Rat race «The Wall» Carlisle-Newcastle (16-Junio-2018)

Desde hace tiempo venimos realizando una salida turístico-deportiva anual para participar en un algún reto propuesto y organizado por el amigo Julián.

Este año decidimos acudir a la mítica carrera de 69 millas “Rat race-The Wall”, que transcurre siguiendo el Muro de Adriano, situado al norte de Inglaterra, entre el golfo de Solway y la desembocadura del río Tyne. Al sur Inglaterra y al norte Escocia, 118 kilómetros de longitud con más de 300 torres, 17 castillos y 80 fortines, alcanzaba una altura de 3 a 4 metros y una anchura de 2 a 3 metros construido en el siglo II como fortificación fronteriza del Imperio romano.

Actualmente ya solo quedan tramos y vestigios de tan impresionante edificación al ser desmontada gran parte de ella piedra a piedra por las diversas generaciones que han habitado estas verdes tierras, utilizándolas para delimitar prados y edificar casas y granjas cercanas, hasta que en el año 1987 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La hazaña prevista a realizar en esta ocasión estaba destinada para un grupo formado por tres componentes hermanando así a dos equipos: “A To Trapo”, con Lisardo y Julián y al primo conquense de éste, un tipo excelente, José Miguel de “El trote Gorrinero” fusionándose en “Three in one running team” para esta ocasión, confeccionándose una equipación exclusiva para los tres, diseñada por Julián para tal evento, mostrando los logos de los dos equipos uno en cada manga de la camiseta, luciendo también nombre y eslogan, además de camiseta de paseo y sudadera.

El día 15 de junio y después de recoger  el dorsal y pasar el control del material obligatorio exigido por la organización, visitamos  la ciudad de Carlisle que al día siguiente muy temprano iba a vernos partir. Se respiraba ambiente de prólogo de una carrera importante, con corredores inquietos y expectantes por emprender un recorrido de 111 kilómetros de ida sin retorno, desde el Oeste hasta el Este en Newcastle UponTyne.

Con auténtica puntualidad inglesa, el día 16 se dio la salida desde el precioso castillo de Carlisle a las 6:00 am, en una desapacible mañana lluviosa que no por ello deslució el acto ni nos redujo el ánimo ni las ganas de emprender tan larga andadura que tanto tiempo atrás veníamos preparando. Demasiados kilómetros en nuestras piernas los últimos meses como para rendirse en ese momento tan ilusionante por las inclemencias climatológicas.

La carrera transcurrió en un principio por las anchas avenidas que dan salida a la ciudad, para luego trotar por carreteras secundarias entre frondosos bosques que son utilizados como parques con senderos deportivos y carriles bici. Al poco, aldeas entre campiñas unidas por caminos asfaltados, carreteras entre pueblos donde son su calle principal. Enormes mansiones quedaban a ambos lados de la ruta allá en lo alto de las lomas, la campiña verde, húmeda y fría nos observaba indiferente. Atravesamos  prados cercados entre ganados que abonaban generosamente los caminos hasta el punto que en algunos tramos generábamos un chapoteo bajo nuestros pies que se fundía con el del barro persistente, animales bien alimentados, sin duda. Verjas, muros de piedra caliza, puertas de madera que separaban terrenos, en fin, un continuo vaivén, un constante sube y baja que por ameno nos hacía olvidar sufrimientos y kilómetros transcurridos y soñar con los venideros, saltábamos linderos y paredes de piedra campo a través: Lanercost, Walltown Quarry, Crawfield,  para llegar por fin al punto más elevado y casi céntrico de la ruta, Hexam donde se puede apreciar claramente los cortes en la roca debido a la explotación de sus canteras, dejando desmontes en el terreno de extracción de las piedras con las cuales sin duda, se construyó tan gran obra de ingeniería para la época.

Así avanzábamos con lluvia, casi permanente compañera de viaje, que de vez en cuando despejaba y dejaba salir algún rayo de sol que brillaba y no calentaba y  que al instante volvía a desaparecer entre las nubes y de nuevo, la lluvia y el tiempo desapacible. De esta forma no acertábamos con qué prendas dejarnos sobre el pellejo.

