IX Milla Romana de Valeria – Cuenca (14-Agosto-2016)

IMG-20160821-WA0008Existen sitios que sin esforzarse evocan un tiempo remoto, casi fantástico, lugares donde el pasado está presente en cada recodo del camino, bajo cada piedra, en las brisas perfumadas que vienen del fondo aquél barranco.

Fue hace ya más de 2000 años que el Cónsul Cayo Valerio Flaco fundara la ciudad de Valeria, que en honor a su estatus le correspondía. Era entonces cuando Hispania era Roma y Roma la cuna de gentes que escribieron largos capítulos de la historia, de los que se leen de tirón.

En Valeria perduran las ruinas de aquella época, conservadas en parte y por descubrir en su mayoría según los expertos. Es Valeria en la actualidad un enclave precioso en la serranía baja de Cuenca, abrazada por el río Gritos que se ha convertido sin buscarlo en un referente mundial de la escalada –de la de pie de gato- gracias a su orografía y a la belleza de su entorno. En sus cárcavas anidan rapaces y decenas de especies de aves menores que se sacrifican a favor las primeras. Los buitres leonados y los alimoches planean majestuosos como guardianes mudos de un enclave único.

IMG-20160821-WA0000Hace ya unos años que los hijos del pueblo, los hijos de Valeria se fueron. La despoblación rural esquilmó el centro peninsular y un pueblecito sin apenas recursos no podía ser menos. Allí siguieron los padres que envejecieron lentamente como la áspera roca caliza del valle. Allí quedaron aún así gentes que evocaban un pasado glorioso aunque sólo sus nombres lo dijeran: Justiniana, Aniana, Pompilio, Feliciana, Tasio, Donelia, Emerita, Orfelina, Prudencio, todos estos, nombres reales de la actual ciudad romana de Valeria. Nombres que susurran un antaño pasado glorioso.

IMG-20160821-WA0010Emiliana es nombre que evoca a Roma. Emiliana era la madre de mi esposa (Carmen, que suena a otras cosas) que hubo de marcharse también aunque siempre volvía en cuanto tenía ocasión, aunque fuera en un vuelo inventado, mezclando su imaginación de la niña que fue con la brisa que la guiaba cada mañana a llevar el almuerzo a su padre, pastor.

Emiliano es nombre que también suena a Roma. Pastor del “noguerón” almorzaba gustoso una pequeña parte de las viandas que su hija le acercaba cada mañana a la cual invitaba con el resto. Él conocía aquellos parajes como nadie, cada repecho, cada bosquejo de encinas y cada arroyuelo. Sabía dónde anidaba la calandria o por dónde se movía la raposa, dónde habría níscalos el próximo otoño –porque una nube de agosto se dejó caer- o qué zarzas daban las moras más dulces.

Emiliano podría haber sido el señor de aquellas tierras, no como poseedor, sino como fiel amante y por ello contribuyó notablemente al revivir del pueblo al impulsar el descubrimiento y conservación de las ruinas romanas de Valeria, hoy “parque arqueológico”, ¡si levantara la cabeza!

Hace ahora ya unos años que los hijos volvieron, aunque sólo sea en época estival y sea por remordimiento, por deuda, por nostalgia o por cariño, que todo vale si la causa lo merece, decidieron promover unas jornadas romanas que empezaron renqueantes y ahora son un referente nacional. Se trata de revivir y compartir costumbres y formas de vida de hace ya dos milenios, actos que se prolongan varios días y actividades con mayor o menor acierto pero que, como digo, si el objetivo es bueno, pues bien sea. En este entramado de actividades se celebra la milla romana de Valeria.

