Transgrancanaria 2019 (22-Febrero-2019)

Historia de tres maratones

Hay experiencias que por mucho que te las cuenten, por mucha atención que pongas nunca eres capaz de entender. El narrar algo que has vivido intensamente no es como sentirlo en tus carnes por mucho empeño que pongas en la explicación, es como tratar de describir qué sientes al recibir una descarga eléctrica o la sensación de ahogo cuando te falta el aire, es como ver nacer a tu hijo o ver morir, ver como alguien muere no puede explicarse, son cosas que has de vivirlas en tu propio pellejo para saber lo que son, no se pueden contar.

Hace un año estuve en Gran Canaria disfrutando como espectador de la Transgrancanaria HG, 125 km de puro trailrunning con 7500 m de desnivel positivo. Entonces pude ver como alguien a quien admiro y considero amigo hizo la carrera con bastantes dificultades y el estado en que terminó, aun estando como está curtido en grandísimas batallas me hizo suponer que la Transgrancanaria no era cosa fácil.

Preámbulo

En junio pasado y justo después de nuestra aventura en tierras anglo-escocesas, con las piernas aún calientes a alguien de los allí presentes se le ocurrió plantear el siguiente reto que no resultó ser otro que el que hiciera Josemi hace un año y que a mí me dejara exhausto con sólo escuchar su narración.

Pues bien, una vez diseñado el plan ya no había marcha atrás y sólo nos quedaba organizar el viaje y preparar piernas y cabeza para algo que hasta entonces era nuevo para los tres, a saber: mi primo José Miguel, mi compadre Lisardo y el redactor del presente. Ahora sólo quedaba empezar a rellenar el cuaderno de bitácora y tratar de escribirlo hasta la última página huyendo a toda costa de tormentas y derivas.

Trazando estábamos ya las primeras coordenadas de la ruta cuando nos percatamos de que sin duda otro par de piernas sería de gran ayuda y muy bien venido y efectivamente, Miriam vino a sumarse al grupo con idea de correr la maratón, otra distancia de la Trans.

Preparación

Nunca antes había yo corrido una carrera tan larga y un desnivel acumulado de tantos metros era para mí sin duda un grandísimo reto. Al principio las dudas empezaron a asaltarme y ante las cifras a manejar llegué a la decisión de intentar no obsesionarme con los entrenamientos ya que como bien supuse en una prueba tan larga es más importante entrenar el músculo gris que el rojo y aparte de varios rodajes de más de 30 km, un par de salidas nocturnas y algún que otro entrenamiento con desnivel decidí que poco más podía hacer salvo cambiar la percepción del espacio-tiempo y que el día de la prueba sería la cabeza la que debía mandar.

Inicio

Llegamos a Gran Canaria el miércoles 20 de febrero. A esas horas la 360, la modalidad de 250 km ya había salido, Esteban ya estaba moviendo sus huesos por la isla. Sin palabras.

Esa misma noche ya en Las Palmas decidimos dar un último rodaje por la playa de las Canteras los cuatro solos, disfrutando de un momento íntimo, inhalando la brisa del Atlántico y terminando con un baño reponedor en el inmenso océano. Fue como un instante mágico, liberador, depurativo, un acto provocativo de sacar pecho, de pisar firme, de imprimir nuestras huellas sin miedo en la blanca arena de la playa que nos vería partir horas después.

La carrera

La maratón se celebró el viernes con el amanecer y para la salida hubimos de desplazarnos al Garañón, un paraje precioso en medio de la isla, de senda vegetación y altísimos pinos canarios, se trata de un campamento de recreo con unas instalaciones básicas e infraestructura adecuada para dar soporte a un evento deportivo.

La maratón decidía este año quiénes serían los primeros seleccionados para el próximo campeonato del mundo de Trail-running lo cual la hacía especialmente atractiva. Una carrera rápida y cruelmente engañosa ya que se trata de una prueba con mucho más desnivel negativo que positivo, hecho que en este terreno sólo es bueno si estás muy fuerte y has entrenado sobre escombros y tachuelas.

Miriam salió sonriente, se le veía contenta y ligera, nos desplazamos a verla a varios lugares del recorrido y puntual aparecía desde detrás de aquella piedra o de ese árbol. A pesar de hacer calor supo dosificarse y libró el compromiso con muy buen resultado. Considerando que se trataba de su primera maratón de montaña he de decir que aprobó con altísima nota, rozando el diez.

