Rat race “The Wall” Carlisle-Newcastle (16-Junio-2018)

Desde hace tiempo venimos realizando una salida turístico-deportiva anual para participar en un algún reto propuesto y organizado por el amigo Julián.

Este año decidimos acudir a la mítica carrera de 69 millas “Rat race-The Wall”, que transcurre siguiendo el Muro de Adriano, situado al norte de Inglaterra, entre el golfo de Solway y la desembocadura del río Tyne. Al sur Inglaterra y al norte Escocia, 118 kilómetros de longitud con más de 300 torres, 17 castillos y 80 fortines, alcanzaba una altura de 3 a 4 metros y una anchura de 2 a 3 metros construido en el siglo II como fortificación fronteriza del Imperio romano.

Actualmente ya solo quedan tramos y vestigios de tan impresionante edificación al ser desmontada gran parte de ella piedra a piedra por las diversas generaciones que han habitado estas verdes tierras, utilizándolas para delimitar prados y edificar casas y granjas cercanas, hasta que en el año 1987 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La hazaña prevista a realizar en esta ocasión estaba destinada para un grupo formado por tres componentes hermanando así a dos equipos: “A To Trapo”, con Lisardo y Julián y al primo conquense de éste, un tipo excelente, José Miguel de “El trote Gorrinero” fusionándose en “Three in one running team” para esta ocasión, confeccionándose una equipación exclusiva para los tres, diseñada por Julián para tal evento, mostrando los logos de los dos equipos uno en cada manga de la camiseta, luciendo también nombre y eslogan, además de camiseta de paseo y sudadera.

El día 15 de junio y después de recoger  el dorsal y pasar el control del material obligatorio exigido por la organización, visitamos  la ciudad de Carlisle que al día siguiente muy temprano iba a vernos partir. Se respiraba ambiente de prólogo de una carrera importante, con corredores inquietos y expectantes por emprender un recorrido de 111 kilómetros de ida sin retorno, desde el Oeste hasta el Este en Newcastle UponTyne.

Con auténtica puntualidad inglesa, el día 16 se dio la salida desde el precioso castillo de Carlisle a las 6:00 am, en una desapacible mañana lluviosa que no por ello deslució el acto ni nos redujo el ánimo ni las ganas de emprender tan larga andadura que tanto tiempo atrás veníamos preparando. Demasiados kilómetros en nuestras piernas los últimos meses como para rendirse en ese momento tan ilusionante por las inclemencias climatológicas.

La carrera transcurrió en un principio por las anchas avenidas que dan salida a la ciudad, para luego trotar por carreteras secundarias entre frondosos bosques que son utilizados como parques con senderos deportivos y carriles bici. Al poco, aldeas entre campiñas unidas por caminos asfaltados, carreteras entre pueblos donde son su calle principal. Enormes mansiones quedaban a ambos lados de la ruta allá en lo alto de las lomas, la campiña verde, húmeda y fría nos observaba indiferente. Atravesamos  prados cercados entre ganados que abonaban generosamente los caminos hasta el punto que en algunos tramos generábamos un chapoteo bajo nuestros pies que se fundía con el del barro persistente, animales bien alimentados, sin duda. Verjas, muros de piedra caliza, puertas de madera que separaban terrenos, en fin, un continuo vaivén, un constante sube y baja que por ameno nos hacía olvidar sufrimientos y kilómetros transcurridos y soñar con los venideros, saltábamos linderos y paredes de piedra campo a través: Lanercost, Walltown Quarry, Crawfield,  para llegar por fin al punto más elevado y casi céntrico de la ruta, Hexam donde se puede apreciar claramente los cortes en la roca debido a la explotación de sus canteras, dejando desmontes en el terreno de extracción de las piedras con las cuales sin duda, se construyó tan gran obra de ingeniería para la época.

Así avanzábamos con lluvia, casi permanente compañera de viaje, que de vez en cuando despejaba y dejaba salir algún rayo de sol que brillaba y no calentaba y  que al instante volvía a desaparecer entre las nubes y de nuevo, la lluvia y el tiempo desapacible. De esta forma no acertábamos con qué prendas dejarnos sobre el pellejo.

Afortunadamente para mí, soy hombre de poco enfermar y no suelo tener problemas digestivos salvo la excepción de aquel día hace tiempo que por error me tomé un gel de esos que hacen en los laboratorios y yo que soy más de fruta y buenas viandas, aquel potingue vino a revolverme hasta los cimientos. Pues bien, esa mañana sin motivo que lo avalase me puse en marcha con molestias gástricas tenía mis intestinos más ligeros que las piernas, estaba como el día: descompuesto, aunque me iba controlando para prevenir y para que eso no fuera a más no comí nada que me pudiera producir incontinencia sólida. Evité geles, barritas energéticas,  frutas frescas y bebidas azucaradas, no tomé más que frutos secos y frutas deshidratadas que yo portaba en la mochila. Lo cual me mantuvo entre dos aguas (literalmente).

Julián también lo pasó mal en el primer tercio de la carrera al acentuársele la sobrecarga muscular que sufre hace meses en su vasto interno amén de los problemas crónicos que arrastra en su rodilla derecha. El dolor era mucho pero la voluntad era mayor y así fue superando sin quejarse el suplicio que suponía cada paso que daba hasta que poco a poco le fue desapareciendo la dolencia y le permitió por ello, disfrutar en mayor medida del resto del recorrido.

Después del kilómetro 50 más o menos, mi cuerpo iba en la reserva al no haberle aportado alimentos contundentes y por culpa sin duda de una inadecuada hidratación. Yo no iba, me arrastraba, no dejaba de correr pero sentía que no avanzaba, no tenía fuerzas, solo deseaba caminar pero no podía permitirme andar y menos parar, los compañeros que llevaba eran rehenes de mi torpeza y  no quería decepcionarles, aunque no podía luchaba conmigo mismo, me esforzaba por seguir sin perder el ritmo y no podía permitir que nos adelantaran otros corredores a quienes ya habíamos, con mucho esfuerzo, pasado kilómetros atrás.

Recuerdo los ánimos que me daba José Miguel, como si por falta de ponerle ganas fuera, y de los silencios sobre ese particular de Julián que este más discretamente disimulaba con otro tipo de conversación a sabiendas de conocerme mejor y sabía que si no iba más deprisa es porque algo me pasaba. Así recorrí casi una veintena de kilómetros hasta que llegando a un copioso avituallamiento kilómetros antes de Newburn y ya sintiéndome reconfortado, cargué mi estómago con diferentes variedades de alimentos sólidos reponiendo fuerzas. Paré, comí y descansé muy brevemente, inmediatamente me di cuenta de que era otro ya, cuando apenas llevábamos escasos cinco minutos para mí era suficiente, les dije “yo me voy,  ya me pillareis”, en mí interior tenía que resarcirme con ellos tratando de recuperar todo el tiempo posible del que les había hecho perder por mi lentitud. Pues me encontraba bien, con fuerzas y con ganas, “ellos ya me alcanzarán cuando quieran”, pensaba yo.

En ese momento faltaba más o menos lo equivalente a un maratón. El recorrido descendía muy ligeramente después de haber quedado ya bastante atrás la mitad de la carrera que tenía multitud de repechos hacia arriba. Me sentía ágil y fuerte, no notaba dolor alguno, no estaba fatigado y marcaba un ritmo vivo acercándome a otros corredores que no tardaba en dejar atrás sin emplear demasiado esfuerzo. Transcurridas poco más de dos millas fui alcanzado por los dos primos que notaron claramente la reactivación tan espectacular que había experimentado y que a mí mismo me había sorprendido y así continúe con ese cambio hasta el final permitiéndonos recortar tiempo en esta última parte mejorando la media total del recorrido.

