Curiosa coincidencia

Ayer tarde, en una de mis cada vez menos frecuentes aunque persistentes visitas al barrio de Alicante, me senté con dos amigos en la puerta de un bar junto a las escaleras de subida. Aunque lo de amigos es un concepto tan vasto, por los grados y matices que abarca, alguien podría decir que su uso en este caso no es el más apropiado. Me explico. No se trata de dos compañeros de toda la vida conocidos durante los estudios o en el trabajo a lo largo de los 40 años de vida laboral ni por otro tipo de relaciones intelectuales o políticas. Mi contacto con ellos ha estado siempre delimitado geográficamente a una zona muy determinada de la ciudad. Concretamente al barrio de Santa Cruz, ese entorno entre la Rambla y el Castillo, donde desde los años 70 se concentraba una mezcla de gentes, en su mayoría jóvenes, desde la llamada progresía, que englobaba a los insumisos de la política, los opositores al régimen, los drogatas, los lumpen, toda esa amalgama igualada en su forma de vestir, indumentaria descuidada, vaqueros, camisetas, pañuelos al cuello, melena, hasta los nacidos allí que poco o nada tenían que ver con los visitantes. El barrio llegó a ser, a pesar de algunas redadas notables de la policía en persecución de camellos, un desierto donde ellos se movían como Pedro por su casa. Y nosotros, sedientos de paraísos artificiales, buscábamos el elixir de los sueños en los humos que nos envolvían mientras apurábamos las copas del cubata o el tequila en los muchos oasis que frecuentábamos. Allí los conocí. A uno detrás de la barra donde nos apoyábamos hasta altas horas mientras conversábamos de todos los temas del momento, desde las tías hasta la política, entonces no sé, ahora sí, en cuál de los dos más interesados. A otro lo conocí delante de la barra por los trapicheos propios del momento, eso sí, bastante limpios porque nunca llegaron al de aquel otro que en una ocasión, por fortuna nunca más repetida, antes de proporcionarme la mercancía se aproximó a la barra, se aisló a nuestro lado en una mueca que le enrojeció la cara, se metió la mano por la entrepierna y me pasó la bellota envuelta en un plástico que inevitablemente me llevé a la nariz y me hizo entender entonces por qué también llamaban mierda al chocolate o hachís.

Así conocí a estas personas hace ya tantos años que lo de menos es el origen de su conocimiento y lo de más que mantenemos el contacto tantos años ya que ha ido, con el tiempo y el trato, creciendo la confianza hasta el punto que puedo decir que confío tanto en ellos como ellos lo hacen en mí. Para ellos siempre he sido y soy el profesor. ¡Y cuánto echan de menos y lamentan la ausencia ya varios años de mi amigo inseparable de correrías, Paco, para ellos, el maestro! Mientras nos tomamos unas cervezas y gin- tonic delante del bar Mermelada, me preguntan, conocedores de mi afición, si sigo caminando por la playa y bañándome incluso en invierno. Esta misma mañana, les digo, después de llevar muy temprano a mi hijo al aeropuerto, de viaje a Bruselas, he aprovechado para ir a la playa, caminar por la arena y bañarme.. Pero ¿no vivía en Bruselas? Y les cuento. No, ya vive aquí, en mi antigua casa, aunque va a menudo. Esta misma noche regresa a Madrid porque mañana se desplaza a La Granja en Segovia, donde los de Elcano tienen un encuentro con el Rey. Y si vive en tu casa, tú ¿dónde vives? Yo vivo en mi nueva casa que es un antiguo café o pub de jazz, el Bennett. ¡Chico, no me digas! Y entonces Paco, en aquella época portero de disco-pub y conocedor del ambiente, empieza a contarme. A ese local fue en más de una ocasión el Rey cuando estuvo en la Academia General del Aire en San Javier y venía con amigos los fines de semana por la playa de San Juan y después recalaban en San Juan pueblo, donde estabael único bar de jazz de la zona. Me sorprendió aunque no tanto. Han sido tantas las gentes, yo entre ellas, que, llenas de sueños, pasaron noches y madrugadas entre estas paredes que aún ahora, muchos años ya cerrado, veo, a través de sus celosías que se mantienen como entonces, que pasan algunos lentamente buscando con miradas nostálgicas aquel gran letrero luminoso con el nombre del bar, ya desaparecido. Es más, quizá fuera ya premonitorio, en este mismo lugar, el Bennett, celebramos hace casi 20 años el medio siglo de mi compañera de andanzas. Esta misma mañana, al abrir la puerta de mi casa, me he tropezado, escoba en mano, con un barrendero, al que conocí en su anterior oficio como mecánico en la Citroen y, al enterarse de que vivía aquí, me ha repetido lo que ya tantos conocidos me han dicho: ¡Con las horas que hemos pasado aquí!

También se cuenta que otro rey, entonces príncipe, antepasado del actual y del mismo nombre, Felipe II, haciendo el Camino de Santiago de viaje a Inglaterra para casarse con María I, en el año 1554, pernoctó en una sólida casa de piedra, la casa de las Cuatro Esquinas, todavía en pie, situada en la calle Real, así llamada por su paso, en Rabanal del Camino, hito como se sabe, del Camino de Santiago. No sólo fue peregrino sino que dictó rigurosas normas para proteger a los peregrinos de los salteadores de caminos que, disfrazados como romeros, aprovechaban el camuflaje para asaltarlos, robarles sus enseres y, a veces, hasta la vida.

Se cuentan tantas cosas…..

