El año que cumplí dos veces los años (8-Junio-2017)

La Luna llena está fuera, mirando toda la tarde, esperando algo que llega con las últimas luces del ocaso. Una serpiente verde con lunares rojos se aproxima al Cabo de las Huertas, se acerca hasta la orilla del mar y se sumerge en sus aguas cristalinas. La luna resplandece intensamente, son, sin trapos, los de “Atotrapo”. Celebramos el solsticio de verano, la “sandia night”. Nunca fallamos a la cita con la luna y el mar.

Ya remojados y frescos iniciamos el camino a “Villa Rosa”, donde, como todos los años, nos acoge la hospitalidad de Rosa y Vicente. Mesas llenas de manjares de la huerta, all i oli hecho a mano, todo regado con cerveza y vino del terreno. Hasta aquí como todos los años. Pero éste reserva alguna sorpresa. Jesús, el eterno guía de corredores, le dice a Antoñito que coja a Rosa del brazo y la acompañe al anfiteatro, a la cabecera de la larga y multicolor mesa. Allí esperan los senadores con túnicas semicaídas y me ordenan echar la rodilla a tierra para coronarme con las ramas de olivo y aceitunas, rito necesario para pasar a formar parte del Senado Trapero.

Saciados el hambre y la sed, el compañero Josele me agasaja con su prosa, recuerdo de los años pasados, y con sus versos tomados del satírico Quevedo, nombre con el que tuve un  galgo de pequeño.

Enseguida llegó Ramón, amigo y biógrafo, glosando mis andanzas por nuestras espléndidas montañas.

Gracias a todos, compañeros de Atotrapo, por la emoción que me habéis hecho sentir en la inesperada y sorprendente celebración de este mi 60 cumpleaños.

Hasta que la luna y el mar nos reúnan de nuevo en su abrazo.

Antonio

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