IX Carrera por montaña Serra del Coto – Monóvar (26-Enero-2014)

El domingo 26 de enero amaneció en Monovar un día idóneo para desarrollar una actividad tan bonita como correr por la montaña, buena temperatura, buena visibilidad para disfrutar del paisaje que se visualiza desde lo alto de la sierra del Coto en Casas del Señor, y sobre todo muy buen ambiente para realizar una clásica, que desde hace nueve años se viene celebrando, y que a punto ha estado de desaparecer o suspenderse, según rumores existentes entre los corredores que ya la tienen fija en sus calendarios particulares, sin embargo, haberla seleccionado para este año como prueba puntuable en la liga valenciana de carreras por montaña le ha dado una motivación mayor, si cabe, ojalá, para seguir realizándose.

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En la pequeña pedanía, se fueron concentrando más de 450 corredores desde antes de las 8:00 de la mañana, que se aglutinaban a la recogida de chip y dorsal, encontrándose y saludándose entre sí muchas caras conocidas de otros años y de otros eventos similares.

Se puede pensar, que algún miembro de la organización haya podido leer el convencimiento, que sembraba de duda la hora del comienzo, afirmando en los correos enviados por José Pablo, que la salida era a las 9:30, retrasándola hasta las 9:15 (ni para tí, ni para mí) lo disimularon con el control de dorsales.

Pese a todo, la organización ha estado muy bien, con avituallamientos abundantes, incluso antes de la salida al ofrecer a todos los asistentes chocolate, café y dulces para entrar en calor y coger fuerzas para lo que se nos avecinaba. Ofreciendo también gachasmigas, salchichas, panceta, tortillas, pisto y frutos secos para los acompañantes y asistentes también, durante toda la mañana.

2014-01-26 10.38.20La carrera de 22 km transcurría por senderos y caminos entre pinares y montes escarpados, viendo algunas montañas desgarradas por la extracción de mármol, y viñedos en las tierras de labor en las zonas llanas, en torno a la sierra del Coto, término de Monóvar ya cerca de Pinoso, con tres subidas bastante prolongadas. En una de ellas nos aguardaban, sorprendentemente, una rana gigante y Blancanieves, que cuando nos vamos acercando vemos tendida al sol, como expuesta, una camiseta verde y negra con un estampado en rojo con letras blancas que ponía REME, alguien de A To Trapo la ha perdido, pensé, ¡No! Blancanieves era ella, nuestra Reme que madrugó para estar allí repartiendo ánimo y gominolas a todos los corredores.

Con el sonido de la megafonía, el olor a las salchichas en la plancha y el bullicio de la gente, al girar de una esquina se entra en el pueblo y en la meta con la satisfacción de haber disfrutado de una mañana estupenda. Terminando cansados, eso sí, pero sin lesiones nos anima ilusionados a pensar en la siguiente.

Quiero agradecer desde aquí, en mi nombre y en el de Gosa, a Josemi y a Edu, que nos cedieron los dorsales cuando la posibilidad de ir ya para nosotros era imposible, al estar las inscripciones cerradas con mucha antelación.

Lisardo

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Abel ABS.MASC. 2:25:49 189
Carlos R. VET-M 2:27:31 200 53
Verena 2:36:04
Antonio MASTER-M 2:42:01 296 16
Pirri ABS.MASC. 2:45:05 311
José Pablo VET-M 3:00:37 352 103
Lisardo MASTER-M 3:04:52 362 25
Gosa VET-M 3:04:52 363 106
Juanma MASTER-M 3:05:23 367 26
Jesús MASTER-M 3:09:49 378 28

Un día cualquiera en la vida de …

No, no voy a comenzar, como el Lazarillo, desde la infancia para que sea una novela moderna ni tampoco como las historias medievales en las que el guerrero ya era adulto; tampoco como en las historias más antiguas del mundo, las de Gilgamesh y Enkidu o Adán y Eva en las que algún dios aburrido, como los niños juegan con la tierra y el agua, hizo barro escupiendo sobre la tierra y se distrajo dando vida al monigote.

Tampoco sé si es relevante en este caso decir que tengo 15, 40 ó 60 años. Esas medidas del tiempo están siendo discutidas. Esta tarde al llegar a casa donde comían varias amigas de mi mujer, justamente decía Lola que la física cuántica está planteando el resquebrajamiento de esas unidades de tiempo y espacio en las que nos movemos o eso creemos.

