Ensimismamiento

Estáticas, ausentes, pasaban los minutos, que equivalen en estos seres a horas o semanas, sin apenas mover la cabeza para mirar indiferentes una ola que se acerca, ya desfallecida, y moja sus pies apoyados en la arena. Ambas mirando exactamente al punto de donde viene el viento que encrespa el mar. Ni una sola pluma de su cabeza ni de sus alas, perfectamente plegadas, se ven agitadas por el temporal que mueve el mar como si fuera una pluma.

Para no distraerlas de su ensimismamiento doy un rodeo por la arena, como formando la curva de una interrogación y sin quitarles la vista de encima. Sé que me ven pero también sé que saben que paso a una distancia suficiente como para no inquietarlas.

Como dos amigos que observan el horizonte, en este caso no una plácida línea lejana, sino una agitada y revuelta catarata de espumas oscuras y blanquecinas, seguramente recuerden tormentas como ésta, con cielos amenazadores, o amaneceres plácidos con los rayos del sol trazando un camino dorado por la plancha de acero. Quizá se cuenten sus amores pasados, sus viajes al otro lado de las montañas, siempre en busca de comida para ellas y para sus polluelos. Aquella compañera abatida por un cazador. Aquella otra atrapada por la descarga eléctrica de un cable que se interpuso en el vuelo. Otra envenenada por la ponzoña del vertedero. O quizá estén sencillamente pasando la resaca de una borrachera de vuelos enloquecidos por las turbulencias del viento en contra y a favor.

Cuando estaba cerrando en la orilla la curva de la interrogación, una racha de viento posó junto a la pareja una tercera compañera. Como si nadie hubiera llegado siguieron allí mirando hacia el infinito. Y así continuaron todavía cuando la visita, quizá no le hicieron caso, alzó nuevamente el vuelo.

Yo caminaba volviendo la vista y esperando que se marcharan en cualquier momento. No solo las veía a ellas. Su sombra se reflejaba en el espejo del agua que se iba filtrando lentamente en la arena. Poco después solo a ellas.

Pero aún hice el camino de regreso, interrogación incluida. Y mucho después y ya desde muy lejos, allí seguían estáticas y ausentes las dos gaviotas.

José Luis Simón Cámara.
San Juan, 29-03-2014.

IX 10 km y II 5 km El Campello (18-Abril-2014)

Tercer 10K que hago con este equipo, y primera crónica. Correr con ésta gente tan grande motiva a cualquiera!

Campello era la carrera que tenía que quitarme la espinita clavada en San Vicente del Raspeig, donde la rodilla me tuvo cojeando media carrera.

Se presentaba un 18 de abril caluroso, con unos 24 grados de temperatura y una humedad que haría que la carrera se fuese a poner interesante.

IMG-20140418-WA0002

Mi padre salió a las 8 de casa y fue corriendo hasta Campello, aprovechando para preparase la maratón de Madrid que viene esta semana próxima. Yo salí de casa a las 9:25 con intención de encontrarme con él allí, y con el resto del equipo, saludar, comentar como iba a ser la carrera y poder calentar un poquito.

Mi padre (Pelu) iba a correr tranquilo el 10K junto con Javi (aunque para el Pelu correr tranquilo sea hacer mejor tiempo que muchos nosotros). Joel y Mufy iban a correr el 5K con intención de hacer podio, que Mufy consiguió y Joel no quedó lejos. Juan Enrique corrió el 10k con la intención de podio también y lo consiguió, quedando 2º local.

Un servidor tenía la intención de hacer el 10K a un ritmo cómodo dadas las condiciones climatológicas, y esperando que la rodilla no respondiese mal durante la carrera.

Los primeros kilometros se hicieron muy cómodos, cuesta abajo hasta llegar al paseo de la playa y sin prácticamente gastar aliento. El resto de la primera vuelta fue bastante cómoda, salvo la pendiente que se presentó del kilómetro 4-5 que hizo que se cargaran un poco las piernas.