El tramo final nos encontró haciendo la carrera en positivo, corrimos la segunda parte más rápida que la precedente y comenzamos a adelantar en un goteo constante a corredores que lo estaban pasando realmente mal. Antes de empezar la jornada, como equipo que éramos acordamos que el plan sería administrarnos el esfuerzo e intentar terminar juntos y a pesar de las adversidades el plan surtió efecto. El castigo de los kilómetros, las cuestas interminables, el barro y el chapoteo, las piedras, el viento, la lluvia y el frío no lograron hacernos mella y nuestra única limitación fuimos nosotros mismos. Nos sentíamos felices, grandes, sabedores ya de que somos capaces de atravesar una isla y casi poder sobrevolarla.

Caía la noche en la costa este de la isla y las farolas nos guiaban ya en la cercanía de Newcastle que nos esperaba bostezando, como ese amante que paciente espera la vuelta de su pareja después de un largo día de trabajo. En este último tramo corrimos senderos entre variada vegetación exuberante de árboles con frutos, arbustos y flores, entre casas en torno a riachuelos y seguimos finalmente el curso del Tyne majestuoso que nos acompañaba acelerando su ritmo pues me pareció que le costaba seguir nuestro paso. Al fondo,  el luminoso puente colgante del milenio, símbolo representativo de esta bonita ciudad, donde nos esperaba por fin la meta.

Íbamos corriendo como levitando sobre el suelo, con la mente puesta en el objetivo como misión cumplida, eso nos daba alas para mantener un ritmo que quizás nunca antes llegamos a alcanzar y mantener más que aquí. No había dolor, no había frío, no sentíamos ya  los cuerpos mojados por la lluvia. No parecíamos cansados, solo veíamos la posibilidad de ir adelantado uno tras otro a los dispersos compañeros de ruta que nos precedían y encontrábamos por el camino con un progresar cansado y lento, con pasos titubeantes, en cambio nosotros nos acercábamos pisando fuerte. Cruzamos por fin el Tyne desfilando el puente como si este fuera una alfombra roja de una pasarela, abrimos orgullosos nuestra bandera como pavos reales desplegando su bello plumaje henchidos de emoción y allí entramos los tres españoles juntos después de 16 horas y 4 minutos en meta rememorando la historia aquel romano Adriano que nació en la capital bética, que fuera hombre de otro tiempo y que para bien o para mal fue el artífice principal de una obra arquitectónica tan impresionante hace ya casi 20 siglos.

Minutos después todo había terminado, ya en el anexo recinto  moderno de acero y cristal junto al Baltic Centre for Contemporary Art nos íbamos congregando guareciéndonos de la fresca, después de darnos una confortable ducha y restablecernos del esfuerzo con comida caliente, sentados en torno a una mesa a la vez que describíamos nuestras sensaciones, veíamos como iban llegando más y más corredores con los que en algunos casos  habíamos coincidido en parte del recorrido adelantándoles en varias ocasiones y en otras tantas adelantándonos ellos a nosotros. En especial vimos llegar a uno que con mucha alegría para él y con admiración para nosotros, se acercó y nos dio un abrazo de agradecimiento que le devolvimos con mucho gusto ya que fuimos participes en gran medida de su triunfo al haberle ayudado socorriéndolo en sus heridas muchos kilómetros atrás, cuando sentado en la cuneta, sangraba por las llagas que tenía en la planta de los pies que no le permitían caminar.

Allí permanecíamos sin prisa, como si el tiempo ya no importara y a las pocas horas, entre remembranzas,  nos sorprendió el nuevo amanecer lindando las tres de la madrugada. Fue entonces cuando entre brindis y risas comenzó a fraguarse al hilo de los órdagos el próximo reto…¡quién sabe, tal vez terminemos cruzando otra isla, aunque esta vez en territorio español!, pero esto es otra historia…¡esperemos que los alisios nos acompañen.

Quiero agradecer a Julián y a José Miguel el empeño que han tenido en realizar la totalidad de la prueba juntos, pero que sin mí hubiesen terminado haciendo un tiempo mejor pudiendo acabar entre los cien primeros.

Gracias Julián por organizar este viaje que me ha permitido conocer y recorrer un lugar que jamás hubiese imaginado.

Lisardo

Enlaces sobre esta prueba

Media maratón

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián Male 16:04:38 168 144
Lisardo Male 16:04:38 169 145
José Miguel Male 16:04:38 170 146

X Botamarges – Forna (6-Octubre-2018)

Me estrenaba en una ultra, así es que mi querido y admirado Gosa me ha cedido la crónica de la Botamarges 2018.

Como de costumbre en toda carrera, quedamos en el punto fotográfico de la pancarta en Forna. Yo subí con un amigo de la infancia, José Luis, que curiosamente fue compañero de mi hermano en el colegio y muy amigo de Pez. Tras recoger el dorsal y acicalarse para la carrera, nos vemos para hacernos la foto de rigor Pez, Jesús Jr., Gosa y yo. También estaba un amigo de Pez, el gran Antonio Dieguez. No conseguimos juntarnos con Ulises. Tras la foto, procedemos a ponernos en la línea de salida con los demás corredores y los nervios activos, al menos por mi parte jaja.

Nos deseamos suerte todos y a las 6:00 comienzan los 64k de la Botamarges. Hay bastante gente animando para la hora que es, así es que empiezas con una sonrisa, a ver si llegaba igual.

Con los frontales dejando una imagen espectacular en la noche corremos hasta que empieza la primera subida de la jornada. A Jesús le hemos perdido en la noche, mientras vamos subiendo Gosa, Pez, José Luis, Antonio y yo. El pelotón se estira en esta subida hasta alcanzar la parte más alta y empezar a correr un poco en la bajada. Entre la serenata en valencià que nos están pegando unos compañeros de carrera, vamos pasando por bosque y bajamos, mientras el día se abre paso, hasta el primer avituallamiento en Villalonga. Reponemos líquidos y comemos algo. Salimos del pueblo y enlazamos con una pista que nos lleva por una serie de túneles. También podemos admirar las vistas de esta parte de nuestra provincia, incluida una cascada, espectacular.

Nos acercamos al km.20 para recibir el regalo de la subida a La Safor. Sigo el consejo de Gosa y saco los bastones mientras comemos en el avituallamiento 2, nos espera una buena subida. La empezamos con ánimo mientras empezamos a escuchar un cencerro y una voz a lo lejos. Nos encontramos con varios tramos de asfalto y pasamos por un punto realmente curioso, La Casa de Tarzán. Y de ahí, hasta arriba. El sonido del cencerro se empieza a acercar conforme subimos, incluso avistamos el pico donde está localizado el culpable del griterío. No sin esfuerzo pasamos saludado al cámara y al señor del cencerro. Toda la subida está llena de carteles con frases de ánimo con la foto del mismo, toda una historia curiosa, ¿eh?

