46 Berlin Marathon 2019 (29-Septiembre-2019)

Mi primera maratón de asfalto

Siempre hay una primera vez. A veces la eliges tú, a veces te elige ella. Mi primera maratón de asfalto tendría que haber sido en 2011 y además debía ser la última de mi padre. La maratón de París. Pero entre unas cosas y otras no pudo ser para ninguno de los dos. Sin embargo esto abrió una puerta diferente que fue empezar a correr por montaña y apuntarme sin pensarlo mucho a una ultra, la Transvulcania en 2014, junto a Ángel Parra.

Ocho años más tarde, después de haber corrido muchas maratones y ultras de montaña, me llegó un email del concesionario BMW Fersán, en el que sorteaban un dorsal para la maratón de Berlín. Eché mi candidatura y tuve la suerte de ser elegido.

En verano ya tenía planificada la G2H ehunmiliak 90k de montaña, así que la preparación de la maratón iba ser muy corta, ya que hasta el 29 de septiembre de 2019 solo tenía un par de meses para cambiar el entrenamiento. La base es la misma, pero son casi deportes diferentes. En una los cambios de ritmo son constantes, se anda mucho, se para mucho y en el asfalto, todo es mucho más continuo, regular, fijo…

Para preparar la maratón me puse en manos de David Grau de fisioterapia Lledó, me alejé de las montañas y empecé a seguir la línea blanca. Contacté con Jorge López que también corría en Berlín y con él y con el resto de gatopardos; Juan Enrique, Fer, Mark, empecé a adaptarme a nuevos ritmos. Fartlek, series, tiradas de 20-30k a 5 min/km… conseguí encontrar un ritmo en el que me sentía cómodo y pensaba que podía correr 42k seguidos: 5:10 min/km. Cada entrenamiento de los domingos, después de una tirada larga, acababa de la mejor manera posible; baños en el cabo y el desayuno, cómo lo echo de menos.

Por resumir la parte menos deportiva: viaje a Berlín, niños con los abuelos, recogida de dorsal, cervezas para hidratarnos y llega el día de la carrera.

Salimos casi los últimos porque mi cajón de salida era el de los que hacen la maratón en 6h (mi mejor tiempo en una maratón de montaña). Salir los últimos significa salir en posición 40.000, porque la maratón la corren casi 50.000 personas. Sí, 50.000 personas. No sé si os hacéis una idea, pero es como estar en una manifestación en la que todos vamos corriendo y hay gente, mucha gente desde el kilómetro 1 hasta el 42. Gente corriendo y gente animando a ambos lados de la carretera durante 42km, ni un solo hueco sin gente.

Salimos al ritmo marcado 5:10, cómodos, fácil y disfrutando, el primer 10k es felicidad, alucinar de la gente y empezar a adelantar corredores continuamente haciendo eses, tantas eses que al final de carrera me salieron 800m más. Pero empieza la lluvia, a veces débil a veces intensa, muy intensa. Creo que nos cayeron al menos dos chaparrones de los fuertes. La lluvia empieza a cansarnos, a debilitarnos poco a poco, no me molesta demasiado pero el cuerpo lo va notando. Hace algo de frío en ocasiones, los pies van mojados, las zapatillas pesan, pero intentamos no hacerle mucho caso. Seguimos al mismo ritmo, la lluvia no para, nosotros tampoco, ni para beber, que tenemos que coger el vasito e intentar beber sin parar. En un avituallamiento decido pararme en seco y hacer como hacemos en montaña: cojo un vaso, bebo tranquilamente, como un trozo de plátano y bebo un té (todo esto en no más de 10 segundos), que si no Jorge se me escapa, tiene el baile perfectamente ensayado y se le ve mucho más cómodo en estas lides.

Pasamos la media maratón en el ritmo previsto, seguimos más o menos bien, llega el kilómetro 30, las piernas se van tensando, los isquios son como un alambre, parece que la tensión va a romperlos, pero aguantan. El ritmo sigue siendo cómodo, pero el cansancio muscular se va notando. Voy mirando a los lados, buscando al hombre del mazo entre el público, pensando que llegará en el 33, 35, 37… los kilómetros pasan y no aparece. Continuo al mismo ritmo pero ya me cuesta seguir a Jorge, tira de mí, se podría haber ido y bajar unos cuantos minutos su tiempo, pero sabe que voy justo y me va empujando hasta que por fin vemos la puerta de Brandemburgo. Me siento como un personaje histórico que entra aclamado por la multitud a la ciudad por las hazañas conseguidas en guerras pasadas, me siento feliz, miro al cielo, abro los brazos y siento la felicidad, la inmensa felicidad de cruzar la meta en 3h 43 minutos, muy contento por haber aguantado toda la carrera el mismo ritmo (la segunda media maratón solo en un minuto más que la primera), muy contento por haber hecho «Mi primera maratón de asfalto».