Una vez pasada la meta, el avituallamiento, muy esperado ya que la humedad y el calor estaban haciendo que el sudor empezase a ser un problema. Unos tragos y un poco de agua por encima y a continuar la carrera.

La segunda vuelta si fue más dura. El paseo de la playa, aunque llano, fue terrible, porque pegaba un sol que te hacía pensar que deberían haber puesto algún avituallamiento más. Además, al llegar al kilómetro 7, el cartel estaba equivocado ya que marcaba el 8, y un speaker corregía al micro diciendo que aún quedaban 3.

Ya el resto de la carrera tirando más de cabeza y orgullo que de pierna. El calor pegaba duro pero más duros somos aún nosotros en A to trapo, así que pasito a pasito se llega a meta con una gran sonrisa en la cara por terminar otra carrera y por haber bajado 4 minutos de San Vicente y sin que me doliese la rodilla.

Ya en meta esperando mi llegada (ya que llegué último), mi padre, Joel y un amigo, para celebrar una buena carrera.

Muy contento al ver el crono en 56 minutos y pico, como digo, y a beber y dormir, ya pensando en el domingo que viene para correr con Joel y con quien se presente en Muchamiel.

Por último me gustaría agradecer a esta gran familia que me hayáis recibido así, y a los ánimos y consejos que dais todos antes de cada carrera, que yo no soy mi padre (Pelu) que todos sabemos que es difícil de igualar, pero vengo con ganas de dar guerra, y aunque solo lleve dos meses corriendo, tengo muchas ganas de mejorar.

Nos vemos en la próxima.

Ojopulpo

5 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Juan Carlos VET B MASC 0:17:00 11 2
Joel SENIOR MASC 0:18:12 23 12

 

10 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Juan Enrique VET B MASC 0:39:44 48 7
Fernando VET C MASC 0:41:20 82 11
Fernando Jr. SENIOR MASC 0:56:52 536 141

V Carrera por el Parkinson – Novelda (12-Abril-2014)

Hay veces en las que algo pequeño se puede convertir en un nosequé muy grande, casi inmenso.

photoshake_1397345172132Como esta carrera que se presentaba en Novelda para llenar esos vacíos existenciales del fin de semana y la tarde del sábado, sumida en un aire local de humilde sigilo, modestia y casi como sin prisa ni ruido por celebrarse y llevarse a cabo.

Allá que fuimos Mónica, Jose Ángel y yo, aguantando la larga espera de las diferentes categorías hasta que llegara la nuestra que era la última, entre algún bostezo, café y risas, calentando con horas de antelación hasta que al fin nos colocábamos bajo la línea de salida.

De la quietud a la aceleración, de la pasividad a la reacción, y esa conocida cadena de sensaciones que la mente y el cuerpo transportan durante una carrera… y a veces bastan (o en este caso fue así), con 17min y 4800m.

Las endorfinas se liberaron, la fuerza motriz del piloto automático se encargaba de regular el cuando, el como y el donde a la perfección, para acabar disfrutando mucho a nivel personal de esta carrera urbana por el centro de Novelda, pese a ser cuatro vueltas en un mismo recorrido, y pese a ser tan corta y con poquita afluencia de corredores.

Y es que, queridos amigos, así es la magia del running…
3º en llegar a meta en 0:16:47, 2º en mi categoría y mi primer podium.

¡Y más contento que unas castañuelas!

Ahora, a dormir a gusto (como el sabio arbusto), y preparar los próximos retos y objetivos…

Nothing is impossible if you believe.