San Juan, 20 de mayo de 2022.

José Luis Simón Cámara.

Serena furia

Ya sé que a veces nos desborda la furia por tantas cosas…

Porque a tu hijo lo han despedido del trabajo. Porque tu amigo, aquel sin el que no ibas a ninguna parte, ya te ha abandonado hace tiempo. Porque anoche la inquietud y el calor ayudados por los mosquitos no te han dejado descansar a pierna suelta. Porque los hijos de puta que andan sueltos por casi todas partes.

Porque el encargado de trasladar los muebles a otro sitio te ha llamado diciendo que no podía de ninguna manera cuando tú ya lo estabas esperando con la puerta abierta. Porque ese dolor intermitente de espalda, que por un tiempo te había olvidado, ha vuelto a la carga. Porque no sabes por qué te has levantado con el pie izquierdo. Porque el Gobierno de turno, siempre el gobierno, ¡menos mal!, al menos tenemos a quien echarle el muerto. Porque acabas de enterarte, aunque ya lo suponías y no te ha sorprendido tanto como podías imaginarte, de que efectivamente aquella sospechosa licencia de obras había sido resultado de unas comisiones. Porque las farmacéuticas, como por otra parte han hecho siempre, están interesadas en sus balances de beneficios y hacen caridad con los países del tercer mundo de medicamentos, eso sí, ya caducados. Porque muchos políticos, algunos ya en prisión, después de encabezar campañas de recogida de dinero para auxiliar a países destrozados por huracanes, se lo hayan embolsado en sus cuentas particulares. Porque aquel desvío del tráfico por la circunvalación en nombre del bien público haya sido para evitar los ruidos en la calle del alcalde.

Porque aquella licencia de ocupación de la vía pública a determinados bares haya sido para asegurarse los votos de sus dueños y familia.

Porque… ¡Hay tantos motivos para la furia!

Pero seamos eclécticos.

También los hay, si no para la dicha, para la felicidad, términos de cuya correspondencia con la realidad algunos dudan, sí al menos, tampoco para la resignación, eso faltaba, que el poco o mucho tiempo que vivimos tuviéramos que estar resignados, antes que eso, siempre, siempre, prefiero la rebeldía. No es que la prefiera, es que me rebelo ante la resignación. Ya ha pasado el tiempo de ser esclavos. ¿Ante quién? ¿Qué dios ni patria ni rey va a sojuzgarnos? Ya parece algo trasnochado aquel grito, pero por si acaso lo repito a los cuatro vientos: ¡Fuera las cadenas!, ¡Abajo las cadenas! Seamos o, mejor, sintámonos libres por una vez en la historia. También sé que desde Espartaco y seguramente desde mucho antes, quizá desde los sumerios o desde los egipcios, desde cuando se produjera el primer abuso, el rayo de la furia, de la rebeldía, de la justicia, prendió en el corazón de sus víctimas y de sus testigos hasta convertirse en un clamor irresistible que acabó en casi todos los intentos, en el fondo fracasados, de eliminar aquellas injusticias que los provocaron. También hay motivos, decía, si no para la dicha, sí al menos para la calma, para la serenidad. Para poder ir viviendo sin querer morir de vez en cuando.

¡Cómo no voy a recordar aquella historia de un longevo rey árabe que, haciendo recuento de sus momentos de felicidad después de gobernar en paz sus reinos durante más de 60 años, le sobraban los dedos de una mano para contar las horas que la había alcanzado!

La furia puede librarnos de más explotación, la calma hacernos más llevadera la existencia. Quizá una adecuada dosis de ambas pueda ayudarnos a vivir sin hincar la rodilla ante nadie y a sonreír de vez en cuando.

San Juan, 26 de agosto de 2020
José Luis Simón Cámara.

Historia de un Corredor Popular de A To Trapo.

Todo empezó con motivo de la Constitución española de 1978. En el mes de diciembre de ese gran año, se celebró la Primera Carrera Popular en Alicante. En esa época yo alternaba la práctica del tenis con las carreras, entrenando con los que entonces eran mis compañeros de trabajo.

Unos años después, en 1985 y con motivo de mi traslado a vivir en San Juan Pueblo, en la Urbanización “”El Troset”, conocí a un tal Jesús Jurado que tenía como vecino. Empezamos a salir a correr juntos. Diría que esas primeras salidas pueden considerarse los inicios de A To Trapo.

Uno de las primeras carreras en las que empezamos a correr juntos y en las que participamos durante unos cuantos años fueron los conocidos como “Cross del Pryca”. El 1er. Cross Popular Pryca San Juan se celebró el 27 octubre 1985. Todavía hoy Jesús sigue comprando en el Pryca.

En esas fechas era muy extraño ver correr a la gente por la calle, y de vez en cuando, nos cruzábamos con dos corredores vecinos. Se trataba de dos corredores del Club Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, Rafael Olivares y Vicente Soriano. Sorprendentemente, por entonces, a Jesús le costó bastante llegar a contactar con ellos. Pero, finalmente, al cabo de cierto tiempo el embrión de A To Trapo pasó a ser de cuatro miembros. Con esta unión, nace el Club de corredores de fondo de la Comarca del Alacantí. En el siguiente enlace Josele nos cuenta “Quienes Somos”.

Hacia el año 2000, el Club A to Trapo se constituyó con Jesús como Presidente y yo como Secretario-Tesorero. Llegó a tener unos estatutos que nunca se publicaron y una base de datos en el que registrábamos toda la información de los corredores, para así facilitar las inscripciones y la celebración de sus cumpleaños.

