XXIV Maratón de Praga (6-Mayo-2018)

Hace cinco meses mi madre y mi hermano me propusieron ir a visitar Praga, yo ni me lo pensé, miré fechas de la Maratónn de Praga y dicho y hecho.

Salimos viernes por la mañana, escala en Milano Malpenza y para medio día ya estábamos por Praga.

Visitas guiadas por la plaza vieja, castillo de Praga y puente de Carlos.

Praga es una ciudad pequeña con mucho encanto y muchas cosas bonitas que ver además de su cerveza pilsen …

Sábado por la mañana feria del corredor, dorsal y de nuevo a caminar por la ciudad. A media tarde me marcho al apartamento que tenemos situado en la misma Plaza Vieja, un lugar espectacular el cual recominendo visitar al menos una vez en la vida.

Domingo madrugo pronto ya que la carrera es a las 9:30 de la mañana, en Praga a las 5:30 de la mañana ya es de día.

Más de 18 grados nos anuncian para correr, mucha hidratación y al lío.

Los kilómetros van cayendo poco a poco, llevo un buen ritmo de carrera, pasamos la meida maratón en 1 h 44 min todo correcto según lo planificado.

Siguen cayendo los kilómetros bordeando el río Moldava con sus espectaculares catedrales y castillos de fondo, repito, Praga es una ciudad de ensueño.

Ultimos kilómetros en donde el cansancio se nota, el adoquín hace que la carrera final sea más difícil a partir del km 36, logro el objetivo que me propongo, siempre difícil, pero acabar una maratón.

Al final acabo en un meritorio 3h 42 minutos. Preparar un marathon en 2 meses escasos lesiones de por medio tiene sus consecuencias.

Por la tarde de nuevo ruta guiada, esta vez de las que me gustan ruta de la cerveza … visita a varias tabernas en donde hacen su propia cerveza realmente ESPECTACULAR.

Próxima parada Bournemouth Marathon (Octubre) … la ciudad de nuestro compañero Mark Knaggs

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jorge L. M40 3:41:56 1541 334

Buscando mi chanclo

IV Triatlón Olímpico “Ciudad de Elche” (6-Mayo-2018)

Aquí os paso una breve crónica de mi participación en el este triatlón que se celebró en Elche.

Para el que no lo sepa, la prueba consistía en nadar 1,5km en la playa de Arenales del Sol, acto seguido subirse a la bici y pedalear 40 km en solitario (no estaba permitido hacer pelotones ni “chupar rueda”) recorriendo varias poblaciones del campo de Elche en un recorrido lineal, y acabar en Elche, justo al lado del parque municipal, para después, correr 10 km por el centro de Elche y las laderas del rio.

Participamos 200 personas y el nivel no era excesivamente alto, quitando a los primeros, ya que un día antes se había celebrado en Águilas una prueba de clubes importante a nivel nacional y mucha gente con buen nivel había acudido allí.

Había dos modalidades de inscripción, por relevos e individual. Yo me apunté individual, y para mí, suponía un reto hacer un triatlón de este tipo ya que soy digamos… un ciclista globero. Me defiendo mejor corriendo o nadando, aunque sea de secano. Además, no tengo bici de contrarreloj (que se permitieron) y eso suponía también una diferencia de desgaste físico.

Dándole vueltas al asunto, e investigando un poco, conseguí trucar unos días antes un poco mi veterana Mondraker para lograr una posición un poco aerodinámica, modificando el manillar y el sillín y poniendo un viejo acople que tenía en el trastero cogiendo polvo, aun a sabiendas de que acabaría baldado físicamente, como estoy ahora mismo, por exigirte en una postura que nunca has probado y es que nunca es tarde para experimentar con el cuerpo.

Siguiendo el “cronograma” (como decía la organización) me presenté el sábado en el centro comercial Aljub para recoger el dorsal. Brillante idea para un sábado por la tarde.