Del blog de Abel “Diario de un corredor invisible

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Abel VET A MASC 0:16:47 3 2

 

I Maratón de Palencia (23-Marzo-2014)

No hace mucho alguien me preguntaba como elijo las maratones y le dije que sitios que no conozca… y no conocía Palencia. Con la excusa de pasar un fin de semana con mi madre, y ver a amigos que hace tiempo que no veía como Idoia, Jaime, Tino… decidí que el maratón de Palencia estaba bien… sería mi 27 maratón y había que quitarse la mala sensación que me quedó tras Sevilla, donde no fui a gusto en ningún momento de la carrera…

Así que para Palencia, salimos viernes, y llegamos lloviendo. Palencia es una ciudad pequeña pero con encanto, eso si el clima no es tan bueno, máxime cuando sales de un sitio donde hace más de 20 grados…

Viernes llegada al hotel (Rey Sancho, al lado del río). Sábado de turismo y en busca de farmacia porque la garganta me está matando, y sin preocuparse del dorsal pues en este maratón se retira el mismo día… Por la mañana quedamos con Idoia, (millón de gracias por los pasteles exquisitos) a comer a La Mejillonera, patatas bravas, pulpo y mejillones de escándalo, vamos comida perfecta para el maratón ;), pero es que éste va en plan tranquilo (o por lo menos esa era la intención)… Por la noche a cenar a una pizzería Kiró con un montón de corredores como Pepe de Murcia, o Jaime (que alegría más grande el verte).

Domingo por la mañana, me levanto y a parte de la garganta no me duele nada…así que yo que se que va a pasar, desayuno, me visto, he decidido que hoy correrá un buen grupo de gente conmigo (con el pañuelo de Idoia, el cascabel de mis sobrinas, la pulsera de Mónica, camiseta A To trapo (vamos que sale bien sí o sí ;) ) y con cero grados para la línea de salida (nos llevó Pepe y su hijo y el parabrisas estaba congelado, ufff). Ropa yo en manga larga que no tengo ganas de pasar frío, y para colmo hace un vientecillo que se va a notar…

El maratón es su primera edición, unos 200 corredores, organizada por Gabriel, que organiza también Bascones y Aguilar… vamos una de estas personas que tenía yo ganas de conocer, pues su amor por este deporte es de mucho agradecer.

El recorrido no tiene “pérdida” salida de Palencia, 3 km, para desembocar en la ladera del canal de Castilla, obra de Ingeniería Hidráulica de los siglos XVIII y XIX, que recorre unos 200 km y que nosotros haremos un trozo por una de sus orillas y luego la vuelta por otra… Es un camino, compacto pero camino…

En la salida, bueno mejor dicho antes de la salida, conozco a Toñi y Marta, Toñi es debutante y su idea era hacer 30 km, pero le digo creo que no puedes, porque si llegas al 30 debes volver a Palencia… así que haciéndome la “resabidilla” (últimamente me estoy dando cuenta que doy demasiados consejos a quien no los necesita L) le digo que la haga, que haga los 30 km al ritmo que quería hacer y luego que siga mas lento o incluso andando pero que la termine… (como así hizo).

Bueno nos ponemos en la salida, yo un poco detrás, que no me gusta la primera fila, ni las fotos y hale a comenzar… el objetivo era ir sobre 4:50/5 y ver como terminaban las piernas… y voy bien, hasta que llegamos al Canal, donde el aire pega de cara y veo que voy a correr sola y con viento (y frío), en estas me adelanta un grupo majo de corredores y se van hacía delante… y cuando vamos a girar, pienso, o me voy con ellos que van más rápido o me “como” toda la carrera sola, así que para delante.

En el grupo conozco a Agustín, y van como 6 más, pero nadie habla. Yo quiero ponerme detrás, pero se me van las piernas para delante, así que cuando veo que me acelero, me voy otra vez para atrás (mis compañeros tenían que estar de mí hasta el gorro), Juan Bautista era el único que me decía me vas a matar… Así poco a poco íbamos pasando los km… pasamos Villamuriel y en la media maratón un chico sentado con una bandera nos indica ésta es la media, 1:37 ufff rápido pero voy bien, y les dije que yo tiraba del grupo a partir del 32 así que a aguantar…

En el km 25 está el punto de dar la vuelta y ahí está Jaime para dar ánimos… como en el km 27 hay una cuesta que más que cuesta es un repechón, así que no miro para detrás y arriba, y cuando llegamos arriba de mi grupo solo quedan dos, Juan Bautista y su compañero de equipo… no tengo ni idea de que pasó, pero justo este lado es donde pega el viento de cara, así que a regular y llegar… lo de regular es relativo porque vamos súper regulares y no bajamos el ritmo en ningún momento. En el km 32 se junta un compañero de los chicos que iba y me dicen que ha sido campeón de España de maratón de más de 60 años, bajando de 3.15… queda cuerda para rato ;), corre un km y algo con nosotros y dice que vamos muy rápido así que se queda y nosotros seguimos.

