Un lehendakari negro

La  victoria de Obama me hace pensar que quizá un lehendakari negro apagara las ansias incendiarias del Ku Klux Klan vasco, porque salvadas las distancias, nombres, símbolos y disfraces, tienen en común la cobardía, la intolerancia y el creerse los dueños de «su» tierra, simplemente porque tienen apellidos que coinciden con los que antes vivieron y pusieron sus nombres a la tierra en que  nacieron, como si alguien que nace eligiera su lugar de nacimiento, como si hubiera un cordón umbilical que los uniera a este valle o a aquel cerro, como si tuviéramos que estar atados a un árbol o a un prado o a una ribera.

Como el inmisericorde Cronos devoraba a sus hijos para que no le arrebataran el trono, estos pirómanos del norte hicieron desaparecer a aquellos de sus hijos, léase Yoyes, léase Pertur, que iluminados un día por la razón bastante común a la mayoría de los mortales, decidieron abandonar la barbarie ciega y racista en la que aún siguen algunos aunque estén ya abandonados por la historia.

¿O aún alguien se cree, o aún se creen ellos que son el Guillermo Tell limpio y primitivo enfrentándose solo con su arco al cruel gobernador?

Hago por eso mis  votos para que algún día sea un negro, un árabe o un gitano el que vaya a dirigir los destinos de los hijos de los Arzalluz que aún sobrevivan al mestizaje.

Quizá ese día podamos incorporar definitivamente a nuestra vida diaria los principios que se consagraron en La Constitución de Filadelfia del año 1787 y que han llevado ahora a la presidencia de los EE UU de América a ese mestizo que ha echado raíces en muchos rincones de la tierra, principios como que todos los hombres son iguales, el derecho a la libertad y el derecho a la felicidad de todos los ciudadanos.

 

José Luís Simón Cámara.

San Juan, 7 de noviembre de 2008.