Todos eran culpables.

Sin duda y en la medida de sus fuerzas. Habría quizá por tanto que pensar que desde el PSOE hasta el “disputado” voto del cántabro y proporcionalmente a sus resultados, todos han contribuido al fracaso en el intento de formar gobierno. Resulta sin embargo curioso que hayan sido precisamente los partidos centrífugos, entiéndase especialmente Esquerra Republicana, PNV y Bildu, los que más fuerza han hecho para que se consolidara un gobierno de PSOE y UP.

¿Por qué razón?

A nadie se le escapa que la razón principal es porque un gobierno de estas características, a pesar de las reiteradas declaraciones de Pedro Sánchez de mantener la integridad territorial y defender la Constitución, les parece más proclive a “entender” sus aspiraciones y “suavizar” al menos las consecuencias de sus continuos envites al ordenamiento jurídico constitucional. Ésta y no otras son las razones. Porque nadie se cree que sus apoyos se deban a las políticas “presuntamente” de izquierdas que pueda llevar a cabo el gobierno. Primero porque desde el punto de vista de la teoría política histórica y contrastada, ningún partido nacionalista, (que obviamente tiene como objetivo final la independencia), de un país democrático, libre por tanto de colonialismo y opresión, es de izquierdas por más que lo digan sus siglas o sus programas, porque la izquierda se caracteriza por el internacionalismo y la generalización de los derechos a todo el mundo y siempre ha tenido como base de su defensa la unidad de acción y no la fragmentación ni territorial ni de clase. Luego tenemos el bloque de la derecha.

No voy a sucumbir a la tentación de bautizarla con apelativos equivalentes a los que ha utilizado Rivera para referirse a la “banda” de populistas, separatistas y terroristas, entre los que incluye al partido socialista, líder de esa banda.

Lo que es obvio y muestra de gran insensatez es tirarse piedras sobre su propio tejado cuando se siente satisfecho de crear eslóganes como “La banda no se ha puesto de acuerdo para repartirse el botín, que es España”, porque el señor Rivera debe saber, supongo, que siguiendo su gracioso eslogan, él se está repartiendo el mismo botín en todos aquellos lugares donde ha llegado a acuerdos con sus socios del PP o de Vox. Una contribución bastante miserable a la dignificación de la cuestionada actividad política.

Han pasado los tiempos en que Ciudadanos fue un rayo de esperanza en la renovación de la política española, como desde otro lado, Podemos. Y ambos se han apropiado bien pronto de los peores “tics” y vicios de los llamados partidos tradicionales que, ya vacunados, los soportan mejor. No hay más que ver el mucho más digno y sensato comportamiento del señor Casado en sus posicionamientos, tan críticos o más que los del señor Rivera, pero mucho más responsables.

Como ya han expresado algunos de sus fundadores y mentores, Ciudadanos ha sido un espejismo en el desierto. Sedientos de regeneración y racionalismo, hemos sido muchos las víctimas de esa ilusión frustrada.

En qué poco tiempo unos partidos que desde la izquierda o desde la derecha habían despertado tantas esperanzas entre los ciudadanos, han acabado defraudándolas tanto por sus excluyentes métodos de funcionamiento interno como por sus demagógicas declaraciones programáticas que parecen ocultar inconfesables intereses personales.

Acabo hoy con un refrán, no sé si hijo de la sabiduría o del pesimismo:

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”.

San Juan, 27 de julio de 2019.
José Luis Simón Cámara.

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