Seguimos por el Canal, y Jaime me había dicho que nos veríamos en el 38 y ahí está… y aceleramos, Juan Bautista se viene con nosotros, y en el km 39’5 cogemos el asfalto y ufff se me van las piernas y acelero… estoy genial de piernas y de todo… pasando el km 42 me doy cuenta que he dejado atrás a Juan Bautista y me espero porque he corrido toda la carrera con él y a mí me hace ilusión llegar juntos…

Entramos y bueno 3:13, así que genial… la segunda chica es Ana Isabel Alonso, a quien se le hace un homenaje en esta maratón… me voy para el hotel pues me quiero duchar y a ver si llegan Idoia y demás y ahí está (luego dicen de mí, tres maratones en tres semanas y casi sin entrenar)… también llegar Toñi, Marta (que a la postre fue tercera… y vamos que llegamos todos…

Luego entrega de premios, que hubo algún problemilla y se retrasó, pero bueno placa y 3 cajas de pastas de Boedo…

Vamos que muy bien, fin de semana con amigos, conocer gente y sitios… la risa fue el lunes que leí el periódico y os aseguro que me lleve una sorpresa al leer lo que decían de la ganadora… me he convertido en una experta ultrafondista y yo sin saberlo… vamos que casi parece que hablaban de alguien que corre de verdad jajaja.

Como siempre agradecer a las personas que estáis ahí animando y apoyando, con vuestros mensajes o llamadas, o incluso yendo a verme… y sobre todo a José Luis Mareca que de verdad, vaya paciencia tiene que tener conmigo…

Perdón por el retraso de esta crónica, pero con los preparativos de la próxima voy un poco loca… próxima estación “Boston 2014” a ver si se da igual de bien ;)

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Pili FEM 3:13:46 31 1

Viaje a Friburgo de Brisgovia. Alemania (5-8 de abril de 2014).

Sábado, 5 de abril de 2014

IMG-20140405-00664A las nueve y pico en punto de la mañana despega el avión. Todo el sol que íbamos a ver lo hemos dejado en Alicante, en el aeropuerto, saliendo del mar y enrojeciendo las nubes. Ya desde el aire, el mar, el sol, las islas mediterráneas y la nieve de los Alpes.

Basilea (Suiza). Bajamos del avión. El aeropuerto está rodeado de una valla de nubes que no deja ver más allá. El asfalto está mojado. Un minibús nos traslada a través de Francia, atravesamos el Rhin y entramos en Alemania aunque nadie lo diría por la continuidad del paisaje. Seguimos el curso del valle, a un lado Los Vosgos y al otro La Selva Negra, a lo lejos y envuelta en bruma. A las afueras de Friburgo llegamos al recinto donde está instalada la feria del corredor y donde recogemos los dorsales. Hay puestos de ropa deportiva, alimentación, reconstituyentes, souvernirs, etc. El autobús nos lleva a la estación del tren y dejamos las maletas en consigna.

