III Trail de Primavera de Confrides (19-Mayo-2018)

Compañerismo y superación. Esas palabras, esos valores, son los que definen mi primer trail. Para mí, hablar de esta carrera, supone hablar en plural. Sin David Gil Pelluch no hubiera sido capaz no solo de acabarla, sino ni si quiera de empezarla. Los meses previos a la carrera, David me estuvo aconsejando, guiando, orientando… y cada vez que íbamos a hacer una salida, un entrenamiento, tuvo que sufrir mi tercer grado ya que siempre estaba hecha un mar de dudas respecto a la ropa más adecuada, cantidad de agua a llevar, comida…

Mi recorrido en el trail es más bien escaso, tanto en el tiempo como en la experiencia. Apenas hacía seis meses que estaba corriendo por las montañas y sólo antes había hecho el trail de Aigües de 15km. Pero como todos los que estáis en este mundo, sabéis que engancha a un ritmo frenético. Y como muchas veces me ha dicho Ángel Parra Martínez (mi otro gran compañero de fatigas), ya me había picado el gusanillo.

Durante dos meses tuve el perfil de la carrera en el corcho del despacho intentando memorizar las subidas, las bajadas, los avituallamientos, los kilómetros de desnivel… os adelanto ya, que soy muy mala para los nombres, por lo que no esperéis encontrar una descripción exacta de los pueblos, picos… y menos aún, cuando durante más de la mitad de ese tiempo, ¡tuve el perfil del año anterior, que por supuesto, no era el mismo!

Salimos el día de antes para hacer noche allí y, en teoría, poder dormir más horas al no tener que pegarnos el madrugón. Gracias a Josemi Perez Gomis (miembro del club y organizador del evento) por su hospitalidad. Aunque yo tengo que decir que no pude pegar ojo… muchos nervios por todo.

Bien temprano, fuimos a recoger el dorsal. Ya en ese momento estaba alucinando. No había vivido ese ambiente antes y ver a todos los corredores preparados, nerviosos, es muy emocionante. Los cuatro amigos que fuimos Ángel Parra Martínez, Carlos Ramos Cabrera, David y yo, fuimos juntos, aunque ya sabía que en cuanto dieran el pistoletazo de salida, los dos primeros iban a salir como alma que lleva el diablo, especialmente Carlos.

Como no podía ser de otra manera, foto del Club A To Trapo antes de empezar. Lo que para mí ahora son caras amigas, aquel día eran casi todas desconocidas. Pero ya en ese momento, hacen que te sientas parte del club y quieras formar parte de él.

Se olían los nervios, la emoción, la competitividad, las ganas de superar ediciones anteriores… pero sobretodo se respiraba el buen rollo que hay entre todos ellos.  Y pocos minutos más tarde… ¡la cuenta atrás! Marcador a cero… y empezamos.

Nada más salir me sorprendió el ritmo “lento” que David quería que llevara. Yo tenía tantos nervios encima que lo único que quería era echar a correr. Las primeras bromas con otros corredores respecto al ritmo, a las horas que habían calculado y ya estábamos en el primer avituallamiento. No hicimos parada y seguimos con la subida. Recuerdo que tenía la sensación de querer adelantar a todo aquel que me frenara un poco, pero era mejor aguantar ya que nos quedaban muchos kilómetros por delante.

Según vas avanzando en la carrera, el paisaje es increíble. Yo no conocía la zona y he de decir que me quedé muy sorprendida.

Hay personas que en carrera se les cierra el estómago y no pueden comer nada, o casi nada. A mí no me pasa eso. Más bien al contrario. Es por ello que a partir del tercer avituallamiento con casi 18km en las piernas me comía hasta las piedras. Y eso que, al igual que todos, llevaba provisiones que en pequeñas cantidades iba ingiriendo en carrera (fuet, dátiles y nueces).  Los avituallamientos estaban muy completos. Si por mi hubiera sido, en cada uno de ellos hubiera hecho una parada larga y me hubiera comido toda la coca… pero tenía al lado a David que me dejaba parar apenas unos minutos y en seguida continuábamos.

A los pocos metros de empezar la segunda bajada, llevábamos unos 25km recuerdo que David me dijo: “venga, ahora a correr para abajo”. Mi respuesta fue: “pues serás tú, porque lo que soy yo, no puedo”.  En ese momento apareció lo que más temía que me pasara; el dolor de la cintilla. Unas semanas antes había empezado a padecerla, y a pesar de habérmela tratado, sabía que antes o después, en cualquier momento de la carrera iba a dar la cara. Esto hizo que el ritmo fuera más lento, pero en ningún momento nos detuvo.