A las siete menos diez ha sonado el despertador que funciona con una pila cogida de una muñeca de mi nieta que habla en inglés, me refiero a la muñeca, aunque también mi nieta repite como ella “I love” y suelta una carcajada. Desgreñado, me miro como todos los días al espejo del cuarto de aseo; he de confesar que me miro más de lo que podría parecer al espejo; de hecho, a veces, como si me remordiera, me miro como de paso, como de soslayo, como si no me mirara. Veo la cabellera, abundante aún, revuelta y me asomo a la ventana con la esperanza de que llueva para encamarme nuevamente y evitar la carrera hasta la playa. Eso sólo ha pasado este mes de octubre último en que parece que las lluvias se habían aprendido el camino de esta zona casi siempre seca.

El termómetro exterior marca 8 grados. Me coloco el equipo: pantalones cortos, dos camisetas, de manga corta y larga y las zapatillas de deporte. Escuchando, ya desde la cama el canto del gallo, y por el callejón las 7 en el reloj de la iglesia camino por la acera que blanquea en el amanecer aún oscuro. Llego al jardín triangular y contra el tronco de un árbol hago algún estiramiento para desentumecerme y entrar en calor. Algún coche ilumina los árboles al pasar por las protuberancias de la calle, y casi siempre antes de las siete y cinco llega Jesús, mi compañero de carreras, y también aparece un vecino que todos los días a esa hora saca al perro a pasear y cruzamos algunas palabras.

– Hoy tu amigo se ha dormido.

Lleva un zapato de tacón muy alto para equilibrar alguna diferencia de tamaño en las piernas. Viste chándal y parece envidiarnos cuando iniciamos poco a poco la carrera. De un eucaliptus gigante que hay en el jardín está lleno el suelo de semillas que cojo y pongo en movimiento con los dedos como si fuera una peonza. Miramos la luna, las estrellas y comenzamos la carrera por una senda de tierra que blanquea entre las hierbas y matorrales y nos guía en la escasa luz de la mañana. Alguna vez hemos pisado un charco o tropezado en una piedra hasta caer tendidos al suelo. (Véase la muestra en estos días). Años atrás había una casa ya derruida de donde veíamos salir y entrar a unas viejecitas.

Antes de llegar a la carretera, a la izquierda una antigua y hermosa casa, en lo que se ve, porque está como amurallada con una pared muy alta y rodeada de mucha vegetación. Con torreta, grandes ventanales, pintada de rojo y blanco, con rejas historiadas. Nunca hemos visto entrar ni salir a nadie más que al guarda de la casa que a la vez es el hortelano que antes cultivaba la tierra de los alrededores y ahora se limita a cuidar el jardín, creemos, y a quemar en la antigua huerta abandonada, la poda de los árboles y plantas del jardín.

Nos hemos tropezado a veces a una pareja de ancianos tanteando el camino, a algún estudiante cargado con la cartera, algún coche aparcado de cualquier forma y ocultando a jóvenes chutándose, al anciano vecino del Carrer del Mar con su bastón y la hierba entre los labios, últimamente a otro señor de unos 70 años que camina rápido dando saltitos con su vara al subir el puente que cruza la carretera. Incluso alguna moto subiendo por el puente, gente casi toda con la cara fría y las manos en los bolsillos. Al cruzar el puente siempre miramos a la sierra y allá vemos la lucecita de Aitana y también un reverberante grupo de luces que creemos es Sella, a media altura de la montaña. Si ya ha amanecido se pierde en la montaña, pero si aún es de noche las vemos a lo lejos. Y también, al fondo, el mar.

Al bajar el puente está la carretera de servicio. Un día, mi perro que nos precedía, saltó a la carretera y un camión que pasaba pegó un frenazo brusco. Golpes y ruido de botellas. El camionero bajó todo airado porque se le habían volcado los palés de bebidas y había botellas rotas. Yo, por evitar problemas, le dije que el perro no era nuestro y él, a regañadientes y como sin creérselo, se fue hacia el camión maldiciendo, mientras nosotros desaparecíamos por la penumbra de la vereda.

