UTMB 2018 (31-Agosto-2018)

De la cuneta al Ultra Trail del Mont Blanc

El 7 de enero 2015, y después de tocar fondo varias veces y poner en serio riesgo mi vida, decido entrar en Proyecto Hombre. Es aquí donde me dicen que debo focalizar mi ansiedad en algo que me llene, y empiezo a hacer algo de deporte (siempre me gustó correr detrás de mis palomos). Por fin, como si hubiera vuelto a nacer, después de nueve meses, salgo de proyecto con la firme intención de no volver a caer.

Mi hermano y mi padre me cuentan lo que, por aquellos entonces, está haciendo mi amigo Gosa. Dicen que corre por la montaña. Correr y montaña, correr y montaña… resuena en mi mente como un mantra, y uno de los días que salgo con mi padre por el Cabeçó d’Or encontramos un grupo que iba corriendo por las sendas. No me lo pensé dos veces y cuando bajé a Mutxamel llamé a Gosa y le dije que quería salir a correr con él. Me dijo que claro y me presentó, junto con el Muffy, al mejor grupo de gente que en esos momentos podía conocer, la gente de A To Trapo.

Pronto empecé a participar en carreras y sin darme cuenta ya estaba corriendo la Perimetral de Benissa. Empecé a conocer a todos los corredores del grupo Ñ y casi todos tenían un sueño común: Ultra Trail del Mont Blanc. Y como los sueños son contagiosos…

El proceso para llegar a UTMB es largo y tan duro como la carrera, pero ahí han estado siempre Sergio, Ángel, David Gil, Josemi, Esteban, Elías, Pablo, Jaime, Roberto, Carlos, Jesús Jurado, Jesús Jr, Jota, Lisardo, David García, Ramonet, Antoñito, Juanma … en definitiva todo el grupo Ñ, que con su experiencia y buenos consejos han conseguido que llegara a cumplir este sueño. Pero… ya está bien de introducciones y vayamos a lo importante, vayamos a la Ultra Trail del Mont Blanc.

El día 28 de septiembre me presento, con toda la ilusión, en Chamomix. Me acompaña mi más fiel seguidor, mi padre. También nos acompañará nuestro amigo Oyvin Feenyerodd (el noruego). Tengo muchas dudas porque 15 días antes de la prueba me salió una lesión en el tendón rotuliano.

En la recogida de dorsales el ambiente es increíble, las miradas de los corredores lo dicen todo. Se respira Trail Runinng por todos los rincones de la ciudad. Todos con un mismo deseo, empezar a correr y hacer realidad sus sueños. En estos momentos mi mayor preocupación es el frío. Todos con los que contacto me dicen que las previsiones no son malas, pero yo no me fío.

Con una hora de antelación me presento en la línea de salida. Con los nervios a flor de piel espero que den el pistoletazo de inicio. La música, los gritos, los aplausos de la gente. Es una de las cosas más emocionantes que he vivido en mi vida, y por mi cabeza pasan todos esos malos momentos vividos y, con cada zancada que yo avanzo, ellos van quedando atrás, y cada vez más atrás.

No voy a contaros como es el recorrido de la carrera, crónicas hay muchas que lo hacen. Os contaré la gente que conocí. Los primeros 50 Kilómetros los pasé junto a Sergio, un catalán con el que estuve hablando hasta que decidió retirarse. También coincidí algunos kilómetros con Toni, al que conocí en Rialp Matxicots, y con el que quedé para vernos en la Ronda dels Cims del año 2019. Un grupo de sevillanos estuvieron entreteniéndome también durante muchos kilómetros, una pena no recordar sus nombres. Así iban pasando los kilómetros, entre risas e historias de Trail.

Compartí kilómetros, y poca conversación, cosas del idioma, con un japonés. El en inglés y yo en valencià. A estas alturas de carrera y ya de cara a la segunda noche la cosa empieza a ponerse fea. Los dolores de rodilla comienzan a ser serios y paso gran parte de la noche solo. A veces también es necesaria la soledad y quedarse uno con sus pensamientos.

Y es aquí, en la soledad de la noche, donde uno valora lo que está haciendo y todo el camino recorrido para llegar hasta aquí. Estoy convencido que voy a llegar y mientras lo pienso surge la mejor anécdota de la carrera. Delante de mí oigo a tres corredores que van hablando en valencià. Me voy acercando a ellos y empiezo a escuchar la conversación. Están burlándose de uno de ellos: ¡¡¡Xe tu de Mutxamel i no has eixit en el periòdic!!! ¡¡¡Mare meua que mutxameler!!! seguían burlándose de él. Yo que llego por detrás saludo con un ¡¡¡Bona nit!!! que no deja lugar a dudas que hablo la misma lengua que ellos. Me saludan, preguntan cómo voy, y cuando me preguntan de donde soy contesto: ¡¡¡Jo de Mutxamel i si que e eixit al periòdic!!! La expresión de su rostro no la olvidaré nunca…. ¡¡¡Collons!!! ¡¡¡Pos si que es!!! ¡¡¡Jajajaja!!! Al final ellos no consiguieron llegar a meta.