DSC_5347Caminamos hacia la parte vieja de la ciudad bajo una finísima lluvia y entramos al restaurante “Harmonie”, amplitud, calor y, sobre todo, lentitud. La exquisita y abundante cerveza hace más llevadera la espera. Después de comer bien damos un largo y reposado paseo, que comienza por unas galerías comerciales, el mercado cubierto, con variedad de presentes donde compramos pasteles, tomamos café y nos sorprendemos del colorido y animación. La ciudad vieja, prácticamente cerrada al tráfico de coches, con casas con la fecha de su construcción puesta en la fachada, “Anno Domini 1350”, viejas y sólidas construcciones, dinteles de granito, madera entrelazada en las paredes, ventana doble y alturas máximas de tres o cuatro plantas. Por las calles canales y canaletas con agua limpia donde los niños juegan con barquitos de papel que arrastra la corriente. Fachadas adornadas con glicinias de troncos gigantes, retorcidos como columnas salomónicas, que empiezan a abrir sus racimos de flores perfumadas de color azulado o malva. Tienda de arte y objetos de los indios americanos, mocasines, amuletos, collares, plumajes.. . En un jardín una higuera desenrollando las hojas nuevas. Palacio arzobispal monolítico. Catedral gótica también de piedra roja, altísima, como queriendo llegar al cielo, no sé si para acercarse más a Dios o para que el creyente se sintiera una sabandija ante tanta grandeza. Vidrieras gigantes para que penetre la escasa luz exterior. Algunas de las muchas plazas a lo largo del paseo se llenan con una sola e imponente haya. A media tarde regresamos a la estación, recogemos las maletas y nos montamos en el tren rumbo a Kenzingen. A uno y otro lado praderas verdes salpicadas de setos que compiten con las nubes.

Bajamos del tren en Kenzingen. Acompañados del graznido de los cuervos que se cobijan en lo alto de los robles y los castaños nos dirigimos al hotel escoltados por los plataneros, gigantes vegetales casi mancos, que enseñan los muñones de sus brazos. La distribución de habitaciones ya está hecha. Un rato de descanso y bajamos a cenar. Después un paseo por el pueblo. Susurro del agua, silencio, sólo roto por algunas carcajadas del grupo y regreso al hotel. Mañana hay que madrugar para correr en Friburgo.

Domingo, 6 de abril de 2014.

Esperamos junto al andén de Kenzingen con un concierto de cuervos que revolotean entre las ramas más altas de cipreses, sauces, abetos y magnolios. Son las 9 de la mañana, sin sol. Ya en Freiburg, esperamos impacientes la llegada del tren que nos lleva cerca del punto de partida de la carrera. En las afueras, un inmenso complejo deportivo junto a un aeródromo. Columnas humanas, como hormigas, van confluyendo desde todas direcciones hasta ser tragadas por enormes hangares donde vamos depositando las casi 13.000 bolsas amarillas, cada una con el número correspondiente al dorsal del corredor, y donde llevamos los enseres para después de la carrera. La salida es a las 11. Nos vamos acercando a la línea de partida distribuidos en cuatro grandes columnas como de 30 cada una y a una distancia de 500 metros del punto de salida. La hora se acerca, la gente comienza a impacientarse, hace palmas, se mueve, hace flexiones y finalmente se escucha el disparo de salida, pero nadie se mueve. Pasan 20 minutos hasta que nuestra columna comienza a moverse. Hemos comenzado. Luce el sol. Se han disipado todas las nubes. Hay 20 grados de temperatura.

(Aquí se puede incorporar la crónica de la carrera que ha hecho el colega Julián, semibarbado observador silencioso cuya silueta y rastro, unos más cerca que otros, todos seguimos).