En estos enlaces, nuestro cronista oficial, resume la filosofía del grupo y de nuestros entrenamientos.

Tras estos inicios, y durante cuarenta años (1978-2018), he participado en Carreras Populares, Medias Maratones y Maratones, y en paralelo, no sé en qué momento, empecé las carreras de montaña. En cada carrera siempre me he marcado un objetivo, bien sea de marca, de terminar la carrera o de ganar a Jesús. Siempre sin mirar atrás.

A continuación, trataré de resumir los acontecimientos que han marcado mi carrera como corredor de fondo:

  • II Media Maratón Alicante 1982 (16 Marzo 1982) Mi primera media maratón, 21 Km.700 M, 499 corredores, salida y llegada del Club Atlético Montemar con dirección a la Cantera, Playa de San Juan hacia San Juan Pueblo, Monasterio de Santa Faz, Complejo Vistahermosa y meta en Padre Esplá.
  • Circuito 20Km Adidas Valencia: 1988 – 1992 Circuito a nivel nacional con distintas sedes, una de ellas en Valencia.
  • XI Maratón Internacional de Benidorm: 1993, mi primer maratón, con una marca de 3h:37’57”, este es el que al llegar al estadio vi a Jesús y esperé hasta los últimos metros para adelantarle, su marca 3h:38’12”. Seguro que coincidí con Rafa Olivares, único corredor que ha participado en las XXV ediciones.
    http://www.atotrapo.com/2007/11/25/xxv-maraton-y-medio-maraton-de-benidorm-25-noviembre-2007/
  • Media Maratón de Santa Pola: 1995 – 2016, primera carrera del año, cita obligada a la que no podía faltar.
    En 1996, en Santa Pola mi hijo David Gil celebró su primera Media Maratón.
  • 15ª Maratón Popular de Valencia: 1995, primera y única carrera “compensada”, con salidas por grupos, mi mejor marca 3H.31’09”.
  • Maratón Popular de Madrid: 1996, duro recorrido por las calles de Madrid, mi marca 3:36’12”. En esta carrera, salí del hotel cojeando sin intención de correr, pero al llegar al punto de encuentro, y sentirme mejor, decidí participar, terminé la maratón.
  • Volta a la Foia de Castalla: 1996-20xx, carrera de 27 km, último domingo de octubre, durante muchos años para los corredores de A To Trapo, sirvió de excusa para una comida en familia, gazpachos en el Polideportivo.
    En 2013 coincidió con el nacimiento de mi primer nieto, Joel Gil. Las últimas carreras participé como senderista.

  • Maratón de Florencia: 1996, visita turística a Florencia en familia con Jesús, Juanma y Ñasco.
    Juanma a partir de esta fecha se inicia como corredor y se integra en el grupo A To Trapo. Ñasco se perdió en el primer Km.
  • 100 Kilómetros en 24 horas: 1998, organizada por ”Corricolari” en su primera edición, no era competitiva, se trataba de llegar a la meta antes de 24 horas.
  • Maratón Alpino Alpujarreño Mulhacén: 1998, mi primera gran etapa de montaña, salí de Trevélez a 1650 m. de altitud hasta coronar el pico Mulhacen a 3482 m y completar los 42 km. del maratón. Tiempo empleado 7h:02’06”.
  • Marató de Muntanya les Valls de la Marina Alta: 1999 – 2003, las 5 primeras ediciones, organizadas por el “Centre Espeológic de Gata”, el recorrido variaba cada año, en la quinta edición llegué el cuarto en la categoría de “Majors”. Especial Finalista dels 5 Maratons.
  • Media Maratón de Friburgo: 2009, fue un viaje extraordinario organizado por Martina y familia, la carrera era una buena excusa para hacer turismo.
  • Media Maratón Villa de Puente Genil: 2010 – 2015. Con motivo de la Media Maratón tuvimos la ocasión de visitar la Villa Romana de Puente Genil y conocer las hazañas de Jesús en su Juventud de la mano de sus compañeros de correrías, Diego y Francis. Para una descripción detallada del viaje tenemos el siguiente enlace:
    http://www.atotrapo.com/2010/02/02/xx-media-maraton-villa-de-puente-genil-cordoba-31-enero-2010/
  • Media Maratón de Edimburgo: 2018, mi última media maratón hasta la fecha.

Después de recuperarme de la fractura de tobillo que me produje en Gata en una carrera como senderista, me propuse salir tranquilo y tratar de ir en grupo, solo tardé 500 metros en perderme del grupo y hacer toda la carrera en solitario, acabé con una hernia inguinal.

Paris 2011, acordé con Martina que ella haría su primera maratón y yo la última, Martina la terminó, yo no pude participar, mi dorsal lo lució Saula. Tengo pendiente mi última maratón, todavía hay tiempo.

El correr para mí ha sido como un Master que ha durado cuarenta años, me ha producido bienestar personal, fortalecimiento del carácter, planteamiento de objetivos, superación personal, y como no, “amigos” todos los domingos en el punto de encuentro.

Os recomiendo este video: “Hablando de correr. La Psicología del corredor”
https://www.youtube.com/watch?v=kFAUGBqUavU

Mutxamel a 3 de agosto de 2020
Pepe Gil

P.D. Resumen de las carreras, todas fueron importantes:

Maratones: Valencia, Madrid, Benidorm, Florencia, Toral de los Vados.