Amanece y ya voy de cara a meta. He pasado mucho frío, cansancio, sueño (para mí lo peor), dolores varios (sobre todo el de la rodilla), pero como siempre todo se olvida cuando cruzas la linea de meta.

Allí está mi padre y el noruego. He coincidido con ellos en algún avituallamiento, pero donde verdaderamente quería verlos era aquí, en meta. Ver la cara de orgullo de mi padre vale todos los sufrimientos vividos. La emoción aflora por todos lados. En meta también está esperándome Pablo que había finalizado antes la CCC.

De la carrera sería difícil elegir con que me quedo, paisajes, ambiente, recorrido, voluntarios… pero si tuviera que quedarme con algo me quedaría con el calor de la gente al paso por los pueblos y el compañerismo en carrera.

¡¡¡Sueño cumplido!!! Nadie, antes de ese 7 de enero de 2015 que cambió mi vida, hubiese apostado que llegaría a conseguir algo como esto. ¡¡¡Ahora soy feliz!!! ¡¡¡He ido de la cuneta a rozar el cielo!!! ¡¡¡El cielo azul del Mont Blanc!!!

Cristian Aracil

Costablanca Trails (17-Noviembre-2018)

Faltan 10 minutos para la media noche y sin querer (evitarlo), el destino nos junta de nuevo en la línea de salida. Vuelven los momentos meditativos, compleja tarea es explicar esta extraña sensación de ganas, sueño, pereza, motivación y nervios. Se hace el silencio en mi mente pese a que suena thunderstruck de AC DC a millones de decibelios, como si el speaker quisiera despertar al Benidorm que nunca duerme.

Y ahí estamos: Gosa y “el cuñao” que harán su propia carrera (¡sois un ejemplo!) y Elías y yo, tándem que compartirá una larga y bonita velada de más de 100 km. 3, 2, 1 y salimos, atrás quedan los miedos que seguramente nos volverán a perseguir y por delante están los míticos de nuestra provincia, qué gusto da correr en casa!

La Costablanca Trail es una carrera bonita y recomendable de 102 km y + D 6500 que busca superar el mito del turismo alicantino: la terreta no sólo es sol y mar. Subida cómoda al Puig Campana entre silencios sospechosos y bajada muy disfrutada hasta Polop; ¡qué bien se está cuando se está bien!

La noche transcurre entre risas, silencios y conversaciones profundas que crean un vínculo de hermandad entre en Elías y yo: curioso que alguien conocido pero ajeno a tu vida se convierta en tu media chancla que te ayudará a llegar a meta y a abrir la mente en los momentos complicados. Gracias amigo!

Todo en orden hasta que a partir de las 4 de la mañana caen las primeras gotas preludio del chaparrón que nos espera. Llegamos a Benimantell mirando al cielo cual Noé en su arca: ¡está cayendo la de Dios! Desayuno con una tostada de mi pan favorito y a seguir, que en Confrides nos están esperando.

El amanecer se deja entrever y podemos disfrutar de una insólita subida a la Serrella por el Barranco de les Mates. Las piedras vislumbran a estos locos subiendo en un sinsentido de zig zags y celosas de que alguien más que ellas conozcan este rincón de nuestra provincia. La Mallada del Llop se torna en el último escollo antes de llegar a la nueva casa que nos han preparado: Avituallamiento de Confrides, km 60, 11 horas de carrera.

Probablemente el mejor aid station de todos los visitados. Carlos y Teo hacen de sustitutos de mi padre y Josemi, Rosa y compañía nos agasajan con viandas propias de una comida de navidad con cerveza incluida. Nos acordamos de lo que gozarán Gosa y Jesús y los amigos Ángel y David que estarán disfrutando de la versión de 65 km.

Pero hay que tirar p’alante que tenemos que tocar el techo de la provincia. Aitana nos espera y no exento de sufrimiento, cruzamos la Font del Partagas para hacer cima paso a paso rodeados del característico olor a romero de nuestra sierra. Jessy nos confirma que tenemos a tiro de piedra a Ángel y David: dejémosles, suficiente tenemos con lo nuestro.

Y así, entre miradas al cielo y a la tierra, llegamos a Sella donde además de los omnipresentes Carlos y Teo, me esperan Vicent y Abi, ¡qué ilusión verles! Última cerve de la mano de su compañía y hacemos un duro camino hacia el Puig atravesando el Goleró y el Coll de Sacarest para, en casi 20 horas, cruzar la meta yo de la mano de Vera y Elías de su orgulloso vástago.

Allí nos encontramos a Ángel y David más felices que nunca por haber conseguido recorrer una carrera juntos después de tanto tiempo (Enhorbuena!); a Ruth como perfecta valedora y esta sí media naranja de Elías y a (casi) toda mi familia esperando ver mi cara llena de tanto barro como felicidad.

Mención especial a Enri por el carrerón que le situó en tercera posición de su categoría. Cuando te dé por superar la distancia de la maratón ¡nos vas a jubilar a todos!

Mucha lluvia, otros tantos kilómetros y más barro nos hace darnos cuenta de la suerte que tenemos. Agradecimientos, a la familia, a los firmantes de la pinza y a los apoyos recibidos en la carrera y en general, en la vida. Y bueno, principalmente a Elías por la compañía ofrecida y, como siempre a mi padre, fiel escudero de este vil trotador en busca de aventuras. ¡Otros 100 km para las patas!

