Buscando mi chanclo

Dublin Marathon (29-Octubre-2017)

Tenía muchas ilusiones puestas en esta Maratón, la verdad que me está gustando mucho esto de correr en el extranjero, a principios de Junio se lo propuse a mi hermano ya que estuvo viviendo en DUBLIN y su respuesta fue, ¿estás seguro que vas a correr o vas a beber GUINNESS?. Dicho y hecho, en pleno verano compra de dorsal, compra de billetes de avión y de viaje a la bella Irlanda.

Meses de duros entrenos, buena puesta a punto hasta el último mes en donde una vieja lesión me vuelve a dar guerra.

Mi objetivo y para lo que estaba entrenando era bajar mi marca de 3h 25 minutos, acercarme al 3h 19 minutos pero después de las últimas 3 semanas todo se va al garete por el maldito gemelo.

Cambio de planes ahora, el objetivo es acabar dignamente y tengo que decir que fue gracias a  mi fisio de confianza NOELIA,  gracias por hacer magia con tus manos.

Llegamos el viernes a Dublín y nos vamos a ver la imponente y bella  iglesia de San Patricio, recorrido por el parque de Phoenix, paseo paralelo al río Liffey con sus múltiples pasos para los turistas y visita obligada al famoso TEMPLE BAR en donde hay infinidad de grifos de cerveza, conté hasta 14.

Ya el sábado hacemos la visita a la famosa y genuina THE GUINNESS STOREHOUSE en donde nos explican con todo lujo de detalles el proceso de fermentación de tan deseado tesoro, yo particularmente soy un enamorado de esta cerveza negra que tan popular hizo el señor Arthur Guinness que en su momento firmó un contrato de más de 9000 años. 4 horas de ruta por la fábrica  de 5 plantas merece la pena de verdad.

Feria del corredor en donde hay infinidad de gente de muchos países de Europa, esto de ir de copiloto en un taxi donde tienen el volante al otro lado es curioso y divertido.

Sábado noche un buen plato de pasta en un italiano y a preparar la ropa para la batalla del domingo.

El domingo desayuno rápido me coloco mi ropa de A TO TRAPO y lo único que pienso es en no lesionarme.

Comienza la carrera a 10 grados, temperatura perfecta para correr, un poco de sol el cual me encanta  y mi ritmo es cómodo  a 5´10 voy aguantando porque no sé cómo voy a salir de esta, me grabo a fuego una frase que me dice un amigo cuando uno está lesionado LA MEJOR MARCA ES CRUZAR LA META.

Van cayendo los km y paso la 1/2 en 1 h 49min voy bien sé que lo puedo hacer, pero la Marathon es larga y te pone a prueba tanto física como mentalmente. La carrera pasa por el centro de Dublín y por el parque Phoenix en donde hay mucha animación, llego hasta el km 33 en donde mi gemelo empieza a darme guerra y ya no voy bien, pero sé que voy a acabar,  los niños en la calle ofreciendo continuamente los ositos de chucherías con su sonrisa de oreja a oreja de inocencia y felicidad, voy acabando la carrera con continuas subidas ya que el perfil de la carrera no invita a un gran fin alero ya sé que voy a acabar.

Último km se acerca la meta, no me lo creo, lesionado y logro parar el cromo en 3h 49 minutos.

Nuevamente FINISHER de una Maratón y ya van 17.

Quién sabe dónde será la siguiente pero la habrá, no lo dudéis, muchos kms para seguir disfrutando.

Como bien dice un buen amigo mío, mi mejor Maratón está por llegar, esperemos que sea pronto.

Un abrazo amigos ser felices y disfrutar de la vida … corriendo.

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jorge M40 3:51:09 4893 1087

Viaje a Viena. (19-22 de mayo de 2017)

Viernes, 19.