IMG-20160821-WA0006La Milla. La milla romana consta de 1700 m, según dicen los historiadores, y parte del “miliario”, junto al puente romano, lindando el cauce del río, allí donde décadas atrás se cultivaba el azafrán. Prudencio, que ya lo he nombrado, es el organizador. Viejo fondista de los que lo dan todo y no esperan nada a cambio, hijo del pueblo y familia de mi mujer. Pues bien, allí que me encuentro casi por casualidad y alguien me inscribe como “local” sin yo saberlo. No es éste hecho del todo falso y sí que fue algo que me caló profundo. Se dio la salida a un grupo de corredores aproximado a XL (no un grupo grande, es que 40 se escribe así, en idioma romano, claro) y allí me siento como un camello en una carrera de galgos, pero como camello viejo que soy decidí disponerme a dosificar la grasa de mi joroba y esperar a que la cosa se complicara ya que transcurrida más o menos la mitad de la carrera se inicia un ascenso durísimo entre piedras y cardo, de los que quitan el hipo, así que fue cuestión de meter la reductora y tirar de la cuadriga para arriba, en la cuesta logré así acabar con algún legionario que se me resistía. La meta en lo más alto, en las ruinas de la basílica y el corazón por contra durante un rato largo se me quedó abajo. Arriba tras pasar por meta me sentí feliz, seguí mi trote hasta el despeñadero a la búsqueda del silencio y de la soledad por nada, sólo por respirar, disfrutando de un momento íntimo e irrepetible. Allí, frente a un enorme sol anaranjado que empezaba a ocultarse fue cuando sentí que mi aliento se mezclaba con el aire, el oxígeno que me nutría era aquél que respiró gente que ahora estaría orgullosa de que no se les olvide.

P.D. El gentilicio de Valeria es Valeriense o Valeroso, me quedo con el II (segundo).

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Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián Local 2 1

XXIX carrera Popular Hoz del Huécar – Cuenca (5-Junio-2016)

Quince kilómetros para disfrutar

Alguien dijo un día que el ciclismo es un deporte único ya que el espectador ve de cerca a los ciclistas de élite, campeones del mundo, medallistas olímpicos, incluso en ocasiones puede hasta tocarlos y eso lo hace un deporte especial. Pero en lo que muchas veces no reparamos los corredores populares, es que en los miles de carreras que se programan a lo largo de la geografía eso también ocurre, con la diferencia de que además podemos competir junto a ellos, contra ellos en cierto modo. El pasado domingo tuve el privilegio de compartir línea de salida con Juan Carlos de la Ossa, uno de los mejores fondistas de nuestra historia, para mí siempre ha sido el más “keniata” de los corredores blancos de España, fue todo un privilegio al alcance de todos.

02La carrera popular “Hoz del Huécar” llegaba a su XXIX edición y el día acompañó para que esta carrera, que ya peina canas, se convirtiera en una fiesta de principio a fin. La prueba comenzó puntual en el centro de la ciudad nueva de Cuenca y tras un callejeo de un par de kilómetros comenzó su ascenso por la carretera conocida como de “Palomera”, pasando por debajo del puente de San Pablo, donde las Casas Colgadas observaban desde la altura. Es a partir de ahí cuando el paisaje, las fuentes cristalinas, los cortados calizos, la profunda hoz y el río de aguas claras hacen de “la hoz” una carrera especial, once kilómetros de subida con rampas durísimas a mitad. A partir de mediada la carrera comienzan los toboganes rompepiernas que apenas permiten la recuperación tras el duro esfuerzo. Transcurridos 13 kilómetros del total se alcanza el punto más alto de la capital, más allá del barrio extramuros del castillo. A partir de aquí es cuando empieza lo verdaderamente duro, un descenso vertiginoso con rampas de gran desnivel que llevan del castillo a la plaza mayor hasta atravesar los arcos del ayuntamiento, todo ello entre los aplausos y las miradas curiosas de los turistas. Una serpiente multicolor, recurriendo de nuevo al mundo del ciclismo, avanza a toda velocidad buscando la línea central de la calle, de unos 30 cms. de ancho que es donde únicamente no hay pavés ya que a esta altura cualquier ayuda es poca. Como un convoy sin frenos se desciende lo más rápido que se puede, de ahí su dureza, cuando las piernas han memorizado un ascenso de 13 km, dos son pocos para deshacer lo ya hecho.

Al final Juan Carlos, el “Tete”, arrasó, Sonia Plaza volvió a reinar y los casi 1500 restantes disfrutamos como sólo sabemos hacerlo: sufriendo. ¡viva la Hoz!

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Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián VET C MASC 1:04:05 148 18

XVIII MiM. Marató i Mitja – Castellón (23-Abril-2016)

Una carrera con seis metas

02Hace ya más de 15 años de aquella mañana en que una amiga me dejó caer algo así como “¿Sabes Julián que en Castellón han montado una carrera que sube hasta Penyagolosa?…maratón y media nada menos. Estaría bien hacerla algún día”. No se acordará, yo sí. Mª Carmen, que así se llama, atleta de las de antes y montañera de las de siempre, no sabía que había sembrado en mí una semilla que estuvo esperando paciente hasta que este año por fin ha germinado. Gracias amiga, nunca te las di, por haber compartido conmigo buenos ratos y grandes momentos. Ella sabe.