Dedicación especial al pequeño Nicolás I por su reciente incorporación a los García Pa Rato, prometo guiarte en el camino de la montaña.

102 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Elías Veterano 19:50:37 52 23
Borja Sen – M 19:50:44 53 25
Jesús S. Veterano 25:17:41 128 65
Gosa Veterano 25:17:58 129 66

 

65 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
David Veterano 12:58:51 150 62
Ángel Veterano 12:58:54 151 63

 

42 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Enri Sen – F 6:35:50 88 3

XIV Mitja Marató Serra d’Oltà (16-diciembre-2018)

Estamos ante una de las clásicas de montaña de la provincia de Alicante, una carrera rápida, bonita y a la que denomino “limpia conciencias” … ¿por qué? porque se celebra justo antes de Navidad y ese cordero, el turrón y el alcohol parecen menos calóricos cuando has hecho unos días antes la media maratón d’Oltà…

¿Qué me estoy engañando? Sí, pero me gustan esas pequeñas píldoras de placebo psicológico.

Empieza a amanecer en Calpe cuando en un barecito pequeño junto a la salida, Eva y yo tomamos unas tostadas con aceite y un café con leche. Seguidamente la preceptiva recogida del dorsal que coincide con la salida de los senderistas 8h.

Tras las preparaciones de bebidas, geles, mochila, etc… empezamos el calentamiento en el que a los pocos metros nos encontramos haciendo también el ritual de la preparación de carrera a Jesús Jurado y los acompañantes de A to trapo… Eduardo, Juanma…  los valientes que han decidido hacer la prueba; otros están ya acumulando calorías en sus cuerpos… no diré el nombre de nadie para no dinamitar más su moral, pero sabrá quién es cuando lea esta crónica.

Llega la hora de la salida 9h, buen ambiente, muchos corredores en número de aproximadamente 350 y tras una sonora traca (como no podía ser menos en nuestra tierra) se da la salida a la prueba.

Por suerte, esta carrera tiene la “generosidad” de comenzar con un buen tramo de unos 4 km casi llanos, incluso con algún km de asfalto que permite ir calentando las piernas, aunque no es menos cierto que también te hace llevar un ritmo que quizás puedas pagar después; no es mi caso porque yo soy un máquina y controlo.

Cada uno se va colocando en su sitio en esta primera parte y tras atravesar la carretera general por un pequeño túnel que pasa por debajo de la autovía, comienza a picar hacia arriba la pista… llegó el momento de que la sangre pase a llenar las piernas porque esperan varios km de subida con alguna tregua de por medio, pero poca.

Pasado el primer avituallamiento, la carrera se introduce en plena Serra d’Oltà y entre pinos se van ganando metros de altura. La temperatura es buena… muy buena… incluso puede que algo alta para correr, porque pronto sobran manguitos, los guantes finos, el buff y casi hasta la camiseta, pero no es cuestión de quitársela, presumir de cuerpo escultural está feo en la montaña.

Con algún sube y baja llegamos hasta una pista bastante ancha y alcanzamos lo que para mí es la parte más bonita de la carrera, aproximadamente el km 6-7 … ya que, a una altura media de la sierra, la pista te lleva a tener a tu izquierda la maravillosa vista de la costa, el mar y el espectacular Peñón d’Ifach. Cierto es que la propuesta urbanística y arquitectónica de Calpe, bajo mi punto de vista, deja mucho que desear, pero el enorme y monumental Peñón y el mar azul tranquilo a sus pies camuflan las miserias de la especulación, lo cual unido a que uno se queda con lo que quiere ver… pues la fotografía es maravillosa, un tramo en el que disfrutas de estar en ese momento y en ese lugar.

Pero he aquí que el corredor que llevaba justo delante, observo que no ha movido la cabeza ni un milímetro, no ha tenido a bien ver lo que yo estaba viendo, ha decidido prescindir de llevarse el que probablemente es el momento más bonito de la carrera…  y sí, los que me conocéis sabéis que con facilidad escucho la llamada de “el lado oscuro del trail running” …. me han dado ganas de darle una colleja a mano abierta y con violencia en todo el cogote y decirle “espabila tío, deja de mirar al suelo, que no vas a llegar antes a meta y disfruta de este paisaje” … pero me he controlado, soy un blando… eso sí, le he pasado y no lo he vuelto a ver más, ero lo menos que podía hacer con semejante looser.

Continuamos bajando por una pista ancha que lleva a un giro a derecha que inicia una pequeña subida que alcanza el objetivo del siguiente avituallamiento situado justo antes de la subida a la cima de Oltà.