En el Pic de la Safor nos juntamos con Gosa y tras inmortalizar el momento, procedemos a descender. Llevamos localizado a Gosa que va por delante en la bajada. No es hasta un pequeño avituallamiento en la Pista Llacuna Km26 donde nos juntamos de nuevo con Gosa, íbamos haciendo la goma, jaja. Aunque a él le tienen que avisar cuando salía del mismo, pues se iba en otra dirección. La zona me empieza a sonar, aunque en dirección contraria de una carrera anterior. Fue Arrapapedres a principio de año ya pasamos por allí Jota, Sergio, David el de los grandes gemelos y Ángel. Viendo la subida que se nos avecina, llegamos tras una bajada al avituallamiento de Benisili. Pasamos por boxes y nos juntarnos un poquito con Gosa que saluda a su mujer, comemos algo (de forma errónea por mi parte) y salimos en dirección al castillo de Benisili. Me resulta curioso que habiendo ya pasado por alguna zona de asfalto ahora nos metan por un lecho de “río” lleno de basura antes de empezar la subida.

Bueno, aquí es cuando me empiezo a dar cuenta de que no comí lo necesario en el último avituallamiento. Y que la semana de trabajo con más de 50 horas de pie, no era un buen presagio. Si bien como bastante, le faltó completar algo más la ingesta de azúcar, de todo se aprende. La subida hasta el castillo la hago con algún problema, pero se me empieza a dormir parte del cuerpo, noto un cosquilleo. El tema de carga de sales lo llego a rajatabla, como siempre me recordó Gosa, algo no hice bien. Lo veo en la subida a lo lejos antes de coronar la cresta y yo empiezo a pensar que es el Everest. Con más pena que gloria llego arriba y vuelvo a recordar el camino de Arrapapedres, bastante abrupto y algo duro. José Luis sigue tirando de mi hasta llegar a Puntal Gros y bajar hasta un pequeño avituallamiento, que se agradece muchísimo. No voy del todo bien y en la siguiente subida ya se me empieza a dormir la cara. Antes de llegar a la parte de la Foradá (km36) tengo que parar y le digo a mi compañero que estoy para que me coman los buitres. Incluso me siento y me tumbo como si fuera un náufrago en la montaña… otros corredores preocupados, me dan otro tipo de sales y me tomo una barrita que llevo en la mochila, mano de santo, me empiezo a recuperar. Incluso puedo llegar a correr algo en la bajada a Benissiva (km42) donde de forma espectacular nos espera mi amigo Antonio y su mujer con su hijo. Si se me había pasado por la cabeza quedarme allí y dejar a José Luis libre, ese encuentro me anima muchísimo y decido seguir. Comemos y bebemos tranquilamente. Los voluntarios son tremendos. Enseguida se ofrecen a llenarnos los bidones y darnos lo que necesitamos.

Salimos después de atravesar el pueblo dirección Benirrama, senda y más calor. Allí tambien nos espera un avituallamiento (km.45), pero no sin antes pasar por sus callejuelas y descubrir gratamente el recibimiento de la gente que allí se congregaba para comer. Todos gritan y animan, aunque seas el último de la fila, cosa que tenía bastante presente, jaja. De nuevo los voluntarios y, sobre todo Antonio, se vuelvan con nosotros y después de meter la cabeza en un bidón gigante con hielo, salimos para afrontar la siguiente subida.

La subida al castillo de Benirrama me recuerda de nuevo a la Arrapapedres, esta vez la dirección es la misma, pero las sensaciones eran otras. La primera vez empezaba la carrera y ahora llevamos más de 45km. Subimos a buen ritmo por la senda que se agradece fresca y verde. Y mientras vamos comentando lo que nos queda para meta, comenzamos a bajar encontrándonos con corredores hasta llegar a Atzubia (km.55). Creo recordar que es el último avituallamiento. José Luis que iba comunicándose con Antonio, recibe una cerveza de sus manos siguiendo el consejo de Pez, que va unos km por delante. Calculamos donde se puede encontrar pues Antonio nos ha informado que va cojeando, pero sigue sumando distancia. Por allí debe de andar Gosa y a Jesús y Félix me los imagino ya en meta tomando el merecido bocata.

Pues salimos de Atzubia y afrontamos una subida por una senda hasta coronar y lanzarnos a una bajada que José Luis recuerda del año pasado. Bajamos a muy buen ritmo, yo no me creo que pueda bajar corriendo después de lo de la Foradá, pero ahí seguimos. En esa bajada hacemos compañía a un corredor que va algo tocado, pero nos animamos mutuamente y enfilamos la siguiente subida. En realidad, son tachuelas, pero mucha gracia no nos hace ese recorrido de toboganes, jaja.

Cuando ya vislumbramos el castillo de Forna, vemos a lo lejos a Pez que nos grita que va tocado. Andando-trotando esperamos encontrarnos con él, pero no lo volvemos a ver hasta la subida al castillo a falta de poco más de 1 km. Estará tocado, con la rodilla hecha puré, pero unos huevos planetarios. Le vemos entrar en Forna desde el mismo castillo y nos alegra que esté cerca para compartir nuestra llegada a meta.

José Luis me pregunta que cómo quiero entrar, y sin duda tiene que ser con él, no podría ser de otra forma. Antonio y Paulina nos esperan casi en meta y oyendo al speaker cruzamos el arco. Algo más de 13 horas después volvemos al mismo punto. Allí están Pez, Gosa y Jesús, es una increíble sensación. Mi primera Ultra y con todos estos amigos. Me viene a la cabeza mi hermano Juanjo, que lucha contra un cáncer y que ha sido parte de la fuerza que me acompaño en esta Botamarges.

Un abrazo a todos/as y perdón por el ladrillo, cangrejos/as.

Jaime “El cangrejo”

Media maratón

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Ulises VETERANO 10:25:10 101 37
Jesús S. VETERANO 11:53:01 170 71
Gosa VETERANO 13:17:07 223 94
Pez VETERANO 13:21:19 225 96
Jaime VETERANO 13:22:33 227 98

Eufòria 2018 – Ordino, Andorra (4 a 8-Julio-2018)

Fue durante el mes de octubre del pasado año cuando recibí la llamada de mi amigo Josemi. Quería hacerme una visita para tomar un café y ver cómo iba de mi reciente lesión en el gemelo, tras haber sufrido una microrrotura en un entrenamiento. Yo sospechaba que no sólo venía para eso. Tenía en mente hacer algo grande para el próximo año, y es que, después de haber participado en la exigente prueba de la Ronda dels Cims se había quedado maravillado de las montañas de Andorra y le había puesto el ojo a otro gran reto llamado “Euforia”.

Ya había oído hablar de esta prueba y de su dureza, de la que con sólo ver sus números se te ponen los pelos de punta. Se trata de una prueba de ultra-resistencia de 233 Km con 20.000 m de desnivel positivo y 20.000 m de desnivel negativo, en equipo indisociable de dos corredores, sin marcaje en el recorrido y con 4 únicos avituallamientos. La prueba “te ofrece” la posibilidad de admirar Andorra desde sus cimas más altas, coronando 5 picos por encima de los 2.900 m de altitud y la friolera de 32 picos o collados entre 2.500 m y 2.900 m.

Así que cuando Josemi me planteó ser su compañero de viaje me cambió la cara, sinceramente. Me parecía una empresa de tal envergadura que le dije que tenía que pensarlo muy bien. Acababa de terminar hacía poco más de un mes el Ultra Trail del Mont Blanc y no quería oír hablar de carreras, sólo pensaba en disfrutar de las salidas por el monte en compañía de buenos amigos.

Estuve algunos días meditando la propuesta, aunque pocos, en realidad, porque enseguida tomé la decisión de participar en esta aventura pirenaica. Suponía la oportunidad de poder vivir una experiencia única, un tipo de prueba con un concepto totalmente distinto a lo que estábamos acostumbrados, más basada en el espíritu de equipo y en los valores de superación, esfuerzo y compañerismo que transmite.