Medias Maratones: Alicante, Benidorm, Santa Pola, San Juan, Aspe, Pinoso, Torrevieja, Orihuela, Valencia, Albacete, Elche, Murcia, Cieza, Almansa, Petrer, Monforte del Cid, Lorca, Elda, Friburgo , Edimburgo, Villa de Puente Genil, ….

Carreras Populares: Volta a la Foia de Castalla, 100 Km. En 24 Horas Corricolari, 20 Km. Adidas Valencia, Subida al Santuario Sta. Maria Magdalena, Cross de Albatera – Subida al Cabezo Negro, Cross del Amanecer, San Silvestre Crevillentina, Pujada a la Font Roja, Subida Refugio Ibi, la Font de la Figuera, Carrera Hondon-Aspe, Circuito Carreras Populares de la Marina Alta, ….

Carreras de Montaña: Marató Marina Alta, Maratón Alpino Alpujarreño-Mulhacen, Alfondeguilla, Copa Carreras de montaña C.V., Marcha Aragón Sur, Al-Mudayna, Pujada Montcabrer, Sierra del Coto, Sierra del Frare, Serra d’Oltá, Costa Blanca Trail, El Cami dels Bandolers, Carrera per Muntanya Tavernes de la Valldigna, Carrera de motaña de Castalla, Trail Aigues, …..

Desde el más allá. 5.

V

TABLILLA IV

“Al cabo de 20 dobles leguas, comieron un poco, al cabo de otras 30 dobles leguas se prepararon para la noche; así, en un día hicieron 50 dobles leguas. Todo este camino se había hecho a paso de gigante; lo que realmente eran. Recorrido habitual de un mes y medio para un humano, unos 540 kilómetros. Al tercer día alcanzaron la montaña. Gilgamesh subió a la cima y dijo: Montaña, envíame un sueño con un mensaje favorable. Enkidu preparó entonces el ritual, le hizo acostar en un círculo mágico y Gilgamesh, acurrucado, apoyaba el mentón sobre sus rodillas y el sueño que se derrama sobre los humanos cayó sobre él. A media noche se despertó bruscamente, se levantó y dijo a su amigo: Te voy a contar, amigo mío, el sueño que he tenido: avanzábamos por los barrancos de la montaña, cuando la montaña se desplomó encima de nosotros, pero pudimos huir como moscas de cañaveral. El que nació en la estepa le explicó el sueño. Amigo mío, tu sueño es favorable. Es un sueño excelente. La montaña que tú has visto es Khumbaba y quiere decir que lo cogeremos y lo mataremos.

Y así tuvo varios sueños. Con un búfalo, después en otro los cielos bramaban, la tierra retumbaba. Finalmente Gilgamesh dijo a Enkidu. Éste es un lugar lleno de cosas misteriosas, es un terreno resbaladizo. Uno solo no puede caminar, pero dos sí que pueden. Una cuerda de tres hilos es difícil de romper. Hemos franqueado todos los obstáculos. El final de nuestro viaje está ante nosotros; no retrocederemos antes de cortar los cedros. Amigo mío, ¿por qué vamos a rendirnos como unos cobardes? Tú, experto en combates, diestro en batallas, puesto que te has frotado con hierbas, no debes temer a la muerte. Amigo, cógeme la mano, marchemos juntos. Ambos llegaron a la linde de la verde montaña. Se quedaron allí, mudos e inmóviles.”

¿Quién me puede reprochar que me sirva de los sueños para recrear el presente, para reinventar el pasado, para enriquecer el futuro si ya en tiempos tan remotos y con menos licencias poéticas, apenas descubiertas, se atrevían, y con qué fortuna, a hacerlo? ¿Quién podría censurarle a Calderón “La vida es sueño”? Cómo me gustaría seguir creyendo que es por culpa del confinamiento por lo que seguimos sin poder vernos un tiempo más que, desgraciadamente, se va a prolongar ¿hasta cuándo?. Demasiado ya en cualquier caso. Con razón se ha recurrido a los sueños desde el principio de los tiempos, cuando los hombres querían conocer el destino o querían cambiarlo. Sobre todo cambiarlo porque era adverso y en el sueño tenemos la capacidad para, por encima del tiempo, volver a encontrarnos con personas amadas que la realidad nos ha arrebatado. ¿Quién nos va a impedir soñar con personas, lugares o situaciones queridas? ¿Quién puede controlar los sueños? El que está preso en la más negra mazmorra sueña con alas que lo elevan sobre las más altas murallas.

Me convertiré en pastor de sueños para cuidar el rebaño y guiarlo donde estén los mejores pastos y crezcan tan lustrosos que puedan rivalizar con la realidad, con esta realidad, a veces, tan triste.

Paso estos escritos a algunos de los que también disfrutaron de su amistad. Y mirad lo que uno de sus más próximos me envía:

“Aparte de mis dos Lillian y Concha Seco, que pasó un rato por casa para ver a Lillian, eres la primera persona con la que hablo, es un decir, de nuestra amiga Mercedes, cuya muerte me ha dejado descentrado, conmovido, desmadejado. A veces todavía pienso en ella como si nada hubiese sucedido y se me ocurre llamarla por si podemos vernos, aunque sea un momento, en el Blanco y Negro. Evito ir allí porque sin ella ya no tiene el mismo atractivo. Ya lo había perdido en los últimos tiempos de su enfermedad. Y siento que el confinamiento del virus nos robara las pocas veces que hubiéramos podido estar con ella en esos últimos meses. Cuánto añoro aquellas charlas con ella que siempre duraban menos de lo que yo hubiera querido. Su inquietud casi permanente le impedía estar quieta mucho tiempo y las solíamos terminar con un paseo por las cercanías. Y me duele su ausencia como pocas cosas me han dolido. Dios quiera que este dolor de ahora se convierta con el tiempo en el recuerdo nostálgico, pero dulce e incluso alegre, que una mujer tan hermosa como Mercedes merece. Haber coincidido con ella en la vida y haber disfrutado de su amistad ha sido una de las mejores cosas que le agradezco a la vida. Que tú hayas sido parte de esa coincidencia y de esa amistad también me hace sentir muy afortunado. Un abrazo de tu siempre amigo, Pepe.”