Afortunadamente para mí, soy hombre de poco enfermar y no suelo tener problemas digestivos salvo la excepción de aquel día hace tiempo que por error me tomé un gel de esos que hacen en los laboratorios y yo que soy más de fruta y buenas viandas, aquel potingue vino a revolverme hasta los cimientos. Pues bien, esa mañana sin motivo que lo avalase me puse en marcha con molestias gástricas tenía mis intestinos más ligeros que las piernas, estaba como el día: descompuesto, aunque me iba controlando para prevenir y para que eso no fuera a más no comí nada que me pudiera producir incontinencia sólida. Evité geles, barritas energéticas,  frutas frescas y bebidas azucaradas, no tomé más que frutos secos y frutas deshidratadas que yo portaba en la mochila. Lo cual me mantuvo entre dos aguas (literalmente).

Julián también lo pasó mal en el primer tercio de la carrera al acentuársele la sobrecarga muscular que sufre hace meses en su vasto interno amén de los problemas crónicos que arrastra en su rodilla derecha. El dolor era mucho pero la voluntad era mayor y así fue superando sin quejarse el suplicio que suponía cada paso que daba hasta que poco a poco le fue desapareciendo la dolencia y le permitió por ello, disfrutar en mayor medida del resto del recorrido.

Después del kilómetro 50 más o menos, mi cuerpo iba en la reserva al no haberle aportado alimentos contundentes y por culpa sin duda de una inadecuada hidratación. Yo no iba, me arrastraba, no dejaba de correr pero sentía que no avanzaba, no tenía fuerzas, solo deseaba caminar pero no podía permitirme andar y menos parar, los compañeros que llevaba eran rehenes de mi torpeza y  no quería decepcionarles, aunque no podía luchaba conmigo mismo, me esforzaba por seguir sin perder el ritmo y no podía permitir que nos adelantaran otros corredores a quienes ya habíamos, con mucho esfuerzo, pasado kilómetros atrás.

Recuerdo los ánimos que me daba José Miguel, como si por falta de ponerle ganas fuera, y de los silencios sobre ese particular de Julián que este más discretamente disimulaba con otro tipo de conversación a sabiendas de conocerme mejor y sabía que si no iba más deprisa es porque algo me pasaba. Así recorrí casi una veintena de kilómetros hasta que llegando a un copioso avituallamiento kilómetros antes de Newburn y ya sintiéndome reconfortado, cargué mi estómago con diferentes variedades de alimentos sólidos reponiendo fuerzas. Paré, comí y descansé muy brevemente, inmediatamente me di cuenta de que era otro ya, cuando apenas llevábamos escasos cinco minutos para mí era suficiente, les dije “yo me voy,  ya me pillareis”, en mí interior tenía que resarcirme con ellos tratando de recuperar todo el tiempo posible del que les había hecho perder por mi lentitud. Pues me encontraba bien, con fuerzas y con ganas, “ellos ya me alcanzarán cuando quieran”, pensaba yo.

En ese momento faltaba más o menos lo equivalente a un maratón. El recorrido descendía muy ligeramente después de haber quedado ya bastante atrás la mitad de la carrera que tenía multitud de repechos hacia arriba. Me sentía ágil y fuerte, no notaba dolor alguno, no estaba fatigado y marcaba un ritmo vivo acercándome a otros corredores que no tardaba en dejar atrás sin emplear demasiado esfuerzo. Transcurridas poco más de dos millas fui alcanzado por los dos primos que notaron claramente la reactivación tan espectacular que había experimentado y que a mí mismo me había sorprendido y así continúe con ese cambio hasta el final permitiéndonos recortar tiempo en esta última parte mejorando la media total del recorrido.

El tramo final nos encontró haciendo la carrera en positivo, corrimos la segunda parte más rápida que la precedente y comenzamos a adelantar en un goteo constante a corredores que lo estaban pasando realmente mal. Antes de empezar la jornada, como equipo que éramos acordamos que el plan sería administrarnos el esfuerzo e intentar terminar juntos y a pesar de las adversidades el plan surtió efecto. El castigo de los kilómetros, las cuestas interminables, el barro y el chapoteo, las piedras, el viento, la lluvia y el frío no lograron hacernos mella y nuestra única limitación fuimos nosotros mismos. Nos sentíamos felices, grandes, sabedores ya de que somos capaces de atravesar una isla y casi poder sobrevolarla.