El hecho de compartir esta aventura con Josemi fue determinante en mi decisión y es que si había una persona con la que podía ir tranquilo y seguro a este tipo de prueba, ése era él, con una fortaleza física, técnica y mental envidiables y una experiencia más que demostrada para afrontar este desafío. Para mí siempre ha sido y sigue siendo un referente en las pruebas de montaña.

Durante los meses previos a la carrera estuvimos inmersos en la preparación necesaria para afrontarla con garantías, no sólo a nivel físico y de entrenamientos, sino también en todo lo concerniente al material necesario que teníamos que llevar encima y el que tendríamos que depositar en una bolsa única, que la organización nos iría transportando entre las 4 “bases de vida” existentes. Uno de los aspectos más importantes en este punto era la elección de una mochila adecuada, ya que calculamos que tendríamos que llevar un peso aproximado de entre 7 y 8 kilos y debía de ser lo más cómoda y completa posible. Otro punto imprescindible y que nos permitiría tener un conocimiento previo de la prueba fue el libro de ruta que la organización nos proporcionó, donde se detallaba de forma descriptiva todas las referencias de cimas, collados, cruces, tramos técnicos y refugios, que unido a la descarga del track del recorrido en nuestros GPS, nos ayudaría a orientarnos en carrera.

Para finalizar, hicimos una muy buena planificación, teniendo en cuenta muchos aspectos como son la alimentación, horas de descanso entre avituallamientos, refugios de montaña por los que debíamos pasar, así como los tiempos de paso de la edición anterior, que nos servirían de referencia y las distintas barreras horarias. Con todo esto Josemi hizo una estimación de llegada a meta de 108 horas, muy aproximada a las 110 horas que la organización daba como tiempo límite para finalizar la prueba.

Partimos juntos hacia Andorra un día antes del comienzo de la prueba, ya que debíamos acudir a la charla en donde la organización nos iba a exponer todos los pormenores técnicos de la carrera. Este “briefing” era de obligada asistencia, así que llegamos puntuales a Ordino, población que, con 1.300 metros de altitud, es el punto de salida y meta de “Euforia”, así como del resto de pruebas que engloban la Andorra Ultra Trail Vallnord. En una de estas pruebas, la “Celestrail” participaba nuestro amigo y compañero de A to trapo, Cristian Aracil, que había elegido dicha prueba en su preparación de lo que sería su gran reto de este año, el UTMB.

Acabada la charla, recogimos los dorsales y una bolsa para el corredor bastante completa, que incluía el macuto donde había que depositar todo nuestro material necesario para los avituallamientos. Después de una cena a base de pizzas nos retiramos al hotel a descansar.

Primer día (Ordino – Coma d´Arcalís)

Y llega el gran día esperado, son las 06:15 de la mañana cuando nos presentamos en el lugar de salida. La mañana es espléndida y tras un desayuno rápido, vamos a la zona de control de material y allí nos colocan en la muñeca la baliza GPS que daría nuestra posición en todo momento y con la que podríamos comunicarnos con la organización en caso de emergencia.

Los tambores de las batucadas retumban en nuestros oídos y el ambiente es extraordinario. Somos 62 parejas de diversas nacionalidades las que allí nos congregamos para tomar la salida y la gente no para de darnos ánimos. Vemos a Marcos Baeza, otro mutxamelero que va a participar en la Ronda dels Cims y que también ha venido a darnos su apoyo.

La carrera da comienzo a las 07:00 al compás de la música de Carl Orff, Carmina Burana y los estruendos de los cohetes, haciendo que se nos ponga la piel de gallina. La motivación e ilusión que nos embarga es máxima.

Trotamos durante el primer kilómetro de asfalto dando la vuelta al pueblo, lo suficiente como para que el pelotón se vaya estirando, hasta adentramos enseguida por un frondoso bosque que nos lleva por un camino estrecho y empinado que flanquea la corriente de un río y llega a un rellano en donde podemos contemplar Ordino desde lo alto. Allí nos despedimos del pueblo con la esperanza de regresar y atravesar dentro de 5 días, que se dice pronto, la línea de meta.

El ritmo es muy tranquilo, más nos vale, y poco a poco nos vamos posicionando en el grupo central de corredores y observando la composición de los dúos que forman los equipos. Nos llaman la atención los dos equipos andorranos, con una veterana corredora tirando al frente de ellos, y que corre en compañía de su hijo. Josemi y yo los dejamos pasar, quedándonos boquiabiertos con la fortaleza de esta mujer.

Llegamos al primer collado situado a casi 2.000 m para encadenar una preciosa bajada en una zona boscosa. La emoción de estas primeras horas de carrera hace que me sienta “eufórico”, así que me envalentono en este tramo y Josemi me tiene que frenar sacando sus bastones para darme el primer aviso. Pronto salimos del bosque para dirigirnos en una fuerte subida hacia un collado desde el cual avanzamos por una cresta muy técnica entre bloques rocosos y cuyo final es el Pic de l´Estanyó (2.914 m), primera de las 5 cimas que subiremos por encima de los 2.900 m. Josemi ya conoce esta zona, ya que estuvo recorriéndola el año pasado con Rosa, ¡vaya una campeona!, al subir por estas cumbres tan abruptas.

La pequeña plataforma que hay en la cima nos ofrece unas vistas excepcionales ya que el día es claro y soleado. Tras comer un poco de fruta y hacer unas fotos regresamos por el mismo camino que hemos hecho de subida para ir derechos a una fuerte bajada por una pedrera en la que hay que tomar precaución para que las rocas sueltas no rueden hacia los corredores que van por debajo. Enseguida llegamos al Pic de la Cabaneta (2.864 m) para atacar inmediatamente nuestro segundo pico de más de 2.900 m. La subida a la cumbre del Pic de la Serrera (2.913 m) es corta pero fuerte, aunque merece la pena ya que la vista es otra vez alucinante, con todo el sur de Francia bajo nuestros pies. Continuamos por la cresta en un sendero y empezamos una bajada bastante vertical para adentrarnos en un bosque que abandonamos pronto para llegar al refugio de Sorteny, situado a casi 2.000 m de altitud. Son las tres de la tarde y hemos empleado 8 horas en recorrer los primeros 26 km.

Llegamos hambrientos al refugio y pedimos macarrones y quiche para compartir. La dueña, muy amable, nos advierte que no podremos seguir corriendo si nos zampamos todo y al ver los enormes platos de macarrones nos damos cuenta de que tiene razón, así que decidimos dejar la quiche para otra ocasión.

Tras reponer fuerzas salimos justo por detrás del refugio por una senda ascendente muy corta hasta entrar en el valle de Rialb, que subimos siguiendo un río y pasando bajo el refugio del mismo nombre. La zona es preciosa, la primavera ha inundado estos valles pirenaicos de mantos de flores y forman una acuarela de colores para nuestros ojos.

Alcanzamos el Pic del Port de Siguer (2.630 m) donde hay que extremar precaución en una bajada con mucha pendiente, que nos lleva a un collado desde el cual asaltaremos la ascensión al Pic de Font Blanca (2.903 m), donde la panorámica es de nuevo espectacular. Descendemos para llegar al circo de los Estanys de Tristaina y ya la noche empieza a caer, teniendo que sacar los frontales para llegar a la 1ª base de vida, en Coma d´Arcalís, no sin antes acometer la Punta de Perguils (2.698 m) con una subida bastante dura.