Pocos metros después, comienza el tramo que podemos decir el más duro de superar, una subida por una “canal” de roca y piedras a modo de pseudo escalones que cuesta ir subiendo. Una vez superado llega lo peor… la parte de transición hasta la última subida, que para los que habéis corrido “La perimetral de Benissa” sabréis de lo que hablo… un fondo marino pero sin agua. Roca afilada, huecos entre piedras y vegetación que camufla el peligro inminente de un fácil esguince como el menor de los peligros, porque una caída o un pie que quede atrapado en uno de esos huecos, provocarían una estampa que no quiero ni imaginar. Odio ese tipo de terreno… por momentos me sentía como en la película “Tigre y Dragón” tocando con las puntas de las zapatillas una mínima parte de la roca y dando saltos de una en otra…  pero con mucho menos estilo que en la película por supuesto…

Por fin acaba el suplicio y aparece lo que a los ojos de cualquiera podría decirse que es la alfombra de tu casa, una senda de tierra húmeda y marrón lisa, blanda y cómoda bajo la sombra de los pinos  … un respiro para los pies y acto seguido, el tramo final de subida que en unos minutos lleva a la cima de Oltá.

Una vez arriba dos voluntarias nos esperaban para dar el toque navideño disfrazadas de árboles de navidad, muy simpáticas pero a las que casi ni he visto, porque he comenzado a bajar rápido… los corredores normalitos como yo también nos flipamos y en ese momento piensas “si me distraigo saludando o parando aquí … perderé unos segundos de oro” … como si en algún momento de fantasía e ingenuidad runera, se fuese a dar el caso que peligrase el podio… en fin, uno cumple años pero se nota poco. En la meta me han dicho que las simpáticas voluntarias daban mistela en la cima… moooook… por flipado, ni me he enterado. No obstante, me cuentan que el presi y Cía. han degustado ese preciado caldo de la terreta disfrutando de las vistas.

La bajada afronta el rodeo a la sierra para llevarnos a la parte trasera de ésta y las vistas a la Sierra de Bernia, donde comienzan a asomar chalets y construcciones por la parte superior… a este paso en breve conquistarán también esta otra cara de la montaña, pero sin embargo vamos por un bonito paraje a este lado, senda disfrutona y bastante rápida entre pinos. A mitad de bajada escucho detrás de mí lo que parecía ser un jabalí persiguiéndome… era un corredor bajando a “tumba abierta”, le he dejado pasar… no había quien lo parara… ¡qué ritmo! … pero la carrera no acababa al final de esa bajada…

Desembocamos en una pista ancha en el que se encuentra el siguiente avituallamiento y tras el cual iniciamos el giro final a la sierra y comienza una última subida… aquí me reencuentro con el “jabalí”, estaba casi tan muerto como aquél que hace unas semanas encontraron David Gil y el grupo que lo acompañó al Puig Campana… la cara roja, el sudor cayendo a chorro como si se le hubiese roto una tubería de agua potable y ya no resoplaba, era la respiración de un pececillo sacado de su pecera, agónico… cuando llego a su altura me dice con un hilillo de voz ¿quieres pasar? … en fin… por fuera, le he dicho que sí y le he dado las gracias … por dentro he pensado “lo mismo tas pasao campeón, ¿ves lo que pasa por fliparse más de la cuenta?”, lo he adelantado y ya no lo he vuelto a ver… era lo menos que podía hacer con otro looser como este.

Continuamos subiendo por varios pedregales incómodos, si bien no son muy largos y donde vas intuyendo que queda muy poco para la bajada final que repite recorrido con los aprox. 5 km iniciales de la prueba.

Tras un descenso rápido por senda por momentos estrecha, se empieza a escuchar la música del grupo de dolçaineros en una bonita grabación reproducida en un equipo de sonido colocado justo antes del último avituallamiento y que lógicamente hace que pierda encanto el momento exaltación de la cultura musical de la provincia.

Llegamos a ese último avituallamiento en el que yo creo que no para casi nadie… todo el mundo va a cuchillo hacia meta… pero ojo… que los 4 km finales llanitos se atragantan a más de uno… después de 16-17 km y 1000+ las piernas frescas no van y mantener un ritmo sostenido en esos km llanos cuesta, a mí no, ya os he dicho que soy un máquina y controlo que te pasas.

Finalmente comienzas a escuchar al speaker de meta, aprietas los dientes y aguantas un tramo asfaltero de unos 500m para hacer un último giro a la izquierda y encarar la línea de llegada … la pose y la sonrisita molona de sobrao para salir guay en la foto ¡conseguido!

En un día espectacular típico de Alicante, hemos disfrutado de la clásica Media Maratón de la Serra d’Oltá, de buen ambiente, magnífica organización y de mejor compañía.

Poco a poco y con el permiso de Jesús… me voy integrando en la gran familia de A to trapo… hace años veía a corredores con la camiseta del club y pensaba “… menudos flipados ” … ahora ya pasados los años y dado que os conozco a muchos de vosotros, sigo pensando lo mismo… menudos flipados… pero bendita familia de flipados de la montaña… por todo lo que compartimos, por todo con lo que nos identificamos, es por lo que lo pasamos tan bien juntos y nos hace tan felices estar en la montaña.

Gracias a Jesús por compartir parte de la carrera con Eva al igual que ya lo hizo en El Coto, así como por pedirme hacer esta crónica y por transmitir siempre felicidad con su perenne sonrisa y simpatía.

Besos para todos.

Pablo Molina

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Pablo M. VETERANO 2:33:11 143 57
Marc 2:38:43 168
Juanma MASTER-M 2:49:47 222 28
Edu VETERANO 3:10:57 286 109
Jesús MASTER-M 3:10:58 287 43

Rat race «The Wall» Carlisle-Newcastle (16-Junio-2018)

Desde hace tiempo venimos realizando una salida turístico-deportiva anual para participar en un algún reto propuesto y organizado por el amigo Julián.

