¡Feliz Navidad y próspero 2020!

Como cada último domingo del año, acudimos conocidos y allegados de A To Trapo a rendir pleitesía al que pudiera ser el emblema del Grupo Ñ: El Cabeçó d’or.

Mítico enclave montañero quizá denostado por la gran afluencia de viandantes y corredores en cuya cima nos gusta despedir el año a este grupo (des)ordenado de amig@s. El Presi me encarga hacerme cargo del informal rebaño y a las 8:00 con puntualidad marcial, unos 30 dispares personajes empezamos la conocida subida al Collado Polset.

Cada uno a su ritmo y con “la parada del hijoputa” en el collado (consistente en esperar al último, pero no dejarle descansar), en poco más de hora y media coronamos el monte.

Brindis y breves palabras por mi parte pidiendo al propio Cabeçó, sus piedras y sus caminos protección para que el 2020 podamos volver a estar aquí. Matiza Jaime que tengamos en cuenta que la protección también la tenemos que dar nosotros; pues el ser humano es depredador natural de la naturaleza.

Razón tiene, tomamos nota de ello y seguiremos poniendo nuestro máximo esfuerzo para preservar lo que nos queda: la vida en compañía (o en soledad) de (o con) estas piedras que tanto nos han dado.

Saludos a los ausentes (¡Presi y Jota, estabais ahí arriba!), cava con chocolate y encaminamos la bajada cada uno por donde le viene en gana (así somos en este grupo) para reencontrarnos en el parking y acabar la mañana con avituallamiento de cebada; como es tradición.

Cerramos un 2019 pleno para abrir un 2020 lleno de piedras, kilómetros, ilusiones y sobre todo, ganas de seguir.

¡Nos vemos en la siguiente, amigos!

Ehunmilak 2019 – Beasain (12-Julio-2019)

12 de julio de 2019, 17:50, Plaza de Beasain (Guipuzkoa)… Espera, no, esto empieza mucho, mucho antes. 23 de enero de 2005, 9:50, Puerto de Santa Pola; ahora sí. Manolo (Papá), Ignacio y yo apostamos por mi estreno como corredor amateur en la primera media maratón. Casi 2 horas de eterno sufrimiento que marcan el inicio de lo que hoy contamos: una vida zancada a zancada.

Luego llegaste tú, montaña, opiácea de mis entrañas, a su vez fuente de sabiduría, energía y, como no, vía de escape de las obligaciones diarias. Sin siquiera poder ni imaginarme cómo, después de miles de horas y kilómetros sufridos/disfrutados, aquí estamos.

Ahora sí: 17:50, Plaza de Beasain. Sergio, Josemi y yo entramos en el arco de salida preparados para afrontar los más de 170 km con 11.000 metros de desnivel positivo en una de mis tierras favoritas: mi país vasco.

¿Estás nervioso? No, estoy temblando de miedo. Ya no hay vuelta atrás; somos un equipo indisociable de 3 que tiene que volver a este punto de salida en, como tarde, un par de días. Nos despedimos del grupo de los 90 km (David, Ángel, Enri, Elías y Carlos – ¡gracias por estar ahí! -) y con lágrimas en los ojos espero con ahínco el empiece de esta aventura.

Pelos de punta al recordar los primeros pasos. No puedo evitar bañar mi cara de lloro relativamente controlado al ver que el pueblo refleja lo que iba a ser la tónica de la carrera: calles y familias volcadas junto con voluntarios que te hacen sentir mejor que en casa.

Muchas horas y más distancia. Intentaré ser breve al describir los momentos más reseñables de la carrera. La primera tarde se hace cómoda y al pasar Zumárraga el atardecer nos recuerda lo impresionante de estas tierras. La noche se espesa y entre risas, anécdotas y – por qué no – miedos internos, después de una ración de flan y bizcocho de 10 preparado por una familia entera (en serio, nunca había visto tal disposición voluntaria), un amanecer de escándalo nos da los buenos días tras la dura subida a Zelatun (km 66).