No voy a salir más con el perro, me decía a mí mismo, y no es la primera vez que me lo decía, porque en otra ocasión salí con los dos perros, éstos de más envergadura, eran bouvier de Flandes, atados entre sí por una cadena de unos 60 centímetros para controlarlos mejor y, a una llamada mía, acudieron rápidos y me pasó cada uno por un lado; yo estaba distraído y del golpe me levantaron un metro por los aires y caí al suelo y me levanté asustado porque entre el pecho y el vientre se me habían levantado como las costillas. Inspiré aire y me oprimí con las manos y todo aquel saliente sin heridas volvió a su sitio. Regresé a casa y fui al médico. “Ha tenido usted suerte, me dijo, han sido las costillas flotantes que se le han salido pero han vuelto a su sitio con la presión de las manos”. Decididamente, ya no iba a salir más con los perros. Eso lo podía decidir.

Lo que yo no podía decidir ni me esperaba una mañana era encontrarnos por la senda de todos los días con una perra negra a la que traté de ahuyentar y me lanzó un mordisco en la pierna izquierda que me produjo desgarro. Inmediatamente regresé a casa acompañado de Jesús y Rodolfo y fui al médico. “Por aquí está erradicada la rabia pero siempre en estos casos hay que atar y observar al perro” me dijo. Puse la denuncia a la policía municipal que fue a la casa del dueño, el del almacén de almendras, que se negaba a aceptar que su perra hubiera salido de su casa. Cuando acompañé a los agentes para mostrarles por dónde había desaparecido el perro después de morderme, vimos que ya había puesto una malla que cerraba el paso.

Días después me enteré casualmente en el veterinario, un antiguo alumno, de que un vecino de la localidad lo llamaba con urgencia para vacunar a su perro contra la rabia. Era el mismo, que quería vacunarlo después de haberme mordido. El veterinario, ante la sospechosa insistencia del dueño del perro le planteó si le había mordido a alguien porque en ese caso no se podía vacunar. Basura humana.

Finalmente me conformé con que reconociera ante el juez de paz que había tapado el agujero por donde el perro entraba y salía y que había intentado vacunarlo después de morderme para justificar que estaba vacunado. Le importaba un rábano mi integridad física y luego quería invitarme a una cerveza.

Bajando la vereda asfaltada, nuevos edificios tan encima del camino que han tenido que apartar las farolas sobre las que se abalanzan. El almez, al que vemos perder la hoja cansada y oscura cada año y rebrotarle tierna, sutil, transparente, jovial. Los olores del jazmín que se encarama por las viejas paredes de los patios. Algún ladrido tras las vallas y enseguida las cañas a cuya altura a veces Rodolfo nos esperaba equipado con sus mallas y calcetines de colores hasta la rodilla, siempre bienoliente, más bien callado cuando de sí se trataba, gustoso de comentar “el dardo en la palabra” aquellos artículos en el ABC del director de la Real Academia Española de la Lengua, Lázaro Carreter. Y juntos hacia abajo, el lugar deshabitado donde poco a poco fueron colocando artilugios de obras o de perforaciones, de grandes dimensiones, luego unas pilastras y después unas grandes telas gruesas negras que formaban como una nave. Un buen día todo fuera.

Cuatro caminos, para la izquierda a los pavos reales, esa hermosa mansión donde los miembros del Gobierno de la República pasaron los últimos días antes del exilio, Villa Marco, en cuyas verjas hacíamos inspiraciones y estiramientos mientras veíamos saltar cientos de pavos reales desde fuera, desde el campo, hacia dentro de la valla, encaramados en ella, en los pinos o en la fantasmal cabaña o cenador, porque arriba, en lo alto de los pinos, antes de que el sol quemara, eran bandadas de garzas las que parecían su fruto. Y no sé si el ruido de una sirena las hacía tomar el vuelo a cientos en distintas direcciones, en tal cantidad que parecía que los pinos crecían tras su marcha, de aplastados que estaban por su leve peso.

Hacia la derecha de Cuatro caminos hay, dicen, una casa de cuento de hadas o de las mil y una noches, con palmeras traídas, como hace el pájaro con la paja para el nido, en el pico de grúas y helicópteros, para situarlas en el patio, con puertas de hierro forjado traídas de las fincas compradas donde se encontraban, con cámaras acorazadas llenas de lingotes de oro,..