¿Para qué hablar de la ternura que muestran estas palabras de un amigo, cuando estamos quizá delante del primer poema de la historia donde sobre todo se hace un canto a la amistad?

Hay una frase en este escrito “Cuánto añoro aquellas charlas con ella que siempre duraban menos de lo que yo hubiera querido. Su inquietud casi permanente le impedía estar quieta mucho tiempo..” que me recuerda la que Ninsún le dirige a la diosa Shamash: “Por qué, habiéndome dado a Gilgamesh por hijo, lo dotaste de un corazón sin reposo?”

En las primeras líneas de esta historia que vuelvo a contar, ahora a petición y en recuerdo de nuestra amiga, hacía referencia a unas palabras suyas escuchadas a esas horas de la madrugada en que aún se confunden el sueño y la vigilia. Digo que vuelvo a contar porque hace ya tiempo que no es la primera vez. Después de haber quedado impresionado la primera vez que me llegó a las manos a través de mi compañera de alegrías y tristezas y de su grupo de trabajo en el Instituto de El Campello, la di a conocer a los alumnos del Instituto de San Juan y disfrutaba viendo cómo seguían mi relato con los ojos enfebrecidos. La he contado después en largas caminatas y carreras a compañeros, en muchos casos ajenos al mundo de la literatura, pero que también se han quedado enganchados. Los más recalcitrantes han sido unos compañeros de comidas, a los que aún no he conseguido contarla de viva voz. Pero estoy seguro de que ahora, y aunque solo sea por el cariñoso y triste recuerdo, la leerán, saborearán y disfrutarán como jamás lo habían hecho, lamentando, ahora sí, no haberla conocido antes completa.

San Juan, julio de 2020.
José Luis Simón Cámara.

Historias del Camino (2019)

Antes del viaje.
Preámbulo a las historias del camino.

El camino aún no ha comenzado y por tanto nada de lo que pueda decir a propósito de él ha tenido lugar. Cuando hablo del camino me refiero a cualquiera, no al que solo lleva a determinado sitio o lugar, santificado o mitificado por la historia, la religión o la cultura, sea Santiago, la Meca o Ítaca. Lo importante, lo significativo es la disposición del ánimo, el desprendimiento del hábito, la modificación de costumbres, el desasimiento de ataduras, físicas o mentales que la proximidad de un viaje, en este caso a pie, tan poco habitual de la época que vivimos, cuando en otras era casi el único posible, desencadena en nuestra vida, inevitablemente rutinaria.

La mayoría de circunstancias que van a rodear ese viaje son previsibles en gran medida: los horarios de levantarse, de caminar, parar a desayunar, descansar, sentarse a la vera del camino bajo un árbol si lo hay en esta paramera entre Burgos y León, conversar con otros caminantes, llegar a los puntos fijados previamente, la búsqueda del refugio o albergue, elegir el lugar para comer, si es que hay posibilidad porque a veces no hay más que uno, lavar la ropa sudada, una buena siesta y por la tarde paseo, visita a esas joyas de la antigüedad, sea mudéjar, románica o gótica, que encontramos a lo largo de nuestra viejísima ruta, volver a conversar con algún nativo o viajeros como nosotros,…todo eso, que no es poco, es lo previsible, pero ya solo eso, ¡qué distinto resulta de las rutinas diarias!, ¡cómo explaya y esponja el ánimo encontrarse en otros lugares, con otros paisajes, con otras gentes!

Hasta tal punto esto es así que sólo la proximidad del viaje tiene el poder de desatar la imaginación que, en ocasiones, se desborda como el cauce seco de un barranco cuando la tormenta descarga sobre él aguas torrenciales.

Como tales hay que leer estas historias del camino que pasan por mi imaginación antes aún de que haya comenzado a preparar los arreos del viaje, calzado, ropas, linterna y navaja para cortar la vara de avellano que me ayudará a saltar riachuelos y ahuyentar los lobos que se interpongan en mi camino o el de mis amigos, sin los cuales nunca lo he hecho ni creo que lo haga porque, solo, podría convertirse en un desplazamiento de mi soledad a otros territorios.

Atapuerca.

El año pasado, 2018, algunas dificultades logísticas, como la rotura del calzado y la premura de tiempo, nos impidieron completar el proyecto inicial del viaje que iba desde Logroño a Burgos. En Villafranca hubimos de interrumpirlo y no pudimos subir a los Montes de Oca ni pernoctar en el aislado monasterio románico de san Juan de Ortega, uno de los principales constructores de puentes y calzadas junto con santo Domingo, para facilitar el viaje de los peregrinos a Santiago. Tampoco pudimos ilustrarnos en Atapuerca, donde se encontraron por azar los yacimientos humanos que parecen albergar a los primeros europeos.

