Salidas a la escabrosa senda catalana.

A lo largo de mi vida política, desde antes de la democracia, a cuyo advenimiento contribuí humildemente en la medida de mis posibilidades, me he considerado un hombre de izquierdas, posicionamiento al que atribuía casi en exclusiva la defensa de los intereses de los más desfavorecidos de la fortuna frente a los opresores poderes económicos favorecidos por la dictadura y complacientes con ella.

El paso del tiempo, la observación de la realidad, la experiencia en suma, me ha ido enseñando que la racionalidad no es exclusiva de ninguna fuerza política. En cualquiera de ellas he observado y vivido posicionamientos que nada tenían que ver con esa racionalidad que todos reivindican. Más bien, justamente lo contrario: motivaciones y posicionamientos al servicio de intereses personales ajenos o contrarios a los que se decía defender al servicio del bien público.

Quiero decir con estos preámbulos que en esta época de mi vida y en absoluto desacuerdo con aquella frase atribuida a Churchil y Willy Brandt “Quien de joven no es comunista es que no tiene corazón. Quien de viejo es comunista es que no tiene cabeza”, me importa bien poco que se me asigne o sitúe en uno u otro bando y creo que lo más honesto, quizá lo único honesto, es seguir el rigor del raciocinio atendiendo a los criterios de siempre: el bien general y, dentro de él, el particular.

Y sé muy bien por la larga experiencia de la historia que todo aquel que introduce elementos críticos o se aparta de la línea marcada por los dirigentes del momento de cualquier partido político, es en cualquier bando tachado de disidente, revisionista o traidor.

Aunque disponemos de muchos ejemplos recientes de abandono, expulsión o transfuguismo quiero recordar como ejemplo destacado de esta realidad el agrio debate escenificado por Jean Paul Sartre y Albert Camus en la revista francesa “Los Tiempos Modernos”, dirigida por el primero, en los años 50.

Los partidos comunistas de la época, recién acabada la 2ª guerra mundial, defendían a ultranza a Stalin, uno de los bastiones en la guerra contra Hitler, en una época en que Stalin estaba emulando al alemán en la URSS. Camus denunció el genocidio de Stalin y la falta de libertad. Sartre decía que esa denuncia era aprovechada por las fuerzas capitalistas contra la clase obrera. Por otra parte, ya en la época de la guerra de independencia de Argelia, Sartre defendía el uso de la violencia en la consecución de los objetivos de clase (“Las manos sucias”). A Camus, nacido en Argelia, le reprochó su posicionamiento reflejado en aquella frase: “En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si la justicia es eso, elijo a mi madre”.

Más allá de que sus discrepancias políticas enfriaran sus relaciones de amistad, ¿fue justo contemplado desde la historia el ostracismo al que la denominada izquierda condenó a Camus que tuvo el atrevimiento de enfrentarse a sus antiguos camaradas reivindicando el derecho a decir no ante hechos inaceptables desde todo punto de vista?

El hombre no puede ser esclavo de nada. Ni de un partido, ni de una ideología, ni de una religión.

Solo la razón, libre de condicionamientos (si es que esto es posible) debe guiarlo.

Pero la manada no suele obedecer los designios de la razón sino los de la pasión. Y es muy difícil e ingrato enfrentarse a la manada desbocada. Siempre debe ser la ley el único y último criterio de convivencia, pero especialmente en tiempos convulsos, en tiempos difíciles. Entonces hay que extremar el respeto a la ley como única forma de no caer en la ley de la selva, en la ley del más fuerte. Porque entonces es el imperio de los matones. Y esos se creen los reyes del mambo. Esos se creen los dueños de lo que creen su terreno, de lo que creen su cortijo. Y allí no puede arrimarse nadie. Eso es lo que durante muchos años ha pasado en el país vasco. Con sangre por las calles. Y ahora sin sangre pero sigue pasando.

Eso es lo que también está pasando desde hace un tiempo en Cataluña, sin mucha sangre hasta el momento, aunque ya hay algunas gotas.

Porque ni el país vasco ni Cataluña ni cualquier otro terreno es de nadie en concreto y menos en exclusiva.

