Coronavirus

No tengo una opinión muy formada sobre el mono-tema del momento. Sus causas, sus consecuencias y la respuesta que está teniendo tanto a nivel nacional como internacional. Sobre las causas pasará aún tiempo hasta que se clarifiquen. Las consecuencias ya las estamos sufriendo como individuos y como sociedad a todos los niveles, aunque aún no se han desplegado todas las implicaciones.

Quizá podemos analizar mejor, por el momento, la respuesta que está habiendo al problema en los distintos países, centrándonos especialmente en nuestro entorno.

¿Qué respuesta está dando la Unión Europea al problema? No hay respuesta propiamente dicha de la Unión Europea. Esa aparente pretensión de crear las bases de un espacio común europeo está haciendo aguas ante el gran envite de un vaporoso enemigo común que nos ataca por todos los frentes. Parece imponerse el “sálvese quien pueda”. Esa pugna permanente y soterrada entre soberanía nacional y proyecto común se está quitando la careta, ahora que es tiempo de mascarillas. Se vuelven a abrir las brechas históricas en la vieja Europa. Entre los países del sur y los del norte. Los países mediterráneos y los centroeuropeos. Y volvemos a la época del imperio español y los cimientos de las guerras de religión, las luchas entre el mundo católico y el mundo protestante, entre una concepción más colectivista o fraternal y otra más individualista. Conocemos por la historia que la religión sirvió como punta de lanza para romper la unidad imperial, aquel proyecto de Carlos V, Lutero y la Reforma, en sus diversas modalidades, luterana, calvinista, anglicana,.. supuso un cisma en el mundo del cristianismo que tenía como centro a Roma, símbolo de la unidad religiosa y a Carlos V, símbolo de la unidad política frente al mundo otomano unido por el Islám. Desde aquella época, los príncipes alemanes, incómodos con la dependencia del emperador, en última instancia votado y elegido por ellos, no cesaron, sirviéndose sobre todo de la religión como arma de lucha política, hasta conseguir fracturar la frágil unidad política del sacro imperio romano-germánico. La idea de Carlos era la de un imperio católico, universal, frente al fraccionamiento que, como se comprobó bien pronto, llevó el movimiento de la Reforma, el protestantismo, con sus muchas sectas o facciones. Movimiento caracterizado esencialmente por el individualismo en su relación con Dios, en la interpretación de las Sagradas Escrituras, en la predestinación, en la salvación por la fe o las obras,.. individualismo trasladado también a los temas económicos, sociales y políticos. De ahí arranca, aparte de errores históricos en la dureza con la libertad religiosa, sobre todo de su hijo Felipe II, más intransigente que su padre, la hostilidad de los países centroeuropeos de predominio protestante hacia los mediterráneos, de mayor implantación católica. Estos sentimientos se acrecientan en el siglo XIX con el romanticismo que antepone el sentimiento a la razón en el individuo y la sociedad. No sé si este breve recorrido por la historia explica quizá la actitud que los países de predominio protestante mantienen aún hoy en día con los movimientos periféricos nacionalistas en el sur de Europa, protegiendo a los prófugos de la justicia de sus Estados y, por centrarnos en el grave problema que nos afecta ahora, la actitud insolidaria que están manteniendo con los países del sur ante la pandemia que, si bien se ha cebado hasta ahora en los países mediterráneos, acabará extendiéndose a todos los demás. Ahora, que aún no les ha tocado de lleno, no son capaces de dar una respuesta solidaria con los países del sur que lo necesitan. Vuelve a imponerse, por el momento, el individualismo calvinista. Mal presagio para el futuro de Europa.

San Juan, 29 de marzo de 2020.
José Luis Simón Cámara.