Gracias Jorge por haber sido el mejor compañero de carrera para mi primera maratón, tu llevas ya 20 y eso se nota. Gracias David Grau por tus entrenamientos. Gracias Sea97 por los 4 geles que tomé metódicamente cada 45 minutos, gracias Miriam de Match1 por las zapatillas y gracias a todos los que me habéis aconsejado y apoyado en esta nueva aventura, que no será la última, porque mi padre ya me ha dicho que él tiene mejor marca que yo, y eso no puede quedar así.

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jorge M40 03:43:52 11483 2131
David M40 03:43:53 11487 2132

UTMB 2017

Presumiendo
Han pasado ya más de 6 meses desde que crucé la meta del UTMB y todavía llevo en mi muñeca derecha la pulsera roja y blanca que dan a todos los corredores. La miro a menudo y a veces sonrío, otras veces me emociono y en alguna ocasión se me nublan todavía los ojos. Incluso a veces levanto la manga de mi camisa o mi chaqueta para que se vea, por si alguien la reconoce y piensa para sus adentros «joder, este tío ha corrido el UTMB». Aunque lo cierto en que lo más seguro es que piensen que es de algún festival de música ya que este es un deporte minoritario que poca gente conoce. Lo importante es lo que produce en mi, como dicen por ahí «orgullo y satisfacción».

 

Sacrificios
Los sacrificios para poder correr UTMB son muchos. 4 años de entrenamiento, muchos km, muchos madrugones, mucho dinero y muchos otros planes aparcados hasta superar este reto. Dudaba en poner si esto era un “sueño” cumplido, pero lo cierto es que está carrera nunca ha sido un sueño para mí, ya que hace 2 años ni se me pasaba por la cabeza poder correr 170km. Ha sido un reto más, el más grande, pero ni más ni menos. No es algo con lo que soñara desde pequeño, ni algo prioritario en mi vida. Lo que sí tengo claro ahora es que lo vivido en esta aventura me deja una huella para siempre como no lo ha hecho casi nada en mi vida.

 

Las cifras
170km, 45h de carrera, 10.000 metros de desnivel positivo y 65h sin dormir. 100km de barro, lluvia, ventisca, -10 grados y muchos picos por encima de 2500m. A pesar de estas cifras, la única cosa que me asustaba era que tenía era pasar la segunda noche sin dormir. Hasta la fecha había corrido 125km, así que esto solo eran 45 más y no me preocupaba demasiado, pero sí cómo iba a reaccionar en la segunda noche, ya que me habían contado y había leído que mucha gente lo pasaba bastante mal. Lo cierto es que yo no tuve nada de sueño, parece imposible, pero hasta que no llegué al hotel y me relajé, no tuve ningún susto. No puedo decir lo mismo de Ángel que ya se dormía la primera noche y de Carlos, que tenía que darle gritos y conversación para que no se quedara dormido mientras andaba. Cada cuerpo reacciona de una manera, y no sabíamos lo que pasaría hasta que lo vivimos.

 

Sentimientos
No voy a describir en detalle cómo es la carrera, ni como es el terreno, ni cada tramo. En esta crónica quiero contaros, o contarme a mi mismo para recordarlo dentro de unos años, las emociones vividas antes, durante y después.

 

¡Yo he subido más alto!
Lo cierto es que cruzar la meta me llena de orgullo, de ego, de satisfacción pero nunca de un sentimiento de superioridad. Quizá llegar el 1.564 de 1.687 de un total de 2.540 que empezamos la aventura, con menos de una hora y media de margen 45:07:20 por debajo del tiempo límite de 46h 30 minutos, me haga sentirme humilde y conservar los pies en el suelo. Pero joder, ¡es todo un reto! Le comenté un día comiendo a Pepe, mi padre, que era el desafío deportivo más importante de la familia a lo que me respondió, orgulloso como nunca de su hijo, con solo cinco palabras que nunca olvidaré ¡Yo he subido más alto!…

 

5 de 5
Antes de empezar la carrera ya dije que era un éxito que los cinco que nos apuntamos casi un año antes, estuviéramos en la línea de salida, sin lesiones, ni ninguna cosa grave, y eso que Jorge tuvo un buen susto unas semana antes y yo me rompí dos costillas dos meses antes de la salida. También he de contar que tengo una alegría contenida, por qué igual que salimos cinco, tendríamos que haber llegado cinco. Ángel se retiró en el km 110. Le he dado muchas vueltas pensando que si me hubiera quedado con él y le hubiera empujado un poco más como han hecho conmigo en muchas ocasiones e hizo Carlos en esta, hubiéramos sido 5 de 5. Quizá fue egoísta no esperar un poco más, pero en carrera, con el tiempo justo, exhausto, es difícil sumar 2+2, y más complicado evaluar con calma determinadas decisiones. Seguramente continuar sin él fue un acto egoísta, pero también sé que solo yo puedo juzgarme a mi mismo, ya que cada uno competimos contra nosotros mismos y yo hubiera aceptado con total comprensión la misma decisión. También sé que a Ángel ni se le ha pasado esto por la cabeza, pero lo cuento porque es lo que siento estos días y creo que he aprendido de ello. Creo que en el grupo hay una alegría contenida por esa misma razón, porque esto ha sido un trabajo de equipo y nos ha faltado un miembro. Lección aprendida de todas formas, la próxima vez no dejo un compañero en un avituallamiento salvo causa de fuerza mayor. ¡Aplicarme a mi también el cuento!