Como dice Benoit Pellistrandi, autor de “El laberinto catalán”, en su entrevista en El Periódico de Cataluña el lunes 22/04/2019:

“La deriva racista la veo como una consecuencia lógica de la genealogía del nacionalismo catalán. Empieza con un nacionalismo cultural (es catalán el que habla catalán, que es lo que dijo Herder con el alemán) y al final llegamos a una visión racista. Leer algunos textos de Quim Torra pone los pelos de punta porque menosprecia a los que no son catalanes. Hacer soñar con un discurso de liberación es populismo. Es simplificar los problemas, no enfrentarse a la realidad”.

Ya hemos visto, estamos viendo, los resultados de las transferencias de educación a las autonomías y más concretamente su administración por los partidos nacionalistas en el país vasco y Cataluña.

Ya hemos visto la orientación de los medios de comunicación públicos. Los han convertido en instrumentos de ideologización, de tergiversación o falseamiento de la historia, en elemento de rechazo al diferente, de distanciamiento de España a la que se ha presentado con la visión sesgada de la leyenda negra, elaborada falseando la realidad por los países históricamente envidiosos y rivales de España.

En la comunidad valenciana se ha dejado atrás afortunadamente el largo gobierno de un partido líder en corrupción. Ahora hemos sufrido otro gobierno, por el momento sin corruptelas conocidas, pero que, por la influencia de algunos de sus socios, va siguiendo los pasos de los nacionalistas catalanes que extienden hasta aquí su larga mano y que ya exigen la consejería de educación de forma innegociable.

Ya conocemos los resultados disolventes que sobre los ciudadanos, sobre todo en edad educativa, ha supuesto la política lingüística y educativa de los partido nacionalistas y cómo han dinamitado la convivencia en sus respectivos ámbitos de influencia.

Ese espectro tan halagüeño, ya instalado en país vasco y Cataluña, pretende extenderse a Galicia, comunidad valenciana y Baleares por el momento.

Si no se soluciona este problema España, que ha sobrevivido a mil conflictos, acabará siendo un país fallido que se deshará en reinos de Taifas y acabará empobreciendo y borrando del concierto internacional a sus ciudadanos, dueños entonces cada uno de su pequeño territorio, de su pequeña lengua, de sus pequeños o, eso sí, grandes privilegios dentro de su territorio.

Pero sus gobernantes estarán muy satisfechos por haberse convertido finalmente, ese era su proyecto, en cabeza de ratón y abandonar su humillante condición de cola de león.

Durante muchos años han abusado de la confianza del Estado de derecho y, como representantes de ese mismo Estado en su ámbito territorial, han traicionado su confianza diseñando y llevando a cabo un plan, aparentemente inocuo, cultural y lingüístico para ir distanciando de la historia común a los niños y jóvenes en las instituciones culturales, tanto desde la enseñanza primaria y secundaria como desde la universitaria, falseando o tergiversando la historia para conseguir, con una actitud victimista, alejar y aborrecer la historia común, poniendo como principal elemento de distanciamiento la lengua y la cultura, destacando los elementos diferenciadores frente a los comunes con el fin de romper lazos de unión y abrir simas que distancien cada vez más a una sociedad de otra introduciendo factores de disolución dentro de la propia sociedad catalana, civilmente dividida y enfrentada, una sociedad que hasta la irrupción primero del nacionalismo y después del independentismo había sido un modelo de convivencia, tolerancia, cosmopolitismo: valores todos ellos desaparecidos de la provinciana sociedad catalana actual, fracturada de forma irreversible por la polarización entre partidarios de la independencia y partidarios de la constitución votada por todos los españoles, incluidos los catalanes.

Polarización mucho más agresiva que la más relajada y tradicional lucha de clases clásica que ha pasado a un ultimísimo plano dada la virulencia y enconamiento entre independentistas y constitucionalistas. Han crispado más los enfrentamientos identitarios que los sociales. Si ya la clásica división de clases entre proletariado y burguesía se ha difuminado mucho en las sociedades actuales, el fenómeno identitario recorre transversalmente las clases sociales creando extraños compañeros de viaje entre antiguos enemigos de clase.

Es verdad que los posicionamientos ambiguos, pretendidamente buenistas, como los de Podemos con su propuesta de Referéndum, o los de algunos socialistas catalanes pidiendo ya el indulto para los políticos presos aún sin condenar, en lugar de ayudar complican todavía más el panorama porque lo que hace falta son propuestas claras, precisas y realistas.