DSC_5334Recuperamos fuerzas como pudimos, sobre todo con líquidos. La cerveza corría como la espuma. Algunos nos duchamos en aquellas naves con cuerpos exhaustos, huesudos y semidesnudos que, inevitablemente, me recordaban las duchas de gaseo de seres humanos en estas mismas tierras, hoy tan hermosas, y hace 80 años tan horribles.  No me resisto a recordar este negro episodio de la historia de Europa porque tenerlo presente nos ayudará a evitar que pueda repetirse jamás, aunque Sarajevo, Ruanda y otras atrocidades, nos llevan a pensar que, como decía Hobbes, “Homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre. Algunos tomaron pasta, otros salchichas, otros dulces, mientras esperábamos que llegaran los que habían participado en la prueba más larga, los 42.195 metros del Maratón, que recuerdan la odisea de Filípides, el soldado griego que, desde aquella localidad costera donde libraron batalla contra los Persas, fue corriendo hasta Atenas, para anunciar la victoria que los libraría de su tiranía. Tuvo aliento para exclamar “Nike” (Victoria) y murió del esfuerzo sobrehumano. Reunidos todos iniciamos el largo y plácido camino de regreso para coger el tren. Pasamos por un hospital clínico en varios pabellones de medida humana situados alrededor de un amplio jardín con fuentes, plantas, árboles y bancos donde se podía ver sentados a paseantes y a pacientes con sus aparejos para llevar colgado el suero. Finalmente llegamos a la estación donde entretuvimos la espera brindando con dos botellas de cava, generosidad de Otmar. Ya en Kenzingen, nueva ducha, descanso y cena en otro restaurante que parecía antigua venta, con un gran portalón de entrada para los carruajes y un gran patio interior, con gruesas vigas de madera y balconada. Siempre cerveza, vino blanco y tinto, ensalada individual, espaguetis, albóndigas hechas de patata y abundante y tiernísima ternera. Hubo a mi lado quien se comió media vaca. Breve paseo de Juan Carlos, Pinki y yo mismo, al final sin Pinki asediado por el reflujo estomacal. Nos tomamos un gintonic para rebajar grasas y viajamos por Nueva York y el pasado.