 

La salida
En la línea de salida estuvimos más de una hora sentados esperando que llegara el momento. En cuanto dimos el primer paso se me encogió el corazón y estuve 2km llorando, soy el llorón del grupo. La salida es realmente espectacular, Chamonix se vuelca con nosotros. Hay un pasillo de gente durante casi 8km y todos van mirando el nombre de tu dorsal y te dicen “Bon courgege David”, “Bravo David”. A un km nos esperaba la familia animándonos, aunque solo nos vimos durante unos segundos, fueron suficientes para coger fuerzas para los primeros puertos. El siguiente empujón emocional fue encontrarnos con Jessi después del primer avituallamiento. Es una alegría ver gente conocida en carrera. Nos hicimos una foto y seguimos adelante.

 

Finisher
No sirve de nada lo que hayas pensando que ibas a hacer el día de la carrera, una vez empieza, cualquier cosa puede cambiar tu planificación, el único objetivo de una prueba como esta es ser Finisher. Tenía claro que Sergio y Carlos estaban un punto por encima. Iban a hacer su carrera a un ritmo superior al mío, así que la primera sorpresa fue encontrarnos con Jorge y Carlos en uno de los primeros avituallamientos. Ver a Carlos fue una mala señal. Nada más verle la cara sabía que algo había pasado. Nos contó que había pasado un momento muy malo por problemas estomacales, pero que continuaba.

 

Courmayeur
La carrera transcurre tranquila, ya sabemos que esto no son más que los kilómetros de calentamiento que poco a poco van agotándonos las fuerzas. Después de otra bajada infernal llegamos al km 80 donde nos está esperando la familia, en Courmayeur, Italia. Es el avituallamiento donde está la bolsa de vida, donde pasamos más tiempo, porque nos cambiamos de ropa, comemos y pasamos un rato con la familia. Sabíamos ya que aquí empezaba a la carrera. Cuando salimos de Courmayeur, nos coge Carlos por detrás y nos dice que el médico le había dado una pócima milagrosa: ‘agua con gas’. Hablamos con él y nos dice que no podía comer nada, y aunque parezca mentira, apenas comió hasta meta.

 

Las inclemencias del tiempo
Salimos Ángel, Carlos y yo con mucho calor de Courmayeur pero pronto el tiempo empieza complicarse. Lluvia, una ventisca de lluvia, nieve y frío nos cae encima camino del refugio de Bonatti nos metemos dentro como podemos y nos ponemos toda la ropa de abrigo y de protección para la lluvia que tenemos en la mochila. El el avituallmiento de Arnuva ya nos dicen que en la cima del Col Ferret hay -9 grados y que o nos ponemos todo el material obligatorio encima o no nos dejan salir. Menos mal que fuimos previsores y llevábamos más de lo obligatorio. El barro fue una constante en toda la carrera.

 

Nunca dejes a un compañero
Después de una bajada complicada, con mucho frío, barro y lluvia se nos hace de noche y Ángel se queda en la bajada. Carlos empieza a ponerse nervioso con los tiempos de corte y tira de mi para que vaya más rápido. Llegamos un poco antes que Ángel al avituallamiento y cuando llega él nos dice que va a descansar un poco, comer y que luego saldría. Este es el punto en el que tendríamos que haber esperado 5 minutos más y obligarle a salir con nosotros, ¡Lección aprendida!

 

Nuevos amigos
A la hora de salir Jorge Hermosillo un curioso personaje Mexicano se acerca a Carlos y a mi y nos pregunta si puede salir con nosotros, le decimos que claro, sin problema, y ya hacemos el resto de la carrera junto a él y a su mujer que nos espera en cada avituallamiento. Durante esas horas, vamos conversando y vamos descubriendo al gran deportista de 57 años que va con nosotros. 4 días antes había escalado en Mont Blanc y al día siguiente de acabar UTMB se iba a hacer el camino de santiago en bicicleta, vamos, sin palabras.