Mi padre me acompañó a por el dorsal, y daba la casualidad de que había allí un casting de modelos así que, más perdidos que el trabajo fin de carrera de Cifuentes, entre aquellos cuerpos jóvenes y esbeltos, conseguí al fin la bolsa del corredor e informarme bien del jaleo que suponía participar en esta prueba. Me explico:

Al nadar en Arenales y acabar en Elche con la bici, tienes dos opciones a la hora de presentarte a la prueba: o bien sumarte al famoso “cronograma” y hacer lo que te sugiere la organización, que consistía en coger un autobús en Elche a las 6 y media de la mañana previa solicitud por escrito… o irte en coche a Arenales tú mismo, pero sabiendo que luego tienes que regresar a por el coche y después de una prueba de este tipo, hacerse unos 20 o 25 km con la bici no es un gran problema si no cuentas con la bolsa a tu espalda del neopreno empapado de agua, zapas y demás cachivaches que los triatletas llevamos en la mochila (no es precisamente del tamaño de un bolso de Gucci).

Entusiasmado con la idea de madrugar y tener que desayunar como 4 horas antes de una prueba de 2 horas de duración (ya que los que no somos de Elche tendríamos que salir de casa como a las 5 y media de la mañana o 6) opté por ir con mi coche a Arenales directamente y luego ya vería si recogía el coche o definitivamente lo abandonaba a su suerte allí para siempre. Merecido descanso le toca.

Una vez allí e impresionado por el repertorio de bicis y material “aeronáutico espacial” dejamos todo en su sitio y nos fuimos a la orilla del mar, todos ya enfundados en nuestras pieles de foca (los neoprenos).

El mar estaba espectacular, tranquilo, cristalino … una gozada. El sol estaba tendido aun en el horizonte y no había viento, así que todo tenía muy buena pinta. Lejos y erráticas debían de estar las carabelas portuguesas también ya que no había ninguna si es que alguna vez las hubo.

Mientras los jueces de carrera nos daban las instrucciones entre la algarabía de la multitud impaciente por zambullirse en el agua, reparé a lo lejos en la mirada de un africano subido en una bici destartalada que nos observaba con asombro.

Una vez en al agua y alejado de los primeros, fui poco a poco colándome entre los huecos para evitar manotazos y disfrutando del fondo marino y la claridad del agua.

A los pocos minutos la natación se convirtió en algo placentero, y ante mi sorpresa me vi inmerso en un grupo bastante adelantado, casi tanto que apenas había gente delante. Naturalmente, y debido a mi miopía, pensé que me había perdido, y había seguido a unos nadadores aturdidos y desorientados que estaban inventando un circuito de natación alternativo, pero no, una vez en la playa me di cuenta de que había salido entre los 20 primeros.

Con la excitación de tan buen segmento, me vine arriba y me acoplé como una lapa al manillar de la bici para ver hasta dónde podía dar ….

La realidad rápidamente me devolvió a la resignación convertida en pundonor, y aunque no cejé en mi empeño, vi como una treintena de ciclistas me fueron adelantando despacio, como si fuese un goteo incesante de bicis y cascos sacados del futuro.

Aliviado por ver a lo lejos el estadio de fútbol y sabedor de que corriendo me encontraría más a gusto, enfilé la avenida de la universidad, sólo, sin nadie a la vista por delante ni por detrás, totalmente cortada, sin ruidos, ni coches, saltándome los semáforos en rojo sin detrimento de los preciados puntos, que gozada… me sentía contrarrelojista en estado puro, y aquellas grandes rectas parecían los campos elíseos, salvando las distancias claro está, por la parte que me toca.

Cuando llegamos al segmento de correr, las piernas tenían una avería considerable ya, y difícilmente podía mantener un ritmo por debajo de 4, así que decidí tomármelo con calma.

El circuito discurría por el río, y había algunos sube-y-bajas por los rincones de sus laderas.