Puestos a imaginar ¡qué más nos da remontarnos al año 1221, fecha del comienzo de la construcción de santa María de Burgos por iniciativa de Fernando III el santo, que 1.000 o 5.000 años antes! O incluso un millón de años, fecha aproximada de los restos del “homo antecessor” en Atapuerca. Aún había bastante vegetación, no solo en los Montes de Oca sino también más abajo en la llanura. En realidad la vegetación era una mancha verde tan espesa que, como muchísimos años más tarde decía el historiador romano, un mono podía viajar sin pisar tierra desde los Pirineos hasta el Peñón de Gibraltar.

Un espectáculo que me fascinó en uno de mis viajes por estas tierras fue el de un ganado de ovejas sobre las que cabalgaban unos pájaros negros picoteándolas. Le pregunté al pastor qué hacían aquellos pájaros y por qué las ovejas parecían tranquilas a pesar de tener sobre sus lomos varios ejemplares. La explicación era sencilla. Los mirlos las desparasitaban. Ellos se alimentaban y libraban a las ovejas de sus desagradables inquilinos.

Mientras observaba a la banda de mirlos sobre el ganado vi bajar de los árboles una pareja de humanos desnuda. Rasgos bastante simiescos, la hembra con una cría agarrada a sus tetas bien dotadas y con los pies apoyados en sus nalgas prominentes, descendía por una frágil escalera formada por dos lianas y unos travesaños. El macho, era como un anticipo de hombre, lo hacía por una cuerda con la agilidad de un mono. Me miró huraño y emitió un gruñido como de aviso a la hembra que paralizó su descenso por si era una señal de peligro, supuse.

Pensé que lo mejor era no acercarme y seguí observando al ganado y los mirlos. El pastor había desaparecido, quizá detrás de un robusto tronco de los abundantes árboles. En cuanto a la pareja vi que se dirigieron no lejos hacia otras lianas que colgaban de los árboles próximos y levantaban la cabeza haciendo gestos hacia arriba. La cría, sin soltar la teta de sus manos, dirigía su mirada en mi dirección. En ningún momento escuché sonidos articulados, sólo gruñidos y unas especie de silbido. ¿Para qué preguntarles, pensé por un momento, por la catedral de Burgos o por el Cid Campeador? Si hubieran conseguido entenderme supongo que les hubiera provocado una carcajada, si es que ya eran capaces de reírse, conquista bastante tardía de los homínidos. No sé cómo se me pudo ocurrir semejante idea. Posiblemente aún no se habían formado las piedras y materiales que servirían para su construcción muchos siglos después. Ni aquel caballero, expulsado de su reino por Alfonso VI, sospechoso de instigar el asesinato de su hermano mayor Sancho, se había convertido en un mercenario al servicio del mejor postor, fuera moro o cristiano y faltaban miles de años para que exigiera venganza de los Infantes de Carrión. Por cierto, si las inclemencias del tiempo no lo impiden, en pocos días llegaremos a Carrión de los Condes, de donde procedían los cobardes y envidiosos, según cuenta el poema, yernos de Rodrigo Díaz de Vivar.

Aquella pareja peluda, huidiza, encorvada, parecía más bien parte de una manada, cruce de monos y gorilas, que homínidos antecesores del “homo sapiens” del que descendemos. Sus manos y brazos casi rozaban el suelo al caminar, quizá por su longitud y por el encorvamiento de su espalda. Sus formas groseras no despertaban ninguna sensación erótica a pesar de la desnudez. Los sentía más bien como animales. No parecían tener aún nada de racionales. Esa era, al menos, mi percepción. Nos fuimos alejando de aquel paraje y los mirlos seguían picoteando sobre las ovejas que se desplazaban pacientemente mordisqueando la abundante hierba.

Burgos.

Parece que no tenían otra cosa que hacer en aquellas épocas, o como si dios fuera uno más con el que todos los días se encontraban o como si fuera él el que se hacía unas casas realmente suntuosas para recibir a sus amigos y allí, machacarles el cerebro y sacarles la pasta que había invertido en la costosísima construcción de sus templos. Aunque no sé por qué, porque si tiene tantísimo poder… Encima tiene su gracia que aquellas pobres gentes que vivían en cuevas o en casas de barro y cañas se dejaran los ojos colaborando, de una u otra manera, en las larguísimas empresas de los templos que duraban años y años; porque, claro, se dice que si el rey Juan I o Sancho el fuerte o Alfonso el Bueno, mandaron construir y entregaron su fortuna para elevar templos en acción de gracias por las victorias sobre sus enemigos. Pero ¿de dónde sacaban ellos las riquezas destinadas a los templos? ¿Quiénes eran los artífices de sus victorias? Con contadas excepciones ellos recibían noticias de las batallas en sus palacios como más tarde Felipe II cuando recibió mientras oraba las nuevas del desastre de la Invencible.

Ahora es muy fácil que vaya Calatrava a Venecia a construir puentes inestables o que Norman Foster se desplace a Sidney, ¡pero entonces! Que vinieran desde otros países en aquella época lejanos a dejarse aquí media vida dirigiendo, si no colocando ellos mismos las piedras y encarándolas por el perfil más seguro o hermoso…

Porque Santa Águeda (la santa Gadea del Cid, “do juran los fijosdalgo…”.), santa María (la catedral), el Arco de santa María, Las Huelgas, La Cartuja,… en una ciudad que tendría en el siglo XIII poco más de 10.000 habitantes….

Primer día.