Este año decidimos acudir a la mítica carrera de 69 millas “Rat race-The Wall”, que transcurre siguiendo el Muro de Adriano, situado al norte de Inglaterra, entre el golfo de Solway y la desembocadura del río Tyne. Al sur Inglaterra y al norte Escocia, 118 kilómetros de longitud con más de 300 torres, 17 castillos y 80 fortines, alcanzaba una altura de 3 a 4 metros y una anchura de 2 a 3 metros construido en el siglo II como fortificación fronteriza del Imperio romano.

Actualmente ya solo quedan tramos y vestigios de tan impresionante edificación al ser desmontada gran parte de ella piedra a piedra por las diversas generaciones que han habitado estas verdes tierras, utilizándolas para delimitar prados y edificar casas y granjas cercanas, hasta que en el año 1987 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La hazaña prevista a realizar en esta ocasión estaba destinada para un grupo formado por tres componentes hermanando así a dos equipos: “A To Trapo”, con Lisardo y Julián y al primo conquense de éste, un tipo excelente, José Miguel de “El trote Gorrinero” fusionándose en “Three in one running team” para esta ocasión, confeccionándose una equipación exclusiva para los tres, diseñada por Julián para tal evento, mostrando los logos de los dos equipos uno en cada manga de la camiseta, luciendo también nombre y eslogan, además de camiseta de paseo y sudadera.

El día 15 de junio y después de recoger  el dorsal y pasar el control del material obligatorio exigido por la organización, visitamos  la ciudad de Carlisle que al día siguiente muy temprano iba a vernos partir. Se respiraba ambiente de prólogo de una carrera importante, con corredores inquietos y expectantes por emprender un recorrido de 111 kilómetros de ida sin retorno, desde el Oeste hasta el Este en Newcastle UponTyne.

Con auténtica puntualidad inglesa, el día 16 se dio la salida desde el precioso castillo de Carlisle a las 6:00 am, en una desapacible mañana lluviosa que no por ello deslució el acto ni nos redujo el ánimo ni las ganas de emprender tan larga andadura que tanto tiempo atrás veníamos preparando. Demasiados kilómetros en nuestras piernas los últimos meses como para rendirse en ese momento tan ilusionante por las inclemencias climatológicas.

La carrera transcurrió en un principio por las anchas avenidas que dan salida a la ciudad, para luego trotar por carreteras secundarias entre frondosos bosques que son utilizados como parques con senderos deportivos y carriles bici. Al poco, aldeas entre campiñas unidas por caminos asfaltados, carreteras entre pueblos donde son su calle principal. Enormes mansiones quedaban a ambos lados de la ruta allá en lo alto de las lomas, la campiña verde, húmeda y fría nos observaba indiferente. Atravesamos  prados cercados entre ganados que abonaban generosamente los caminos hasta el punto que en algunos tramos generábamos un chapoteo bajo nuestros pies que se fundía con el del barro persistente, animales bien alimentados, sin duda. Verjas, muros de piedra caliza, puertas de madera que separaban terrenos, en fin, un continuo vaivén, un constante sube y baja que por ameno nos hacía olvidar sufrimientos y kilómetros transcurridos y soñar con los venideros, saltábamos linderos y paredes de piedra campo a través: Lanercost, Walltown Quarry, Crawfield,  para llegar por fin al punto más elevado y casi céntrico de la ruta, Hexam donde se puede apreciar claramente los cortes en la roca debido a la explotación de sus canteras, dejando desmontes en el terreno de extracción de las piedras con las cuales sin duda, se construyó tan gran obra de ingeniería para la época.

Así avanzábamos con lluvia, casi permanente compañera de viaje, que de vez en cuando despejaba y dejaba salir algún rayo de sol que brillaba y no calentaba y  que al instante volvía a desaparecer entre las nubes y de nuevo, la lluvia y el tiempo desapacible. De esta forma no acertábamos con qué prendas dejarnos sobre el pellejo.

Afortunadamente para mí, soy hombre de poco enfermar y no suelo tener problemas digestivos salvo la excepción de aquel día hace tiempo que por error me tomé un gel de esos que hacen en los laboratorios y yo que soy más de fruta y buenas viandas, aquel potingue vino a revolverme hasta los cimientos. Pues bien, esa mañana sin motivo que lo avalase me puse en marcha con molestias gástricas tenía mis intestinos más ligeros que las piernas, estaba como el día: descompuesto, aunque me iba controlando para prevenir y para que eso no fuera a más no comí nada que me pudiera producir incontinencia sólida. Evité geles, barritas energéticas,  frutas frescas y bebidas azucaradas, no tomé más que frutos secos y frutas deshidratadas que yo portaba en la mochila. Lo cual me mantuvo entre dos aguas (literalmente).