Vamos bien; que coño, vamos muy bien. El calor empieza a apretar pero se mitiga con algún que otro manguerazo que encontramos por el camino. Pese a los dolores de pies de mi amigo Sergio, conseguimos el objetivo de llegar vivos y con ganas al que se dice que es el inicio de la carrera: km 96, Amezketa, base del Txindoki. La visita de los Aitores y Eder a este remoto lugar me llena de fuerza y hace sentirme un afortunado por lo vivido (¡eternamente agradecido!).

Subida muy dura, el sol insiste en que son las 3 de la tarde (21 horas de carrera) y echamos el resto para llegar arriba. Pero como siempre, llegamos. Pasamos la casa del pastor (me flipa que alguien pueda vivir en soledad con sus cabras a 1200 metros en un terreno tan escarpado) y coronamos el Txindokiko Lepoa. Algo más de sufrimiento y bajamos a uno de mis lugares favoritos: Lizarrusti.

A través de un ensoñador bosque de hayas que me traslada años atrás alcanzamos el km 116 donde nos espera Ignacio y Jako: ¡vamos Tío Borja! Ver a Jako con esa sonrisa respaldado por papacho me dice que esto tiene que salir bien. Bocata, cerveza sin alcohol y salimos hacia la – temida – segunda noche.

Crisis. Crisis absoluta. El sueño empieza a invadir el cuerpo y mi cabeza me dice que ya basta. Intento no pensar, mirar al suelo y tirar; pero la forma de los árboles se torna distinta y veo cosas que creo que no debería. “¡Hey, Sergio, no me jodas, pero eso es un hombre!”, “¡Sí, un señor con una capa!”. Me acerco y el árbol me mira fijamente diciendo que no, que coño, que no es más que un árbol.

Borja, para. Fíjate en tus mentores Sergio y Josemi y ya verás como todo pasa. Y pasó. La noche se hace frondosa y encendemos el frontal a sabiendas de lo superado. A pesar de las sensaciones extremadamente opuestas, mi mente disfruta.

KM 130. Etzegarate. Ciertos problemas de rozaduras solventados – permitidme evitar que narre la experiencia de cura de trasero por el médico de referencia -, ducha, cena amenizada por la incombustible seguidora Rosa (¡gracias por el apoyo!) y hacia San Adrián.

KM 140, tocamos la mítica cueva de San Adrián y no queda otra que echarnos una siestecina de 15 minutos para afrontar lo que queda. ¡Arriba! Dice el voluntario. Encaramos el Aizkorri y a eso de las 5 de la mañana del domingo coronamos uno de los techos del País Vasco. Exhaustos, Josemi nos espera y recibo a Sergio con un abrazo que nunca olvidaré. Vuelvo a llorar: si hemos llegado aquí, llegamos a meta.

Pero aun queda mucho. Los metros se hacen millas y todo cuesta un mundo. No sin esfuerzo, a las 6 de la mañana picamos algo en Oazurtza y empieza el infierno para Sergio: el mazo ha llegado en forma de pájara. Quedan unos 25 km y 1500 de desnivel positivo que se harán muy duros. Admiro tu entereza, amigo.

Entre risas provocadas, este equipo que salió hace más de 40 horas supera el último escollo y gracias a la fuerza de Josemi – eres un gladiador – y al espíritu de superación de Sergio, volvemos a pisar Beasain.

Ahí nos espera la incombustible Rosa, todo el grupo A To Trapo y las fuerzas de Enri con su maltrecho tobillo (¡ánimo que en nada estás dando guerra!). ¡Agradecimiento por esos últimos kilómetros en compañía, gracias! Y un poco más adelante, Dama, Jako, Nicolás e Ignacio hacen lo propio.