Poco rato después de sobrevolar las aún grandes manchas de nieve de los Alpes que se extienden cientos de kilómetros comenzamos a ver extensiones verdes de prados y bosques ya en las proximidades de Viena. Al asomarnos a la escalerilla del avión nos recibió un viento cálido. Nos hemos dirigido al tren CAT. Después de alguna dificultad con los tikets (12 + 12 = 24 euros) en las máquinas expendedoras hemos subido al tren y en 16 minutos estábamos en Viena. Llegamos a la MitteWien o estación central. Cogimos el metro para llegar a Mariahilfer strasse, 34, donde se encuentra el hotel NH. Nos habíamos pasado una parada y eso nos obligó a caminar 15 minutos por la amplia calle comercial, llena de marcas: Boss, Zara, Berska, Diesel, H and M…. La parada de Neubaigasse está justo en los bajos del hotel. (He averiguado que la diferencia entre strasse y gasse es la que hay entre calle y callejón). Dejamos la maleta tras pasar por recepción y bajamos a un kiosco de la calle donde tomamos unas salchichas y longanizas con tomate y mostaza, y dos botellas de medio litro de cerveza, a la sombra del kiosco, frente a Maríahilferkirche, iglesia barroca dedicada a María Auxiliadora, con una campana de 4.500 kilos. La hora, eran casi las 3, nos ayudó a devorarlos. Regresamos al hotel y descansamos hasta las 5.30. Después de la siesta nos desprendimos de la camiseta interior. Sorprendente que la lleváramos aún en Alicante y fuera justamente en Centroeuropa donde el calor nos obligara a quitárnosla.

Emprendimos un recorrido por la laberíntica zona monumental. Palacio imperial de Hofbourg, del gótico al historicismo, donde están plasmados todos los estilos, residencia de la mayor parte de la realeza austríaca, especialmente de la dinastía Habsburgo durante más de 600 años. Se entra y sale por patios y arcadas, escuela de equitación española, salas de exposiciones.

Perdidos entre palacios y jardines llenos de gente tumbada por el césped, con niños correteando, de vez en cuando las campanas o el reloj de una iglesia, fuimos de Albertina a Francisco José y de Fernando a María Teresa viendo pasar carruajes de caballos con turistas. Antes de verlos ya el olfato se había percatado de su proximidad por el inconfundible olor a boñigas que impregna el entorno monumental. Eso sí, los carruajes llevan un dispositivo que recoge las deposiciones sin que haya muestras de ellas por la calle.

Difícil ver suciedad. Casi todos los monumentos se caracterizan por su tamaño, grandioso, mastodóntico, algo distinto a la elegancia de los palacios italianos del Renacimiento. Fuimos recorriendo palacios, unos en forma de herradura, otros de doble interrogación con jardines, hasta encontrarnos con un jardín lleno de gente, música más allá y mesas con jarras de cerveza y vino blanco. Un conjunto musical toca canciones populares y la gente baila y se agolpa con trajes regionales del Tirol. Nos encontramos en la Ratplatz o plaza del Ayuntamiento, edificio neogótico de finales del siglo XIX con torres como de iglesia, lleno de banderas. Pedimos dos copas de vino blanco, el que había. 5 euros, 2 de garantía por las copas de vino que nos reembolsan al devolverlas. De allí seguimos, a un lado la Universidad, guiados por una esbelta torre a lo lejos. Apenas podemos acercarnos porque está rodeada de una valla en rehabilitación. Parece gótica y lo es, pero del siglo XIX.

Es la Votiv Kirche, Iglesia votiva. Iniciamos ya el camino de regreso. Habíamos llegado al punto más lejano previsto para el paseo de hoy y poco después del Parlamento, cuando teóricamente nos quedaba ya menos de la mitad del recorrido, con poca luz y un mapa impreciso, comenzamos a dar vueltas por la zona alejándonos del destino. Después de preguntar varias veces con resultados contradictorios, llegamos ya a las 9.30, exhaustos, a la calle Mariahilfer. Nos sentamos en la calle en un italiano. Inma tomó un croissant con café con leche y yo una cazuela con tres huevos fritos y jamón. Antes de las 11 Inma dormía y poco después también yo, arrullado con el susurro de la canción tercera de Garcilaso, escrita por estas tierras.

Sábado, 20.