Lunes, 7 de abril de 2014

DSC_5403A las 8 de la mañana iniciamos el esperado viaje a La Selva Negra. Nos adentramos en zonas cada vez más agrícolas, pequeños pueblos o caseríos con largas tiras de leña perfectamente amontonada para el invierno. Magnolios y cerezos en flor, campos cultivados: fresas, espárragos, viveros de plantas y flores multicolores, otras tierras en barbecho, preparadas o preparándolas para los cultivos de verano. Abetos que parecen dibujados de tanta perfección y equilibrio, sauces que no lloran junto al río, rodeados de hayas sobre cuyos muérdagos se posan los cuervos avistando el paisaje, chopos esbeltos con las hojas despertándose del largo invierno. A lo lejos, junto al lecho del río Glotter, subimos por su valle, un ciclista paseando con el perro por una senda entre el césped. Cada vez, las montañas que nos siguen a la izquierda de la carretera, van creciendo, se nos aproximan, la vegetación se nos echa encima. Troncos de chopos abrigados con la asfixiante hiedra. También por aquí, no solo en La Mancha, aunque menos, árboles metálicos con ramas que giran al viento. Hasta aquí el valle del Rhin. Casas como cabañas de cuento de hadas, cerros o laderas peinados de viñas orientadas al sur para aprovechar todos los rayos del sol. La Schwarzwald clinic, famosa clínica de la selva negra, objeto de una famosa serie de televisión, zona turística de senderismo, bicicletas de montaña, alpinismo, esquí, aparecen las primeras vacas en el prado y los primeros troncos de árbol, inmensos, apilados, tendidos junto a la carretera. Es la industria forestal. Subimos y abajo el sendero paralelo al riachuelo que, cada vez más saltarín pierde la horizontalidad y va adquiriendo la blancura de la espuma que piedras y troncos retienen. Ovejas cobijándose en la lana. Serrerías donde trabajan y distribuyen los troncos: madera para la construcción, para muebles, para calefacción. Pasamos por St. Peter, desde donde ya se ve la nieve de los picos más altos. 1493 metros el pico de Feldberg. Caballos percherones en el prado. St. Margen, donde se crían en los árboles los relojes de cuco. Granjas, granjas y más granjas, siempre separadas, y labriegos extendiendo el estiércol para fertilizar los prados. Nos vamos adentrando en La Selva Negra, años atrás bastante contaminada por la lluvia ácida. La supresión del aeropuerto militar de Bremgarten, foco de dicha lluvia, ha mejorado la calidad de la vegetación. Hayedos, robledales, castañares. Al contraste entre el clarísimo tono verde de los prados y el verde oscuro de los robledales parece obedecer el nombre de esta zona, Schwardwaldz,la Selva Negra. Cada vez es más objeto de visitas y ahora en algunas de las numerosas salas de las granjas han habilitado dependencias para el popular turismo rural. Murallas infranqueables de guardianes del bosque, los robles, unos, las piernas depiladas, otros, pobladas de ramas hasta el suelo, por el vientre, pecho y cabellera. Manadas de cuervos picoteando el grano de los sembrados. Llegamos al lago de Titisee, de alta montaña, al que se puede acceder en tren desde Friburgo. Algunos abetos, más rectos que la vertical ideal, han perdido la verticalidad tumbados por la tormenta y levantan un cerco de tierra con los pies y nos enseñan las raíces agarradas a la tierra arrancada. Llegamos al valle de los osos, antaño de verdad y ahora de peluche. Una dama con perro por el prado. Altglashütten, pueblo con cabañas de vidrio. Feldsee, el lago natural y glaciar. El más grande, el Schluchsee, embalse para producción de energía, parece el cadáver de un lago, rodeado de barcas aburridas. Después nos explican que cada diez años tienen que semivaciarlo para hacer reparaciones en la presa y ese es el motivo de su situación actual. Llegamos a la ROTHAUS, una fábrica de cerveza de 1791, a mil metros de altitud. Petra, morena teutona de ojos negros, nos ha conducido por las amplísimas instalaciones autogestionadas por los 230 trabajadores de la empresa que pertenece al municipio. Un video explicativo de la actividad en la fábrica precede a un meticuloso paseo por casi todas las instalaciones. Todos sabemos ya con más precisión que hacen cerveza de trigo o de cebada, siempre con lúpulo, del que tantas veces habíamos oído hablar pero al que muchos nunca habíamos podido ver y tocar. Le da el punto amargo a la cerveza. Al fin, ya estábamos un poco cansados de teoría, a la práctica. En una sala preparada al efecto, nuestra guía, Petra, se transformó en cantinera y tuvimos ocasión de probar todas las variedades. Aún quedaron vasos semillenos por las mesas. Hacemos una parada para ver la monumental cúpula de St. Blasien con pequeñas capillas dedicadas curiosamente a Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola. Quizá se deba a su importancia en la contrarreforma religiosa del siglo XVI en esta zona de predominio protestante. La Selva Negra se va aclarando y vamos acercándonos lentamente al valle del Rhin. Troncos atravesados, por el suelo, ya muertos, entre los árboles vivos, con musgo sobre la corteza, quizá abandonados para fertilizar el bosque, vacas blancas en el prado dormitando, algunos caminantes por un sendero, ciclistas por la carretera, y tendidos de viñas siempre hacia el mediodía y otra vez los cerezos en flor como copos de nieve en la sábana verde de hayas, olmos y abetos, ardillas, cuervos y gallinas.