Entre la catedral de Santa María y santa Águeda, protegido por esas sólidas construcciones medievales levantadas en honor del inmisericorde dios de los cristianos parece que aún se estimula más la sensualidad por las rígidas e hipócritas normas eclesiásticas sobre el pecado carnal. Parece que se exacerba más aún el deseo en esos ambientes tan restrictivos. Siempre me acordaré en estas ocasiones de la semana santa en una pequeña ciudad episcopal rebosante de cenobios, monasterios y seminarios de distintas órdenes religiosas, Orihuela, allá por el sureste de la península, cuando justamente en las procesiones de recuerdo y enaltecimiento de la pasión de Cristo, celebrada en primavera, cuando estalla el azahar de naranjos y limoneros, cuando todo tipo de flores perfuman el ambiente, ahí justamente embriagado por esos perfumes y con la sensibilidad y el deseo a flor de piel, tuve la suerte de encontrarme con una morena de Tarrasa, bastante ajena al mundo que pasaba delante de nuestros ojos y más atenta a lo que pudieran tocar y sentir sus manos. Ni siquiera sabía su nombre, pero no como resultado del descuido o de mi natural despiste para los nombres. En este caso era todo resultado de una decisión muy pensada. No queríamos que quedara constancia de nuestro encuentro y para eso, para no dar ninguna muestra, ningún indicio, ni siquiera un nombre falso, como hizo el astuto Ulises al decir a los cíclopes que se llamaba Nadie.

No era la primera sorpresa que me deparaba precisamente un ambiente de dolor y arrepentimiento tan contrario al desbocamiento de pasiones. Porque se escuchan tantas tonterías sobre la edad antigua, la edad media, la edad de hierro, vamos, como si los instintos, impulsos y pasiones del ser humano hubieran cambiado a lo largo de la historia. Sí, sí, mucho rollo de infraestructura y de superestructura, muchos legajos de leyes y normas decretadas desde el poder político o religioso, pero el deseo, la avaricia, la lujuria, la envidia, siempre han estado y siguen estando ahí, a nuestro alrededor, dentro de nosotros mismos.

Pero me salgo del tema.

No era la primera vez en el largo camino que, sin pretenderlo, quizá por el cansancio, por otros recuerdos, me surgía alguna aventura. Quizá exagero con lo de aventuras fortuitas. La verdad es que, aunque no me lo confesara a mí mismo, y con la apariencia de casual, no buscaba más que la forma de propiciar algún encuentro. Ésa es la verdad. Lo demás es literatura y ganas de ocultar la realidad que ni yo mismo quería confesarme. Aunque en esta ocasión era verdad. No me engañaba a mí mismo. Es cierto que nunca me había pasado. El hecho es que en aquel enclave en el poco trecho de hay entre Santa María y Santa Águeda, tuvo lugar el encuentro. Y esta vez fui yo el sorprendido, fui yo el solicitado, fui yo el incrédulo. Alguien, que luego supe me venía siguiendo y observando, me cogió de la mano y, sin mediar palabra, como solo me ha ocurrido otra vez en las afueras de París hace ya muchos años, me condujo delicadamente hacia la derecha de la escalinata, he de decir que no opuse ninguna resistencia, y me dirigió hacia unos soportales en penumbra. Hasta entonces sólo la suavidad de su mano y sus gráciles andares me hicieron suponer que se trataba de una dama. Fue entonces, bajo los soportales, cuando retiró el embozo de la cara y sus facciones me dejaron deslumbrado.. ¡Cómo era posible tanta fortuna!, ¡Tanto tiempo buscando la belleza y era ella la que había dado conmigo! Soltó su mano de la mía pero ya no hacía falta otro vínculo que sus ojos. Su rostro, sus ojos, su mirada, eran una atadura mucho más fuerte que sus manos. No sabría decir el camino que seguimos. Mis ojos ya solo veían los suyos. Me daba igual la calle o la escalera o los charcos, abundantes por un chaparrón reciente en aquella zona. De su bolsa sacó una vieja llave y la puerta se abrió sin chirrido a pesar de su tamaño y el de la cerradura. El zaguán de la casa desembocaba en un patio con un pozo central y cuatro grandes macetones en las esquinas. Un pequeño claustro rodeaba el patio y allí, en un banco, mirando la luna grande entre las columnas, se llevó el dedo a los labios indicando silencio. Ni nombres ni procedencia, ni títulos ni apellidos. Tú y yo. Solos en la noche. Mañana nos olvidamos Tú sigues tu camino. Yo el mío. Esas son las condiciones. Nada que objetar por mi parte. Era tal mi sorpresa, era tal mi aturdimiento que aunque hubiera querido no podía articular palabra. Subimos a una dependencia y, rodeados de sutiles cortinas empezó un lento juego de caricias al ritmo de la caída de las suaves telas desgarradas por mi impaciencia y mi impericia, siempre me ocurre en estos casos aunque no sea la primera ni ¡quién sabe!, la última vez. La luna seguía de testigo desde el banco del claustro hasta los abiertos aposentos donde la noche, envidiosa, nos envolvió y aceleró sus relojes, incapaz de presenciar tanta felicidad.

Segundo día.

Los primeros rayos de sol me daban en la espalda mientras caminaba nuevamente hacia el oeste y por más que me decía a mí mismo, recordando la mansión, las facciones de su cara, que acababa de pasarme todo aquello, me quedaba la débil duda de que no hubiera sido más que un sueño, porque tengo entendido que esas cosas no pasan en la realidad y desde luego a mí nunca me habían pasado, bueno, hasta ahora, hasta anoche mismo, si es que, como creo, no ha sido, como dicen los amigos a los que se lo cuento, un sueño, resultado del deseo insatisfecho de un otrora joven soñador.