De lo contrario no se va a solucionar nunca el problema. Como tampoco solucionará nada la reforma de la Constitución. ¿Para qué? Los independentistas no quieren la Constitución ni reformada. Ellos quieren “su” Constitución, de cuyas virtudes ya conocemos algunas perlas.

¿Diálogo? Claro que sí, pero de lo que se puede hablar. Y sin pistolas encima de la mesa.

Hay muchos que piensan que, revestidos de piel de cordero bajo el manto de ostentosas creencias religiosas, como ya hicieron muchos curas en el país vasco, acogiendo, ocultando y bendiciendo a los del tiro en la nuca, pueden ocultar sus intenciones lobunas. Es obligación de todo demócrata que antepone la libertad y la democracia desenmascararlos. Porque todos ellos son, aunque no quiera ponerme bíblico, “sepulcros blanqueados”.

Queda quizá la esperanza de que, desenmascarados estos descerebrados dirigentes que han llevado a muchos ciudadanos al callejón sin salida en el que nos encontramos, les vuelvan las espaldas ante su cada ve más clara actitud suicida y reaccionen favorablemente a las sensatas propuestas de diálogo y convivencia ofrecidas por fuerzas políticas integradoras que incorporan a ciudadanos de esa sociedad a las altas Instituciones del Estado, cada vez más descentralizado y presente a su vez de múltiples formas en todos sus territorios, incluidos aquellos más levantiscos guiados por imaginarias visiones de la historia, inventada por mentes calenturientas y corrosivas llenas de complejos de superioridad que, o bien rayan en el racismo o son llanamente racistas.

Puede ser que la solución a todos los desafíos presentes y futuros en los conflictos territoriales de una nación muy rica y variada en su composición venga, por un lado, de una mayor presencia de ciudadanos de esos territorios en las instituciones del Estado y, por otro, de una mayor presencia del Estado en esas comunidades.

Estado de la cuestión.

Veamos cuál es la posición actual de las distintas fuerzas políticas en el tablero nacional.

Algunos partidos políticos presentan como única solución la aplicación de la ley y la vuelta al artículo 155 de la Constitución.

Otros partidos presentan como posible solución una actitud más dialogante, siempre también dentro de la Constitución.

Estos últimos son acusados por los primeros de sucumbir a los planteamientos de los independentistas.

Por otra parte y para completar el tablero, los independentistas que no paran de invocar el diálogo para llegar a “su” solución, están rechazando de facto con sus posicionamientos, las ofertas de diálogo.

¿Hay alguna alternativa ante esta situación?

Quizá algunos movimientos ya iniciados presentan nuevas posibilidades.

1º Más presencia de representantes de esas comunidades en las instituciones del gobierno central.

2º Más presencia del gobierno central y de las instituciones del Estado en esas comunidades.

3º No se puede abdicar de la obligación de homogeneizar desde las instituciones educativas y culturales del Estado una información histórica contrastada y veraz, lo más objetiva posible y libre de prejuicios.

4º Hay además que hacer pedagogía de los superiores beneficios económicos, políticos, sociales y culturales de la pertenencia a una nación que por su historia, desarrollo, convivencia en libertad y peso específico tanto histórico como geográfico en el Nuevo Mundo está llamada a desempeñar un papel importante en el concierto europeo y mundial.

5º Cuanto más que las llamadas Comunidades históricas se han destacado a lo largo de la historia como una avanzadilla en la apertura de horizontes de España tanto hacia el Mediterráneo con la aportación de la Corona de Aragón no solo a la toma de Granada sino también en la aventura americana, como en el descubrimiento de nuevas vías de navegación con la inigualable hazaña de Juan Sebastián Elcano, o la masiva presencia de Galicia en Sudamérica hasta el punto de llamar a todos los españoles gallegos y finalmente ¡quién pondría en duda la contribución de Castilla, Extremadura y Andalucía en el descubrimiento y aventura de América!

Es, creo, precisamente esta proyección universalista la que conviene estimular y desarrollar ayudados por la inestimable herramienta de la lengua común que nos abre horizontes casi ilimitados.

San Juan, 22 de mayo de 2019.
José Luis Simón Cámara.

Abril, elecciones mil.