Una vez recuperada nuestra representación femenina, hecho que le costó poco, volvimos a Las Palmas con la mente puesta ya en las 23.00 h. en que llegaría nuestro turno.

Ya en el apartamento José Miguel optó por echar una larga siesta mientras que ni Lisardo ni yo fuimos capaces. Entonces fue cuando por primera vez las dudas empezaron a atacarme, no solo fui incapaz de dormir un solo minuto, sino que la indecisión me empezó a atosigar, comencé a temer lo peor, el no ser capaz de acabar algo que ya estaba a punto de terminar. Afortunadamente Maricarmen, mi mujer, estaba como siempre a mi lado y su ánimo me recompuso. Mi carrera ya había empezado.

El momento

23.00 h. en la playa de las Canteras. Este momento ya lo había vivido hace un año, pero como dije antes, como espectador y no es igual que te lo cuenten a que seas tú el que se esfuerce por poner la mente en orden, el que trate de no pensar y sobre todo intente convencerse de que no se ha equivocado.

La salida se dio puntual y pronto la arena amiga volvió a acariciar nuestras suelas, una hilera inacabable de luces blancas y rojas parpadeantes se dirigía a la negrura del campo a través y en las primeras rampas era como asistir a un festival de luciérnagas que amistosamente hicieran cola para avanzar de forma ordenada, en fila, cadenciosas, a ritmo.

A partir de este momento me di cuenta de que ya no había marcha atrás ni otro camino que el de las sendas, piedras y barrancos que como finos capilares cubren la isla en toda su extensión. Los primeros kilómetros sirvieron para que Lisardo fiel a su estilo pusiera la reductora y adoptase un ritmo homogéneo y constante mientras que José Miguel y yo anduvimos dudando hasta que la fuerza del primero y la realidad me llevaran a dejarme caer para recomponerme. Así mi primo se marchó con cierta facilidad y en alguna parte detrás de mí estaba el tercero. Los avituallamientos comenzaron a aparecer puntuales y bien abastecidos, las poblaciones siempre te regalaban con la presencia de espectadores animosos incluso a altas horas de la noche. Los cortes se iban librando holgadamente. Arucas, Teror, primera maratón, Fontanales.

La magia

Amanecía para mí en una zona de verdes praderas, húmedas por el relente y de una frescura agradable cuando alcancé por fin el lugar más alucinante que me podía imaginar, la bajada a la Presa de los Pérez. Ya me lo advirtió Josemi hace un año, pero claro, repito que no es igual vivirlo que te lo cuenten.

El descenso a la Presa de los Pérez es un zig-zag trepidante para disfrutar, el agua resbala por las paredes y las rocas cubiertas de musgo te hacen preguntarte dónde estás. El sol empezaba a esas horas a romper en el horizonte y el rocío de la densa vegetación reflejaba miles de lucecitas destellantes. En ese momento me paré, hinché los pulmones y recordé las palabras de mi amigo “J” que días antes me dijo: “disfruta de la carrera, si sientes que tienes necesidad de parar por parar, hazlo y disfruta del momento”, a esas alturas aún me faltaba más de la mitad, pero sentí más que en ningún momento que podía terminar.

Artenara, maratón y media

Artenara es el pueblo más alto de la isla, una población muy bonita y a la que prometí volver hace un año para tomarme un “leche-leche” como dicen por aquí y como siempre, cuando prometo algo intento cumplirlo.

A la entrada del pueblo estaban Margarita, Miriam y Maricarmen esperando. José Miguel hacía un rato que había pasado por allí y como no podía ser de otra manera nos tomamos el cafelito prometido. La verdad es que me vino muy bien, aunque mucho mejor fue encontrarme con nuestras acompañantes que se curraron una buena intendencia.

El viaje a la Luna

Después del paso por Tejeda la siguiente subida era la que llevaba al roque Nublo, un descomunal monolito rocoso en el medio de una llanura de piedra que te hace sentir como un explorador en la luna, como un viajero del espacio. El roque Nublo es el mayor monumento natural de la isla, un regalo que te hacen en la Transgrancanaria, es como si te abrieran la puerta de su capilla más sagrada, de su rincón más secreto, del lugar más íntimo de su casa. Una vez llegas a los pies del roque sólo puedes mirar hacia arriba y sobrecogerte por la inmensidad, por la bravura de la naturaleza que formó estás islas tanto tiempo atrás. Es impresionante.