Hoy hemos salido ya desayunados hacia las 10 en dirección al Naschmark

Antes hemos pasado por la Ópera para informarnos de sus actividades. El edificio de la Ópera es neorrenacentista, de mármol blanco. Antes de llegar ya se te echan encima jóvenes vestidos con trajes de época ofreciéndote todo tipo de entradas a los espectáculos de la ópera o de palacios dedicados a representaciones musicales y ballets. Entradas a 80, 60 ó 40 euros, dependiendo del lugar elegido para presenciar la representación. Incluso era posible tener una entrada para 2 por 35 euros, algo tentador, pero minutos después resulta que no era allí, en la Ópera, sino en otro de los muchos palacios que se dedican a ofrecer representaciones. Nos ha parecido poco claro y hemos desistido, pero antes de marcharnos seguidos por su insistencia, nos ha dicho que podíamos hacer una visita guiada a la Ópera por 6 ó 7 euros. Caminando encontramos un gran jardín, Karlplatz, con la grandiosa iglesia barroca de San Carlos Borromeo al fondo, escoltada por dos impresionantes columnas y poco después llegamos al Naschmercat, entre dos calles, Linke Wienzeile y Rechte Wienzeile, que se abren formando un largo y ovalado espacio de casi un kilómetro de largo.

Los primeros cientos de metros están copados por puestos o chiringuitos de mariscos, carnes, encurtidos, salazones, olivas, todo tipo de vegetales, lechugas, brócoli, espárragos, salchichas, pizzas, comida india, china, japonesa, puestos con especias y mil colores y olores que perfuman el entorno. Hacia las 12 y estimulados por tanto derroche de olores, colores y sabores, hemos parado en una quesería donde hemos tomado queso francés con un vino blanco muy suave y cerveza. Muy amables.

Hemos seguido el paseo entre gente que a veces dificultaba el paso por los pasillos entre unos y otros comerciantes hasta llegar a una zona de ropa, pañuelos, gorros y finalmente el mercado de las pulgas, donde se puede encontrar de todo y de todas las épocas, desde anillos y collares a grifos viejos o teléfonos de todos los modelos y épocas, trozos de aparatos en desuso, tuercas de distintos tamaños…

Hacia las 13.30, regresando por otro de los pasillos del interminable mercado ya pensábamos en comer. Habíamos leído de un café Drechsler, fundado en 1919 en la calle Linke, nº 22, y justamente estábamos al lado. Mantiene el aire de la época. El frío con el que ha amanecido el día ya se hacía más palpable y, cansados también de tanto roce humano, hemos encontrado alivio al entrar en aquel remanso de paz, sin ruido y acogedor, espacioso y silencioso. En forma de L, con unas lámparas antiguas nos hemos sentado en una antigua mesa de mármol gris con pies de hierro negro. Una sopa de lentejas y un escalope con ensalada de verduras y patata, vino blanco y 2 cañas, 2 expresos y un Jaques Daniel, 40 euros.

Ya repuestos hemos regresado a la Ópera donde teníamos previsto entrar con un grupo a las 3 para hacer una visita guiada y, al menos, conocer ese mítico lugar donde cantan los divos. Ayer tarde precisamente dieron un concierto de homenaje a uno de ellos con motivo del 50 aniversario de su primera actuación en este lugar, Plácido Domingo.

Construida a mediados del siglo XIX fue semidestruida en la 2ª guerra mundial y reconstruida después. Hacen más de 300 representaciones al año y tienen decorados de más de 150 óperas, lo que obliga a tenerlos en un almacén donde cada día los camiones, que pueden acceder hasta el escenario, los tienen que recoger y cambiar. El escenario tiene forma de herradura y es allí donde se celebra el baile del martes de carnaval en el que participan 150 parejas. Las condiciones para poder presentarse son tres: tener entre 17 y 24 años, saber bailar el vals y pagar 150 euros. Aunque si los bailarines quieren tener derecho a sentarse en una mesa deben pagar otros 100 euros por cabeza. Hoy sábado, 20 de Mayo, se representa “El oro del Rhin”, ópera de Wagner. Normalmente todas las entradas están vendidas de antemano y aunque suelen rondar los precios por los 100 euros, teóricamente se pueden sacar entradas de pie por 11 euros, pero es prácticamente imposible porque ya hoy había cola a las 2 para sacar esas entradas y la función es a las 7 de la tarde. Hemos sabido que en una gran pantalla en el exterior del edificio se proyecta la función y allí hemos ido a las 6.50. Hemos tomado asiento y nos hemos zampado media hora de una representación aburridísima, con ruidos, frío y sin entender nada. No nos ha enganchado. Nos hemos hecho unas fotos con la estatua de Goethe, otras en la plaza de Schiller y hemos regresado al hotel tras tomar un tentempié.