IMG_3706Hacia las 3.30 de la tarde paramos en Zuzingen a comer en el restaurante Krone. Es un mesón de la familia Rüdlin, que se remonta al año 1.235. Desde la larga mesa que hay bajo el alero del tejado vemos a las gallinas en el jardín y los hermosos árboles entre los que destaca uno, desconocido, al que calculamos por su envergadura unos 150 años. Podría ser un abeto o un ciprés. Se trata, nos dice el dueño, de una imponente secuoya, plantada por él cuando era niño, y solo tiene 42 años. Algunos acabamos la comida con grappa, una especie de orujo de Centroeuropa. En el camino de regreso vemos a patrullas de hombres y mujeres agachados en la recolección de las fresas. Hacemos otra parada para dar un paseo por uno de los primeros pueblos que peatonalizaron las calles, Staufen. Inicialmente los comerciantes se alarmaron pero la medida resultó más bien un polo de atracción. Como la mayoría de los pueblos, grandes y pequeños que hemos visitado, las calles, las casas, los canales, la ausencia de contenedores de basura, la abundante vegetación, las flores, el silencio nos invitan a instalarnos aquí al menos una temporada para disfrutar de estas ventajas que tanto echamos de menos en nuestra ruidosa y polvorienta tierra. En el paseo junto al río hemos visto una cabina como de teléfono, convertida en lugar de préstamo de libros. El ciudadano abre la puerta, coge uno de los libros disponibles y deja una aportación económica. Otra vez en el autobús, donde cada uno puede estirar las piernas y usar dos o tres asientos, por la ventanilla unas plantas cultivadas con flores amarillas que recuerdan al arbusto de la retama pero que son, nos dice el bien informado Diego, plantas herbáceas de colza, en las acequias que bordean la carretera, como nenúfares, manchas de lentejuelas de agua. Incapaces nuestras retinas de captar ya más estímulos visuales y ayudados por el cansancio, vamos cerrando los párpados y arrebujándonos en los asientos intentando dilucidar qué hay de realidad y qué de sueño en este hermoso viaje que llega a su fin. De nuevo en Denzingen, descansamos un rato y vamos a celebrar la última cena juntos. Carne, pescado, ensaladas, purés y postres. Todo regado con cerveza y vinos de la tierra. Algunos, pocos, grappa. Palabras de salutación, de agradecimiento general a los hospitalarios anfitriones, brindis de despedida y elogios a esta tierra en la que no hemos encontrado nada feo, nada disonante, nada que mejorar. Se diría que, desde nuestra óptica de visitantes, hemos conocido una región idílica, una Arcadia feliz donde los pastores se recuestan junto a las ovejas, al arrullo de aguas cristalinas y a la sombra de su vegetación exuberante.

Martes, 8 de abril de 2014.

Poco después de las 3 de la madrugada comienzan a sonar los despertadores. Ya están las maletas hechas. Últimas duchas (porque, como sabéis, solo en Francia y en España se usa el bidé), últimos afeites y a la calle, aún somnolientos. A las 4 en punto subimos al autobús y siguiendo el curso del Rhin, noche oscura, llegamos al aeropuerto de Basilea a las 5.05. Pasamos la aduana, más rigurosa que en el viaje de venida, y, cobijándonos de una fina y soportable lluvia, subimos al avión que comienza a deslizarse por la pista a las 6.10, hora prevista. A las 8.20 estamos de nuevo en Alicante.

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Me he limitado a una descripción del paisaje físico que hemos disfrutado sin aventurarme en la descripción del paisaje humano que todos nosotros conformamos. Puedo asegurar que la variedad y riqueza humana no va a la zaga de la que aparece en la crónica, pero por tratarse de una empresa mucho más compleja, delicada, difícil y subjetiva, me vais a perdonar que no me meta en esa selva formada por la esbelta figura sin melena, no por eso “cabeza rapada”, verdadera ametralladora de chistes y gracejos, y su frágil dama de dientes diamantinos, o por el insaciable “George”, devorador de filetes y kilómetros, o la no muy ruidosa pareja del barbado de tres días y agudo relator de carreras, y el leonés del entrecejo oscuro, o la albina y teutónica pareja de inmejorables anfitriones o la menos teutónica por hispana gacela maratoniana, y su impenetrable y ceñudo alquilador de casas vistas al pasar, o el discreto enseñador de las virtudes del vino y del aceite con su amembrillada piedra preciosa, o la siempre sonriente con hoyuelos bajo párpados coloreados, o el silencioso y huidizo blanquirrubio, o el inefable ponedor de nombres adecuados, siempre lejos de su domadora, o el elegido a perpetuidad jefe indiscutible de la banda, o el de alocada cabellera amante de etimologías y de saber el nombre de los árboles. Perdonadme que no me aventure en esta selva. Quizá algún día, cuando me desvista con el traje de Tarzán, pueda haceros alguno a medida.

Con todo mi cariño, con toda mi alegría, sin brindis para que Andreas no simule incomodarse, levanto una vez más la copa y bebo por vosotros hasta la última gota.

José Luis Simón Cámara.
San Juan, 10 de abril de 2014