Casi en todas las épocas de la historia se ha dicho en alguna parte, me refiero especialmente al mundo occidental, que se viven tiempos convulsos.

No creo que haga falta recurrir para demostrarlo a la interminable y cruel lista de guerras y conflictos que en muchos casos nos han ayudado a ubicar a cantidad de países desconocidos hasta ese momento en el mapa de la Tierra.

Por limitarnos a nuestro pequeño mundo, ni siquiera a Europa sino a España, podemos decir a pesar de todo que desde el siglo XV estamos viviendo el más largo período de paz estos últimos 40 años.

Bueno, de paz relativa porque dentro de ese marco general de convivencia la aparición del nacionalismo ha creado monstruos que bajo distintas siglas han llevado la marginación social, la extorsión, la violencia y la muerte a nuestra sociedad.

Ya parecía que se había dormido la bestia nacionalista en el País Vasco y ha sido reemplazada por la catalana que se presentaba inofensiva comparada con la de las pistolas en la nuca, pero que genera tanto veneno que está emponzoñando a toda Cataluña, otrora ejemplo de universalidad y tolerancia.

En cuanto al País Vasco digo que parecía que se había dormido pero la vemos renacer en esas palabras de desprecio y odio: “nazis, fascistas, asquerosos”, vertidas por Julen Arzuaga hace unos días en el Parlamento Vasco, donde si sus palabras fueran balas hubieran fulminado a los representantes de la policía y guardia civil presentes en el Parlamento.

En Cataluña, afortunadamente no se ha llegado tan lejos como en el País Vasco por el momento, pero ya ha habido muchos episodios que recuerdan la tristemente famosa noche de los cristales rotos en la Alemania nazi.

Estamos en período electoral y es tal la confusión entre ofertas, promesas y mezclas políticas que intento con estas reflexiones tratar de orientarme para votar a unos u otros partidos atendiendo, claro está, no solo a lo que dicen sino también y principalmente a lo que hacen, porque todos sabemos que no es lo mismo predicar que dar trigo.

Ni siquiera podemos estar seguros, salvada esta incógnita, de los posibles pactos postelectorales que en muchos casos pueden resultar imprevisibles.

Mezclando todos estos factores podría darse la situación de que tu meditado voto fuera a dar apoyo a una fuerza política de la que te sientes muy lejano.

No en todos los momentos históricos son siempre los mismos temas los más importantes. Está bastante claro, por ejemplo, que durante la guerra civil española las luchas internas dentro del bando republicano contribuyeron a su derrota militar.

¿Era en aquellos años más importante invertir las energías en la búsqueda de la justicia social, es decir, en la distribución de la riqueza o en luchar contra el levantamiento militar? La experiencia lo dejó bien claro.

Ahora en España se ha vuelto a plantear con crudeza el problema territorial. El social es permanente. Y éste es el que ha diferenciado tradicionalmente a la izquierda de la derecha, aunque muchas veces y en los últimos años los perfiles diferenciadores se han difuminado tanto que esa denominación no tiene referentes objetivos sólidos ni claros.

Ahora el conflicto que se dirime está salpicado de elementos económicos que junto con otros lingüísticos y étnicos, todos ellos mezclados en una espiral de subvenciones y control de los medios de comunicación, crean una barrera social en la que a un lado están los beneficiarios de esa situación y a otro todos los demás, a los que se considera adversarios y traidores a la causa. Además, los que controlan los mecanismos de dominación social y mediática y avasallan al resto, se consideran oprimidos por el gobierno del Estado que, haciendo dejación de su obligación, permiten que en esa zona del territorio la mayoría de los ciudadanos vean pisoteados sus derechos y reducidas sus libertades.

Creo que en este momento lo más importante es salvaguardar la igualdad de todos los ciudadanos de cualquier parte del país y para ello hay que parar los pies a quienes encabezan la rebelión contra el Estado, único defensor de la igualdad de todos ante la ley, y a quienes están poniendo las bases en otros territorios para seguir los mismos pasos.