Caía la noche en la costa este de la isla y las farolas nos guiaban ya en la cercanía de Newcastle que nos esperaba bostezando, como ese amante que paciente espera la vuelta de su pareja después de un largo día de trabajo. En este último tramo corrimos senderos entre variada vegetación exuberante de árboles con frutos, arbustos y flores, entre casas en torno a riachuelos y seguimos finalmente el curso del Tyne majestuoso que nos acompañaba acelerando su ritmo pues me pareció que le costaba seguir nuestro paso. Al fondo,  el luminoso puente colgante del milenio, símbolo representativo de esta bonita ciudad, donde nos esperaba por fin la meta.

Íbamos corriendo como levitando sobre el suelo, con la mente puesta en el objetivo como misión cumplida, eso nos daba alas para mantener un ritmo que quizás nunca antes llegamos a alcanzar y mantener más que aquí. No había dolor, no había frío, no sentíamos ya  los cuerpos mojados por la lluvia. No parecíamos cansados, solo veíamos la posibilidad de ir adelantado uno tras otro a los dispersos compañeros de ruta que nos precedían y encontrábamos por el camino con un progresar cansado y lento, con pasos titubeantes, en cambio nosotros nos acercábamos pisando fuerte. Cruzamos por fin el Tyne desfilando el puente como si este fuera una alfombra roja de una pasarela, abrimos orgullosos nuestra bandera como pavos reales desplegando su bello plumaje henchidos de emoción y allí entramos los tres españoles juntos después de 16 horas y 4 minutos en meta rememorando la historia aquel romano Adriano que nació en la capital bética, que fuera hombre de otro tiempo y que para bien o para mal fue el artífice principal de una obra arquitectónica tan impresionante hace ya casi 20 siglos.

Minutos después todo había terminado, ya en el anexo recinto  moderno de acero y cristal junto al Baltic Centre for Contemporary Art nos íbamos congregando guareciéndonos de la fresca, después de darnos una confortable ducha y restablecernos del esfuerzo con comida caliente, sentados en torno a una mesa a la vez que describíamos nuestras sensaciones, veíamos como iban llegando más y más corredores con los que en algunos casos  habíamos coincidido en parte del recorrido adelantándoles en varias ocasiones y en otras tantas adelantándonos ellos a nosotros. En especial vimos llegar a uno que con mucha alegría para él y con admiración para nosotros, se acercó y nos dio un abrazo de agradecimiento que le devolvimos con mucho gusto ya que fuimos participes en gran medida de su triunfo al haberle ayudado socorriéndolo en sus heridas muchos kilómetros atrás, cuando sentado en la cuneta, sangraba por las llagas que tenía en la planta de los pies que no le permitían caminar.

Allí permanecíamos sin prisa, como si el tiempo ya no importara y a las pocas horas, entre remembranzas,  nos sorprendió el nuevo amanecer lindando las tres de la madrugada. Fue entonces cuando entre brindis y risas comenzó a fraguarse al hilo de los órdagos el próximo reto…¡quién sabe, tal vez terminemos cruzando otra isla, aunque esta vez en territorio español!, pero esto es otra historia…¡esperemos que los alisios nos acompañen.

Quiero agradecer a Julián y a José Miguel el empeño que han tenido en realizar la totalidad de la prueba juntos, pero que sin mí hubiesen terminado haciendo un tiempo mejor pudiendo acabar entre los cien primeros.

Gracias Julián por organizar este viaje que me ha permitido conocer y recorrer un lugar que jamás hubiese imaginado.

Lisardo

Enlaces sobre esta prueba

Media maratón

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián Male 16:04:38 168 144
Lisardo Male 16:04:38 169 145
José Miguel Male 16:04:38 170 146

X Botamarges – Forna (6-Octubre-2018)

Me estrenaba en una ultra, así es que mi querido y admirado Gosa me ha cedido la crónica de la Botamarges 2018.