También pasaba por el centro histórico de Elche, por delante de la basílica y a escasos metros, donde la lycra multicolor de los triatletas contrastaba con los trajes de marineros de los niños que iban a recibir su primera ostia en la boca.

Después de 2 horas y 20 minutos y bastante distanciado del primero, conseguí clasificarme en la posición 30 de 170 con, más que satisfacción deportiva, satisfacción personal por haber disfrutado de buenas sensaciones, del mar, del campo de Elche, y sobre todo de, un año más, seguir pudiendo hacer deporte sin más problemas que el de madrugar un domingo.

Un saludo a todos

Jorge

Nombre Categoría Swim + T1 Bike + T2 Run Total Puesto general
Jorge R. ABM 0:24:06 (0:02:29) 1:11:20 (0:01:06) 0:41:09 2:20:10 30

Marineras. 3.

Camino, como tantas veces, como tantos días, por la playa, abstraído en la contemplación de los caballitos de mar, esa efímera espuma blanca galopante, a lo lejos, salpicado por las gotas escapadas del recio volumen envolvente de las olas y levantadas por el viento hasta refrescar brazos, piernas y cara desnudos.

Difícil distinguir algunos días las caricias del agua y de la finísima arena, también transportada por el viento.

Ese mar inmenso, su relajante sonido ininterrumpido, descansando de la fatigosa y permanente costumbre o vicio o necesidad del pensar, que en ocasiones puede llegar a taladrarnos el cerebro.

Solo preocupado de no ser sorprendido por una de esas olas más atrevidas que la mayoría, una de esas olas que inopinadamente se resiste a ser engullida por la arena y llega hasta lamer los pies aún calzados.

Es mientras paseo, como digo, cuando me la encuentro en medio del camino.

Las alas extendidas, boca arriba, las patas alineadas, el pecho aún erguido, la cabeza hacia un lado posada en la arena.

Rodeada de algas, unas verdes y aún brillantes, seguramente recién arrancadas de sus raíces por el temporal, otras ya marchitas, marrones y deshilachadas, también algunos rizomas rugosos, esponjas de mar, hinchadas sus oquedades que recuerdan a ese famoso queso francés.

Y ella allí, junto al mar batiendo, ese mar sobre el que tantas veces ha planeado vertiginosamente hasta zambullirse intentando sorprender a la presa, pobre pececillo desconocedor de que su destino iba a ser sobrevolar su medio acuoso asfixiándose atravesado en el pico de una de esas aves.

Esos pajarracos de sordo graznido que proyectan su sombra en el agua, como un negro presagio, mientras rastrean la estela fugaz de los pececillos ignorantes de sus aviesas intenciones, después de todo tan sensatas como las suyas, como buscar alimento, como hacer por la vida, puro instinto de supervivencia, fuerzas de la naturaleza enfrentadas.

Siempre es triste ver el fin de una vida.

Un pájaro desaparecido en pleno vuelo devorado por una rapaz.

O en caída vertical, interrumpido su vuelo por el disparo de un cazador.

Un ciervo que salta de risco en risco hasta que una bala lo detiene y muerde el polvo que su cuerpo levanta en el monte mientras hunde sus cuernos contra el destino.

Siempre o, casi siempre, es triste el fin de una vida.

Pues sí, allí estaba inmóvil la gaviota.

Si acaso el leve vaivén de las alas movidas por los últimos cabrilleos de las olas al fin de su recorrido, ya sin fuerza, y en su regreso a las cóncavas profundidades.

Aves que se remontan, si el viento en contra, o caen en picado, si a favor, ebrias de velocidad, batiéndose sin rumbo, por el solo placer del vuelo, por el solo placer del viaje, mezclando en su borrachera el azul del mar y el del cielo, perdida la noción del arriba y el abajo, sujetos a un giro de sus alas.

También las gaviotas aparecen un día muertas en la playa.

Como aquélla.

San Juan,24 de abril de 2018.
José Luis Simón Cámara.