El Garañón, última maratón

Otra vez aquí, pero esta vez lo que Miriam hiciera horas atrás nos alcanzó ya con las fuerzas al límite, ¡ojalá hubiera estado ella allí!, al fin y al cabo, ya se conocía el terreno y me habría llevado de la mano, fuerzas le habían quedado de sobra.

En el Garañón decidí cambiarme de ropa y obligarme a comer un puñado de macarrones. Yo no soy de comer mucho en carrera, no me entra nada, rellenar la bolsa y a por la última maratón.

Fue al rato de iniciar este último tramo y coincidiendo con un descenso agresivo cuando empecé a sentir que algo no iba bien en el primer dedo de mi pie izquierdo y a partir de aquí un calvario me torturó sin compasión. Es muy duro correr más de 35kms. por montaña con un pie que te castiga dolorosamente a cada paso. La noche se me vino encima y al llegar a Tunte decidí parar un rato para resetear la mente. El momento que tanto temía había llegado, mi cabeza tenía que ser capaz de ganar al dolor así que faltando unos 30 km me pude convencer de que tenía que seguir.

Descenso, dolor, bajada, dolor, salto, dolor, Ayagaures.

Ayagaures

El corte en Ayagaures era la 1.00 h. y llegué sobre las 00.10 h., allí sin atreverme a descalzarme decidí esperar a Lisardo que supuse no debería andar muy lejos y así permanecí hasta las 00.45 h. donde finalmente pensé que no podía demorarme más puesto que sin darme cuenta estaba flirteando con una línea roja.

Este año subieron el kilometraje y su correspondiente desnivel con respecto al pasado, además en un comunicado de última hora anunciaron otra pequeña ampliación todo ello manteniendo los cortes de la anterior edición así que fueron casi 130 km Este hecho sin duda ahogó la zancada de mi amigo, le paró los pies que avanzaban firmes hasta que lo retiraron tras 100 km en sus piernas, no porque se rindiera sino porque le pillaron a traición. En todo caso, mi espera en Ayagaures nunca tuvo sentido, Lisardo sencillamente ya no estaba y yo no lo supe hasta horas después. A partir de aquí fui pillado de tiempo.

El cementerio

El Barranco de Ayagaures es conocido por “El Cementerio” sin duda porque los corredores a su paso parecemos zombies salidos de las tumbas, la gente se arrastra más que correr y millones de piedras sueltas parecen tener vida propia. Lápidas redondeadas por el tiempo. Piedra, dolor, piedra, dolor, piedra, dolor, me quería morir, descansar en paz en mi sepulcro, reposar en aquel cementerio maldito.

Maspalomas

Iba yo con el teléfono móvil en silencio por miedo a que me llamaran y con miedo a llamar, veía que el tiempo corría y que andaba tan justo que no podía perder ni un segundo siendo que me propuse llamar a mi mujer sólo cuando divisase la estatua de Colón que se halla a escaso kilómetro de meta y así lo hice. Mi esposa aguardaba en meta, me había llamado varias veces y estaba muy preocupada, aunque enseguida me regaló su alegría sabedora de que algo de lo que ella también formaba parte afortunadamente tocaba a su fin. El único trago amargo para mí fue el ver a mi fiel acompañante en tantas ocasiones esperándome bajo la escultura del navegante. Lejos de hundirse, decidió aguardar para acompañarme en mis últimos metros en un acto de generosidad.

El final

Allí estaban José Miguel, que había terminado unas horas antes, Miriam con las piernas nerviosas y Margarita y Maricarmen, todos esperando por mí. No hay más que decir. Gracias.

Balance

  1. Si algo he aprendido con esta experiencia es que siempre somos capaces de más de lo que creemos, que sólo necesitamos preparación y que si te rodeas de buena gente nada puede salir mal.
  2. La gente que va a la Transgrancanaria sabe a lo que va y sólo el terminar es un enorme logro. El hecho de que en una carrera un tercio de los corredores son retirados o se retiran habla sobradamente de su dureza
  3. Miriam hizo una carrera impecable y es capaz de más.
  4. José Miguel tiene un futuro amplísimo por delante y fuerza suficiente.
  5. Lisardo no terminó porque no le dejaron no porque no hubiera podido.
  6. Se puede vivir sin uñas en los pies.