07Aún era noche cerrada, ni siquiera se podía adivinar por dónde saldría el sol ya que su hermana nocturna se resistía a abandonarnos allá en lo alto, una luna grande, brillante que observaba curiosa a cientos de madrugadores que a las 6.00 h. en punto abandonaban la coqueta pista de atletismo de la universidad castellonense. Allá nos lanzamos con el relente del amanecer pegado al pellejo como único acompañante, trotando por caminos asfaltados en grupos que se apiñaban alrededor de aquellos que estuvieron por allí en otra ocasión y sabían que aunque no era obligatorio, un frontal no venía mal para los primeros kilómetros.

La cosa pintaba bien, por delante una jornada larga que empezó a maravillarme cuando el amanecer nos sorprendió ascendiendo la Serra de Borriol. Un vistazo a la espalda bien merecía perder unos segundos, el Mediterráneo estaba hermoso esa mañana y su visión reconfortaba allá en el horizonte cada vez más lejano. A estas alturas, debido a la algarabía del comienzo, la confusión de la noche y nuestras opuestas formas de correr andaba yo un poco por delante de Lisardo, el cual progresaba a ritmo, seguro, constante mientras yo como siempre quería terminar cuanto antes, hecho éste que terminaría cobrándome peaje. No aprendo.

La MIM es una carrera larga, de digestión lenta y que hay que tragar a pequeños bocados, 63 kms. de subida mechada con ligeras bajadas. Así, La Bassa de les Onoretes es el segundo ascenso importante y después otra bajada para llegar a Les Useres. En esta franja horaria fue cuando más calor hacía y cuando el bolo se me empezó a atragantar. 14Con una deshidratación severa y la subida hacia el Mas del Pau andaba yo reptando más que corriendo hasta que rozando la maratón alcancé a un corredor que andaba al borde del colapso “¿cómo estás, necesitas algo?” le pregunté “no gracias, tengo de todo pero en la maratón me retiro, estoy sufriendo mucho y no merece la pena”, me contestó abatido. Allá quedó y confieso que no podía yo dejar de volver los ojos en su busca hasta que al final lo perdí de vista. Estaba yo minutos después recomponiéndome en el avituallamiento cuando le vi llegar hecho jirones. Se dejó caer sin fuerzas y esperó, su semblante hablaba por él. Allí quedé observándolo sin que me viera con una mezcla de piedad y miedo, temor por lo que me quedaba más allá cuando sin reparar en ello vi aparecer entre la gente a aquél que se convertiría una vez más en mi compañero de viaje. 17A to trapo había empezado en equipo y como tal debíamos terminar, ese era el mensaje que no supe interpretar hasta entonces. Mi compadre había venido a echarme un cable y se puso a mi lado mientras de un mandoble certero sacudía de mi espalda a aquél que sin yo saberlo se me había encaramado haciendo mi carga tan pesada. El tío del mazo cayó rodando ladera abajo entre las piedras, silencioso, buscando otra víctima a quién agarrarse, es así el muy cobarde.

Empezó entonces la carrera para mí y en ese tramo hasta el km. 50 en que íbamos uno junto al otro, uno delante y el otro detrás a ratos, el uno tirando del otro y el otro más de mí que yo de él fue entonces, como digo, que me pareció ver a alguien allá en lo alto, en una peña junto a un nido de rapaces observando sonriente saludándonos con la mano en alto o…tal vez fuera una ilusión. Aquel hombre se parecía mucho a nuestro Alejandro si no era él. Aquél que el año pasado quiso y no pudo estuvo allí junto a nosotros de algún modo, estoy seguro o al menos a mí me sirve.

Km. 50. El punto de inflexión. Trotábamos sincopados los dos, unidos por una soga invisible cuando empecé a sentir que lo peor había pasado. Entonces el motor de Lisardo (que es humano) empezó a emitir ligeros sonidos de engranaje, la caja de cambios se atascaba en ocasiones y tuvo que echar mano de la reductora en algún momento. Yo en cambio sentía como si una nueva carrera acabara de empezar. Después de Xodos para mí fue como un paseo por el parque con mi acompañante a mi lado que horas atrás me auxiliara y del que ahora me enorgullecía su entereza.