Julián también lo pasó mal en el primer tercio de la carrera al acentuársele la sobrecarga muscular que sufre hace meses en su vasto interno amén de los problemas crónicos que arrastra en su rodilla derecha. El dolor era mucho pero la voluntad era mayor y así fue superando sin quejarse el suplicio que suponía cada paso que daba hasta que poco a poco le fue desapareciendo la dolencia y le permitió por ello, disfrutar en mayor medida del resto del recorrido.

Después del kilómetro 50 más o menos, mi cuerpo iba en la reserva al no haberle aportado alimentos contundentes y por culpa sin duda de una inadecuada hidratación. Yo no iba, me arrastraba, no dejaba de correr pero sentía que no avanzaba, no tenía fuerzas, solo deseaba caminar pero no podía permitirme andar y menos parar, los compañeros que llevaba eran rehenes de mi torpeza y  no quería decepcionarles, aunque no podía luchaba conmigo mismo, me esforzaba por seguir sin perder el ritmo y no podía permitir que nos adelantaran otros corredores a quienes ya habíamos, con mucho esfuerzo, pasado kilómetros atrás.

Recuerdo los ánimos que me daba José Miguel, como si por falta de ponerle ganas fuera, y de los silencios sobre ese particular de Julián que este más discretamente disimulaba con otro tipo de conversación a sabiendas de conocerme mejor y sabía que si no iba más deprisa es porque algo me pasaba. Así recorrí casi una veintena de kilómetros hasta que llegando a un copioso avituallamiento kilómetros antes de Newburn y ya sintiéndome reconfortado, cargué mi estómago con diferentes variedades de alimentos sólidos reponiendo fuerzas. Paré, comí y descansé muy brevemente, inmediatamente me di cuenta de que era otro ya, cuando apenas llevábamos escasos cinco minutos para mí era suficiente, les dije “yo me voy,  ya me pillareis”, en mí interior tenía que resarcirme con ellos tratando de recuperar todo el tiempo posible del que les había hecho perder por mi lentitud. Pues me encontraba bien, con fuerzas y con ganas, “ellos ya me alcanzarán cuando quieran”, pensaba yo.

En ese momento faltaba más o menos lo equivalente a un maratón. El recorrido descendía muy ligeramente después de haber quedado ya bastante atrás la mitad de la carrera que tenía multitud de repechos hacia arriba. Me sentía ágil y fuerte, no notaba dolor alguno, no estaba fatigado y marcaba un ritmo vivo acercándome a otros corredores que no tardaba en dejar atrás sin emplear demasiado esfuerzo. Transcurridas poco más de dos millas fui alcanzado por los dos primos que notaron claramente la reactivación tan espectacular que había experimentado y que a mí mismo me había sorprendido y así continúe con ese cambio hasta el final permitiéndonos recortar tiempo en esta última parte mejorando la media total del recorrido.

El tramo final nos encontró haciendo la carrera en positivo, corrimos la segunda parte más rápida que la precedente y comenzamos a adelantar en un goteo constante a corredores que lo estaban pasando realmente mal. Antes de empezar la jornada, como equipo que éramos acordamos que el plan sería administrarnos el esfuerzo e intentar terminar juntos y a pesar de las adversidades el plan surtió efecto. El castigo de los kilómetros, las cuestas interminables, el barro y el chapoteo, las piedras, el viento, la lluvia y el frío no lograron hacernos mella y nuestra única limitación fuimos nosotros mismos. Nos sentíamos felices, grandes, sabedores ya de que somos capaces de atravesar una isla y casi poder sobrevolarla.

Caía la noche en la costa este de la isla y las farolas nos guiaban ya en la cercanía de Newcastle que nos esperaba bostezando, como ese amante que paciente espera la vuelta de su pareja después de un largo día de trabajo. En este último tramo corrimos senderos entre variada vegetación exuberante de árboles con frutos, arbustos y flores, entre casas en torno a riachuelos y seguimos finalmente el curso del Tyne majestuoso que nos acompañaba acelerando su ritmo pues me pareció que le costaba seguir nuestro paso. Al fondo,  el luminoso puente colgante del milenio, símbolo representativo de esta bonita ciudad, donde nos esperaba por fin la meta.

Íbamos corriendo como levitando sobre el suelo, con la mente puesta en el objetivo como misión cumplida, eso nos daba alas para mantener un ritmo que quizás nunca antes llegamos a alcanzar y mantener más que aquí. No había dolor, no había frío, no sentíamos ya  los cuerpos mojados por la lluvia. No parecíamos cansados, solo veíamos la posibilidad de ir adelantado uno tras otro a los dispersos compañeros de ruta que nos precedían y encontrábamos por el camino con un progresar cansado y lento, con pasos titubeantes, en cambio nosotros nos acercábamos pisando fuerte. Cruzamos por fin el Tyne desfilando el puente como si este fuera una alfombra roja de una pasarela, abrimos orgullosos nuestra bandera como pavos reales desplegando su bello plumaje henchidos de emoción y allí entramos los tres españoles juntos después de 16 horas y 4 minutos en meta rememorando la historia aquel romano Adriano que nació en la capital bética, que fuera hombre de otro tiempo y que para bien o para mal fue el artífice principal de una obra arquitectónica tan impresionante hace ya casi 20 siglos.