Pero nosotros seguimos derechos hacia abajo, hacia la playa. Enseguida la casa de Felipe y Magdalena con su huerta delante, naranjos, limoneros, bambú, antes viñas y ahora habas, ajos, tomates, berenjenas, unos pocos para ellos, él cocina como si hubiera aprendido en París donde pasó trabajando a los 20 años. Su cuñado me viene a la cabeza cuando paso, Salvador, el albañil de Jumilla, calvo, delgado, aporreado tras caerse de un andamio en la rehabilitación del teatro principal de Alicante, jugador de máquinas tragaperras, de lotería, fumador, seguidor de faldas, ya muy deteriorado y con el humo pasándole factura en los pulmones.

Unos perros grandes nos seguían corriendo tras la valla y nosotros íbamos buscando el fallo por donde podrían colarse. Al fin se estrellan en el ángulo y nosotros seguimos ya casi en los dominios del gran can, un mastín desmesurado que al principio tras la valla pero luego por la vereda, nos seguía o precedía, sin atacarnos nunca pero…..

Poco a poco fue decayendo, parecía enfermo; luego reaparecía nuevamente, hasta que al fin desapareció y ahora lo reemplaza un chichinabo que ladra y corretea como huyendo, éste sí, de nosotros.

Un día, por cierto, Rodolfo, que siempre nos acompañaba, no vino a correr. Y otro día. Al tercero nos lo dijeron. Se había suicidado.

El mundo se hundió bajo nuestros pies. No podíamos creérnoslo. Sí, sí, era taciturno, reservado, serio, amable, doliente, problemas…¿Quién no los tiene? Mujer, madre, hija… ¡Habíamos corrido tanto juntos! Juntos entramos en la meta de la maratón de Valencia, Olivares, Jesús, Rodolfo y yo. ¡Tanto cuidarse, tanto correr, tanto curar la vida de los otros para quitarse la suya!

Al fin la vereda sin asfalto, qué descanso para el pie, y la casa en cuya puerta veíamos coches de lujo, salir alguna dama, detrás algún caballero, a esas horas de la mañana… y el Séneca cordobés me indica con la mirada: “Finca san Valentín” ¿Te das cuenta Jota Ele?

Luego el señor de la moto, embozado de bufanda, gorro y guantes, el jardinero de otra de las casas rodeada de jardines. Es una familia vasca. Tienen ocho o nueve hijos y vienen alguna temporada.

Tras alguna loma o árbol o tras la cortina de altas gramíneas, a veces hacemos una leve parada de desagüe. Si no hay papel una piedra sin aristas, como siempre, como antes de la ciudad, como en las afueras de los pueblos donde aún no había, cosa reciente, servicios o toilette.

Y mientras tanto pensando que luego mi madre, mi hermano, mis hijos, mi nieta… Cuando consigo borrar del paisaje de mi mente estas inquietudes permanentes que están en el fondo oculto de todas las conversaciones matinales, seguimos viendo perros, los conocemos a todos, y nos vamos acercando a las proximidades silvestres desde donde saltando ya se ve el mar a lo lejos y los primeros reflejos del sol que aún no aparece en alguna nube o en lo alto del Puig Campana con ese tajo que el gigante le propinó para prolongar unos minutos la vida de su amada que moriría con el último rayo de sol.

Rodeados de tamarindos, de palmeras, de carretera y de vía, hay también un colector maloliente, los traspasamos y al fin sobre la arena nos descalzamos y vamos corriendo hasta la orilla del agua. Allí, buena parte del año, si la luz, si la temperatura, si la soledad o una discreta presencia lejana, nos despelotamos y nos sumergimos en el agua, toda la playa para nosotros, sin turistas, sin gente; si alguien viene a lo lejos, esperamos que nos dé la espalda para no herir su pudor; nos calzamos, nos deleitamos saboreando el amanecer, el mar, la montaña y, a veces, tenemos la suerte de ver emerger al sol en segundos hasta que despega como cayéndole una gota de fuego sobre el agua.

Son las 7 y media cuando regresamos, el tranvía lleno, alguna sudamericana se baja con la bolsa y se pierde por las casas, junto a las obras, permanentes por esta zona, vemos a grupos de trabajadores que se calientan junto a unas maderas encendidas frotándose las manos o están cambiándose de ropa junto al coche o fumando un cigarrillo. Hacemos el camino inverso y encontramos al coche que cruza todos los días, también solemos cruzarnos a la chica rubia, su amigo un poco torcido y el perro fiel y tranquilo que los sigue a veces a muchos metros de distancia. Ya clarea y el viento del norte nos hiela la cara y el cuello, escondemos las manos en las mangas de la camiseta y el vaho nos rodea. Hacia las 7.50 hemos llegado al Típico, nombre dado a la plaza de encuentro, por mi hijo y sus amigos que allí se reunían hace años.

