Susanne y su esposo, Peter Gilford, componían un matrimonio acaudalado de la clase alta londinense. Sin las obligaciones de hijos que criar y educar, ni de negocios que atender que requirieran su atención diaria, los Gilford dedicaban casi todo su tiempo a cultivar las amistades y a participar de cualquier evento adecuado a su estatus.
Su intensa vida social les proporcionaba una envidiable red de relaciones, que les permitía alternar, con frecuencia, con la aristocracia de la época. No había acto social de cierta relevancia en que no figuraran entre los invitados. Ya se comentaba en estos ambientes que el Sr. Gilford podría ser nombrado Lord próximamente.
Ni en el ámbito familiar, ni en el social, ni tan siquiera entre la propia servidumbre de su mansión de Strafford Park, se comentó nunca la menor desavenencia entre los Gilford. Únicamente cuando, varios años atrás, dejaron de compartir la alcoba, se pudo dar pie a rumores de problemas en la convivencia, pero la justificación en los desvelos nocturnos de ella los evitaron.
En la alargada mesa del salón principal, sentados distantes uno frente al otro, la doncella les servía el almuerzo. El mayordomo, discretamente situado junto a la puerta, supervisaba el servicio. El Sr. Gilford se dirigió a su esposa:
- Cariño, ¿qué harás esta tarde?.
- ¡Oh, Peter!. Sabes que todos los jueves tengo la reunión de The White Heart Ladys. Estamos preparando la campaña de Navidad para ayudar a los niños huérfanos de Sheffield. ¿Y tú?, ¿irás al Polo Club?.
- Sí, estoy citado allí con Andrew Mc Gregor; tiene un proyecto de inversión en plantaciones de té en India y me lo va a explicar por si nos interesa participar.
Una leve mueca, casi imperceptible, que podría ser el inicio de una suave sonrisa, alteró ligeramente el rictus de los labios de Susanne. Desde hacía tres meses se veía con Andrew, cada jueves, en una hospedería discreta a la salida de Chelsea. Estaba segura de que el señor Mc Gregor no faltaría hoy al encuentro semanal, era un caballero.
De clamoroso éxito de A To Trapo se puede calificar su participación en la XXIII edición de la Media Maratón de Santa Pola, como certifican las cifras más relevantes:
- una treintena larga de corredores de nuestro Club.
- ninguna baja por herida de arma blanca, negra o de color.
- ningún desaparecido o extraviado durante la carrera.
Y es que la veteranía ya se va haciendo notar en pequeños detalles que al final marcan el éxito o el fracaso de nuestras actuaciones.
Empezó la mañana de este cuarto domingo de Enero, con la concentración en el Punto de Encuentro Oficial, a la hora no menos oficial del Club (7:45 h.). Reparto de dorsales, últimas instrucciones del Presidente y rumbo a Santa Pola.
En la Glorieta nuevo encuentro de todo el grupo para los tradicionales Saludos al Sol, dirigidos por el maestro de ceremonias habitual, y las fotos conmemorativas. A continuación nueva desbandada para equiparse para la carrera (algunos se vistieron incluso de corredores) y cita en el lugar de Salida.
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Día bonito para correr, con sol pero sin excesivo calor. Ambiente insuperable, típico de Santa Pola. Concentración de corredores en la Salida que podrían haber llevado a la confusión de pensar que se trataba de otra manifestación por los recortes, a no ser por dos detalles importantes: 1º No eran tantos (sólo 9.000), y 2ª Todos tenía cara de satisfacción y de pasarlo bien.
En la carrera utilizamos la táctica que tantos éxitos nos ha dado como club: distribución estratégica de nuestros corredores en distintas partes del pelotón para tener controlada toda la carrera de principio a fin. Mayor concentración en la parte trasera que es donde más incidencias suele haber. Como ya se ha reseñado conseguimos terminar todos sin que nadie se perdiera ni sufriera amputación alguna. (Ver clasificaciones más abajo).