Julián

 

dorsal nombre prueba puesto puesto categoría club
2302 Miriam Maratón 139 16 El Trote Gorrinero
414 José Miguel HG-128 302 117 El Trote Gorrinero
602 Julián HG-128 516 66 A To Trapo
599 Lisardo HG-128 DNF DNF A To Trapo

VI EDP Murcia Maratón (27-Enero-2019)

Pasico a pasico, breve crónica de la maratón de Murcia 2019

Estoy hecho de material de desecho, esa es la conclusión a que he llegado recientemente, de chatarra oxidada.

Cuando nací no se estilaba lo del reciclaje así que mis venas y arterias, los músculos que me mueven y la osamenta que me mantiene erguido no puede provenir más que de un vertedero ilegal de las afueras.

Con esta crónica no quiero dar pena, sólo certificar algo, el hecho de que hasta el que mi cabeza se mantenga sobre mis hombros se debe a que hay un pescuezo que la sujeta en su sitio.

Fotos cortesía de D. Alberto Costilla (el Sombrilla)

Mi último paso reciente por el taller me descubrió mi enésima  anomalía, resulta que tengo, dicho en román paladino,  algo así como una canalización demasiado estrecha para los nervios que transmiten la corriente eléctrica que me activa, en concreto he pasado mes y pico de parón atlético por dolores en mi brazo y hombro izquierdos además de la espalda, amén de que la mano se me echaba la siesta cuando le venía en gana, todo ello junto me impedía correr. Lo que digo, otra lesión para mi curriculum.

Tiempo antes de lo acaecido y relatado en los párrafos anteriores decidí apuntarme a  la maratón de Murcia. Ya la corrí en su primera edición y me gustó, así que ¿por qué no rodar 42 kms. y disfrutar de paso de un fin de semana con mi mujer? (tiene ganado el cielo conmigo). Hasta aquí todo correcto hasta que con esta inscripción ha vuelto a quedarme claro el por qué no me gusta hacer planes a medio plazo.

Fotos cortesía de D. Alberto Costilla (el Sombrilla)

Una vez decidido a correr y con unas piernas con menos kilómetros que las de un amputado me dispuse a mantener el plan y ¡acho, pijo!, un pat-telico de canne y un platico michirones y…a tirar millas.

Todo pintaba bien, normal, como otras muchas veces. Feria del corredor muy justita que se compensó con una camiseta chulísima. Al día siguiente todo marchaba según lo previsto, yo estaba recuperado de mis nervios (físicos, los mentales a esta altura ya me dicen poco) y de la forma más tonta, no podía ser de otro modo, al vestirme, como digo, ¡zas! me quedo más enganchado que la Amy Winehouse (es que también tengo una protusión discal, cosas mías, no me falta de nada), lo que digo, una piltrafa de tío.

Allí me hallaba yo a las 7.00 AM maldiciendo mi suerte agachado junto a la cama, mientras las palabras de mi mujer me intentaban confortar. En cuclillas como un niño jugando a las canicas, estudiando la jugada temeroso de cualquier movimiento vertebral mirando al vacío cuando de repente como si me hubieran hecho una carambola me sonó el teléfono móvil con una notificación de facebook. Una grandísima jugadora, la campeona del mundo de canicas a tres bandas, la que nunca falla me había mandado un mensaje de ánimo.

Con este impulso tenía que ponerme en pie aunque sólo fuera por la inercia del soplo de energía, o al menos intentarlo.

Pues eso, me incorporo lentamente, me termino de aviar con más miedo que destreza y ya en la calle me propongo calentar muy despacio, largo, suave, con tiempo y afortunadamente pude notar cómo si no torsionaba y pensaba cada movimiento de la espina antes de llevarlo a cabo, todo podía acabar bien.

La salida se dio puntual, con media maratón y 10 k. simultáneamente. La de Murcia es una de esas pequeñas maratones que puedes disfrutar si te lo propones, un estilo a Zaragoza o Castellón por ejemplo ya que no hay masificación, los organizadores le ponen empeño y lo hacen con mucho cariño. El circuito es en dos vueltas y el único punto despreciable es el paso en cuesta por los kms. 9-11 que por desgracia se repite en los kms. 30-32, es decir que al tío del mazo le dio tiempo de sobra para repartir mandobles a placer, ¡menuda escabechina!

Yo me decidí a salir con el práctico de las 3.30 h. y ver qué tal me encontraba. Todo fue muy bien hasta el km. 30 más o menos donde por obligación más que por elección decido bajar el ritmo y terminar rodando.