Devanándome entre las razones de que había pasado una noche maravillosa y las de que sólo había sido un sueño, también maravilloso, fui bebiéndome el camino sin darme cuenta del paisaje, de lo árido del sendero, de las conversaciones de mis compañeros. Ellos, extrañados, se preguntaban qué podía haberme pasado porque mi silencio era total cuando habitualmente les voy contando historias o preguntándoles el nombre de los pocos árboles, si distinguen a los pájaros por su canto…

Los 20 kilómetros hasta Hornillos del Camino se me pasaron volando, sin síntomas de cansancio a pesar de que ese recorrido y el duro sol de Castilla es mucho para el primer día, con los músculos aún entumecidos por el largo viaje en coche. Llegados allí y visitado (58 vecinos), antiguo Forniellos, lugar de pequeños hornos donde se cocían las tejas con que se construyeron hasta tres hospitales, hoy desaparecidos, destinados a peregrinos, leprosos y romeros. De aquellos antiguos restos castellanos hoy tenemos el albergue “Hornillos Meeting point”. La fiesta del gallo a finales de julio cuenta cómo los franceses en la guerra de independencia llegaron al pueblo y robaron todas las gallinas. Vista la iglesia de san Román y saludados el alcalde y casi la totalidad de sus 58 vecinos, con poco más que hacer que dejar pasar el tiempo por la calle Real, decidí volver sobre mis pasos y regresar a Burgos donde había vivido, o eso creía, una experiencia inolvidable. Afortunadamente a media tarde pasaba en aquella dirección un destartalado autobús, en el que también subió un anciano con una cesta donde llevaba una gallina, seguramente de las pocas que dejaron los franceses. Aunque el viaje en autobús apenas duró unos 15 minutos, (nos había costado 5 horas a pie), hubo tiempo para que me contara que iba a la ciudad donde vivía su hija a pasar unos días y se llevaba la gallina para hacer un buen caldo, su hija acababa de parir, y algún guiso porque a él no le gustaban esas comidas modernas que hace ahora la gente joven. Mi natural cortesía disimulaba bastante dignamente mi foco de atención que se centraba en lo que esperaba encontrar a mi llegada a la ciudad. Ni siquiera me preocupé, bastante lo lamentaría más tarde, de preguntar por la hora de regreso del autobús a Horniellos. Tal era mi obsesión por rehacer la ruta que me deparó aquel encuentro. No me resultó difícil llegar hasta la catedral por una sencilla indicación desde la parada del autobús y enseguida la tenía a la vista. Sus 88 metros de altura la hacen visible casi desde cualquier parte de la ciudad. Cuando llegué a la plaza, un manojo de nervios, hice un esfuerzo por tranquilizarme. No se podía soportar aquel estado de agitación. Me impuse un ritmo más sereno. Disfruta el momento, pensé. Observé minuciosamente las esbeltas torres, su innumerable crestería, como dejando pasar el tiempo para ver si se reproducía el milagro mientras disfrutaba de aquel otro milagro arquitectónico. Bastaba que un paseante me rozara al pasar a mi lado para que se dispararan los latidos de mi corazón. Anduve paseando por la plaza y me encaminé hacia las escalinatas que suben hasta santa Águeda. Era el mismo camino que había seguido el día anterior pero todo me parecía distinto. Y era evidente que la catedral no era otra que la del día anterior, y la escalinata, y santa Águeda y los soportales. Todo era igual pero nada era lo mismo. A medida que rehacía aquel camino se iba desvaneciendo la expectativa de volver a repetir la experiencia o, al menos, de llegar a la certeza de que aquello no había sido un sueño, de que aquello me había pasado de verdad. Iba apagándose la claridad diurna y comenzaba a oscurecer, ya perdida toda esperanza de encontrarme con aquella dama, cuando desde un ángulo más oscuro de los soportales escuché una voz que me dejó paralizado.

— Sabía que volverías. Y esas no eran las condiciones.

— Puedes reprocharme lo que quieras pero no podía evitar volver. Y no por reproducir los maravillosos momentos que pasamos juntos sino por comprobar que todo ocurrió y no había sido una invención o un sueño.

— Puedes estar seguro de que todo lo que crees ocurrió realmente. No te quepa la menor duda.

Se acercó hasta donde pudiera verla a la luz de la luna.

— Mira como muestra esta azulada marca de la succión de tus labios en mi pecho y luego en tu albergue comprueba las huellas de mis uñas en tu espalda.

Y, mientras se ocultaba nuevamente en la zona más oscura..

— Todo eso no ocurre en un sueño. Todo lo que pasó anoche es irrepetible. Mi experiencia me ha enseñado que hay situaciones en la vida que jamás pueden volver a repetirse y el intento de reproducirlas aboca al fracaso y la frustración. Regresa a tu camino y sintámonos felices de haber vivido una experiencia maravillosa.. Quizá no volvamos a vernos.

Ya era noche oscura. Yo, sumido en éxtasis, no sabía si volvía a estar soñando o todo esto me estaba ocurriendo de verdad. Mientras me tentaba el cuerpo y la cara para cerciorarme de la realidad del encuentro y cuando quise acercarme al punto desde donde salía la voz, vi una sombra esfumarse. Sólo pude seguirla unos metros por la estela del perfume que impregnaba los aposentos donde había pasado la noche con ella. Ya no volví a verla más.

(¿continuará?)

San Juan, 25 de agosto de 2019.
José Luis Simón Cámara.