Mañana a la misma hora. “See you tomorrow”. También hacemos pinitos en inglés. Los perros están sueltos cuando llego a casa. El rito diario, atarlos, limpiar sus cacas, recoger las vasijas de comida. Tiendo la alfombra en el patio y estiramientos. No son muy abundantes las carnes, pero unos ejercicios de estiramiento y abdominales, de brazos, subirse por la cuerda a la cabaña del árbol, ayuda a mantenerse en forma.

Después de la ducha, mientras me afeito y me echo limón al pelo para que los rizos no se hagan escarola me sorprendo pensando en todas las cosas que pueden pasar en una hora cuando apenas acaba de comenzar el día.

José Luis Simón Cámara
San Juan, año incierto, posiblemente 2006.

Cena Grupal Anual ATT – 26 Aniversario (17- Enero- 2014)

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Convocados para la ocasión en el Mesón San Vicente, celebramos nuestro 26 aniversario, con la excusa del comer dimos rienda suelta tanto a ilusiones venideras como capacidad de organización para montar como el que no quiere la cosa una GRAN GALA donde no faltó de na y es que en la misma tuvimos: cena, concursos varios (donde se destaparon facetas maravillosas de varios trotadores), elección de atleta del año 2013, en esta ocasión recayó en FRAN CALORES (los otros finalistas fueron Fer “Pelu”, Juan Carlos “Muffy” y Manolo “de los García pa Rato”), sorteos de premios y todo ello bajo la batuta de Conchi & Fele, …. que más se puede pedir ¿?, os dejo con la lectura que a modo de sorpresa Julián nos brindó, gracias y hasta la próxima.

Sr. Presidente

Sr. Vicepresidente

Sres. Secretarios Generales

Sres. /sras.  todos.

Miembros del venerable club de atletismo A To Trapo.

Tras unos momentos de asueto, después de un bien merecido descanso y ¿por qué no decirlo? Habiendo llenado nuestros estómagos de deliciosas viandas y generosos caldos, ha llegado por fin el momento de regresar a la realidad.

Pues sí, la realidad no es otra que la que se puede adivinar a simple vista y, este año me corresponde a mí el exponerles la actual situación que atraviesa nuestra entidad.

Es hora de ponerse serios.

A To Trapo…

A To Trapo, en contra de lo que Vds. Pueden pensar no es un club de atletismo, no.

Ni siquiera podría considerarse como un club de corredores, A To Trapo es otra cosa.

A To Trapo tiene presidente, tan bueno que no tiene oposición. Un gran tipo que es reelegido anualmente por aclamación popular. ¿Puede haber algo más grande?

A To Trapo tiene vicepresidente, tiene secretario, tesorero.

A To Trapo dispone de embajadas a lo largo de toda España, además del extranjero, en países como Polonia, Alemania u otros…y seguimos en constante expansión.

A To Trapo tiene servicios sanitarios y hasta dispone de los mejores reporteros gráficos.

A to trapo mantiene constantes relaciones diplomáticas con otros colectivos atléticos que nos miran como reflejo a imitar.

A to Trapo dispone de Secretarios Generales que se encargan de la promoción y cuidado del medio ambiente. Fruto de esta actividad, a nuestro amparo se crían los mejores conejos y perdices de Muchamiel. Todo ello por no hablar de los gatos pardos más veloces de la comarca.

A To Trapo se preocupa por nuestro entorno y por ello fue creado el cuerpo de élite que patrulla estacionalmente las puntas de Gosálvez para su correcta conservación. Cuerpo de élite éste al que no es raro ver efectuar labores marineras, siempre a la busca del mejor pescado que se cría en el Mediterráneo: el Mehro (con “h” intercalada, claro).

Y hablando de mar no podemos echar en olvido a los hombres de hierro que no contentos con lo que tienen se dedican a recorrer kilómetros subidos en sus cabalgaduras metálicas mientras la suave brisa seca el salitre en sus pieles.