 

Luchando contra mi mismo
Conforme avanzan los km nos vamos dando cuenta que vamos bastante justos de tiempo y que los tiempos de corte los pasamos con 30, 45  minutos de tiempo, lo que nos obliga a hacer paradas muy cortas para repostar. Yo paso dos momentos muy malos, el primero en el puerto de Bovine donde nos cargamos 500m de desnivel en muy pocos km. Mi mente me dice que soy incapaz de correr 50km más, pero la engaño diciendo que solo tengo que hacer 30 más, que en 30 km me veo con la familia y allí me retiro. Parece que somos dos personas corriendo, una cansada, agotada y negativa, y otra que le va engañando con trucos mentales, y forzando la sonrisa de vez en cuando buscando sentimientos positivos. Afortunadamente gana la segunda.

 

Subimos ese puerto y en la bajada cojo mucho frío y empiezo a llorarle a Carlos diciéndole que no sé si voy a ser capaz. Ahora sé que lo que busco es su ánimo, su apoyo, ya que físicamente no tenía ningún problema, solo estaba cansado. Le pregunto si él va a continuar y me dice que hemos llegado hasta aquí y que él no va a parar hasta que reviente. Eso me hace pensar en lo que les dije a mis compañeros en un mini discurso en la salida, que habíamos llegado hasta aquí y solo teníamos una oportunidad, que fuéramos a por ella y no las dejáramos escapar. Las palabras de Carlos me animan y continuo.

 

El segundo momento malo es cuando pregunto en un avituallamiento cómo es el siguiente puerto, y me dicen igual que el que me acaba de destrozar.  Un pensamiento de retirada pasa por mi mente, pero vuelvo a auto engañarme rápido pensando que solo me queda subir un puerto y bajarlo para estar en Vallorcine, donde está la familia y casualmente nuestro hotel a 100m. No tiene sentido retirarme aquí porque me puede costar más llegar en autobús, que hacerlo andando, así que vuelvo a engañar al David pesimista, y me digo que subo el puerto y lo bajo y se acabó.

Amanece que no es poco
Pero amanece y subimos el puerto a muy buen ritmo, no paramos de adelantar a gente en todas las subidas de la carrera. La luz lo cambia todo, las noches son difíciles, pero los rayos de sol empiezan a salir y el sol a calentar y casi sin darnos cuenta, después de una larga bajada, llegamos a Vallorcine, a 20km de meta. Belén me da ánimos y Ángel que nos espera allí nos dice que no nos entretengamos que Sergio había tardado mucho en hacer la última parte y vamos con el tiempo justo. Así que no me da tiempo ni a cambiarme de ropa, ni casi a comer, ni a escuchar el mensaje de ánimo de Josemi, que escucharía días más tarde, y salimos decididos a ser finishers. Belén me pregunta que cómo voy, le digo que no se preocupe que llego sin problemas. Mi ánimo era otro. ¡El poder de la mente!

 

Sorpresa final
Luego pasa lo que pasa siempre al final de una ultra, nos esperaba como siempre la última parte de la carrera con sorpresas. Habían cambiado el recorrido y eso nos despistó un poco. Pensábamos que ya habíamos subido y empezado a bajar cuando nos damos cuenta que nos queda la subida a La Flegere, una pista de esquí con una subida de espanto, pero desde arriba, vemos Chamonix muy abajo y ya nos sentimos finishers.

 

Compañía inesperada
En la bajada y desde hacía ya muchos muchos kms, el dolor de pies era insoportable, y solo cuando conseguía dejar de pensar en el dolor,  podía disfrutar un poco. Menos mal que apareció otra vez Jessi con su inagotable sonrisa (para muestra una foto), que se había hecho el camino inverso para ir a nuestro encuentro y nos acompañó hasta meta. Solo dejar de pensar en el dolor y hablar con ella, hizo que todo fuera más soportable. ¡Mil gracias Jessi!

 

Felicidad compartida
En la entrada al pueblo, hay una imagen que se me quedará grabada para siempre. Íbamos Carlos y yo corriendo, porque había mucho público que nos animaba no porque tuviéramos fuerzas, y al girar la úlltima curva vi la cara de Sergio que salió a nuestro encuentro a la carrera y de un salto fundirnos enun abrazo. Esa cara se me ha quedado grabada, rota por el cansancio y la emoción de vernos, de saber que lo habíamos conseguido (solo habíamos tardado unas 7h más…).

 

Gracias Belén
Avanzamos por la última calle y por fin me encuentro con Belén, Joel y Jurek. Belén me pregunta si soy capaz de llevar a Jurek en brazos, y le digo ‘¡Sin problema!, avanzamos todos de la mano a meta junto al “tío” Carlos y por fin, después de casi dos días seguidos sin descanso, cruzo la meta. Me arrodillo y rompo a llorar desconsoladamente, de emoción, rabia, desahogo, satisfacción y no se cuántos sentimientos juntos. La verdad es que hasta se me caía la baba, ¡Vaya espectáculo!