Llegamos a la primera base de vida a las 23:30 horas tras haber recorrido 50 km en 16 horas y media. Nuestros relojes marcan casi 5.500 m de desnivel positivo. ¡Qué barbaridad! La jornada ha sido realmente dura por la tecnicidad del terreno. Según nos comenta gente de la organización el año pasado ya hubo aquí un número elevado de abandonos y se nota que este año los corredores vienen mejor preparados.

Tras una cena variada y cambiarnos de ropa, decidimos continuar sin dormir esa primera noche, tal y como teníamos planificado y aprovechar que estamos “frescos”.

Segundo día (Coma d´Arcalís – La Margineda)

Salimos muy animados y con ganas así que hay intentar llegar lo más enteros posibles a La Margineda, segunda base de vida situada a 45 km y allí ya poder dormir algo.

Hasta el momento hemos seguido el track de la ruta sin mucha dificultad, pero de noche la cosa cambia y hay que estar mucho más atentos para no despistarnos, aunque Josemi está muy pendiente en todo momento y avanzamos seguros hacia la Brecha de Arcalís y desde allí giramos a la derecha para acometer la subida al Pic de Cataperdis (2.805 m) por un mar de rocas y bloques de piedra hasta llegar a la cima y aunque es de noche, el cielo es estrellado y nos detenemos un instante para poder vislumbrar los contornos del pirineo andorrano. No olvidaré la sensación de paz de aquel momento.

Volvemos a bajar por la misma vía hacia los Estanys de Angonella y dirigirnos hacia el Pic de les Fonts (2.749 m). En la bajada coincidimos con el equipo mixto japonés y un equipo francés y durante algún tramo no tenemos claro por dónde avanzar y nos vamos saliendo del track, según nos indican los GPS. Después de unos momentos de indecisión, Josemi toma las riendas del grupo y al grito de, ¡seguidme por aquí!, nos devuelve a todos a la senda correcta.

Tomamos camino hacia el collado de los Estanys forcats, para a continuación subir al Pico de Baiau (2.756 m). En el descenso encontramos a varios equipos y de nuevo reina la incertidumbre. Estamos claramente fuera del recorrido y la mayoría de los corredores toma la determinación de bajar flanqueando por el torrente de un río. Josemi y yo no lo vemos nada claro y decidimos girar a la izquierda en busca de una salida. ¡Dios mío! De repente nos encontramos al borde de un precipicio y son momentos de mucha tensión, así que retrocedemos monte a través para coger una nueva senda. En ese momento nuestros frontales iluminan a lo lejos del valle unas balizas que señalizan el recorrido de la Ronda dels Cims. Respiramos de alivio y bajamos por un camino pedregoso para llegar a los pies del cuarto pico de más de 2.900 m y máxima cota del Principado, el majestuoso Pic del Comapedrosa (2.942 m).

La verticalidad y dureza de la subida es tremenda, con tramos de pedreras y bloques graníticos enormes que vamos sorteando. Pero todo este esfuerzo tiene su recompensa y la naturaleza nos regala la belleza de un hermoso amanecer a nuestras espaldas, así que decidimos parar a contemplarlo y aprovechar para descansar y comer un poco en la parte final de la ascensión. Retomamos la subida y nos plantamos en la cima donde una densa niebla y el frío nos obliga descender rápido, no sin antes haber inmortalizado con una foto ese momento.

Comenzamos un descenso complicado en su parte inicial hasta llegar al emblemático Estany Negre, que bordeamos, y donde la nieve permanece perpetua a su alrededor y hay que ir con precaución para no resbalarse. Seguimos de bajada, pero por un sendero fácil que nos conduce al refugio de Comapedrosa donde cogemos fuerzas a base de un bocata y algo de fruta, aunque en mi caso hago un gran esfuerzo por comer, ya que no ando fino del estómago.

Tras descansar un rato salimos repuestos hacia la Portella de Sanfons (2.588 m) y desde allí seguir una cresta herbosa que nos lleva hasta el Port de Cabús (2.302 m) y desde donde empezamos una nueva subida hasta el Pic dels Llacs (2.692 m). El descenso es farragoso por una zona rota de piedras, sin ningún tipo de marca o senda que nos pueda orientar.

Llegamos al Coll de la Botella, situado en la estación de esquí de Pal y donde hay un restaurante. No me encuentro bien, sigo con mis problemas estomacales y sin apetito, aun así, engullo como puedo el último montadito de jamón y un plátano. Si no como y recupero algo de energía lo voy a pasar muy mal. Josemi también está bajo de ánimos y es que llevamos más de 30 horas de carrera sin tregua y la falta de sueño y cansancio acumulado hacen que pasemos uno de los peores momentos de la carrera. Hablamos y nos animamos mutuamente durante un rato. Sabíamos a dónde veníamos y que tendríamos que hacer frente a estos momentos de flaqueza para llegar con éxito a la meta.

Salimos con firmeza y con la moral a tope dispuestos a llegar a la segunda base de vida así que nos dirigimos al Bony de la Pica (2.406 m) y desde aquí comenzar la temida y peligrosa bajada de casi 1.400 m hasta La Margineda por zonas técnicas, verticales y con tramos de destrepe al principio, donde se hace necesario el uso de cuerdas y cadenas para flanquearlos. El descenso se hace eterno y tras más de dos horas de castigo para nuestros cuádriceps llegamos por fin antes de que anochezca a la ansiada 2ª base de vida de La Margineda, después de haber recorrido 96 km y casi +10.000 m de desnivel en poco más de 39 horas. A estas alturas de carrera el rigor de la prueba empieza a pasar factura en los corredores y vemos a varios equipos que no continuarán u otros en los que uno de los integrantes está lesionado y su compañero busca un equipo que le pueda acoger.

Es hora de reponer fuerzas y descansar. Mis problemas de estómago han mejorado y consigo cenar bien una sopa, pasta y fruta abundante. Ducha, masaje y visita a la podóloga, ya que empezamos a tener grietas en las plantas de los pies por la humedad. Siguiendo nuestro plan nos acostamos a dormir 3 horas, que a mí me saben a 20, así que cuando Josemi viene a despertarme, le pido 5 minutos más como si de mi madre se tratara cuando me levantaba para ir al colegio.

Tercer día (La Margineda – Pas de la Casa)

Salimos renovados poco antes de las 3 de la madrugada en dirección hacia el Pic Negre (2.645 m). Es una larga subida por una senda cómoda en su parte inicial y durante el trayecto nos alcanzan los dos equipos andorranos. Y de nuevo Maribel, que así es como se llama la curtida corredora, tirando del grupo con su hijo Jose y el otro joven dúo formado por Gonzalo y Jordi a los cuales se ha unido Guillaume, un corredor francés que iba con su hermano, el cual tras sufrir una lesión ha tenido que abandonar en La Margineda. Josemi me indica que me pegue a ellos ya que el ritmo que llevan parece adecuado. A partir de este momento comienza una nueva carrera para todos nosotros, donde el compañerismo y la unión de todo el grupo prevalecerá por encima de cualquier cosa.

Amanece a nuestra llegada al refugio de Prat Primer (2.240 m) donde repostamos agua para enseguida acometer la subida por una pendiente vertical y rocosa al Pic Negre. Es un pico desolado, pero la belleza del paisaje que admiramos es impresionante y viendo el color de la cantidad de pizarra que lo cubre entendemos el porqué de su nombre. Bajamos el pico volviendo sobre nuestros pasos para enseguida ascender a la Torre dels Soldats (2.760 m) desde donde cogemos una bajada muy empinada por una zona de bloques de piedra que nos obliga a ir con precaución y que nos llevará al Pic Monturull (2.754 m) y una vez allí, ir cresteando al Pic de Perafita (2.752 m). La panorámica en toda esta zona es abrumadora, de las más bonitas que vamos a poder contemplar y nos embarga una sensación de estar en montañas jamás pisadas por el hombre.