Los que la habéis padecido, o habéis oído hablar de ella, sabéis que solo duele en las bajadas. Cuando empezamos la tercera y última subida quería recuperar el tiempo que había perdido bajando. Yo siempre he dicho que soy más de subidas que de bajadas y en ese momento lo pude comprobar, porque a pesar de llevar más de 30km ya recorridos, apretamos el ritmo y subimos con paso firme y sin descanso.

Al llegar arriba… no me podía creer lo que estaba viendo… un paisaje mágico, de película. Fue parada obligatoria, no solo para coger aire y afrontar la última bajada, si no para memorizar y guardar en la retina aquellas vistas.

La tercera bajada, aún con dolor, conseguimos “correr”. Me quedaban apenas unos kilómetros para conseguir mi sueño. Es increíble la sensación de cómo van pasando las horas y vas acumulando kilómetros. En el último avituallamiento no quise ni parar, no podía parar. Sabía que, si lo hacía, no iba a poder continuar. En ningún momento me plantee abandonar. Antes de empezar la carrera sabía que si o si iba a acabarla.

A 5 km de llegar, el dolor era insoportable. David me dijo de parar, de ir caminando y le dije que no. Que yo había ido allí para correr y que eso era lo que iba a hacer. Que sólo podíamos cruzar la meta de esa manera.  Y así lo hicimos. La noche anterior, habíamos pasado por la última cuesta, al subirla, ya está, ya habría acabado. Nos dimos la mano y tiró de mí… sólo una curva más… Cogió a sus peques que le esperaban ansiosos y cruzamos la meta.

¡HABIA CUMPLIDO MI SUEÑO!

Estaba calculado que la acabaríamos (porque íbamos a mi ritmo, por supuesto) en unas 8 horas. Al final fueron 8h y 19 minutos. Pero os puedo asegurar que el tiempo final es lo de menos. Si algo aprendes en estas carreras es que lo importante es acabarlas.

No puedo terminar la crónica sin tener unas palabras de agradecimiento a David. Es un gran “trailero”. En esta carrera no solo me ayudó a mí. También consiguió que otro compañero del club no desistiera en la segunda subida ya que iba a abandonar.

Por todo ello, por ser cómo eres, GRACIAS. Siempre creíste en mí, en mis posibilidades y me diste mucha confianza.

¡Por muchas aventuras más “David APP”!

Pienso que cada día hay que superarse, hay que salir de la zona de confort y crecer. El deporte, el trail, la montaña nos hace libres, más fuertes… por ello

Enri

Enlaces sobre esta prueba

43 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Christian VETERANO 5:46:35 32 19
Elías VETERANO 6:13:37 54 30
Ana N. SEN-F 7:09:44 89 3
Ángel VETERANO 7:11:55 92 41
Jesús S. VETERANO 7:21:00 99 45
Enrique S. VETERANO 7:21:01 100 46
David G. VETERANO 8:18:57 128 59
Enri SEN-F 8:19:01 129 4
Jota MASTER-M 8:33:14 132 19
Gosa VETERANO 9:16:10 139 64
JA Torregrosa SEN-M 9:16:11 140 45

 

24 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Naiara VETERANA 3:50:45 113 3
Juan P. VETERANO 3:50:46 114 52
Roberto MASTER-M 4:08:22 130 17
Jesús MASTER-M 5:07:26 163 26
Fran Calores VETERANO 5:07:27 164 66

2 pensamientos en “III Trail de Primavera de Confrides (19-Mayo-2018)

  1. Querida Enri.

    El mérito de esta primera maratón es solo tuyo. Yo solo te he dicho cuál era el camino, pero no he dado un solo paso por ti. Y pronto, en Costablanca lo harás sola.

    Además sabes que es un acto egoísta porque disfruto de cada salida contigo, porque puedo enseñarle a alguien lo poco que sé y he aprendido de otros grandes como mi padre, Jesús, Juanma, Juanjo, Antoñito (seguro que me dejo a alguno) que marcaron mi camino y me enseñaron lo que sé de esto de correr por montaña.

    Sigue disfrutando de este deporte, y que sepas que cuando me ganes, que no tardarás mucho, te tiraré por el barranco si puedo.

    Besos.

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