Finalizada la carrera, nueva concentración en las instalaciones de Villa Rosa para dar cuenta de un merecido reconstituyente y conceder las distinciones anuales de A To Trapo. Componen el menú unas entraditas de cacahuetes, ensaladas, aceitunas partidas y cortezas, que se complementan con una excelente fideuá y un potente all i oli del que pueden dar fe nuestras respectivas parejas. Todo ello bien regado con las cervezas de barril y los reservas de Rioja. Culmina el menjar con las naranjas de la finca y los licores y dulces de Friburgo, obsequio de nuestros embajadores en Alemania, Birgit y Otmar.
En el capítulo de distinciones anuales otorgadas por el Jurado (Jesús Jurado Carmona), corresponde la primera a los anfitriones Vicente y Rosa por su hospitalidad con el grupo. La de corredor destacado del año va a manos de Antonio Castro y la de secciones se la lleva la de Triatlón recogiéndola en su representación Nacho García. El premio al corredor debutante corresponde al Gosa. También resulta distinguido Rafael Gomis con el premio especial del Jurado.
Con otra foto tradicional y conmemorativa, a los pies de la escalinata de acceso a Villa Rosa, se clausura la jornada dejando con esta crónica constancia para los anales (de año, no de ano).
El Ovejero no era sólo su apodo. También lo había sido de su padre y de su abuelo. Anselmo, como ellos, se dedicó desde niño al pastoreo. Y por eso conocía la montaña como su propia mano. No había quebrada, peñasco, collado, senda o ribazo que no hubiera pateado buscando algún cordero extraviado.
Se echó al monte al terminar la guerra, cuando temió en su persona las represalias que los del bando ganador estaban llevando a cabo en otras comarcas. No dudó en la elección del escondrijo. Aquella oquedad oculta y de difícil acceso resultaba idónea. Con su gastada Mauser, una lata de munición, una colchoneta de paja y pocos más utensilios, estableció en la cueva su nuevo hogar.
Anselmo se procuraba alimentación con trampas para liebres o pájaros y, de vez en cuando, también bajaba a los huertos de Benixell en busca de verduras, hortalizas o frutas. Los agricultores que percibían su presencia aparentaban ignorarla y continuaban con sus tareas; mientras tanto el Ovejero llenaba su zurrón con lo que podía. También se llevó alguna vez una botella de vino, una hogaza de pan o una ristra de chorizos, olvidadas bien junto al aljibe, bien a la sombra de una higuera.
Los labriegos nunca comentaron entre ellos nada sobre el del maquis. Ni siquiera cuando el Jefe Local, acompañado de un Guardia Civil, les visitó preguntando por Anselmo.
Una fría mañana de otoño el cuerpo inerte del Ovejero llegó a Benixell sobre la grupa de un mulo. Huellas de disparos se repartían por cara y pecho.
Desde ese día ningún agricultor volvió a dejar olvidada una botella de vino, una hogaza de pan o una ristra de chorizos.
Así es, que el correr no está reñido con el fútbol ni con “o jogo bonito” del Barça. Y sin haberse puesto previamente de acuerdo, Arturo y Felete se encontraron en el aeropuerto camino de Londres para presenciar la gran final, en vuelo fletado por las peñas barcelonistas de Alicante. Hay que decir, para que todo se sepa, que sin haber pasado previamente por la explotación de los “reventas”, que para eso están las Peñas Barcelonistas que consiguen las entradas a precio de taquilla.
Durante el vuelo estos datos destacables: 24 veces se cantó el “¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué?” inspirado en Mourinho y que no tiene más letra, 52 el himne del Barça, de ellas 15 empezando por el “Tot el Camp es un clam …”, y el resto comenzando a partir del “Blaugrana al vent, un crit valent …”, todo ello con el gracejo en la entonación que los de la Vega Baja le saben dar al catalán. Y hasta 18 veces se entonó el “I Barça, i Barça, i Barça, Barça, Barça” que tampoco tiene más letra y que dura lo que los pulmones aguantan.
En Londres concentración en Trafalgar Square de seguidores blaugranas que tomaron el monumento a Nelson (con sus cuatro leones incluídos), y que repitieron los cánticos ya citados hasta que el Almirante se hartó y se embarcó rumbo a la Polinesia y los leones salieron zumbando hacia la selva.