 

Agradecimientos
Quería finalizar la crónica, como no, con varios agradecimientos. Hubo un sexto hombre que corrió con nosotros. Como he contado antes, Belén quiso ponerme un mensaje en Vallorcine, pero no tuvimos tiempo. No escuché ese mensaje hasta una semana más tarde tumbado en la cama releyendo el grupo de WhatsApp que teníamos nosotros, nuestras familias y el sexto hombre. En este grupo había un mensaje de audio que nos mandó Jose Miguel a Carlos y a mi para motivarnos en la última parte. Ese mensaje, tus consejos, tu sobre sorpresa y todo lo que has hecho por mi para que acabara UTMB, se merecen como poco una agradecimiento público. ¡Gracias amigo!

 

También releyendo ese grupo de WhatsApp puede comprobar lo duro que fue para ellas, nuestras mujeres, ese fin de semana. Creo que no fui consciente realmente hasta leer las conversaciones que cruzaron entre ellas. Tensión, miedo, incertidumbre, emoción contenida. En fin, gracias Belén, ¡Gracias chicas!
Y por último a todos aquellos que me seguisteis aquel fin de semana y que me habéis apoyado en esta locura. Gracias familia, Grupo Ñ, Locos Por el Trail, TTT…

Y por último de verdad a Ángel Parra, no hubiera acabado la carrera sin haber entrenado contigo, si no nos hubiéramos apuntado a la Transvulcania hace 4 años, si no hubiéramos hecho juntos los 110 primeros kilómetros. Esta carrera es tan tuya como mía. Gracias.

Y se me olvidaba mencionar a Carlos Ramos, que tiró de mi como siempre al final, solo espero alguna vez poderte devolver de alguna forma las vces que me has llevado a meta, aguantando mis quejas. Gracias.

¿Y ahora qué?
Mucha gente después de contarle la aventura, me preguntan que cuál es mi próximo reto. La verdad es que llevo 20 años disfrutando del deporte y los retos cada vez son mayores. No sé qué pasará a partir de ahora, no sé si haré algo tanto exigente como esto, no sé si habrá un reto más grande, pero sé que este ya no me lo cuentan.

 

David Gil
FINISHER DEL UTMB 2017

VI Perimetral de Benissa (25-Marzo-2017)

La perimetral de Benissa es una carrera emblemática de la provincia que lleva ya 6 ediciones. Es una carrera de playa y montaña. Durante mucho tiempo ves el imponente Peñón de Ifach y el mar, sientes su brisa, pero al subir un collado y pasar al otro lado, estás en el interior, donde no sopla el viento y el calor aprieta. Y así te pasas toda la carrera, playa, montaña, playa, montaña.

Es una carrera tremendamente técnica, de lo más duro que puedes encontrar por aquí. Mucha piedra y subidas muy fuertes como al pico de la Sierra de Bernia, donde hasta un poco de escalada te toca hacer.

Este año 2017 fueron 74 km aunque cada año van cambiando un poco el recorrido. Yo los corrí como preparación para el UTMB como toma de contacto con la larga distancia después de unos meses tranquilos porque 2016 fue un año muy duro. Tardé 14h 20 min, 14 horas junto a Ramon García Ferrer un Master del universo al que agradezco tirar de mi cuando hizo falta.

Y enhorabuena a todos mis compañeros Cristian Aracil, Josemi Pérez Gomis, Elías Manchón López, Sergio García Ferrer y Ana Nevado Berenguer por su espectaculares carreras. Sobre todo a Sergio por su tiempo estratosférico y a Ana por demostrar día a día que no tiene techo.

Un saludo,
David

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Sergio VETERANO 11:17:05 43 20
Josemi VETERANO 11:59:01 60 27
Christian VETERANO 12:12:32 67 32
Ana VETERANA 12:31:52 79
Elías VETERANO 12:44:34 92 41
David 14:23:24 149
Ramón MASTER-M 14:23:24 150 12

Ultra Trail de les Valls d’Àneu (2-Julio-2016)

En 2015 me retiré con una sensación agridulce. Hasta el km 64 en Isil, donde me retiré, la carrera fue tremendamente dura tanto por el terreno es sí mismo como por la climatología: mucho calor, mucha lluvia y mucho granizo. En Isil me esperaban mis padres, y una vez con ropa seca y estómago lleno me dije ¿por qué me estoy retirando? Tengo ganas y fuerzas para continuar. Cierto es que ahora sé que quedaba un infierno por delante, pero esas no son formas de retirarse. Hay que hacerlo solo por causas que impidan llegar a meta, no por haber pasado un mal rato.

los 5 de vall daneuDesde el día siguiente de la retirada, después de haberme lamido las heridas, sabía que volvería, así que solo había que ir tirando anzuelos poco a poco para conseguir compañeros de viaje.