A To Trapo, como les he dicho, no es un club de atletismo, no puede serlo. Un club de atletismo no vela por la protección y promoción de nuestra lengua. Un club de atletismo no suele tener al mejor escritor en sus filas ni por supuesto un grupo “Ñ”.

A To Trapo tiene ejemplos de superación que fácilmente podrían aparecer en las páginas centrales del “Runners World” o del “Corricolari”.

En A To Trapo Vds. pueden ver correr juntos a padres e hijos. Pueden ver como el verde de las flamantes equipaciones se adivina con facilidad entre la gente y a mí, no se a ustedes, a mí eso me emociona.

En A To Trapo nos reímos y procuramos no llorar.

En A To Trapo he visto gente que siempre sonríe y eso es bueno.

A To Trapo es mucho más que un club. A To Trapo incluso dispone de infraestructuras propias, por ello adquirió en su día un tren bala de alta velocidad al que ya quisiera parecerse el AVE.

A To Trapo tiene una muy digna sede social y un punto, un puntazo, un punto de encuentro tan familiar, tan conocido, que seguro que ya aparece en el Google maps.

En A To Trapo se merienda sandía fresca cuando el calor más aprieta y después hay quien se baña a la luz de la luna llena…¿conocen Vds. Algún club de atletismo en el que se haga algo así? (aquarius).

A To Trapo no es un club de atletismo.

En A To Trapo la gente se junta, la gente habla y comparte. La gente da y no espera nada a cambio, ya sea a 6 min. el km. o a 3:10.

La gente de A To Trapo rueda, entrena, nada, corre desde  1 km. a 100 ó más, desde “la carrerica del poble” hasta Jamaica o Nueva York, sobre asfalto, tierra, barro, piedras o hierba, ¡contra viento y marea!

¡Ah, y lo más importante, sin subir la cuota!

En A To Trapo, aparte de tracks o de plantillas ortopédicas, de asics o cool max,  además de Garmin o de Oklay, de previsiones climatológicas o la PFP (puta fascitis plantar) se habla de otras cosas: se habla de la gente, de nuestra gente y con nuestra gente.

En A To Trapo la gente se junta, comparte, se preocupa y eso, perdónenme pero no es propio de un club de atletismo.

A To Trapo es (muy en contra de lo que podían haber pensado hasta hoy), otra cosa.

A To Trapo no es un club de atletismo, no se equivoquen, ni siquiera un club de corredores, A To Trapo es otra cosa.

Gracias a todos.

fotillos

Por Els Plans y Montagut (19-Enero-2014)

Después de nuestra gran gala 26 aniversario, qué mejor manera de eliminar estos excesos que salir a la montaña con amigos.

IMG_5808La ruta elegida fue la Carrasqueta ya que había previsión de frío y a lo mejor algo de nieve y lluvia. Así que como buenos montañeros tocaba madrugar para poder ver el amanecer desde la cumbre dels Plans.

Comenzamos sobre las 7:30 de la mañana desde el hotel Pou de la Neu en la Carrasqueta con una temperatura de 1ºC más o menos, o sea que ni frío ni calor. Tomamos la pista que tras varios sube y bajas nos conduciría a la cumbre dels Plans, regalándonos bonitas vistas del amanecer con el Puig Campana, Aitana, la bahía de Alicante, …

Desde la misma cumbre iniciamos el descenso directo al Pou del Rentonar para por la canal bajar a la carretera que une Torremanzanas con Benifallim, desde aquí siguiendo el PR pronto comenzamos la subida a Montagut, buena inclinación entre pinos y algo de hielo en los bajos de las carrascas. Una vez llegado a su cumbre pudimos apreciar un frondoso valle que se abre a los pies de esta montaña en dirección a Jijona, tras crestear y retomar una pista llegaríamos al cruce con el Camino de Santiago del Sureste que en dirección ascendente nos conduciría de nuevo a la pista que recorre la cresta de la Carrasqueta y al punto de inicio del recorrido.

Rápido a ponerse algo de ropa seca y a avituallar en la Venta Teresa al lado del fuego con unas buenas cervezas, olivas y bocatas de salchichas y cómo no la tradicional infusión de hierbas con miel que preparan en función de la floración de la montaña.

¡Qué más se puede pedir!.