13El tramo final de la MIM discurre por un denso bosque de pinos, paisaje sobrecogedor por lo inesperado, con el Maestrazgo a la derecha y majestuosa la Penyagolosa a la izquierda. Los últimos kilómetros con lluvia intensa y suelo resbaladizo volé, corrimos como chiquillos, pletóricos, enteros y contentos pisamos la alfombra roja atravesando juntos la línea de meta, como tiene que ser. Menudo final, hay que verlo.

La MIM, pionera de las maratones y media, organizativamente inigualable, de trato sobresaliente al corredor y al acompañante no se puede describir con un breve texto, es necesario vivirla. La MIM es patrimonio del maestrazgo y de Castellón al completo, algo único, un tesoro cerca de casa. Una carrera con una salida y seis metas, así me sentí yo en cada pueblo, la MIM no es nuestra es de su gente que nos la presta y eso es muy grande.

Julián

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Julián VETERANO 10:38:03 816 137
Lisardo MASTER 10:38:08 817 24

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Este es el recorrido prporcionado por la organización. Las marcas aparecen cada 6 kilómetros.

El perfil está dibujado con el programa Perfils. Haz clic sobre la imagen para ampliarlo.

II Infern Trail – Orba, Alicante (27-Febrero-2016)

… o “El día en que se congeló el infierno”.

A veces no hace falta buscar más allá de casa lo que tenemos al alcance de la mano. El pasado sábado se celebró la segunda edición del “Infern trail”, carrera de montaña de algo más de una maratón. Un placer.

Como resulta que me rodeo de gente que toma decisiones fácilmente, me resultó sencillo el decidirme a probar de nuevo la dureza de la montaña alicantina. Así fue que tras un madrugón, allí nos encontramos. Orba, pueblecito encantador y punto de salida. Mañana fría con una sensación térmica por debajo de los cero grados. Bajo un cielo cubierto de nubes plomizas que profetizaban una dureza extra se dio la salida y ahí empezó todo.

IMG_20160227_074607Comienzos titubeantes. Lisardo como siempre, con su motor bombeando a un ritmo constante se encontraba en su elemento. Yo y mi rodilla, mi rodilla y yo seguimos durante un rato su ritmo, sabedores de que nos llevaría a buen puerto si lográbamos aguantarnos el uno a la otra.

Andábamos en esas lides cuando por la siniestra nos apareció el amigo Jaume que decía haber llegado tarde y que quizás por eso debía recuperar el tiempo perdido. Como si le esperaran para empezar el picnic allá que se fue. Iba ligero, buenas piernas tiene el figura.

Al poco, con mis articulaciones ya calientes fui adelantándome ligeramente, viendo como se formaba un convoy de fila de a uno. Así llegamos a Fleix y fue entonces cuando entramos en el barranco. Atravesando la cueva que nos tragaba uno a uno para llevarnos a través de un largo esófago húmedo, ventoso, frío, acabábamos de entrar en el mismísimo infierno. Tras un descenso vertiginoso y una subida posterior y otra bajada y otra subida…, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis…hasta que perdí la cuenta, 6873 escalones, excavados en la roca, tallados en la ladera del monte. A mí particularmente no se me apetecía estar en ninguna otra parte del mundo, si el infierno es esto, ¡no me hace falta cielo!

A partir de ese momento todo empezó a complicarse. El diablo soplaba con fuerza y una ventisca de las que golpean fuerte nos atería hasta las pestañas. Lo que presagiaran las nubes del amanecer se convirtió en realidad y la crestería de 4 kilómetros que nos llevara al Penya Roig se convirtió en una pista de patinaje de aristas afiladas, un calvario donde uno tras otro terminábamos dando con nuestra osamenta entre las piedras. Más cerca del cero absoluto que de la tibieza de las calderas de Pedro Botero uno a uno encontramos al fin la salida de las entrañas del averno.

Fue faltando unos 3 km cuando Lisardo nos alcanzó, primero a mi rodilla que yo arrastraba penosamente como un cuerpo inerte, y después a mí. Gracias a él y a pesar de ella, lo que había empezado siendo un placer terminó siendo un gustazo.

A Jaume ni lo vimos. Es que tenía el coche en doble fila y tenía que retirarlo pronto.