Iniciamos una larga bajada agradable que pasa por un riachuelo donde aprovechamos para reponer agua y seguimos por un prado hacia el refugio de Perafita, que pasamos de largo para adentrarnos en el precioso Valle del Madriu, declarado patrimonio mundial por la UNESCO y tras atravesar bosques y pequeños lagos llegamos sobre el medio día al Refugio de L´Illa (2.488 m) donde paramos a comer unos deliciosos espaguetis a la boloñesa. Hace un sol radiante que nos carga de energía para afrontar los últimos kilómetros que tenemos hasta la siguiente base de vida.

El ambiente en el grupo es fabuloso y salimos con decisión del refugio hacia el pico de Tosseta de Vallcivera (2.848 m) al cual ascendemos por un canchal de rocas descompuesto y desde allí atacamos el último de los picos de más de 2.900 m, la cumbre de la Portelleta (2.906 m). A continuación, bajamos por una canal hacia los Estanys de la Muga y decidimos acortar por unos neveros donde disfrutamos y nos reímos haciendo equilibrismo para no caernos, aunque no lo conseguimos. Pasamos por un nuevo collado antes de descender al valle de Vallcivera y seguimos el curso del río que lleva el mismo nombre y remontar a la Portella Blanca (2.516 m) que es el punto geográfico que separa Andorra, Francia y España. Bordeamos un lago y emprendemos la subida en zigzag por un camino rocoso hasta el Coll dels Isards (2.552 m) para por fin dejarnos caer y llegar casi anocheciendo a la 3ª base de vida de Pas de la Casa. Hasta el momento llevamos recorridos 142 km y +13.300 m de desnivel en algo más de 62 horas.

Entramos molidos a la base de vida, con los pies destrozados, entumecidos y llenos de grietas, los hombros baldados del peso de la mochila y con dolores de todo tipo en las piernas, así que, tras la ducha, como si de un ritual se tratase vamos directos al fisio y al podólogo. Las molestias en pies y piernas apenas me dejan dormir y nos levantamos para emprender de nuevo el rumbo sobre las 4 de la madrugada. Maribel y Jose saldrán más tarde, ya que este último arrastra molestias en la pierna.

Cuarto día (Pas de la Casa – Solanelles)

La noche es fría pero tranquila así que salimos abrigados de Pas de la Casa con Jordi, Gonzalo y el corredor francés. Tomamos camino por una senda que bordea un río donde la hierba está muy alta y mojada y nos va calando los pies poco a poco. ¡Lo que nos faltaba! Continuamos por una pista limpia hasta llegar a un collado que nos lleva al Port Dret (2.558 m) y desde el cual podemos contemplar un bonito amanecer con todo el valle de Sant Josep de fondo, que acabamos de subir. Desde allí culminamos por una senda tendida el Pic de la Cabaneta (2.818 m), que tiene el mismo nombre de un pico que hemos subido en la primera parte de nuestra aventura. Paramos a comer y a desprendernos de algo de ropa, ya que el sol empieza a apretar y allí nos alcanzan Maribel y su hijo Jose. Ya todos juntos bajamos por un terreno muy vertical, roto de piedras e inestable y nos topamos con un enorme nevero que hay que flanquear con mucho cuidado hasta llegar por un prado a la cabaña de Siscaró (2.150 m) y adentrarnos en un precioso bosque.  Giramos a la derecha para ir atravesando unos tramos con enormes bloques graníticos y algún que otro nevero. El paisaje alpino es descomunal en todo el recorrido. Pasamos de largo por el refugio guardado de Juclar y continuamos por una subida que nos lleva a un pequeño nevero del cual descendemos para encarar una buena bajada por un bosque que nos conduce hacia el Valle de Incles, donde nos refrescamos al borde de un riachuelo. Allí unos senderistas nos ofrecen una coca-cola que nos sabe a gloria y poco después emprendemos un fuerte ascenso por un sendero estrecho y llegamos al lago Enrodat, nos detenemos y aprovecho para sumergir mis maltrechos pies en agua helada e intentar que se tonifiquen un poco.

Empieza a lloviznar, preludio de lo que pronto nos iba acontecer y enseguida alcanzamos el refugio de Cabana Sorda (2.312 m) rodeado por un magnífico circo glaciar y junto a un lago. Allí vemos pasar al primer corredor de la Mitic (otra de las pruebas de la Andorra Ultra Trail), que sube como una flecha. Seguimos por una senda descendente sin parar de mirar a las nubes y es que un cielo gris plomizo se cierne sobre nosotros para dar comienzo a una enorme granizada que nos hace correr como pollos sin cabeza ladera abajo. El grupo se dispersa y Josemi y yo nos desviamos campo a través hacia una pequeña cabaña de pastores donde nos podemos resguardar hasta que por fin para de granizar. Reanudamos la marcha y alcanzamos al resto del grupo, llegando a una carretera en la cual se encuentran las familias y amigos de los dos equipos andorranos, que les esperan para darles ánimos, habiéndoles preparado un suculento avituallamiento. Hambrientos, Josemi y yo nos quedamos a un lado de la carretera acariciando a los cariñosos perros de nuestros amigos. Enseguida y gracias a la hospitalidad y generosidad de sus familias, nos ofrecen comida y bebida que hace que recuperemos empuje para afrontar el tramo final de la etapa.

Antes de tomar salida, nos cae de nuevo un tremendo aguacero que nos obliga a cobijarnos en los coches. Tras la calma, continuamos la bajada hacia el pueblo de Ransol (1.710 m) que atravesamos para adentrarnos por una subida muy empinada dentro de un bosque y llegar a las pistas de esquí de Soldeu/Tarter, pero empieza de nuevo a diluviar y tenemos que guarecernos de nuevo en el refugio de Riba Escorxada (2.080 m). En el refugio no hay nadie, vamos calados y hace frío, así que gracias al mechero de Josemi improvisamos fuego a base de cartones y paja de un establo contiguo para intentar entrar en calor y secarnos. Es a través de nuestros teléfonos cuando nos llegan noticias de que han neutralizado las carreras de la Ronda y Mitic debido a fuertes tormentas con aparato eléctrico y granizo.

Nos queda la ascensión al Pic Encampadana (2.491 m) antes de llegar a la base de vida, pero el cielo está totalmente encapotado y se vislumbra tormenta eléctrica en la cima, por lo que no vemos nada claro la subida. Decidimos llamar a la organización para que nos den instrucciones sobre lo que debemos hacer. Jordi habla directamente con Gerard, director de la prueba, para exponerle la situación en la que nos encontramos. Las noticias no son nada halagüeñas ya que nos confirma la neutralización de las pruebas y nos aconseja no movernos del refugio hasta nuevo aviso. Esta información nos sienta como un jarro de agua fría, ya que nos tememos que nuestra aventura termine de forma inesperada y desde luego éste no es el final que todos deseamos. La lluvia casi ha cesado y tras deliberar unos minutos, decidimos volver a hablar con Gerard y hacerle la propuesta de ir todo el grupo directamente a la 4ª y última base de vida, situada en Solanelles sin ascender al Pic Emcampanada ya que sólo nos separan unos 4 o 5 km hasta ella y nuestros amigos conocen perfectamente cómo llegar. Hay que agradecerle a Jordi la buena argumentación que le hizo y el poder de convicción que tuvo, ya que finalmente accedieron a nuestra proposición.