El primero en picar fue Sergio, atraído por la tecnicidad de la prueba y después Ángel, compañero de aventura en 2015, que se hizo mucho de rogar. Y al final se unieron Cristian y Hortensia. Así que hicimos un grupete de lo más variopinto y nos fuimos los 5 para Esterri d’Àneu.

Pero todo empezó mucho antes…

El 9 de enero nació Jurek, mi segundo hijo, y sabía que preparar la temporada iba a ser complicado. Lo primero fue buscar un entrenador que me permitirá maximizar el rendimiento del poco entrenamiento que iba a poder realizar. No quería malgastar esfuerzos sin saber que esa era la mejor forma de mejorar mi forma física. Así que después de darle vueltas me puse en manos de Benjamin Maestre.

El entrenamiento implicó cambiar los horarios, la forma de entrenar, la alimentación… La única forma de conciliar la vida familiar fue entrenar de 6 a 8 de la mañana, mientras el resto de la familia dormía, o lo intentaba. Además hicimos una pretemporada de fuerza, muchas más salidas pero más cortas, para acumular kilómetros semanales, introducimos los mesociclos y finalmente alimentos como la remolacha 😉

mochilaLos días antes de una prueba como esta se prepara la mochila, con mucho cuidado y atención. Como teníamos dos bolsas de vida, era todavía más complicado. Requiere planificación y visualización de la carrera. Además la climatología puede cambiar de una hora para otra, así que hay que tener en cuenta muchas variables. En fin todo un arte que se refleja en esta foto.

Llegó el día y sabíamos que estábamos muy fuertes, mucho mejor entrenados y más confiados. La carrera era diferente al año anterior, la nieve casi nos obliga a llevar crampones e hizo modificar el recorrido haciendo la carrera sensiblemente más dura, más kilómetros, más desnivel y terreno más complicado.

13537667_10209621242347317_4971515840536607972_nDesde los primeros kilómetros los cinco que íbamos nos separamos. Nos íbamos cruzando en los primeros avituallamientos, pero prácticamente desde el km 20 no volvimos a vernos.

La carrera es sencilla hasta que empieza el km vertical. Hasta allí el terreno es cómodo y todavía están intactas las fuerzas a pesar de los 2000m de desnivel positivo que acumulas casi sin darte cuenta. Pero en el km 25 llega el primer muro, 1200 d+ en 4km. Una subida al cielo por una pared vertical a través de un prado sin senda definida. Miras hacía arriba muchas veces y ves a gente intentando encontrar la mejor senda para llegar al final de esta montaña. Después de 2h sin descanso, llegué arriba, me senté, respiré, comí y disfrute del tremendo paisaje que dibuja la cresta de la montaña. Guarde los bastones, uno de ellos ya roto desde el km 18, aunque puede seguir utilizándolo, y empecé el sube y baja por la cresta de la montaña. bajada despues de la bonaiguaComparé el tiempo con el año pasado, 15 min menos, pero sobre todo mejores sensaciones y hacía mucho menos calor.

En el avituallamiento del km 30 en Coma Negra me puse a hablar con un chico con el que me iba cruzando en los avituallamientos anteriores y después de cruzar varias varias conversaciones nos dimos cuenta de que al año pasado ya hicimos parte de la carrera juntos y nos retiramos juntos. Seguimos cada uno a nuestro ritmo, pero la montaña nos iba juntando hasta que finalmente decidimos unirnos hasta el final de la aventura. Sinceramente creo hicimos un equipo perfecto, cuando a mi me fallaban las fuerzas él tiraba de mi y viceversa.

13584954_1742549296001175_311505616611806163_oDespués de una larga bajada por preciosos parajes llegamos al Port de la Bonaigua, que a estas alturas ya se estaba escondiendo entre la niebla. Llegué casi 2h antes que el año anterior. Cogí la bolsa de vida, me cambié por completo, rellené los bolsillos de geles, me abrigué un poco y otra vez a la carrera.

Aquí empezaba el recorrido diferente al año anterior, y claro, no iba a ser más sencillo. Bien es cierto que ni llovió ni granizó, pero a cambio nos metieron un par de repechos de 200m de regalo. Justo antes de llegar al refugio de Arioto tuve una pequeña pájara. Me tumbé 2 minutos, bebí un par de vasos de cola cola, algo de sandía y parece que se pasó. Ya solo quedaba un repecho y 10km de bajada a Isil.

IMG_6185Una vez en Isil, donde estaba la segunda bolsa de vida, me vuelvo a cambiar por completo y me preparo para la noche, no hacía frío, pero volvíamos a subir hasta casi 2.700m y el tiempo podía cambiar repentinamente. Tanto Jose como yo íbamos ya tocados, pero como dije al principio, con ganas y fuerzas no podíamos retirarnos. Recuerdo llegar al avituallamiento y alegrarme de que hubieran macarrones con tomate frito, normalmente me cuesta mucho comer sólido, pero eso me entró de maravilla.