Los dos movimientos nacionalistas más virulentos han pasado de la justa reivindicación lingüística autóctona a convertirla en un elemento diferenciador y en un requisito que impide el libre ejercicio de los mismos derechos a todos los ciudadanos del Estado. (Cuando yo hice oposiciones para ser agregado de lengua y literatura españolas pude presentarme y elegir plaza en todo el territorio nacional. Ahora, 40 años después, es imposible presentarse a oposiciones y menos aún solicitar plaza en algunas partes del territorio español donde existe el requisito lingüístico. ¿Parece razonable que con el paso de los años se reduzcan los derechos en lugar de acrecentarlos?). Esta práctica se ha convertido además en un trampolín para erradicar, si pudieran, la lengua común, marginándola como elemento de unidad y convivencia.

No se trata de recentralizar ni tampoco de convertir las metrópolis de los distintos reinos de Taifas en cobijo y entramado de privilegios multiplicados por mil. Una sabia y prudente norma general estatal puede ser más clara y limpia que mil diferenciadas y sujetas a intereses tan particulares que no sabemos a quién benefician, si al legislador o al legislado.

Aún no sé, después de tantos años ya, tantos como tiene la democracia española, cuál va a ser la orientación de mi voto. Aunque conozco los cuatro puntos cardinales.

Pero no pienso darlo, desde luego, a aquel o aquellos partidos que antepongan los intereses de un territorio o grupo humano o sector social al de todos los ciudadanos, cualquiera que sea su origen, raza o condición, como dice nuestra Constitución, única capaz por el momento, de mantenernos como seres libres e iguales ante la ley.

Es bien posible que el voto, que hasta ahora ha sido normalmente unidireccional, es decir, al mismo partido en las distintas elecciones (municipales, autonómicas, generales y europeas), se diversifique y varíe dependiendo de las propuestas y los candidatos en las distintas citas electorales.

Nunca pensé verme en la tesitura presente. A este ritmo tendremos que hacer cursos acelerados de preparación electoral en las más prestigiosas universidades del mundo o bien regresar a la caverna de Platón para ver sobre los muros las sombras reflejadas de la realidad.

Volviendo al principio de la reflexión recuerdo aquellos conocidos versos de Bertold Brech

“A los que vendrán después”:

“Realmente vivo en tiempos sombríos.
La inocencia es locura. Una frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que ríe
es porque todavía no ha oído
la terrible noticia.
¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque implica silenciar tanta injusticia!…”
 

Y no es casualidad que sea otro escritor, también perseguido por el nacionalsocialismo, como Stéphan Zweig, el que en su testamento vital y literario “El mundo de ayer” decía:

“He visto las grandes ideologías de masas crecer y propagarse ante mis propios ojos: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que ha envenenado la flor de nuestra cultura europea”.

Lo más triste de citar a Zweig no es ya que escribiera el libro en 1941, no hace tanto tiempo, después de todo en la década en que nací, sino que muchos años después, hace solo 20 ó 25 años, haya tenido lugar la matanza de 800.000 personas en Ruanda (África) entre Hutus y Tutsis o la guerra de Los Balcanes que supuso la disolución de Yugoslavia y la formación de seis naciones con más de cuatro millones de desplazados, miles de violaciones y más de 200.000 muertos, todo esto entre 1991 y 2001, en la misma Europa de la primera y de la segunda guerra mundial. Los motivos de aquéllas y de éstas los de siempre:

Las etnias, las religiones, las lenguas, la riqueza, todos los ingredientes o variantes del nacionalismo al que alude Zweig.

La conclusión no puede ser más triste. Nunca aprendemos de la historia. El hombre es el único animal que tropieza no una sino muchas veces en la misma piedra. Habría que empezar a poner en duda que el hombre es un animal racional. A pesar de sentirme un optimista visceral no veo razón para mantener el optimismo racional.

San Juan, 9 de abril de 2019.
José Luis Simón Cámara.

A una vieja dama.

Eres como una vieja amiga herida.

Cuando tanta gente pone el grito en el cielo, cuando tanta gente se conmueve, no solo del pueblo llano sino también de los grandes de la tierra, de los poderosos, de los que deciden el destino de la mayoría, cuando todos se lamentan por la pérdida o amputación de algo que consideras muy tuyo, es como si se te quitara la gana de sentir tú también dolor, tú que la has considerado tan tuya que parece dejar de serlo al pertenecer a todos.