Y, 43 horas y pico después, entro en meta de la mano de mis mentores de esta distancia, de mi padrino deportivo y de uno de mis sobrinos preferidos (nótese la falta de agravio comparativo). EHUNMILAK, eres nuestra!

Carrera muy muy dura. Sergio me dijo que “Euforia” (la locura andorrana que estos jabatos superaron el año pasado) le cambió la vida. No sé si llega a ese punto, pero bien seguro que este fin de semana me ha dejado una huella profunda.

Ehunmilak es el ejemplo del puro significado de montaña: libertad, paz, compañerismo, individualismo, subidas, bajadas, en fin, vida. Lejos de marketing, merchan y florituras, esta carrera ensalza la realidad y lo salvaje de la naturaleza.

Gracias a Sergio y Josemi. Dos días de aprendizaje continuo, risas y, también algún momento complicado, son causa y consecuencia de consideraros parte de mí: no pude elegir mejores mentores para iniciarme en esta distancia.

Gracias a Ignacio, Dama, Nicolás y Jako. Fieles seguidores de este trotamundos sin cabeza.

Gracias a los firmantes de las pinzas. No os separasteis de mi cabeza (literalmente) en todo el fin de semana.

Gracias a la familia del golf, esa llamada el sábado noche fue motivo de remontada. Y gracias, gracias, gracias a Papá y Mamá: poco sentido tendría esto si no hubiera aprendido lo aprehendido.

Muchos (me) preguntáis, ¿Por qué? Sinceramente, no lo sé. Supongo que estar un fin de semana sin móvil, disfrutar de atardeceres y amaneceres de ensueño y seguir explorando el cuerpo podría ser una respuesta; pero esta claro que no es suficiente. ¿Por qué? Sólo el poder escribir esta crónica recordando cada momento vivido, hace que merezca la pena.

Y ahora, ¿qué? A seguir. A seguir en busca de experiencias y momentos que puedan ser narrados. A seguir explorando esta aventura que es la vida.

Borja

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Equipos
Borja Por equipos 43:43:05 233 de 510
Sergio Por equipos 43:43:05 234 de 510
Josemi Por equipos 43:43:06 235 de 510

(231 retirados)

Basque Ultra Trail Series. Bilbao-Gasteiz (22-Febrero-2019)

Lo que iba a ser una velada en familia se convirtió, por distintos avatares de la vida (correr ultras y la crianza de dos niños con pañales no siempre es compatible), en un viaje en solitario a lo más profundo de los bosques vascos.

Con cierta complejidad logística superada gracias a mi familia vascuence, vuelvo a estar en la línea de salida de una de las carreras que componen la Basque Ultra Trail Series. Recuerdo lo vivido hace ya más de dos años en el camino de Pamplona a San Sebastián y me digo que si estoy aquí, es para disfrutar.

00:00 de la noche del viernes 22 de febrero, Teatro Arriaga de Bilbao, dejo atrás a mi socio y cada vez más compañero de batallas – gracias Nacho por tu acompañamiento – y con mente meditativa, espero a que el típico baile Aurresku emita la señal de salida. 110 km y 6.000 m de desnivel positivo nos separan de Vitoria.

Sinceramente, empiezo mal. Parece que no encuentro sentido a lo que hago. No consigo deshacerme de los estreses y apegos cotidianos. A veces me cuesta explicar el por qué. Y, si ni siquiera yo lo sé, ¿cómo alguien pudiera entenderlo? Ante esto, no queda otra: corro, ando, sigo, y sobre todo, no paro. Empiezo a engullir kilómetros, la oscuridad me confunde, hasta que me auto repito: si estoy aquí, es para disfrutar.

Km 35, las horas van pasando y todo empieza a recobrar el sentido. Llegamos a Orozco con una noche más que estrellada, empieza la bonita subida al Gorbea, y ahora sí, me maldigo por todos esos pensamientos negativos que he tenido. Soy un privilegiado, lo sé, las piedras me lo dicen, la pisada lo confirma; y la luna llena está ahí para grabarlo todo.

