido torrencialmente toda la noche, presagiando que habría que suspender unos juegos en el Circo. El emperador los elogió y quiso saber quién era el autor. Un poeta mediocre, Batilo,  se los apropió diciendo que eran suyos y fue agasajado.  Virgilio, su verdadero autor, debajo de los dos versos escribió, sin que nadie lo viese, otro verso que decía:

Hos ego versículos feci, tulit alter honores.

(Estos versos los hice yo, otro se llevó los honores).

Y a continuación escribió el principio de otros cuatro versos que empezaban así:

Sic vos non vobis……  (así vosotros no para vosotros…..)
Sic vos non vobis….
Sic vos non vobis…..
Sic vos non vobis……

Los cuatro hemistiquios eran ininteligibles si no se completaban. De esta manera desafiaba al poeta plagiador, Batilo, a que los completara. Augusto lo mandó llamar para que así lo hiciera pero no consiguió hacerlo, quedando en ridículo. Entonces Virgilio, su autor, los completó del modo siguiente:

Sic vos non vobis mellificatis, apes;
Sic vos non vobis fertis aratra, boves;
Sic vos non vobis nidificatis, aves;
Sic vos non vobis vellera fertis, oves.

(Así vosotras, no para vosotras, hacéis la miel, abejas; así vosotros, no para vosotros, lleváis los arados, bueyes; así vosotras, no para vosotras, hacéis los nidos, aves; así vosotras, no para vosotras, lleváis los vellones, ovejas).

De esta manera quedó demostrado que era Virgilio el verdadero autor de los siete versos. Algunos consideran apócrifa o falsa esta anécdota. Otros consideran que es histórica como aparece en la Vita Donatiana de Virgilio. En cualquier caso son unos hermosos versos y una historia propia de aquel gran poeta, por lo demás amigo y protegido de Augusto y de Mecenas.

[1] Obtenida en los antiguos planes de estudio que incluían la cultura y lenguas griega y latina, más acentuada aún por mi permanencia durante 10 años en el seminario diocesano de Orihuela.