Migraciones

Como granos de arena que, sentados en la playa contemplando el horizonte, caen sin ruido, suavemente, de la mano, así se nos van cayendo por el camino los amigos sin que se rasguen los velos del templo ni se abran los cielos dejando caer enfurecidas cortinas de agua. Van cayendo los amigos uno tras otro, como si no pasara nada. Aun teniendo aún muchos, amigos nunca se tiene demasiados, cuento ya más entre los muertos que entre los vivos. Ahora entiendo aquellos paseos solitarios de mi padre, ya con todos sus amigos muertos. Ahora entiendo su escepticismo ante los políticos de cualquier signo. Ahora entiendo que sus lágrimas fueran cada vez menos, secada la fuente del llanto de ver alejarse a tanta gente querida.

No lo he olvidado todavía, pero casi, en cuántos pueblos me sacudí el polvo del camino sin ganas de volver a pisarlos porque habían desaparecido de ellos las razones más importantes para seguir visitándolos.

¿Qué se me ha perdido en Valencia si mi amigo Alfredo, el inquieto, hace ya más de tres lustros entregó allí su último aliento?

¿Qué se me ha perdido en Orihuela, por otra parte con tantos recuerdos desde la infancia y con pocos pero aún algún amigo del alma, desde la muerte de aquel irrepetible y libertino Santi?

¿Qué se me ha perdido en Madrid, palpitante y acogedor corazón de España, tras contemplar el esquelético y jibarizado cuerpo de mi amigo Muñoz que aún llegué a tocar caliente?

¿Qué se me ha perdido en el Siscar, después de todo el pueblo donde nací, donde he vivido algunos años, donde tengo a mi hermano, primos y amigos, donde conozco cada rincón de sus calles, cada piedra de sus veredas, donde quiero seguir viviendo, aun así, después de la muerte del Torero, de mi primo Pepe y ¡cómo no de mis padres, de tantos tíos y primos y amigos?

¿Qué se me ha perdido en Elche, último refugio de aquel eterno huido de la justicia y de la injusticia, de aquel hombre tan generoso, Manolo, al que se le escapaba el dinero entre los dedos de la mano con que lo ganaba?

¿Qué se me ha perdido en el barrio de Santa Cruz de Alicante, tras la sorpresiva, imprevista e intrigante muerte de mi amigo Paco, aquel entrometido jumillano venido en su adolescencia a esta tierra?

¿Para qué voy a seguir nombrando pueblos donde he perdido algún amigo?

Valgan éstos como muestra, y no me olvido de Ada, Paco, Miguel Ángel, Damián, Juan de Dios, porque está aún muy caliente la sangre y el recuerdo de Mercedes, de Pepe, de María, de…

Tanto trabajo en mis años de estudiante aprendiendo geografía para memorizar nombres de pueblos y ciudades que no me decían nada para ahora querer casi borrarlos del mapa porque cada uno de ellos me abre una herida.

Nunca se cierran esas heridas. Ni hay alcohol que las desinfecta ni consiga adormecer el recuerdo.

Como si dispusieran de alas inician, casi siempre sin aviso previo, y en estos tiempos menos, un vuelo que los aleja y se pierden en la lejanía como las nubes a capricho del viento. Si al menos hubiera tiempo de despedirse. Y si es mucho hacer el amor, alguna caricia, algún piropo, alguna palabra cariñosa.

Los amigos.

San Juan, 8 de Febrero de 2021.
José Luis Simón Cámara.

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