Abandonamos rápidamente el refugio y cogemos una pendiente de hierba muy fuerte que nos lleva a lo alto de una loma situada en las pistas de esquí y desde allí nos dejamos caer hacia la ansiada base de vida de Solanelles (2.520 m). En este punto llevamos recorridos 185 km con 16.500 m de desnivel positivo y en un tiempo aproximado de 86 horas. Estamos agotados tras otra dura jornada y necesitamos descansar y recuperar fuerzas.

Nada más entrar a la base de vida nos comunican que permanezcamos allí y que en función de la previsión meteorológica, la organización dará indicaciones sobre la continuidad o no de la prueba. Se barajan dos opciones, o se neutraliza definitivamente la carrera por las inclemencias del tiempo o hacemos la mitad de recorrido que nos queda hasta meta, evitando pasar por las zonas en la que haya riesgo de tormenta.

Creo que la mayoría de los que estábamos allí pensaba que la opción del recorrido alternativo era lo mejor. Al cabo de una hora nos reúnen y para sorpresa de todos nos comunican que las previsiones de tiempo son buenas y que mantienen el recorrido original. Si os digo la verdad, no vi caras de alegría a mi alrededor, incluida la mía. Estábamos tan exhaustos que ya nos habíamos hecho ilusiones sobre una posible disminución de recorrido y así hacer más llevadera la última etapa.

Eran las diez de la noche y el grupo decide descansar para volver a emprender la marcha a las tres de la madrugada. Sin lugar a duda, esa noche fue la más larga de todas para mí, ya que estuve inquieto y pensativo todo el rato. El cansancio acumulado y el estado de mis pies me hacían dudar sobre mi capacidad de poder terminar esta aventura. En esos momentos de bajón te asaltan a la cabeza muchos recuerdos y añoras a estar junto a tu familia y seres queridos.

Nos levantamos y coincido con Josemi en el chequeo podológico. Sin mediar palabra, nos miramos y nos damos un fuerte abrazo. Realmente fue un momento mágico y que ambos necesitábamos para poder afrontar con ánimo este final de carrera.

Quinto día (Solanelles – Ordino)

Nos quedan 48 km y +3.300 m para llegar a meta. El tiempo ha cambiado radicalmente y la noche está despejada así que salimos todos con energía e iniciamos una cómoda bajada por una pista hacia Cortals de Encamp, atravesamos un puente suspendido y cogemos un camino de subida en dirección al Refugio dels Agols (2.230 m), al cual llegamos amaneciendo y donde encontramos a algún corredor durmiendo apoyado en el muro de piedra del refugio. El camino se hace más empinado y llegamos a una zona de grandes rocas. Guillaume, el duro corredor francés toma la iniciativa en la subida. Su forma de subir con los palos, unido al poncho que lleva como impermeable nos provoca risas y bromas durante toda la subida, siempre de forma cariñosa.

Coronamos el Cap dels Agols (2.667 m) y en su amplia cima nos quedamos atónitos con las vistas, ya que todo está nevado a nuestro alrededor debido a la tormenta de ayer y disfrutamos viendo las cumbres andorranas cubiertas de nieve con el precioso Estany Blau a nuestros pies, así que perpetuamos el momento con una buena instantánea grupal.

Por un sendero descendente que se vuelve muy vertical llegamos de nuevo al Valle de Madriu. Hace dos días que ya pasamos por aquí en sentido de subida. ¡Me parece que fue hace una eternidad!

A partir de ahora comienza una larga bajada de más de 10 km hasta la población de Escaldes. El camino de descenso se asemeja más a una calzada romana descompuesta y supone un verdadero calvario para nuestros pies y cuádriceps.

Es casi mediodía cuando llegamos a Escaldes (1.050 m) donde hacemos una parada junto a la plaza de la iglesia y allí de nuevo las familias de nuestros compañeros de viaje nos esperan para ofrecernos un buen avituallamiento que nos de fuerzas para afrontar los 800 m de desnivel de subida al Pic del Padern (1.857 m), probablemente los más verticales de toda la carrera. Para colmo el sol está a nuestras espaldas y apretando de lo lindo, con lo que hay que llevar una buena reserva de agua y refrescamos bien.

Al inicio, el sendero es extremadamente empinado y hay zonas donde nos tenemos que ayudar de nuestras manos para trepar. Poco a poco vamos entrando en un bosque y la brisa del aire nos da un poco de tregua. Después de hacer cima, bajamos por una senda hasta llegar a una carretera que cruzamos y encadenamos la ascensión al Bony de les Neres (2.210 m). Nos acompañan algunos amigos de nuestros compañeros andorranos, incluidos sus perros, que hasta escoltan a Josemi mientras sube. El ritmo es increíble, no sé cómo a estas alturas de carrera tenemos fuerzas para mantener la cadencia.

Llegamos al Coll d´Ordino situado en un gran prado y que es punto de encuentro de acompañantes y familias, en donde no paran de darnos vítores de ánimo ante la cercanía del final de la prueba. ¡Ya lo tenemos! Nos queda subir al Pic Casamanya (2.740 m), último escollo para llegar a meta, situada a poco más de 14 km.

Empieza a lloviznar durante el primer tramo de la subida y a medida que vamos ascendiendo el tiempo va empeorando y oímos los fuertes truenos en lo alto de la cima. No estamos seguros de poder avanzar, así que decidimos llamar a la organización y nos comentan que continuemos y en caso de que las condiciones meteorológicas se compliquen más nos avisarían. Seguimos subiendo durante un tramo, pero la tormenta persiste y va acompañada de aparato eléctrico. Enseguida contacta de nuevo la organización con nosotros y nos piden que retrocedamos y evitemos subir a la cumbre, indicándonos que cojamos un recorrido alternativo que tenemos descargado en nuestros GPS.

Regresamos de nuevo al collado y allí nos está esperando Gerard, director de la carrera para señalarnos el desvío que debemos tomar. Es una senda toda de bajada y en la que apenas cinco o seis kilómetros llegaremos a meta. La lluvia arrecia, pero ya nos da igual todo, aunque nos caiga el diluvio universal ya nos vemos victoriosos. ¡Lo vamos a lograr!

El recorrido hacia Ordino se convierte en una fiesta de júbilo y alegría y cuanto más llueve más nos reímos y disfrutamos, recordando los buenos momentos vividos. Poco a poco vamos vislumbrando el pueblo, y la naturaleza que es muy generosa, nos ofrece su particular regalo, parando en ese momento de llover para que disfrutemos de una entrada pletórica en meta. Hay que inmortalizar este final como se merece y Josemi y yo nos enfundamos emocionados la camiseta de A to Trapo.

Avanzamos por las calles del pueblo y la gente nos jalea con entusiasmo y es que vamos todo el grupo en fila india cantado y bailando “la conga”. La expectación es máxima al recibir a los dos equipos andorranos y nosotros tenemos la suerte de compartirlo con ellos. El “speaker”, embriagado por el momento, nos recibe a lo grande, incluso con un grito de “Alacant Power” nos rinde su pequeño homenaje. A pocos metros de la meta dejamos que la crucen primero Maribel y su hijo Jose para que disfruten de este momento tan especial. El resto entramos abrazados justo detrás, exaltados de felicidad y entusiasmo.

Después 106 horas y 233 km recorridos los “Eufóricos” cruzaban la línea de meta de Ordino.