Minutos después todo había terminado, ya en el anexo recinto  moderno de acero y cristal junto al Baltic Centre for Contemporary Art nos íbamos congregando guareciéndonos de la fresca, después de darnos una confortable ducha y restablecernos del esfuerzo con comida caliente, sentados en torno a una mesa a la vez que describíamos nuestras sensaciones, veíamos como iban llegando más y más corredores con los que en algunos casos  habíamos coincidido en parte del recorrido adelantándoles en varias ocasiones y en otras tantas adelantándonos ellos a nosotros. En especial vimos llegar a uno que con mucha alegría para él y con admiración para nosotros, se acercó y nos dio un abrazo de agradecimiento que le devolvimos con mucho gusto ya que fuimos participes en gran medida de su triunfo al haberle ayudado socorriéndolo en sus heridas muchos kilómetros atrás, cuando sentado en la cuneta, sangraba por las llagas que tenía en la planta de los pies que no le permitían caminar.

Allí permanecíamos sin prisa, como si el tiempo ya no importara y a las pocas horas, entre remembranzas,  nos sorprendió el nuevo amanecer lindando las tres de la madrugada. Fue entonces cuando entre brindis y risas comenzó a fraguarse al hilo de los órdagos el próximo reto…¡quién sabe, tal vez terminemos cruzando otra isla, aunque esta vez en territorio español!, pero esto es otra historia…¡esperemos que los alisios nos acompañen.

Quiero agradecer a Julián y a José Miguel el empeño que han tenido en realizar la totalidad de la prueba juntos, pero que sin mí hubiesen terminado haciendo un tiempo mejor pudiendo acabar entre los cien primeros.

Gracias Julián por organizar este viaje que me ha permitido conocer y recorrer un lugar que jamás hubiese imaginado.

Lisardo

Enlaces sobre esta prueba

Media maratón

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián Male 16:04:38 168 144
Lisardo Male 16:04:38 169 145
José Miguel Male 16:04:38 170 146

X Botamarges – Forna (6-Octubre-2018)

Me estrenaba en una ultra, así es que mi querido y admirado Gosa me ha cedido la crónica de la Botamarges 2018.

Como de costumbre en toda carrera, quedamos en el punto fotográfico de la pancarta en Forna. Yo subí con un amigo de la infancia, José Luis, que curiosamente fue compañero de mi hermano en el colegio y muy amigo de Pez. Tras recoger el dorsal y acicalarse para la carrera, nos vemos para hacernos la foto de rigor Pez, Jesús Jr., Gosa y yo. También estaba un amigo de Pez, el gran Antonio Dieguez. No conseguimos juntarnos con Ulises. Tras la foto, procedemos a ponernos en la línea de salida con los demás corredores y los nervios activos, al menos por mi parte jaja.

Nos deseamos suerte todos y a las 6:00 comienzan los 64k de la Botamarges. Hay bastante gente animando para la hora que es, así es que empiezas con una sonrisa, a ver si llegaba igual.

Con los frontales dejando una imagen espectacular en la noche corremos hasta que empieza la primera subida de la jornada. A Jesús le hemos perdido en la noche, mientras vamos subiendo Gosa, Pez, José Luis, Antonio y yo. El pelotón se estira en esta subida hasta alcanzar la parte más alta y empezar a correr un poco en la bajada. Entre la serenata en valencià que nos están pegando unos compañeros de carrera, vamos pasando por bosque y bajamos, mientras el día se abre paso, hasta el primer avituallamiento en Villalonga. Reponemos líquidos y comemos algo. Salimos del pueblo y enlazamos con una pista que nos lleva por una serie de túneles. También podemos admirar las vistas de esta parte de nuestra provincia, incluida una cascada, espectacular.

Nos acercamos al km.20 para recibir el regalo de la subida a La Safor. Sigo el consejo de Gosa y saco los bastones mientras comemos en el avituallamiento 2, nos espera una buena subida. La empezamos con ánimo mientras empezamos a escuchar un cencerro y una voz a lo lejos. Nos encontramos con varios tramos de asfalto y pasamos por un punto realmente curioso, La Casa de Tarzán. Y de ahí, hasta arriba. El sonido del cencerro se empieza a acercar conforme subimos, incluso avistamos el pico donde está localizado el culpable del griterío. No sin esfuerzo pasamos saludado al cámara y al señor del cencerro. Toda la subida está llena de carteles con frases de ánimo con la foto del mismo, toda una historia curiosa, ¿eh?

En el Pic de la Safor nos juntamos con Gosa y tras inmortalizar el momento, procedemos a descender. Llevamos localizado a Gosa que va por delante en la bajada. No es hasta un pequeño avituallamiento en la Pista Llacuna Km26 donde nos juntamos de nuevo con Gosa, íbamos haciendo la goma, jaja. Aunque a él le tienen que avisar cuando salía del mismo, pues se iba en otra dirección. La zona me empieza a sonar, aunque en dirección contraria de una carrera anterior. Fue Arrapapedres a principio de año ya pasamos por allí Jota, Sergio, David el de los grandes gemelos y Ángel. Viendo la subida que se nos avecina, llegamos tras una bajada al avituallamiento de Benisili. Pasamos por boxes y nos juntarnos un poquito con Gosa que saluda a su mujer, comemos algo (de forma errónea por mi parte) y salimos en dirección al castillo de Benisili. Me resulta curioso que habiendo ya pasado por alguna zona de asfalto ahora nos metan por un lecho de «río» lleno de basura antes de empezar la subida.