Como de costumbre en toda carrera, quedamos en el punto fotográfico de la pancarta en Forna. Yo subí con un amigo de la infancia, José Luis, que curiosamente fue compañero de mi hermano en el colegio y muy amigo de Pez. Tras recoger el dorsal y acicalarse para la carrera, nos vemos para hacernos la foto de rigor Pez, Jesús Jr., Gosa y yo. También estaba un amigo de Pez, el gran Antonio Dieguez. No conseguimos juntarnos con Ulises. Tras la foto, procedemos a ponernos en la línea de salida con los demás corredores y los nervios activos, al menos por mi parte jaja.

Nos deseamos suerte todos y a las 6:00 comienzan los 64k de la Botamarges. Hay bastante gente animando para la hora que es, así es que empiezas con una sonrisa, a ver si llegaba igual.

Con los frontales dejando una imagen espectacular en la noche corremos hasta que empieza la primera subida de la jornada. A Jesús le hemos perdido en la noche, mientras vamos subiendo Gosa, Pez, José Luis, Antonio y yo. El pelotón se estira en esta subida hasta alcanzar la parte más alta y empezar a correr un poco en la bajada. Entre la serenata en valencià que nos están pegando unos compañeros de carrera, vamos pasando por bosque y bajamos, mientras el día se abre paso, hasta el primer avituallamiento en Villalonga. Reponemos líquidos y comemos algo. Salimos del pueblo y enlazamos con una pista que nos lleva por una serie de túneles. También podemos admirar las vistas de esta parte de nuestra provincia, incluida una cascada, espectacular.

Nos acercamos al km.20 para recibir el regalo de la subida a La Safor. Sigo el consejo de Gosa y saco los bastones mientras comemos en el avituallamiento 2, nos espera una buena subida. La empezamos con ánimo mientras empezamos a escuchar un cencerro y una voz a lo lejos. Nos encontramos con varios tramos de asfalto y pasamos por un punto realmente curioso, La Casa de Tarzán. Y de ahí, hasta arriba. El sonido del cencerro se empieza a acercar conforme subimos, incluso avistamos el pico donde está localizado el culpable del griterío. No sin esfuerzo pasamos saludado al cámara y al señor del cencerro. Toda la subida está llena de carteles con frases de ánimo con la foto del mismo, toda una historia curiosa, ¿eh?

En el Pic de la Safor nos juntamos con Gosa y tras inmortalizar el momento, procedemos a descender. Llevamos localizado a Gosa que va por delante en la bajada. No es hasta un pequeño avituallamiento en la Pista Llacuna Km26 donde nos juntamos de nuevo con Gosa, íbamos haciendo la goma, jaja. Aunque a él le tienen que avisar cuando salía del mismo, pues se iba en otra dirección. La zona me empieza a sonar, aunque en dirección contraria de una carrera anterior. Fue Arrapapedres a principio de año ya pasamos por allí Jota, Sergio, David el de los grandes gemelos y Ángel. Viendo la subida que se nos avecina, llegamos tras una bajada al avituallamiento de Benisili. Pasamos por boxes y nos juntarnos un poquito con Gosa que saluda a su mujer, comemos algo (de forma errónea por mi parte) y salimos en dirección al castillo de Benisili. Me resulta curioso que habiendo ya pasado por alguna zona de asfalto ahora nos metan por un lecho de «río» lleno de basura antes de empezar la subida.

Bueno, aquí es cuando me empiezo a dar cuenta de que no comí lo necesario en el último avituallamiento. Y que la semana de trabajo con más de 50 horas de pie, no era un buen presagio. Si bien como bastante, le faltó completar algo más la ingesta de azúcar, de todo se aprende. La subida hasta el castillo la hago con algún problema, pero se me empieza a dormir parte del cuerpo, noto un cosquilleo. El tema de carga de sales lo llego a rajatabla, como siempre me recordó Gosa, algo no hice bien. Lo veo en la subida a lo lejos antes de coronar la cresta y yo empiezo a pensar que es el Everest. Con más pena que gloria llego arriba y vuelvo a recordar el camino de Arrapapedres, bastante abrupto y algo duro. José Luis sigue tirando de mi hasta llegar a Puntal Gros y bajar hasta un pequeño avituallamiento, que se agradece muchísimo. No voy del todo bien y en la siguiente subida ya se me empieza a dormir la cara. Antes de llegar a la parte de la Foradá (km36) tengo que parar y le digo a mi compañero que estoy para que me coman los buitres. Incluso me siento y me tumbo como si fuera un náufrago en la montaña… otros corredores preocupados, me dan otro tipo de sales y me tomo una barrita que llevo en la mochila, mano de santo, me empiezo a recuperar. Incluso puedo llegar a correr algo en la bajada a Benissiva (km42) donde de forma espectacular nos espera mi amigo Antonio y su mujer con su hijo. Si se me había pasado por la cabeza quedarme allí y dejar a José Luis libre, ese encuentro me anima muchísimo y decido seguir. Comemos y bebemos tranquilamente. Los voluntarios son tremendos. Enseguida se ofrecen a llenarnos los bidones y darnos lo que necesitamos.