Nombre Categoría Tiempo Puesto General
Josemi y Sergio Equip masculí 108:27:04 32 de 62

Lavaredo Ultra Trail (22-Junio-2018)

Lavaredo Ultratrail y la conquista de le tre cime

Llegaba preparado, tanto físicamente como mentalmente, esta vez y no como en otras ocasiones, con tiempo para poder aclimatarme, además con mi mejor amuleto…, mi familia, saber que tus hijos te esperan en meta es una gran arma motivadora, conmigo y durante la carrera, Pablo Molina, compañero incondicional durante muchas semanas de entrenamiento. Todo preparado, todo cuidado y todo el arsenal desplegado, esta vez no podía salirme mal.

Llegaba el día D, recogíamos los dorsales por la mañana y nos apresurábamos a volver al alojamiento para comer, preparar el material y descansar todo lo posible, hasta la hora de la salida.

Por la tarde partíamos para Cortina, listos y preparados para la gran cita. Cenábamos en la Pasta Party y más tarde nos despedíamos de nuestras familias para unirnos con el resto de los corredores en la salida. Se oía la “muerte tenía un precio”, solo esperaba que aquella canción no presagiara un fatal desenlace…, nos deseamos suerte y esperamos unos segundos, hasta que el reloj de la plaza principal dio las 23:00 horas. Se iniciaba la carrera…, el público agolpado a los lados de la calle, estrechaba cada vez más nuestro paso… y casi entorpecía nuestro trote. Asombrados… los gritos de la gente y los aplausos nos llevaban en volandas hasta las afueras del pueblo.

Poco a poco y con un ritmo muy tranquilo dejábamos atrás Cortina, a través de un camino de tierra y después de unos pocos kilómetros nos agolpábamos en la primera subida. Era imposible correr, el paso de 1400 corredores reducido a menos de 2 metros. Comenzamos a subir por un tortuoso zig-zag, hasta alcanzar la primera cima. Me di cuenta de que algo no iba bien con una de mis botellas de hidratación, la camiseta estaba mojada…, lo peor, los 4 grados bajo cero que alcanzaríamos durante la noche.

Tocaba la primera bajada, descenso muy tranquilo, hasta llegar al primer avituallamiento. Allí me di cuenta de que el menú propuesto por la organización de carrera no iba a ser de mi agrado… era el km 16.

Volvíamos a subir, esta vez nuestro siguiente pico era “Son Forca”, el frío y la noche se echaba totalmente encima de nosotros. Los kilómetros se sucedían uno detrás de otro, volvíamos de nuevo a bajar y al llegar al siguiente avituallamiento, me di cuenta de que la botella, con la válvula rota, era mejor prescindir de ella…, así que decidí apañarme con una solo botella y guardarla en la mochila.

Comenzábamos uno de los grandes ascensos de la carrera desde el lago de Misurina y posiblemente una de los más espectaculares, las tres cimas de Lavaredo. El día comenzaba a despuntar llegando al lago, el angosto ascenso nos conduciría en primer lugar al refugio de Auronzo y posteriormente pasaríamos por una pequeña y coqueta ermita cerca del propio refugio. Un cafe e latte y un pastel de manzana que me tomé en el refugio me reconfortó, mi estómago también lo agradeció.

Comienzo el descenso, desde las propias tres cimas, es el punto más alto, me encuentro muy bien y puedo bajar a buen ritmo. Unos kilómetros de vía verde nos conducen al kilómetro 66 (Cimabanche) rebasamos el ecuador de la carrera. Punto kilométrico donde tenemos La bolsa de vida, Pablo se echa un poco en la hierba detrás de la carpa del Avituallamiento a descansar y yo aprovecho para cambiarme de camiseta y recargar pilas. Salimos de nuevo, no sin antes tomarnos un café en un bar que había justo al lado de la carpa.

Antes de cruzar la carretera, vemos algunos corredores que han decidido tirar la toalla, tomamos un camino que sube de nuevo, entre la vegetación alpina algún que otro arroyo cruza delante de nuestros pasos. Poco a poco nos adentramos en un barranco, pedreras y bloques caóticos adornan el serpenteo de un río con abundante agua, más arriba nos tocará cruzarlo a través de un puente improvisado con el tronco de un árbol, llegamos al refugio de Forc Lerosa, algo ha pasado puesto que después de dejarlo y seguir nuestro ascenso, vemos cómo el helicóptero de rescate se aproxima y aterriza en las cercanías. Continuamos haciendo cima, no hay vegetación, las vistas son espectaculares…alta montaña.

Bajo por una senda que se transforma en un camino bastante ancho, y sigo bajando hasta el próximo avituallamiento (Malta Ra Stua), me sigo encontrando muy bien, tanto físicamente como mentalmente. Mientras como, espero a Pablo, aunque el viento frío hace que al rato me encuentre incómodo, me levanto dispuesto a arrancar, pero espero un poco más, al final salgo caminando y a lo lejos veo que llega Pablo, lo llamo y me dice que continúe. Aquí empieza mi segunda carrera.

Comienzo de nuevo a subir, me sigo sintiendo bien, los kilómetros no hacen mella, aunque esta última parte de la carrera será brutal y nada que ver con los 90 km que llevábamos hasta el momento.

La primera subida, hasta Col de Bois “pica”, casi 1000+ de golpe, pero supero con creces la primera embestida, bajo hasta Col Gallina. Los paisajes son preciosos y quizás y sin saberlo sean parte del motor que me sigue empujando.

A partir de ahora empieza la parte más técnica de la carrera. Pero siendo Alicantino, me vienen a la mente carreras como la Perimetral a Benissa, Botamarges o incluso el antiguo desafío lurbel…, no me da miedo y efectivamente no llega a la altura de estas… al poco estaba en el refugio de Averau, un lugar donde sería capaz de pasar mucho tiempo contemplando ambos valles.

Una bajada por un camino fácil y saludo a uno de los fotógrafos oficiales de la carrera, son españoles, dan ánimos, siempre viene bien. La organización nos hace salir del camino para subir una senda que termina en un altiplano con mucha roca y bloque caótico, me recuerda a mi querida marina alta…, sigo pasando a gente y las piernas siguen con muy buen tono.

Afronto la última bajada, más de 12 km, donde tengo que dejar en esta, toda la altimetría hasta llegar a Cortina…, los 3 primeros kilómetros son fáciles, tanto que me permito el lujo de bajar el ritmo por debajo de los 5 min…, no paro…, ni siquiera en uno de los avituallamientos y continuo.

La senda se empina cada vez más y es un romperodillas…, comienzo a notar cargadas las piernas, pero mi cabeza ya no para y continúo bajando bastante fuerte. Veo a alguien con un tatuaje de UTMB en una de sus piernas y me reconforta pensar que soy todavía capaz de seguir a este gran tipo después de esa gran azaña conseguida, al final lo consigo pasar y continuo. Ya puedo ver el pueblo, me tomo mi último gel …, que es pensar en mi familia, mejor sin duda que todos los que puedas probar de cafeína, doy la vuelta a la calle, subo y comienzo escuchar a la gente dándome alientos de ánimo en Italiano ¡¡“forzaaaa”!!

La meta está cerca, ¡¡ ahora siiii!! los sentimientos a flor de piel, mis hijos me llaman, el mayor sabe que estoy un poco teniente…, me llama por mi mombre y los veo. ¡Paso cerca de ellos y los cojo de la mano para cruzar meta!

Elías

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Elías H 21:57:11 416 370

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