La meta en la plaza de la catedral es todo un acierto.

En definitiva, una maratón interesante para disfrutar y además cerca de casa.

Hoy aun tengo que escribir acoplado en la silla, las vértebras van poco a poco a su sitio y la cabeza sigue en su lugar, que no es poco. ¡Qué os voy a contar!, todos tenemos algo a estas alturas:  algún cartílago erosionado, contracturas, roturas, desgastes. No quiero dar pena repito, más bien al contrario, sólo quiero dar ánimos y que el material de desecho no os pare, que las articulaciones oxidadas no os chirríen y si lo hacen no les hagáis caso. A mí hasta ahora me va funcionando.

Mientras la cabeza os acompañe, el resto le seguirá.

PD. Gracias Pili por la carambola.

Julián

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián M50M 3:48:50 179 15

XXXI München Marathon (9-Octubre-2016)

Tannhäuser, una ópera en tres actos

Primer acto

Cuadro I

Por primera vez, lo prometo, me he quedado en blanco y sin ideas, es como si las musas, las ninfas y hadas bailaran a mi alrededor tratando de distraerme. La grandeza de lo vivido, las sensaciones de lo que va más allá de lo material me han seducido y me han transportado a otro mundo en un viaje al que no he podido resistirme, Munich me ha alejado de la esencia de lo terrenal y así he emprendido un alucinante viaje entre lo fantástico y lo real.

La salida de la maratón se dio puntual en la Coubertainplatz, explanada anexa al estadio olímpico que se hallara como encajada en un valle próximo a un castillo dominador del paisaje, imponente arquitectura de diseño impresionante aún, moderno incluso para hoy.

Pronto nos dirigimos colina abajo hacia el centro de la ciudad. Entre amplias avenidas nos movíamos alegremente en esos primeros metros, como siguiendo el canto hechizante que nos alejaba cada vez más de lo humano en busca de una “Venus” seductora, pecadora.

Fue pasado el km 5 cuando el circuito entró en un tramo de ida-vuelta en que busqué desesperadamente al resto de la expedición algún rostro conocido, necesitaba mirarles a los ojos, preguntarles si sentían lo mismo que yo y si como yo se movían embriagados porque a esas alturas eran las piernas las que mandaban, no la cabeza. Busqué el verde de la equipación entre la multitud y no lo pude hallar. Tras esto emprendimos camino hacia el norte, hasta llegar casi a rozar el “ring” de la ciudad, siendo allí donde giramos a la derecha (el tema del anillo corresponde a otra ópera, quizá para otro día), dirigiendo nuestros pasos a la Munich verde de jardines generosamente arbolados, de lomas y prados de jugosa hierba que crece casi sin querer. Aquí fue cuando sentí que algo empezaba a cambiar.

Cuadro II

Englischer Garten, pulmón de la ciudad, de una densidad sobrecogedora, umbroso, oscuro, casi inhóspito. A mí que el frío me anula me costó muchísimo recorrer sus entrañas. Desde el primer metro sentí como si hubiera entrado en otro mundo en el que me desplazaba casi reptando, serpenteando el interior del resbaladizo intestino kilométrico de un formidable ser. Enseguida se impregnó todo mi cuerpo de los vahos húmedos que exhalaban los árboles que flanqueaban las sendas asfaltadas. Por aquí y hasta abandonar el parque la carrera discurrió entre claroscuros por un paisaje de ensueño, fresco como digo y encharcado en ocasiones. Sobre el km 16 salimos de allí para volver a entrar y abandonarlo definitivamente sobre el 19.

Al punto, la maratón volvió a encaminarse de nuevo al casco urbano puro. El asfalto volvió a ofrecernos su cara más dura, lejos ya de la amabilidad del parque, cuyo negro alquitrán era suavizado por el  verde del contorno en un engañoso efecto placebo. Al poco alcanzamos la zona de salida de la carrera pequeña, donde volví a buscar a parte de los nuestros por si andaban ya por allí pero no, era demasiado pronto, el inicio de la media maratón quedaba muy lejano aún en el tiempo.

Fue a partir de aquí cuando la maratón de Munich entró en su lado menos amable, el camino al sur nos muestra un paisaje urbano monótono de ciudad vulgar, lejos del encanto del Altstadt. En algún momento debimos cruzar el Isar pero no lo vi, así me transportaba la enajenación que anulaba mi consciencia.