Salimos después de atravesar el pueblo dirección Benirrama, senda y más calor. Allí tambien nos espera un avituallamiento (km.45), pero no sin antes pasar por sus callejuelas y descubrir gratamente el recibimiento de la gente que allí se congregaba para comer. Todos gritan y animan, aunque seas el último de la fila, cosa que tenía bastante presente, jaja. De nuevo los voluntarios y, sobre todo Antonio, se vuelvan con nosotros y después de meter la cabeza en un bidón gigante con hielo, salimos para afrontar la siguiente subida.

La subida al castillo de Benirrama me recuerda de nuevo a la Arrapapedres, esta vez la dirección es la misma, pero las sensaciones eran otras. La primera vez empezaba la carrera y ahora llevamos más de 45km. Subimos a buen ritmo por la senda que se agradece fresca y verde. Y mientras vamos comentando lo que nos queda para meta, comenzamos a bajar encontrándonos con corredores hasta llegar a Atzubia (km.55). Creo recordar que es el último avituallamiento. José Luis que iba comunicándose con Antonio, recibe una cerveza de sus manos siguiendo el consejo de Pez, que va unos km por delante. Calculamos donde se puede encontrar pues Antonio nos ha informado que va cojeando, pero sigue sumando distancia. Por allí debe de andar Gosa y a Jesús y Félix me los imagino ya en meta tomando el merecido bocata.

Pues salimos de Atzubia y afrontamos una subida por una senda hasta coronar y lanzarnos a una bajada que José Luis recuerda del año pasado. Bajamos a muy buen ritmo, yo no me creo que pueda bajar corriendo después de lo de la Foradá, pero ahí seguimos. En esa bajada hacemos compañía a un corredor que va algo tocado, pero nos animamos mutuamente y enfilamos la siguiente subida. En realidad, son tachuelas, pero mucha gracia no nos hace ese recorrido de toboganes, jaja.

Cuando ya vislumbramos el castillo de Forna, vemos a lo lejos a Pez que nos grita que va tocado. Andando-trotando esperamos encontrarnos con él, pero no lo volvemos a ver hasta la subida al castillo a falta de poco más de 1 km. Estará tocado, con la rodilla hecha puré, pero unos huevos planetarios. Le vemos entrar en Forna desde el mismo castillo y nos alegra que esté cerca para compartir nuestra llegada a meta.

José Luis me pregunta que cómo quiero entrar, y sin duda tiene que ser con él, no podría ser de otra forma. Antonio y Paulina nos esperan casi en meta y oyendo al speaker cruzamos el arco. Algo más de 13 horas después volvemos al mismo punto. Allí están Pez, Gosa y Jesús, es una increíble sensación. Mi primera Ultra y con todos estos amigos. Me viene a la cabeza mi hermano Juanjo, que lucha contra un cáncer y que ha sido parte de la fuerza que me acompaño en esta Botamarges.

Un abrazo a todos/as y perdón por el ladrillo, cangrejos/as.

Jaime «El cangrejo»

Media maratón

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Ulises VETERANO 10:25:10 101 37
Jesús S. VETERANO 11:53:01 170 71
Gosa VETERANO 13:17:07 223 94
Pez VETERANO 13:21:19 225 96
Jaime VETERANO 13:22:33 227 98

20 K Alicante-Santa Pola (4-Noviembre-2018)

Leo por sorpresa el sábado por la noche que el presi me asigna la crónica de la I Gran Carrera del Mediterráneo 20k Alicante-Elche-Santa Pola y aquí estamos.

