Despedida de los alumnos de 2º de Bachillerato del IES Lloixa de San Juan.

Aunque más bien soy caminante y corredor, a veces me siento en la terraza de un bar y observo a quienes pasan, su gesto, su envergadura, su caminar, y a tenor de las cosas que a mí me pasan por la cabeza, proyecto sobre las personas actitudes de alegría, de tristeza, todo ese mundo que llevamos dentro y que conforma nuestro micro-mundo.

Eso explica que en días luminosos nos sintamos tristes a veces, y en días sombríos nos sintamos alegres o contentos.

También miro a las hormigas y a los pájaros.

¿Es posible que esa hormiga sola o en grupo a la que nosotros simplemente vemos caminar en busca de un grano de trigo, experimente en su interior toda la gama de sentimientos que embargan a los humanos?

¿Es posible que ese, para nosotros, alegre canto del pájaro refleje la desesperación de un gorrión que ha visto saqueado su nido?

Aquel día al que me refiero iba viendo en los rostros de la gente las huellas de los sueños no realizados, surcos indelebles que pueden contarnos sus vidas llenas de frustración, de sobresaltos, de sufrimiento, si no tristes, tristísimas, porque la alegría no es más que una sensación fugaz inventada para cuando nos creemos dioses,¡ese invento!

que continuamente deja paso a la tristeza,¡esa realidad! con la que día tras día chocamos en cada esquina cuando abrimos los ojos. Por eso sin el sueño no podemos vivir, porque suaviza las hirientes aristas de la cotidianeidad.

Retazos, pinceladas, gestos, contracción muscular, química del agua, del vino o del pan.

En este hábitat nuestro.

En otros no muy lejanos habría que añadir otros ingredientes: pistolas, bombas, tortura, hambre, violaciones, muertos descuartizados,….

Imaginaos sentados en  la terraza de un bar por esas tierras.

Entonces…los rostros de la gente….superviviente,… mutilada,…

No quiero aguaros la fiesta de despedida.

Sólo quiero mostraros la realidad, enseñárosla, como si fuera mi última clase en el aula.

Ésa es la realidad que nos rodea en círculos más o menos próximos.

Y ante esa realidad no cabe cerrar los ojos. Hemos de tenerlos bien abiertos.

Pero no es cosa fácil tener los ojos abiertos. Poseemos mecanismos de defensa que ponen en marcha automatismos reflejos para evitar las agresiones, como cuando un mosquito va a introducirse en el ojo. Ante algunas realidades preferimos cerrar los ojos porque no se acomodan a lo que nosotros queremos, deseamos, proyectamos.

Y hemos de tenerlos abiertos porque eso que no nos gusta también forma parte de la realidad a la que nosotros pertenecemos.

Conociendo el mundo difícilmente se puede cambiar, pero sin conocerlo es imposible, porque entonces es el mundo el que nos maneja, el que nos cambia, el que nos moldea.

Por eso no podemos cerrar los ojos a la realidad ni siquiera podemos huir de ella como decía aquella imaginativa frase anarquista:»Párate, mundo, que me bajo».

No tenemos otro barco.

Sólo éste, donde de una u otra forma, en una u otra situación, todos vamos más o menos juntos.

Y todos queremos llegar al mismo puerto, al único, al puerto por el que cada cual sonríe secretamente pensando que allí está el principio de sus sueños.

Quizá los sueños de cada uno sean distintos. Pero todos tenemos algún sueño.

No quiero ponerme calderoniano en el centenario del Quijote pero sí quiero recordar que los sueños de Don Quijote estaban llenos de frenesí e ilusión, de sombras y de ficción.

Y, así como a él, la proximidad de la muerte le fue aclarando la confusión de este complejo mundo, deseo que a vosotros, la irrupción de la vida os ayude a vadear esta charca cenagosa y oscura donde a veces se vislumbra una lejana y tenue luz.

Un abrazo.

 

Los habitantes del respiradero de la cloaca.

 

José Luis Simón Cámara.
San Juan, 2 de Junio de 2005.