Salimos de Isil camino de Borda de Pina en paralelo al río durante unos cuantos kilómetros y después cogemos una carretera de asfalto durante otros tantos. 13528908_871967329602341_4015270915659543121_nTenemos la suerte de ver que los lugareños están celebrando las fiestas de una forma peculiar, llevando a la espalda troncos de grandes dimensiones ardiendo… Pero no estamos para fiestas, sonreímos y continuamos.

Salimos de Borda de Pina y nos avisan que nos preparemos, nos queda el segundo km vertical de la carrera y las fuerzas ya no son las mismas. Al principio la subida es tendida y muy bonita, pero poco a poco se va complicando hasta llegar a «EL MURO». No creo que sean más de 200-300m, pero tan verticales que no puedes echarte hacía atrás por miedo a caerte. Tenemos que parar unas cuentas veces en ese tramo porque no nos dan las fuerzas. En una de esas veces, Jose y yo apagamos los frontales, apoyamos la espalda contra la pared y miramos a nuestro alrededor: estamos en medio de un circo de montañas, totalmente a oscuras y con un cielo estrellado que nos recuerda lo pequeños que somos. Pero todas las montañas tienen un techo, un punto geodésico, el lugar más alto donde acaba el sufrimiento. Allí nos esperan unos voluntarios pasando la noche en una tienda de campaña y nos dicen que el próximo avituallamiento está a poco metros, y que tengamos cuidado y nos agarremos a las cuerdas.

bloques de granitoHaceros a la idea: kilómetro 75, 20h de carrera, unos 6000m de desnivel positivo acumulado y para llegar al avituallamiento del Estany de la Tartera exhaustos después de El Muro, 30-40m de caída libre, agarrados a una cuerda para no bajar rodando por la montaña. Recuerdo acordarme de mis compañeros que llevaba por detrás, pensar en ellos y desearles que se hubieran retirado antes de llegar a esta punto. Llegamos al avituallamiento y hablamos uno minutos con los voluntarios, nos dan caldo caliente y les transmitimos nuestro enfado porque nos parece que «se han pasado» que el riesgo es demasiado alto para el cansancio que llevamos. Nos dicen que este tramo es diferente al año pasado y que han tenido que cambiarlo por el tema de la nieve, que el año pasado no era tan duro, pero que la gente que llega allí llega con mejora cara. En fin, estamos a 2400m de altitud, 75km por detrás y solo 20 por delante, no nos queda otra que seguir, ahora ya no hay otra opción, no tienes más que dar un paso en dirección a la meta, y después de ese otro. la crestaMe acuerdo de Joel, cuando me dice que está cansado y que le coja en brazos, yo siempre juego con él a este juego: «- Joel, ¿Puedes dar un paso más? él dice que sí, después le vuelvo a preguntar ¿Puedes dar solo un paso más?, se ríe y da otro más, y yo le digo ¿ves como sí que puedes? Siempre se puede dar un paso más.»

Por esta zona atravesamos varias lenguas de nieve, se ve una línea de pasos que los atraviesan, es parecido a los equilibristas que van de un rascacielos a otro, un paso en falso y te deslizas por ese tobogán hacía abajo sin forma de parar. Clavo bien los bastones, doy un paso, otro, otro y ya estoy al otro lado.

Ya solo nos queda la última ascensión, otra vez un pequeño muro demasiado vertical, estamos demasiado cansados, es demasiado de noche, todo es demasiado. Empieza la bajada.

15 kilómetros de bajada, sin senda, por el camino que cada uno inventa por entre los agujeros de una montaña erosionada por el agua. Fueron horas de mucha tensión, cada paso que daba pensaba que me iba a romper un tobillo, pero por suerte esto no pasó y llegamos a los últimos 10 kilómetros, que pensábamos iban a ser un paseo. Seguramente lo eran, si no lleváramos a las espaldas lo que llevábamos, pero como siempre en las ultras, los finales tienen regalos ocultos en los perfiles que te hacen acordarte del que ha diseñado el recorrido.

La meta es un lugar feliz, es el edén, el paraíso, un oasis donde solo hay sensaciones agradables.

Y para finalizar la crónica los agradecimientos. A Benjamín Maestre por guiarnos en el entrenamiento. A mis compañeros de viaje y en especial a Ángel y Carlos, con los que entreno a diario. A todos con los que comparto kilómetros por asfalto y montañas. Y por su puesto a Belén, Joel y Jurek, que me permiten y motivan para seguir haciendo esto que ahora me hace feliz.

perfil_personal

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Sergio VE H 24:54:00 57 19
David SE H 27:25:54 77 40

UltraTrail Bosques del Sur – Cazorla, Jaén (26-Septiembre-2015)

Esta carrera la elegimos por los puntos. El objetivo de esta temporada es conseguir los 9 puntitos que te exigen para poder ir al Mont Blanc, así que buscando carreras encontramos esta que tenía pinta de ser facilita a pesar de los 125 km, mucha pista y poco desnivel.