La verdad es que cuando llegas junto a la pancarta y comienzas a saludar y abrazar a los compañeros te das cuenta de lo fantástico que es este grupo. Veintiún miembros de A To Trapo en esta primera edición. Gran representación en una carrera nueva para todos.

Variopinta, gatopardos (vaya tiempazo de Joel), montaÑeros que corren como los gatopardos (el gran Cristian está que se sale), los más noveles, los más experimentados, creo que todos hemos disfrutado. Bueno, todos menos Sergi que nos dio un susto al final de carrera a Jorge y a mí y que por suerte quedó en eso, un susto (el cuerpo a veces dice que hay que parar)

Centrándonos en la carrera, recorrido y organización, muy buen ambiente en un evento creado, en mi humilde opinión, para hacer de liebre o lanzadera a la Media más popular que hemos tenido en la provincia como es la de Santa Pola y que parece se ha venido a menos con los cambios de la última edición. Veremos qué pasa en enero. En cuanto al recorrido, personalmente es lo que más me llamó la atención a la hora de inscribirme. No por los 20km (que luego han sido 20,6) ni porque era llana (algún tobogán hemos tenido), de hecho, han salido 89m de desnivel positivo y recuerdo que en Valencia no se llegan a los 70 en 42km. Lo que realmente me motivó y creo que, a la mayoría, era hacer un recorrido completo junto al Mediterráneo. El día ha acompañado de lleno: sol y de 14 a 18 ºC durante la carrera. Unas vistas impresionantes del mar, los Arenales, el Cabo de Santa Pola y Tabarca.

Salida desde el Palacio de la Dipu, bajada por Oscar Esplà a la Casa del Mediterráneo y hacia San Gabriel donde ya vemos el mar por primera vez, acompañándonos hasta Urbanova y que no volvemos a ver hasta llegar a Arenales. Recorrido por la zona de la antigua Triatlón hasta la playa del Carabasí y precioso recorrido bordeando el Cabo de Santa Pola con el Faro vigilándonos a la vez que Tabarca casi la podíamos oler. Entrada por el paseo de la playa (incluidos 30 o 40m de arena) y meta.

En cuanto a la organización, creo que ha estado bien, avituallamientos, traslados, la mayoría de los temas aceptables. Sobre todo, para ser la primera edición. En cualquier caso, según algunos compañeros, algunos fallos a mejorar. Que yo haya visto, dos importantes: uno, que varios carteles indicando los kilómetros no estaban en su sitio por algunos centenares de metros y el incidente más grave, un bache bajo la alfombra azul a un metro de meta que ha hecho que se caigan muchísimos corredores e incluso que algunos acabaran accidentados, como nuestro compañero Fer con un raspón en la frente.

A nivel personal, no me había marcado objetivo para esta carrera, puesto que, después de los 43k de Confrides, la carrera que realmente me había preparado era la Volta a la Foia en la que tenía ilusión por completar el tercer recorrido que me falta después de saber lo que es acabar en Onil y Castalla. Pero lo de la Volta de este año no tiene nombre. Lo siento, pero no se puede hacer peor por parte de la organización. Así que, ya que estábamos aquí, a correr y a ver cómo aguantaban las fuerzas. Y la verdad es que muy contento. Tiempo real de 1:35’40» a 4’36» cuando mi mejor marca en una media es a 4’34» hace dos años en Alicante, significa que estoy bien y disfrutando.

El año que viene, a repetir si Dios quiere.

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Joel 1:23:41 59
Cristian 1:27:56 132
Alberto 1:33:16 289
Fer «Pelu» 1:33:25 296
JA Torregrosa 1:35:40 410
Jorge L. 1:37:11 451
Juan Carlos 1:42:14 715
Tomás M. 1:44:22 866
Juan P. 1:44:23 867
Félix 1:45:09 918
Ramonet 1:47:58 1064
J.A. Mejías 1:48:43 1146
Ernesto 1:50:32 1209
Mark 1:54:28 1457
Martina 1:56:14 1547
MariPaz 1:57:47 1657
Jesús J 1:58:51 1735
Pablo 2:02:05 1887
Vicente G. 2:02:47 1944
Rafa O. 2:06:05 2060
Piedad 2:15:36 2299
Sergio Gª 2:20:39 2321