Casi tocando el refugio que dará paso al Gorbea, la montaña me regala uno de esos momentos que marcan para siempre: el sol empieza a despertar los perfiles de la cordillera, atrás queda Bizkaia, por delante unos 60 km de Álava.

Y ya acariciando la cima del pico que separa ambas provincias, el astro luz baña totalmente nuestra visión. Ey, chipirón, todos los días sale el sol! y no puedo hacer más que gozar y sentir un cosquilleo en todo el cuerpo.

Coronamos Gorbea y pisamos provincia de Vitoria. Comida y cerveza rápida en Murgia – como dice mi madre, si el cuerpo te lo pide, no le digas no – y me encuentro con la sorpresa de la visita de Ainhoa y Aitor en Hueto Arriba. Abrazo, les insto a reservar sitio para cenar porque esto hay que celebrarlo y corro. Corro como nunca, no paro, me concentro en mí, en las sensaciones, en la ligereza.

Otra sorpresa, km 90, la familia Montoya ha venido a apoyarme. Todo esfuerzo tiene su recompensa, alegría inmensa que comparto con Fer durante algún kilómetro que otro de dura subida, y llego al último avituallamiento, km 100. Sólo queda bajar. 8 km en los que me siento mejor que nunca.

Los devoro, no quiero que acabe, Fer me grita enseñando que ahí delante tengo Vitoria. Sorprendentemente, no me duele nada, las articulaciones me permiten saltar, reír y poner las piernas donde yo quiero.

Y toco la ciudad, y no sé por qué, empiezo a llorar. Casi 15 años después de mi primera carrera y nunca lo había hecho. Pienso que pararé, pero no. 300 metros, huelo la meta; y la cara es un baño de lágrimas. Insisto, no sé por qué, pero me gusta. Me desahogo, pienso en mi familia, en mi hermano, que bien seguro compartiremos otro momento de este estilo, en tod@s, en mí.

Cruzo la meta y sigo, lloro desconsoladamente. Quizás el esfuerzo por tanto correr, quizás el haberme dado cuenta del sentido vital de esto que hacemos, quizás el sentirme en esta tierra (casi) como en mi casa, quizás la simpleza de la vida. El caso es que estoy más feliz que una perdiz.

Otra conseguida, aun queda mucho camino pero, tierra vasca, nos volveremos a ver las caras este verano.

Agradecimiento especial a Ainhoa, Aitor y a los Montoya; difícil describir la increíble sensación de tener una familia norteña. Y a Rodri por hacer las veces de mi madre, el pan casero me dio la vida!

Y bueno, dedicatoria a Marta, han pasado 3 años desde que te fuiste a no sé muy bien dónde; pero estoy seguro que has formado parte de los caminos recorridos.

Nos leemos en la próxima.

Agur!

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Borja Masc 17:44:57 56 53

56 de 220 (66 retirados)

Costablanca Trails (17-Noviembre-2018)

Faltan 10 minutos para la media noche y sin querer (evitarlo), el destino nos junta de nuevo en la línea de salida. Vuelven los momentos meditativos, compleja tarea es explicar esta extraña sensación de ganas, sueño, pereza, motivación y nervios. Se hace el silencio en mi mente pese a que suena thunderstruck de AC DC a millones de decibelios, como si el speaker quisiera despertar al Benidorm que nunca duerme.

Y ahí estamos: Gosa y “el cuñao” que harán su propia carrera (¡sois un ejemplo!) y Elías y yo, tándem que compartirá una larga y bonita velada de más de 100 km. 3, 2, 1 y salimos, atrás quedan los miedos que seguramente nos volverán a perseguir y por delante están los míticos de nuestra provincia, qué gusto da correr en casa!