Bueno, aquí es cuando me empiezo a dar cuenta de que no comí lo necesario en el último avituallamiento. Y que la semana de trabajo con más de 50 horas de pie, no era un buen presagio. Si bien como bastante, le faltó completar algo más la ingesta de azúcar, de todo se aprende. La subida hasta el castillo la hago con algún problema, pero se me empieza a dormir parte del cuerpo, noto un cosquilleo. El tema de carga de sales lo llego a rajatabla, como siempre me recordó Gosa, algo no hice bien. Lo veo en la subida a lo lejos antes de coronar la cresta y yo empiezo a pensar que es el Everest. Con más pena que gloria llego arriba y vuelvo a recordar el camino de Arrapapedres, bastante abrupto y algo duro. José Luis sigue tirando de mi hasta llegar a Puntal Gros y bajar hasta un pequeño avituallamiento, que se agradece muchísimo. No voy del todo bien y en la siguiente subida ya se me empieza a dormir la cara. Antes de llegar a la parte de la Foradá (km36) tengo que parar y le digo a mi compañero que estoy para que me coman los buitres. Incluso me siento y me tumbo como si fuera un náufrago en la montaña… otros corredores preocupados, me dan otro tipo de sales y me tomo una barrita que llevo en la mochila, mano de santo, me empiezo a recuperar. Incluso puedo llegar a correr algo en la bajada a Benissiva (km42) donde de forma espectacular nos espera mi amigo Antonio y su mujer con su hijo. Si se me había pasado por la cabeza quedarme allí y dejar a José Luis libre, ese encuentro me anima muchísimo y decido seguir. Comemos y bebemos tranquilamente. Los voluntarios son tremendos. Enseguida se ofrecen a llenarnos los bidones y darnos lo que necesitamos.

Salimos después de atravesar el pueblo dirección Benirrama, senda y más calor. Allí tambien nos espera un avituallamiento (km.45), pero no sin antes pasar por sus callejuelas y descubrir gratamente el recibimiento de la gente que allí se congregaba para comer. Todos gritan y animan, aunque seas el último de la fila, cosa que tenía bastante presente, jaja. De nuevo los voluntarios y, sobre todo Antonio, se vuelvan con nosotros y después de meter la cabeza en un bidón gigante con hielo, salimos para afrontar la siguiente subida.

La subida al castillo de Benirrama me recuerda de nuevo a la Arrapapedres, esta vez la dirección es la misma, pero las sensaciones eran otras. La primera vez empezaba la carrera y ahora llevamos más de 45km. Subimos a buen ritmo por la senda que se agradece fresca y verde. Y mientras vamos comentando lo que nos queda para meta, comenzamos a bajar encontrándonos con corredores hasta llegar a Atzubia (km.55). Creo recordar que es el último avituallamiento. José Luis que iba comunicándose con Antonio, recibe una cerveza de sus manos siguiendo el consejo de Pez, que va unos km por delante. Calculamos donde se puede encontrar pues Antonio nos ha informado que va cojeando, pero sigue sumando distancia. Por allí debe de andar Gosa y a Jesús y Félix me los imagino ya en meta tomando el merecido bocata.

Pues salimos de Atzubia y afrontamos una subida por una senda hasta coronar y lanzarnos a una bajada que José Luis recuerda del año pasado. Bajamos a muy buen ritmo, yo no me creo que pueda bajar corriendo después de lo de la Foradá, pero ahí seguimos. En esa bajada hacemos compañía a un corredor que va algo tocado, pero nos animamos mutuamente y enfilamos la siguiente subida. En realidad, son tachuelas, pero mucha gracia no nos hace ese recorrido de toboganes, jaja.

Cuando ya vislumbramos el castillo de Forna, vemos a lo lejos a Pez que nos grita que va tocado. Andando-trotando esperamos encontrarnos con él, pero no lo volvemos a ver hasta la subida al castillo a falta de poco más de 1 km. Estará tocado, con la rodilla hecha puré, pero unos huevos planetarios. Le vemos entrar en Forna desde el mismo castillo y nos alegra que esté cerca para compartir nuestra llegada a meta.

José Luis me pregunta que cómo quiero entrar, y sin duda tiene que ser con él, no podría ser de otra forma. Antonio y Paulina nos esperan casi en meta y oyendo al speaker cruzamos el arco. Algo más de 13 horas después volvemos al mismo punto. Allí están Pez, Gosa y Jesús, es una increíble sensación. Mi primera Ultra y con todos estos amigos. Me viene a la cabeza mi hermano Juanjo, que lucha contra un cáncer y que ha sido parte de la fuerza que me acompaño en esta Botamarges.

Un abrazo a todos/as y perdón por el ladrillo, cangrejos/as.

Jaime «El cangrejo»

Media maratón

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Ulises VETERANO 10:25:10 101 37
Jesús S. VETERANO 11:53:01 170 71
Gosa VETERANO 13:17:07 223 94
Pez VETERANO 13:21:19 225 96
Jaime VETERANO 13:22:33 227 98