2015-09-25 15.47.54Finalmente el equipo que se trasladó a Cazorla fue: Borja y Nacho para correr la prueba de 92km, la larga, y Ángel, Carlos y yo (David Gil) para correr la prueba de 125 km, la muy larga. Recalco lo de larga, porque durante la carrera se oían cosas como «¿Tu cual corres?, La corta»… y la verdad decir que 92 km es una carrera corta, es que nos estamos volviendo gilipollas. Así que, LARGA Y MUY LARGA.

El viernes llegamos a Cazorla y nuestra primera gran sorpresa es que teníamos el hotel a 10 metros de la meta de la carrera, lo cual nos dio un plus de motivación. A veces es más difícil llegar de meta al hotel que hacerte la carrera.

La primera sensación es que en Cazorla no tenían ni idea de que había una carrera, había poco ambiente deportivo en el pueblo. Comparado con otras carreras en Pirineos o incluso Botamarges en las que el pueblo se vuelca en la carrera, aquí la sensación era justo la contraria. Luego fue mejorando, pero tampoco demasiado.

En la salida parecíamos todos tullidos: Nacho se quejaba de su poco entrenamiento, Borja de su reciente estado febril, Carlos de su calor en las rodillas, yo de mi dolor en el glúteo y Ángel ya no me acuerdo de qué se quejaba, pero seguro que lo hacía de algo. Pero ya sabéis, en cuanto suena el pistoletazo de salida los dolores se olvidan y a correr como galgos.

IMG_1414Carlos, Borja y Nacho desde el inicio se adelantan unos metros, mientras que Ángel y yo empezamos a un ritmo un poco más relajado. Callejeamos por el pueblo, atravesamos el túnel y empezamos la bonita ascensión de 10 km al pico Gilillo 1.848 m. Subida fácil, constante con buen terreno. Luego una bonita bajada que en algún cartel ponía «Zona peligrosa», pero que en realidad eran bajadas muy sencillitas.

Al terminar la bajada llegamos al parador, donde había una piscina que brillaba y nos decía «ven, ven a mi…». Hacemos oídos sordos a los cantos de sirena, comemos algo y continuamos. Se puede decir que desde el km 15 hasta el 64, son 50 km prácticamente de pista, todo de subida, con contados kilómetros que transcurren por sendas. En estos kilómetros, sobre todo en los primeros 30 nos cruzamos con demasiados coches que transcurren por la pista y nos hacen tragar demasiado polvo lo cual afea mucho la carrera.

Sobre el kilómetro 40 Ángel, hasta los huevos de mí, me dice que me vaya para adelante, cansado de que le vaya marcando un ritmo un poco más alto del que él quería seguir. Así que pongo mi ritmo y poco a poco me voy yendo. Nos vamos viendo en los siguientes avituallamientos, cuando él llega, yo me voy.

Ultra Cazorla 2-173Llegando al km 64, donde está la bolsa de vida, nos empieza a llover, no con mucha fuerza, al menos a nosotros porque a otros les cayó granizo, pero nos obliga a sacar el chubasquero y a apretar el paso. En el km 64 con un frío de pelotas, nos cambiamos enteritos, reponemos fuerzas y empezamos una bajada de 20 km. Primero una bajada bonita, con senderos y un terreno más técnico y luego ya cogemos nuestra querida pista que nos lleva hasta la Torre del Vinagre, km 92, donde se me ocurre preguntar «¿Cuándo pasó un tal Carlos Ramos?»… «Hace 3 horas justas», y yo le dije a la voluntaria con todo mi corazón… «Será hijo de puta!».

En la torre del vinagre parece que se me empezaron a acabar las pilas, hasta entonces había ido muy bien y entero, pero empezamos una interminable subida de 10km por pista y luna llena, que nos merma las fuerzas y el ánimo, seguramente un cóctel de cansancio y aburrimiento. Afortunadamente me junté con un tío que se dedicaba a conducir una tuneladora y otro que no sé lo que hacía pero tenía mucha pasta según sus comentarios. Vamos juntos hasta 10 km de meta dónde nos meten dos tachuelas de esas que te duelen en el alma. Teníamos la meta a 500m de bajada por asfalto, pero en lugar de eso nos hacen subir para coger el río y luego bajar por donde habíamos subido.

Un saludo,

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Carlos VET MASC 17:38:02 31 11
David ABS MASC 21:58:45 88
Ángel ABS MASC 26:24:54 147

[Puedes descargar este track en formato GPX y KMZ]

Este es el recorrido y el perfil de la organización. Las marcas aparecen cada 10 kilómetros.

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