IMG_5807

[Descripción de la ruta en el blog «Senderos y cimas«]

[Puedes descargar este track en formato GPX y KMZ]

Este es el recorrido y el perfil registrado con un Garmin Forerunner 210. Las marcas aparecen cada 3 kilómetros.

El perfil está dibujado con el programa Perfils. Haz clic sobre la imagen para ampliarlo.

XXV Mitja Marató Internacional Vila de Santa Pola (19-Enero-2014)

La fiesta del agua

Otro año mas y fiel a nuestras costumbres, un nutrido grupo de A To Trapo (33 para ser exactos), nos citábamos en Santa Pola para cubrir los 21´097 km de su Media maratón, la cual festejaba sus Bodas de Plata para lo que se engalanó en una muestra de anormalidad, con unas nubes y un chispeo desde el inicio que se fue agudizando durante la prueba y que acabó chopando a todos los participantes.

Antes de todo eso tuvimos nuestra concentración previa con el ya famoso Saludo al Sol que esperábamos sirviera como requerimiento al mismo y con un regalo en forma de Chikun con el que nos obsequió el gran Gerardo.

la foto4

Posteriormente, cada uno a su cajón y a vibrar con uno de los mejores speakers del panorama atlético, que hace que cada año, esta sea una Media Maratón totalmente lúdica y festiva. Pistoletazo de salida y…..A Bailar Bajo La Lluvia. Distintos grupos formamos y la Marea Verde se pudo ver durante toda la prueba; delante los Gatospardos, seguidos de cerca por el sector Albaceteño, el catalán y el yerno junto al suegro; el resto venía después, Mejias, Soler, Selva, Guti, Parra, el trío de hermanos, el tandem mixto hispano-alemán, el presi y su liebre que hicieron su labor de correr durante unos kilómetros para lanzar la carrera y alguno más que ya no pude ver durante la misma.

Al final todos los que quisieron cruzaron la Meta, y los que no, animaron al resto para la consecución del objetivo de disfrutar, correr y calarse hasta los huesos.

Respecto a resultados, todos muy contentos al haber cumplido con los objetivos marcados; en mi caso feliz de haber hecho mi mejor marca personal sin haberme dejado la vida y habiendo disfrutado con mi compi de Medias, Vicente, con el que volveré pronto a coincidir.

Un aniversario que pese a poder haber estado deslucido por la lluvia, ha demostrado que Santa Pola es una de las mejores carreras en la actualidad, contando además con un público incondicional que aguanta caiga lo que caiga. Empieza el año y la rueda no para, así que toca recuperar para la próxima carrera y citarnos para el año que viene en el mismo sitio y a la misma hora para volver a vivir la Fiesta de la Lluvia (o el sol en su caso…)

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Joel SENIOR MASC 1:25:56 633 273
Naxete VETERANOS A 1:27:38 809 198
Vicente G. SENIOR MASC 1:27:39 810 326
Manuel G.T. VETERANOS A 1:28:53 849 209
Tomás SENIOR MASC 1:29:34 1042 403
Elisardo VETERANOS A 1:29:32 1043 260
Fernando VETERANOS C 1:29:32 1044 99
Juan Enrique VETERANOS B 1:30:09 1096 200
Juan Antonio VETERANOS A 1:33:20 1415 361
Pirri VETERANOS A 1:34:00 1627 407
Alejandro A. VETERANOS A 1:35:12 1745 442
Abel VETERANOS A 1:36:54 1906 483
Jorge L. VETERANOS A 1:37:23 2077 533
Sergio Gª VETERANOS B 1:37:39 2174 393
Ramonet VETERANOS C 1:37:39 2176 222
Xavi VETERANOS C 1:41:38 2962 303
José Antonio VETERANOS B 1:44:31 3430 640
Jesús S. VETERANOS A 1:44:10 3601 883
Paco G. VETERANOS E 1:44:36 3660 61
Jorge E. SENIOR MASC 1:49:02 4455 1469
Martina VETERANAS D 1:51:40 4902 10
Manolo Gª VETERANOS G 1:51:40 4903 19
Gosa VETERANOS B 1:52:14 5031 920
José Ant. T SENIOR MASC 1:54:10 5192 1651
Juan Carlos VETERANOS B 2:04:41 7167 1294
Conchi VETERANAS C 2:05:46 7261 91
Juan S. SENIOR MASC 2:19:56 7967 2146
José Pablo VETERANOS B 2:23:38 8068 1397