¡Cuántas veces he merodeado por tus alrededores, por la gran explanada desde la que se contempla tu impresionante fachada, las dos torres truncadas, tan perfectas, tan sólidas que parecen eternas, vistas a todas horas del día y de la noche porque más de una vez he dormido en uno de sus bancos a tu sombra!

¡Cuántas veces he dormitado a la hora de la siesta en los jardines de tu espalda!

¡Cuántas veces he paseado por los pasadizos bajos de la ribera izquierda contemplando tu imponente figura de la que, como una cabellera, cuelgan sobre los muros del río esos largos adornos vegetales!

¡Cuántas veces he quedado extasiado observando tu techumbre tachonada de la luz de los rosetones mientras escuchaba la música de tu órgano escondiéndose por las bóvedas asustadas!

¡Cuántas veces, después de escuchar música de jazz por los concurridos tugurios de la cercana calle Saint Jacques me he refugiado en tu silencio buscando soledad!

¡Cuántas, si no tantas alguna, he arrancado besos contra tus si pétreas y duras columnas, blandas como algodón a mis envites!

Eras como una gallina clueca con sus polluelos cuando Pinki y yo con el largo y viejo abrigo marrón de mi padre íbamos a tu alrededor pidiendo una limosna por el amor de dios para después comprar una botella de vino y bebérnosla a tu sombra o bajo algún puente junto al río en el que descalzos nos refrescábamos los pies.

Eras lo primero que enseñábamos a los amigos recién llegados a París, mucho antes que la torre Eiffel, o Montparnasse con sus jardines o Montmatre y el blanco Sagrado Corazón con sus plazas donde aún siguen los pintores o Pigalle, atractivo, con sus Moulins Rouges y todo el arco iris de colores que deambulaba por las calles “faisant le trottoir” o los buquinistas, esos vendedores de libros viejos y postales junto al río que cerraban con llave sus tiendas chepadas de madera.

Sí, siempre eras la primera en enseñarte a todo el que llegaba por primera vez.

Has sobrevivido tantos siglos al paso del tiempo: guerras, hambrunas, tormentas, inundaciones, abandono, ataques, amores, odios, acosos,… y ahora, una sola chispa ha prendido la hoguera que casi acaba con tu larga vida.

Has cobijado a tanta gente, a tantas generaciones, sin mirar miseria ni grandeza, te daba igual realeza que plebeyos, aristócratas o vagabundos. A estos últimos has protegido sobre todo. Los otros tenían sus palacios, sus salones. Tú eras el palacio de los menestrosos que buscaban la protección del frío, de la lluvia, del calor y también de la intolerancia, ¡ah! el viejo derecho de asilo que protegía a los perseguidos por la justicia.

Eras como una puta, en el más cariñoso sentido de esa infame palabra, porque a todos acogías sin pedir explicaciones, a todos dabas el calor de tu amor por unas pocas monedas y, a veces, sin un centavo, porque sí.

¿Cómo podría yo no sentir dolor por tus heridas?

¿Quién podría alegrarse por ninguna razón de tus heridas que no fuera un miserable?

Sólo quien no te conoce.

Sólo quien no te conoce.

San Juan, 17 de abril de 2019.
José Luis Simón Cámara.

“España en el corazón”[1]

En su ataque a España desde la época imperial se ha unido al mundo anglosajón y protestante el llamado eje bolivariano en los últimos años y ahora también el nuevo presidente mejicano. Hace ya muchísimos años, Fray Bartolomé de las Casas, contemporáneo de los desmanes, los denunció. Y más recientemente, también Pablo Neruda, a mediados del siglo XX, volvió sobre las sombras y las luces de aquella España y de ésta en su  “Canto General”.
Recordemos algunos de sus versos.

“Era el crepúsculo de la iguana.
Desde la arcoirisada crestería
su lengua como un dardo
se hundía en la verdura”
…………………………
Vienen por las islas.

“Los hijos de la arcilla vieron rota
su sonrisa, golpeada
su frágil estatura de venados,
y aún en la muerte no entendían.
Fueron amarrados y heridos,
fueron quemados y abrasados,
fueron mordidos y enterrados.
Y cuando el tiempo dio su vuelta de vals
bailando en las palmeras,
el salón verde estaba vacío.
 
