Aún colea

La prolongada persistencia de esta situación está haciendo mella en los espíritus más serenos. Unida al calor, a veces asfixiante, que sufrimos especialmente por el Sur, se convierten en un cóctel explosivo de consecuencias imprevisibles. Si al menos la noche compensara de los excesos del día, pero incluso ahí el calor no nos deja descansar y reponernos. ¡Cómo recuerdo aquel pasaje de Isaías en que para hablarnos de una inacabable sequía se refería a los cervatillos que subían a lo alto de los cerros para poder aspirar por la nariz el poco aire fresco de la noche! Sí, ya sé que hay aparatos de refrigeración y ventiladores y piscinas y mar. ¿Y qué me decís de quien no tiene acceso a ninguno de esos remedios? Así como dicen que el viento de Tramuntana enloquece a la gente que lo sufre, esta situación está empezando no sólo a hastiar anímicamente a los más nerviosos sino también a gentes habituadas al sufrimiento. Después de tres meses de confinamiento durísimo durante el estado de alarma y de estos tres meses de medidas más suaves pero con la espada de Damocles sobre la cabeza, no le vemos el fin a esta situación que se prolonga con rebrotes cada vez más abundantes por todas partes y con la sensación de que podemos volver a los tiempos más duros del confinamiento. De hecho, muchas autonomías que no cesaban de quejarse de las autoritarias disposiciones del Gobierno central, que pisoteaba sus competencias, están pidiendo ya a voces que sea ese mismo y denostado Gobierno el que tome las riendas de la situación y homogeneice las normas para toda España evitando así la heterogeneidad de medidas que desconciertan a los ciudadanos y los sumen en un mar de dudas e incertidumbre, teniendo en cuenta la movilidad y trasiego de unas comunidades a otras por razones laborales, familiares, de ocio, etc…

Está claro que a nadie le gusta que se implanten órdenes que recorten la libertad de movimientos y el modo de movernos: distancias de seguridad, mascarillas, geles, ventilación, formas de saludo, etc., pero causa aún más perplejidad la ambigüedad e imprecisión en las informaciones sobre la situación real de la pandemia y en las decisiones a adoptar parea frenarla o tenerla, al menos, controlada. Aparte de lo que pueda influir en proyectos de negocios o viajes, se avecina o está ya encima el inicio del curso escolar que afecta de una u otra manera a la mayoría de la población y las distintas administraciones se echan la pelota unas a otras y escurren el bulto. No se puede dejar un tema tan importante a la improvisación y ya debería, con las reservas propias de la cambiante situación epidemiológica, haberse adoptado unas medidas claras y generales para que toda la población escolar supiera a qué atenerse: alumnos, profesores y familias que, dependiendo de unas decisiones u otras, tendrán que organizarse. Esa organización, en la mayoría de los casos, no se planifica en un día.

Todo me interesa, todo nos interesa, creo, pero estas cuestiones mucho más, a mí muchísimo más que si al Borbón se la chupa Corina o el elefante. Incluso mucho más que el tema de la monarquía o la república. Salgamos de ésta y ya vendrán tiempos mejores para plantearnos todos los asuntos que, bien alimentados, dormidos y educados, nos vengan en gana. Desde el sexo de los ángeles hasta el secreto de la eterna juventud.

San Juan, 21 de agosto de 2020.
José Luis Simón Cámara.

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