Segundo acto

Empieza el conflicto. Tenía que llegar, así lo marca el guión. Finalmente me encontré con mi particular “Biterolf” el cual me esperaba paciente y con mano dura se empeñó en castigar la osadía que me llevara a anhelar acabar esta aventura intacto, triunfador. Sería el km 28 cuando tocado me decidí a abandonar el grupo que me acompañaba ya que a ello me obligaron los pesados pertrechos que cargaba desde hace más de un mes en modo de una tendinitis fastidiosa por un lado y una maldita condromalacia, herida de representaciones anteriores y que sólo puede empeorar, es lo que tiene pisar tantas tablas. Mas como en la ópera original supe sobrevivir y con sólo bajar el ritmo puede seguir dignamente y aunque los harapos que me cubrían habrían confundido incluso a mi buen amigo “Wolfram” (aunque esto corresponda al tercer acto), salí del enfrentamiento victorioso y el hecho feliz de encontrar caras conocidas allí donde más se necesita me dio la vida. La visión de Mª Carmen con Rosa y poco después Dámaris y el pequeño Jacobo me insuflaron la fuerza que me faltaba. El paso por la Marienplatz rondando los kilómetros 30-32 según la perspectiva, fue como un chute de energía, allí volví a ver a mi gente y allá en lo alto, aunque creo que nadie más lo vio y sinceramente no me importa que la alucinación forme parte de mi particular esquizofrenia pude ver, digo, cómo los toneleros habían dejado de bailar y descendidos de su carrusel en lo alto del Neues Rathaus se cogían de la repisa asomados hombro con hombro mientras susurraban en un tono casi inaudible un continuo “prost” a cada corredor como con miedo a ser descubiertos mientras ofrecían cariñosos sus jarras en un incansable vaivén.

Tercer acto

Karolinenplatz, km 34. A lo lejos la Frauenkirche de torres asimétricas que sirvieran en un pasado próximo de mirilla para hechos desdichados, nos observaba amable empinándose, de puntillas entre los edificios colindantes para que no perdiéramos el norte en nuestro camino, hacia allá nos encaminábamos. En el km 35 la Theresienstrasse y la Siegestor, puerta de la victoria en castellano, mi particular “puerta de Tannhäuser” (quien sea aficionado al buen cine de ciencia ficción sabe de qué hablo). El barrio de las pinacotecas y la zona cultural de edificios de media altura, recios, de un uniforme equilibrio arquitectónico que hacen de este un lugar  de aspecto señorial, cerca Lopoldstarsse y el barrio universitario.

A partir de aquí, como en todas las maratones es cuando anhelas alcanzar el final, resucitar, despertar del sueño, de hecho de esto se trata este acto.

Franz-Joseph-Strauss no era un compositor sino un político de gran impronta que da nombre al aeropuerto de la ciudad y a la avenida que nos llevó hasta Ackermannstrasse para a lo lejos vislumbrar la altísima torre de comunicaciones, el edificio más elevado de Munich, imponente estructura que como un altísimo hito parecía emerger de las entrañas de la tierra para señalarnos el camino al cielo, a la gloria. A sus pies el estadio olímpico.

Se accede al estadio olímpico por la puerta de maratón, la misma que atravesara Frank Shorter en los JJ.OO. del 72, las mujeres aun tendrían que esperar a Joan Benoit 12 años después en Los Ángeles. El túnel iluminado con luces alucinantes y ambientado con una música eléctrica, te catapulta al interior de un espaldarazo. Tras ello… no soy capaz de describirlo, se puede decir que aquí terminé muriendo para alcanzar la redención póstuma, de este modo termina esta obra.

Si no lo has vivido no lo puedes contar y aún así a mí, como dije al principio, me cuesta.

img_9849

Como apunte final sólo decir tres cosas:

  1. Habría sido fácil hablar de Munich usando a otros temas recurrentes, repito, eso habría sido lo fácil.
  2. Quiero dar un abrazo a aquél que me mostró su lado más humano confesándome la gran emoción que sintió al pisar el estadio de aquellos JJ.OO. que recuerda como los primeros de que tiene uso de razón (él sabe). Me llegó profundo.
  3. Gracias A to trapo, hay ratos en que me hacéis sentir vivo.