La Costablanca Trail es una carrera bonita y recomendable de 102 km y + D 6500 que busca superar el mito del turismo alicantino: la terreta no sólo es sol y mar. Subida cómoda al Puig Campana entre silencios sospechosos y bajada muy disfrutada hasta Polop; ¡qué bien se está cuando se está bien!

La noche transcurre entre risas, silencios y conversaciones profundas que crean un vínculo de hermandad entre en Elías y yo: curioso que alguien conocido pero ajeno a tu vida se convierta en tu media chancla que te ayudará a llegar a meta y a abrir la mente en los momentos complicados. Gracias amigo!

Todo en orden hasta que a partir de las 4 de la mañana caen las primeras gotas preludio del chaparrón que nos espera. Llegamos a Benimantell mirando al cielo cual Noé en su arca: ¡está cayendo la de Dios! Desayuno con una tostada de mi pan favorito y a seguir, que en Confrides nos están esperando.

El amanecer se deja entrever y podemos disfrutar de una insólita subida a la Serrella por el Barranco de les Mates. Las piedras vislumbran a estos locos subiendo en un sinsentido de zig zags y celosas de que alguien más que ellas conozcan este rincón de nuestra provincia. La Mallada del Llop se torna en el último escollo antes de llegar a la nueva casa que nos han preparado: Avituallamiento de Confrides, km 60, 11 horas de carrera.

Probablemente el mejor aid station de todos los visitados. Carlos y Teo hacen de sustitutos de mi padre y Josemi, Rosa y compañía nos agasajan con viandas propias de una comida de navidad con cerveza incluida. Nos acordamos de lo que gozarán Gosa y Jesús y los amigos Ángel y David que estarán disfrutando de la versión de 65 km.

Pero hay que tirar p’alante que tenemos que tocar el techo de la provincia. Aitana nos espera y no exento de sufrimiento, cruzamos la Font del Partagas para hacer cima paso a paso rodeados del característico olor a romero de nuestra sierra. Jessy nos confirma que tenemos a tiro de piedra a Ángel y David: dejémosles, suficiente tenemos con lo nuestro.

Y así, entre miradas al cielo y a la tierra, llegamos a Sella donde además de los omnipresentes Carlos y Teo, me esperan Vicent y Abi, ¡qué ilusión verles! Última cerve de la mano de su compañía y hacemos un duro camino hacia el Puig atravesando el Goleró y el Coll de Sacarest para, en casi 20 horas, cruzar la meta yo de la mano de Vera y Elías de su orgulloso vástago.

Allí nos encontramos a Ángel y David más felices que nunca por haber conseguido recorrer una carrera juntos después de tanto tiempo (Enhorbuena!); a Ruth como perfecta valedora y esta sí media naranja de Elías y a (casi) toda mi familia esperando ver mi cara llena de tanto barro como felicidad.

Mención especial a Enri por el carrerón que le situó en tercera posición de su categoría. Cuando te dé por superar la distancia de la maratón ¡nos vas a jubilar a todos!

Mucha lluvia, otros tantos kilómetros y más barro nos hace darnos cuenta de la suerte que tenemos. Agradecimientos, a la familia, a los firmantes de la pinza y a los apoyos recibidos en la carrera y en general, en la vida. Y bueno, principalmente a Elías por la compañía ofrecida y, como siempre a mi padre, fiel escudero de este vil trotador en busca de aventuras. ¡Otros 100 km para las patas!

Dedicación especial al pequeño Nicolás I por su reciente incorporación a los García Pa Rato, prometo guiarte en el camino de la montaña.

102 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Elías Veterano 19:50:37 52 23
Borja Sen – M 19:50:44 53 25
Jesús S. Veterano 25:17:41 128 65
Gosa Veterano 25:17:58 129 66

 

65 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
David Veterano 12:58:51 150 62
Ángel Veterano 12:58:54 151 63

 

42 km

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Enri Sen – F 6:35:50 88 3

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