Sólo quedaban huesos
rígidamente colocados
en forma de cruz, para mayor
gloria de Dios y de los hombres.”
……………………
Los poetas celestes

“Qué hicisteis vosotros gidistas,
intelectualistas, rilkistas,
misterizantes, falsos brujos
existenciales, amapolas
surrealistas encendidas
en una tumba, europeizados
cadáveres de la moda,
pálidas lombrices del queso
capitalista, qué hicisteis
ante el reinado de la angustia..?

No hicisteis nada sino la fuga:
vendisteis hacinado detritus,
buscasteis cabellos celestes,
plantas cobardes, uñas rotas,
“Belleza pura”, “sortilegio”,
obra de pobres asustados
para evadir los ojos, para
enmarañar las delicadas
pupilas, para subsistir
con el plato de restos sucios
que os arrojaron los señores,
sin ver la piedra en agonía,
sin defender, sin conquistar,
más ciegos que las coronas
del cementerio, cuando cae
la lluvia sobre las inmóviles
flores podridas de las tumbas.”
……………………………

Pero también son del mismo Neruda y del mismo “Canto General” estas otras palabras:

“El amor
El firme amor, España, me diste con tus dones.
Vino a mí la ternura que esperaba
y me acompaña la que lleva el beso
más profundo a mi boca.
No pudieron
apartarla de mí las tempestades
ni las distancias agregaron tierra
al espacio de amor que conquistamos.”
 
Y dice en su testamento:
 
“Dejo mis viejos libros, recogidos
en rincones del mundo, venerados
en su tipografía majestuosa,
a los nuevos poetas de América….
Que amen como yo amé mi Manrique, mi Góngora,
mi Garcilaso, mi Quevedo:
Fueron
Titánicos guardianes, armaduras de platino y nevada transparencia,
que me enseñaron el rigor… “

Todo esto también lo escribió Neruda, todo esto también lo llevó esa España a la que exigen perdón a aquellos pueblos.
¿Habrá que pedir perdón también por eso?

Dejemos de ser ridículos.

Dejen López Obrador y todos los interesados propaladores de la leyenda negra de verter tanto estiércol sobre nuestro pasado, incomparable con cualquier otra forma de colonización a lo largo de la historia.
Habría que empezar en cualquier caso un poco más atrás.
¿Tendrá que pedir Grecia perdón por las conquistas de Alejandro?
¿ Italia por el dominio de Roma sobre todos los pueblos mediterráneos?
¿Francia por las invasiones napoleónicas?
¡Qué decir de la Bélgica de Leopoldo en África!
¿Y de la Holanda de los Boers?
¿Y de Alemania ante su pasado prusiano y nazi?
Pero aún podríamos remontarnos más con los persas, asirios, babilonios que se machacaron sucesivamente amputándose y exterminándose unos a otros.
¿Qué decir de aquellos incas y aztecas precolombinos con sus sacrificios humanos?

¿Hemos de pedir perdón eternamente, indefinidamente, como exige el inmisericorde dios de la Biblia que responsabiliza del pecado de los padres a sus hijos y a toda su descendencia? Ahí tenemos  el llamado “pecado original” de Adán y Eva del que todos sus descendientes deban ser purificados por el bautismo.
Claro que sí. Todos somos culpables. Tenemos que arrodillarnos y pedir perdón por todos nuestros pecados y errores, por los de nuestros antepasados y por los de nuestros descendientes.
Todos estos complejos de culpa, perdón, arrepentimiento, me recuerdan aquella visión que tuvo Simone Weil, luchadora por la libertad y  huida de la Francia invadida por los nazis, cuando llegó a Portugal y en un pueblo costero presenció el paso de una procesión en Semana Santa y escuchó los tristes cánticos de arrepentimiento pidiendo perdón al creador. Fue en aquel momento cuando tuvo la sensación y la certeza de que la religión católica era una religión de esclavos.

“Historia, magistra vitae” (La historia, maestra de la vida), decían los romanos.
Aprendamos de la historia, pero no la utilicemos como arma arrojadiza contra quienes no tienen ninguna responsabilidad sobre el pasado para seguir hiriéndonos inútilmente.
Haría mucho mejor López Obrador ocupándose de alimentar y proteger a esos millones de indígenas mejicanos que en mayor número que ningún pueblo indígena de ninguna otra metrópoli ha sobrevivido al exterminio.
Véase si no el escaso número de pieles rojas que ha sobrevivido a las “tolerantes” colonizaciones anglosajonas y protestantes en la América del Norte.
Y levantemos de una vez la cabeza, asumiendo errores, pero tenemos bastantes con los nuestros. No hace falta que nadie nos recuerde los de nuestros antepasados. Y no los saque nadie a relucir para tapar sus vergüenzas, como estamos bastante acostumbrados últimamente en latitudes próximas y lejanas.