Julián

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián M45 3:14:07 391 92
Pili F45 3:18:06 19 4
Josemi M45 3:32:49 1014 210
J.Ant.Mejías M40 3:44:33 1490 247
Juanma M55 3:56:50 2076 103
Martina F50 3:56:51 291 27
Lisardo M55 4:00:53 2312 121
Jose Castelló M45 4:01:09 2324 454
Maripaz F50 4:22:39 565 54
Jordi G. M 4:27:36 3163 404
Vicente G. M 4:27:37 3164 405
Muffy M45 4:31:59 3248 628
Nacho M40 4:31:59 3249 536
Manolo M70 4:31:59 3250 6
Borja M 4:31:59 3251 406
Jesús M55 4:35:23 3308 210
Roberto M50 4:51:05 3549 482

IX Milla Romana de Valeria – Cuenca (14-Agosto-2016)

IMG-20160821-WA0008Existen sitios que sin esforzarse evocan un tiempo remoto, casi fantástico, lugares donde el pasado está presente en cada recodo del camino, bajo cada piedra, en las brisas perfumadas que vienen del fondo aquél barranco.

Fue hace ya más de 2000 años que el Cónsul Cayo Valerio Flaco fundara la ciudad de Valeria, que en honor a su estatus le correspondía. Era entonces cuando Hispania era Roma y Roma la cuna de gentes que escribieron largos capítulos de la historia, de los que se leen de tirón.

En Valeria perduran las ruinas de aquella época, conservadas en parte y por descubrir en su mayoría según los expertos. Es Valeria en la actualidad un enclave precioso en la serranía baja de Cuenca, abrazada por el río Gritos que se ha convertido sin buscarlo en un referente mundial de la escalada –de la de pie de gato- gracias a su orografía y a la belleza de su entorno. En sus cárcavas anidan rapaces y decenas de especies de aves menores que se sacrifican a favor las primeras. Los buitres leonados y los alimoches planean majestuosos como guardianes mudos de un enclave único.

IMG-20160821-WA0000Hace ya unos años que los hijos del pueblo, los hijos de Valeria se fueron. La despoblación rural esquilmó el centro peninsular y un pueblecito sin apenas recursos no podía ser menos. Allí siguieron los padres que envejecieron lentamente como la áspera roca caliza del valle. Allí quedaron aún así gentes que evocaban un pasado glorioso aunque sólo sus nombres lo dijeran: Justiniana, Aniana, Pompilio, Feliciana, Tasio, Donelia, Emerita, Orfelina, Prudencio, todos estos, nombres reales de la actual ciudad romana de Valeria. Nombres que susurran un antaño pasado glorioso.

IMG-20160821-WA0010Emiliana es nombre que evoca a Roma. Emiliana era la madre de mi esposa (Carmen, que suena a otras cosas) que hubo de marcharse también aunque siempre volvía en cuanto tenía ocasión, aunque fuera en un vuelo inventado, mezclando su imaginación de la niña que fue con la brisa que la guiaba cada mañana a llevar el almuerzo a su padre, pastor.

Emiliano es nombre que también suena a Roma. Pastor del “noguerón” almorzaba gustoso una pequeña parte de las viandas que su hija le acercaba cada mañana a la cual invitaba con el resto. Él conocía aquellos parajes como nadie, cada repecho, cada bosquejo de encinas y cada arroyuelo. Sabía dónde anidaba la calandria o por dónde se movía la raposa, dónde habría níscalos el próximo otoño –porque una nube de agosto se dejó caer- o qué zarzas daban las moras más dulces.

Emiliano podría haber sido el señor de aquellas tierras, no como poseedor, sino como fiel amante y por ello contribuyó notablemente al revivir del pueblo al impulsar el descubrimiento y conservación de las ruinas romanas de Valeria, hoy “parque arqueológico”, ¡si levantara la cabeza!

Hace ahora ya unos años que los hijos volvieron, aunque sólo sea en época estival y sea por remordimiento, por deuda, por nostalgia o por cariño, que todo vale si la causa lo merece, decidieron promover unas jornadas romanas que empezaron renqueantes y ahora son un referente nacional. Se trata de revivir y compartir costumbres y formas de vida de hace ya dos milenios, actos que se prolongan varios días y actividades con mayor o menor acierto pero que, como digo, si el objetivo es bueno, pues bien sea. En este entramado de actividades se celebra la milla romana de Valeria.