Gracias Jaume por el momento que compartimos. Gracias Lisardo por el rato que me regalaste. Gracias Josemi por indicarme qué cortavientos tenía que comprarme aquél día, tú sabes. Te debo una. Gracias Satanás por hacernos disfrutar.

L’infern està a Alacant.

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jaume VET MASC 5:53:16 131 55
Julián VET MASC 7:00:11 274 108
Lisardo MASTER MASC 7:00:11 275 20

La rodilla de un maratoniano

Desde que tenemos uso de razón aprendemos la mayoría de las veces que lo que nos enseñan es lo correcto aunque esto en ocasiones no sea lo acertado y por ese silogismo podemos llegar fácilmente a la conclusión que lo que nos enseñan no siempre es verdad.

Casi nunca, por ejemplo, nos hablan de Atletismo. Hablemos pues.

Está sobradamente demostrado que el brazo de un tenista es un ejemplo claro de fuerza. Un tenista de alto nivel es capaz de sacudir mandobles que tumbarían al hombre más fornido. Lo que no nos suelen enseñar es que un lanzador de jabalina tiene con toda seguridad una palanca más fuerte, además de una flexibilidad envidiable, estamos hablando de Atletismo. Atletismo no es Futbol. La patada de un Futbolista de los que levantan pasiones con sólo sacudir su melena jamás podrá compararse a la de un vallista de élite. El acto primitivo, tosco y vulgar de patear es un reflejo innato que tenemos desde nuestra concepción como animales placentarios que somos. Un vallista necesita miles de horas para perfeccionar una técnica y un desarrollo muscular que sólo se obtiene con años de entrenamiento estricto. La patada de un vallista cuando ataca la valla es un latigazo al alcance de muy pocos mortales, un trallazo.

Hablando ahora de boxeo todos sabemos que cuando un púgil lanza un crochet a la cara de su adversario es capaz de ejercer una fuerza como para noquearlo aunque éste lo vea venir por el rabillo de su ojo. Un buen puñetazo no es comparable a lanzar una bola latón de 7,260 kg a más de 21 metros de distancia. El brazo de un lanzador de peso es como un martillo percutor de impulsos fulminantes anclado a un motor de compresión de 200 cv. Hablamos de Atletismo.

¿Y qué hay del balonmano?, para ser un buen portero de balonmano sólo hace falta tener unos reflejos felinos, la flexibilidad de una mimbre y la valentía que da estar al límite de la cordura, ¡como si todo esto fuera poco! Pues bien, un pertiguista tiene todo esto pero además es capaz de correr rápido como un gamo y acertar a clavar y doblar la pértiga para impulsarse con ella después. Una pértiga, para quien no lo sepa, le diré que es bastante más dura de lo que parece.

El Atletismo es el deporte rey, eso todo el mundo lo sabe y quien no quiera verlo es porque quizás no se lo enseñaron cuando empezó a tener uso de razón. Muy pocos sabemos, por ejemplo, que un velocista es capaz de abandonar los tacos de salidas en menos de 100/1000 seg tras un estímulo sonoro o que un marchador desarrolla una frecuencia de zancada que muchos no seríamos capaces de aguantar apenas unos minutos mientras que ellos se deslizan sobre el asfalto durante 40 o 50 km, ni mucho menos que un triplista es capaz de volar más allá de 18 m. demostrando así que la osamenta humana puede soportar impactos increíbles, impactos, impactos. Un maratoniano también impacta sobre el suelo firme hasta un total de casi cinco millones de veces en un año, en un acto repetitivo, cansino, rutinario que sus rodillas se encargan de gestionar como buenamente pueden. La rodilla de un maratoniano es una maquinaria preciosa, perfectamente engranada, es un dispositivo único en la naturaleza, no existe parangón.

Hace unos días pude ver como un compañero de entrenamientos, un amigo me atrevería a decir con su permiso, sufría enormemente pero no por dolor, eso se ve con sólo mirar al fondo de los ojos. Está desolado porque una de sus rodillas está cascada, tiene una avería seria.

Un maratoniano, amigos, no es aquél que un día corrió un maratón sino aquel que corre maratones y entrena miles de kilómetros para saber impactar, sufrir y como fuere que el sufrimiento te hace acumular uso de razón, en la próxima me gustaría estar a su lado. Paciencia, él sabe.