España hace ya tiempo que se ha sacudido los yugos. No necesitamos que nadie ni en Europa ni en ninguna otra parte del mundo nos dé certificados de civilización al país que antes que ningún otro creó ciudades, hospitales y universidades en todas las tierras a las que llegó.

San Juan, 29 de marzo de 2019.
José Luis Simón Cámara.

[1] Poemario de Pablo Neruda escrito el año 1937.

Retazos. 28. ¿Tanatos o Eros?

Chispazo.

Me avisan de la muerte de la mujer de un antiguo compañero de trabajo. Nunca había tenido mucho trato con él, menos aún con ella, pero siempre habíamos mantenido una relación cordial, discreta, respetuosa. Acudo solo al tanatorio para presentarle mis condolencias. Como tantas veces ya, una visita más al tanatorio. Pero no imaginaba, ni por asomo, el desenlace de aquella rutina. Poco después, sentado en uno de los amplios sofás distribuidos a lo largo del gran salón alargado frente a las salas mortuorias, la vi, me vio y no hicieron falta palabras, fue suficiente la mirada. Impulsado por un resorte primitivo me incorporé lenta y decididamente siguiendo sus pasos. Sin recatarnos lo más mínimo, sin pudor estúpido, precisamente allí, donde la muerte está más presente que en ningún otro lugar, dirigidos por una fuerza irresistible nos encaminamos hacia los servicios y, ya dentro, en el pequeño vestíbulo que da acceso a las puertas de señoras y caballeros, comenzamos a desplumarnos, me refiero a la expresión de Calixto en la Celestina cuando Melibea le recrimina que le meta mano tan bruscamente: ”el que quiere comerse el ave, quita primero las plumas”, y fuimos dejando sembrada la ropa por el suelo hasta llegar casi desnudos al primero de los aseos con que tropezamos, no estábamos para mirar el símbolo del sexo. Cualquiera nos servía en todo caso a uno de los dos o a los dos porque fue tal la fusión que no sé qué máquina o herramienta hubiera sido capaz de separar el acoplamiento. Ni la búsqueda del espacio más acogedor en el estrecho e incómodo recinto enfriaba la fiebre que nos consumía. Sobre la taza, contra la pared, en el suelo, los cambios de posición no menguaban el orgásmico encontronazo prolongándolo ya un tiempo que llegué a considerar excesivo para estos efluvios eróticos.

Acabado el arrobamiento nos miramos a los ojos, hasta entonces no podían verse de tan cerca, y con la incredulidad de quienes han tenido tanta intimidad sin haberse visto ni haber cruzado jamás una palabra, salimos de nuestro cobijo y fuimos recogiendo la ropa desparramada por el vestíbulo de los aseos y, sin cruzar una palabra, nos fuimos ayudando a ponernos la ropa arrugada y casi sin desabotonar, más bien arrancada a girones en el paroxismo de la excitación.

Y, ya sin mirarnos a la cara, salimos por la puerta común como dos desconocidos. Lo que realmente éramos. Todo había sido un paréntesis. ¿Quién me iba a decir que ese signo de puntuación pudiera llegar a ser tan intenso y agramatical?

La gente que pululaba por las distintas salas seguía sentada o moviéndose y los muertos seguían muertos y quietos en sus respectivos ataúdes. Volví a sentarme en el mismo sofá del que me había levantado un rato antes y vi llegar a otros compañeros que se acercaron a saludarlo. Él, hasta entonces bastante sereno, apenas pudo reprimir unas lágrimas al evocar los momentos aún recientes en que le leía una novela a su mujer, ya incapaz de hacerlo por sí misma, casi en el lecho de muerte. Con un apretón de manos y palabras de ánimo salí del lugar sin volver a verla.

San Juan, 6 de Enero de 2019.
José Luis Simón Cámara.