IMG-20160821-WA0006La Milla. La milla romana consta de 1700 m, según dicen los historiadores, y parte del “miliario”, junto al puente romano, lindando el cauce del río, allí donde décadas atrás se cultivaba el azafrán. Prudencio, que ya lo he nombrado, es el organizador. Viejo fondista de los que lo dan todo y no esperan nada a cambio, hijo del pueblo y familia de mi mujer. Pues bien, allí que me encuentro casi por casualidad y alguien me inscribe como “local” sin yo saberlo. No es éste hecho del todo falso y sí que fue algo que me caló profundo. Se dio la salida a un grupo de corredores aproximado a XL (no un grupo grande, es que 40 se escribe así, en idioma romano, claro) y allí me siento como un camello en una carrera de galgos, pero como camello viejo que soy decidí disponerme a dosificar la grasa de mi joroba y esperar a que la cosa se complicara ya que transcurrida más o menos la mitad de la carrera se inicia un ascenso durísimo entre piedras y cardo, de los que quitan el hipo, así que fue cuestión de meter la reductora y tirar de la cuadriga para arriba, en la cuesta logré así acabar con algún legionario que se me resistía. La meta en lo más alto, en las ruinas de la basílica y el corazón por contra durante un rato largo se me quedó abajo. Arriba tras pasar por meta me sentí feliz, seguí mi trote hasta el despeñadero a la búsqueda del silencio y de la soledad por nada, sólo por respirar, disfrutando de un momento íntimo e irrepetible. Allí, frente a un enorme sol anaranjado que empezaba a ocultarse fue cuando sentí que mi aliento se mezclaba con el aire, el oxígeno que me nutría era aquél que respiró gente que ahora estaría orgullosa de que no se les olvide.

P.D. El gentilicio de Valeria es Valeriense o Valeroso, me quedo con el II (segundo).

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián Local 2 1

XXIX carrera Popular Hoz del Huécar – Cuenca (5-Junio-2016)

Quince kilómetros para disfrutar

Alguien dijo un día que el ciclismo es un deporte único ya que el espectador ve de cerca a los ciclistas de élite, campeones del mundo, medallistas olímpicos, incluso en ocasiones puede hasta tocarlos y eso lo hace un deporte especial. Pero en lo que muchas veces no reparamos los corredores populares, es que en los miles de carreras que se programan a lo largo de la geografía eso también ocurre, con la diferencia de que además podemos competir junto a ellos, contra ellos en cierto modo. El pasado domingo tuve el privilegio de compartir línea de salida con Juan Carlos de la Ossa, uno de los mejores fondistas de nuestra historia, para mí siempre ha sido el más “keniata” de los corredores blancos de España, fue todo un privilegio al alcance de todos.

02La carrera popular “Hoz del Huécar” llegaba a su XXIX edición y el día acompañó para que esta carrera, que ya peina canas, se convirtiera en una fiesta de principio a fin. La prueba comenzó puntual en el centro de la ciudad nueva de Cuenca y tras un callejeo de un par de kilómetros comenzó su ascenso por la carretera conocida como de “Palomera”, pasando por debajo del puente de San Pablo, donde las Casas Colgadas observaban desde la altura. Es a partir de ahí cuando el paisaje, las fuentes cristalinas, los cortados calizos, la profunda hoz y el río de aguas claras hacen de “la hoz” una carrera especial, once kilómetros de subida con rampas durísimas a mitad. A partir de mediada la carrera comienzan los toboganes rompepiernas que apenas permiten la recuperación tras el duro esfuerzo. Transcurridos 13 kilómetros del total se alcanza el punto más alto de la capital, más allá del barrio extramuros del castillo. A partir de aquí es cuando empieza lo verdaderamente duro, un descenso vertiginoso con rampas de gran desnivel que llevan del castillo a la plaza mayor hasta atravesar los arcos del ayuntamiento, todo ello entre los aplausos y las miradas curiosas de los turistas. Una serpiente multicolor, recurriendo de nuevo al mundo del ciclismo, avanza a toda velocidad buscando la línea central de la calle, de unos 30 cms. de ancho que es donde únicamente no hay pavés ya que a esta altura cualquier ayuda es poca. Como un convoy sin frenos se desciende lo más rápido que se puede, de ahí su dureza, cuando las piernas han memorizado un ascenso de 13 km, dos son pocos para deshacer lo ya hecho.

Al final Juan Carlos, el “Tete”, arrasó, Sonia Plaza volvió a reinar y los casi 1500 restantes disfrutamos como sólo sabemos hacerlo: sufriendo. ¡viva la Hoz!

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Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián VET C MASC 1:04:05 148 18