A las 16 h. al autobús y rumbo a Wembley. La crónica del partido no la vamos a hacer porque la gloria, la divinidad y la perfección no se pueden hacer entender con palabras. Que lo expliquen Ferguson y Mourinho que son los que dicen que saben.
A las 12 h de la noche, de vuelta a Gatwick para tomar el vuelo de regreso y llegar a Alicante a las 5:30 h. del domingo 29, justo 24 horas después de haber salido, con mucho cansancio, con la voz ronca, con los cánticos metidos en las trompas de Eustaquio, pero con la satisfacción de haber asistido a un espectáculo único, sólo comparable a salir a correr un Domingo con los amigos de A To Trapo.
A la hora prevista estábamos en el Punt de Trobada. Una ligera llovizna nos acompañaba. ¡Esperemos que no vaya a más!. Reparto de dorsales y sobra uno. ¡Quién falta!. David López ha preferido, en esta tarde desapacible, las pantuflas a las zapatillas de correr, la calefacción de casa a la inclemencia de la calle, el partido de Nadal a los 21,097 km de Benidorm.
Otro corredor, Pepe Gil, le da una oportunidad al clima y parte con toda la comitiva de A To Trapo hacia la capital de la Costa Blanca. Cuando llegamos, el clima no ha aprovechado su oportunidad de cambio, es más, la llovizna de Sant Joan se ha transformado en lámina persistente de lluvia que no apunta a menguar, así que Pepe decide el confort del coche escuchando el “carrusel”.
Los minutos previos al inicio de la carrera un mar de dudas nos corroe: “¿Y si nos volvemos a Sant Joan?”, “David sí que sabe”,”¿Por qué no suspenderán la prueba?, así no se puede correr”, …. Lo cierto es que, casi sin darnos cuenta, ya estamos en el punto de Salida y una mascletá sustituye al disparo que nos pone en movimiento.
Apenas 100 mts. y ya sentimos que un charco -chof, chof- inunda las zapatillas. Las plantas de los pies sienten el frescor del líquido elemento (pensamiento positivo: el sudor hará que se vaya evaporando); a los 500 mts. ya estamos convencidos de que el ritmo de evaporación no va a poder dar abasto con la frecuencia del flujo (nuevo pensamiento positivo: la lámina de agua entre la planta del pie y la plantilla favorece la amortiguación).
Nos cruzamos con la cabeza de carrera. Dato curioso, los 200 primeros todos llevan camiseta de tirantes y pantalón corto. Es lógico, son los que menos tiempo van a estar expuestos a la inclemencia ambiental. Después ya se empiezan a ver los gorros, los guantes, los chubasqueros, los chandalls, las mallas. Cada cual va a lo que va.
El público, numeroso por el centro de la ciudad, anima pero no aplaude. Una de las manos fuertemente agarrada al paraguas lo impide.
La lluvia no da descanso y en los últimos kilómetros arrecia con intensidad (otro pensamiento positivo: ahora no me echas de aquí ni con el diluvio universal segunda parte).
Pasamos meta, la manta térmica, el plátano, la Coca Cola y corriendo al coche a cambiarnos la ropa totalmente empapada (¿para qué servirán los chubasqueros?).
Durante y después de la carrera no hemos podido dejar de pensar en los que al día siguiente correrán la Marathon. Si las condiciones se repiten y con una escasísima participación, el sufrimiento puede ser fatal. En el momento de escribir esta crónica (domingo, 10:30 h.), los maratonianos ya deben estar en marcha, el sol luce espléndido, cuesta localizar alguna nube amenazante en el cielo, y el ambiente ha quedado limpio y sano. ¡Si lo hubiéramos sabido nos apuntamos a la Marathon!.
Media maratón de Orihuela. Y esta será la armada invencible que nos representará en ORIHUELA, Orihuelica del Señor y del Tambor!: David, José Antonio, José Ginés, Juan Enrique y Garri, 5 trotadores punteros.
Ya estamos admitidos para el UTMB. El 31 de Agosto estaremos en Chamonix para tomar la salida del Ultratrail del MontBlanc. 166 km y 9.500 m de desnivel positivo esperan al equipo Ñ: Jesús, Juanjo, Juanma, Edu y Jorge.
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