Domingo, 21.

Hoy hemos visitado el monumento más hermoso con diferencia de toda Viena, la catedral de San Esteban o Stephandom. Una obra con la que ninguna otra resiste la comparación. Empezada a construir como iglesia románica en el siglo XII, fue sufriendo modificaciones sucesivas al ritmo del desarrollo de la ciudad y su burguesía, hasta que en el S. XV comienza ya a ampliarse por el exterior, manteniendo el culto en la nave antigua, y va desarrollándose con la aportación de distintos estilos según las épocas, por eso hay también elementos renacentistas y barrocos. Su torre principal se puede ver desde casi toda la ciudad. Parece un gigante rodeado de enanos. En su interior, formado por tres naves, las recargadas columnas son esbeltísimas. Se conservan pocas vidrieras originales, la mayoría destruida por los bombardeos en la 2ª guerra mundial. Coincidiendo con la visita hemos escuchado el órgano y algunas voces profesionales cantando una misa de Mozart.

El frío arreciaba y hemos vuelto al hotel antes de alejarnos más. Habíamos sacado dos tikets de metro para 24 horas. A 7.50 euros cada uno. Eso es el equivalente de tres viajes. Hoy habremos hecho 7 u 8. El tiempo de espera, anunciado con precisión en unos paneles, nunca ha superado los 4 minutos. Ya abrigados nos hemos dirigido hacia el Danubio, el viejo Danubio, que ahora se ha convertido en una especie de zona pantanosa, rodeada de pequeñas casas, con mucha vegetación y nenúfares, en comunicación con el gran río de fuerte corriente y partido en dos grandes brazos separados por una isla estrecha, de unos 300 metros, pero de 22 kilómetros de larga. El brazo más próximo al viejo Danubio tiene unos 200 metros de ancho y el otro unos 300. Hemos paseado por la isla, paraíso de aves que picotean despreocupadamente por el césped, corredores y ciclistas bajo los árboles, así kilómetros y kilómetros, a cada lado un Danubio. Entre el viejo y el nuevo Danubio, la moderna Donau City, un bosque erizado de edificios y torres altísimas de hormigón, acero y cristal contra los que se estrellan las aves, deslumbradas. Paseando por aquellos parajes cómo no acordarnos de que en una de estas islas, parece que más arriba, por las proximidades de Ratisbona, fue donde Garcilaso estuvo desterrado por su amigo el emperador Carlos V por desobedecer sus órdenes y apadrinar la boda de su sobrino Pedro, hijo de su difunto hermano Pedro Laso de la Vega, comunero convicto y confeso. He aquí unas estrofas de su canción tercera:

“Con un manso ruïdo
de agua corriente y clara,
cerca el Danubio una isla, que pudiera
ser lugar escogido
para que descansara
quien como yo estoy agora no estuviera;
……
Aquí estuve yo puesto,
o, por mejor decirlo,
preso, forzado y solo en tierra ajena;
…….
Danubio, río divino,
que por fieras naciones
vas con tus claras ondas discurriendo…”

Desde allí hemos ido en busca de El Prater, ese inmenso parque, pulmón de Viena y lugar de paseo de los vieneses ya desde finales del siglo XIX, como cuenta Stephan Zweig en sus memorias:

“Recuerdo aún el día de mi primera infancia (Zweig nació en 1881) en que, con el ascenso del partido socialista, se produjo en Austria el cambio decisivo; con el fin de demostrar por primera vez y de manera evidente su poder y su número, los obreros habían hecho circular la consigna de declarar el primero de mayo fiesta del pueblo trabajador y decidieron que desfilarían en formación cerrada por el Prater, más concretamente por su avenida central, donde por lo general se veían, entre anchas y hermosas hileras de castaños, desfiles de calesas y landós pertenecientes a la aristocracia y la burguesía rica. Presa de horror, la buena burguesía liberal se quedó de una pieza ante semejante anuncio. ¡Socialistas! La palabra tenía entonces, en Alemania y Austria, un sabor a sangre y terrorismo, como antes la palabra “jacobinos” y más tarde “bolcheviques”; en un primer momento nadie creía posible que aquella horda roja llevase a cabo su marcha desde los suburbios sin quemar casas, saquear tiendas y cometer todos los actos de violencia imaginables. Una especie de pánico se apoderó de la gente. La policía de toda la ciudad y de los alrededores se apostó en la calle de Prater y el ejército, puesto en estado de alerta, recibió la orden de disparar en caso de necesidad; ningún carruaje se atrevió a acercarse al Prater, los comerciantes bajaron las persianas de hierro de sus tiendas y recuerdo que los padres prohibieron a sus hijos salir a la calle en un día de tamaño espanto, que podía ver a Viena en llamas. Pero no pasó nada. Los obreros marcharon hasta el Prater con mujeres e hijos, en compactas filas de a cuatro y con una disciplina ejemplar, ostentando todos en el ojal un clavel rojo, el símbolo del partido. Durante la archa cantaron La Internacional, aunque los niños, al llegar al hermoso césped de la “Avenida noble”, que pisaban por primera vez, intercalaron en ella sus inocentes canciones de colegio. No se insultó a nadie, no se golpeó a nadie, no se cerró ningún puño; policías y soldados sonreían a los manifestantes en un gesto de camaradería. Gracias a aquella actitud irreprochable, ya le fue imposible a la burguesía estigmatizar a la clase obrera tachándola de “horda revolucionaria” y, como siempre en la vieja y sabia Austria, se llegó a concesiones mutuas; aún no se había inventado el actual sistema de represión y erradicación a porrazo limpio, todavía estaba vivo (aunque ya palidecía) el ideal de humanismo, incluso entre los líderes de los partidos.

Apenas había aparecido el clavel rojo como símbolo del partido, en seguida se vio otra flor en el ojal, el clavel blanco, signo de afiliación al partido socialcristiano (¿verdad que es enternecedor que aún se eligiesen flores como distintivos de los partidos, en lugar de botas altas, puñales y calaveras?)”.

Notas tomadas del interesantísimo libro “El mundo de ayer”, pág. 91 y siguientes.

Hay allí una feria permanente alrededor de la antigua noria. Por allí pasean corredores, ciclistas, gentes sentadas bajo los árboles, cuervos confiados picoteando, que solo inician el vuelo cuando ven encima a los humanos.

Comimos una sopa, pizza y ensalada con un litro de cerveza y dos cafés. (30 euros). Aunque sentimos la tentación de echarnos sobre el césped para dormitar la comida, cogimos nuevamente el metro porque la tierra aún estaba algo húmeda de la lluvia nocturna.

Descansamos un rato en el hotel y por la tarde volvimos a la carga con la ópera. Hoy tocaba “Las Walkírias” de Wagner. Hemos aguantado sentados delante de la gran pantalla una hora y, ya algo cansados de ópera y helados, aún nos quedaba la visita al Museumquartier que, de tan cerca de nuestro hotel, nos había pasado desapercibido. Parte del edificio está además en rehabilitación tapado con grandes paneles delante de los cuales el día anterior vimos una concentración de gente sudamericana con música y fotos protestando por la situación en Venezuela. En el interior del conjunto se encuentra el Leopold musseum y el Mumak, de arte moderno. Ambos ya cerrados a aquella hora de la tarde. Atraídos por el movimiento de gente con copas en la mano nos hemos dirigido a una sala de donde salían, bien vestidos, más bien de mediana edad. Ya dentro de la sala camareros que pasaban con bandejas de bebidas y canapés. Aunque nadie nos ha dicho nada hemos visto un cartel en la puerta donde ponía “Event privé”, Congreso europeo de diseño estratégico. Aún hemos cruzado después a los jardines de María Teresa, la emperatriz, flanqueados por el museo de historia natural y el museo de arte. Ha sido la última visita.

Hacia las 8.30 café con leche gigante y croissant en la cafetería donde nos han atendido con más simpatía. Una de las camareras, creyendo que éramos franceses nos decía “Je m´apelle Alejandra”. Era lo único que sabía en francés. Curiosamente en una parte, la más visible y exterior del bar, hay un salón para fumadores que está casi siempre lleno.

Hemos preguntado si eso es normal y nos han dicho que sí, que suele haber un salón para fumadores en muchos bares de Viena. Poco después al hotel. Mañana a las 9.45 un taxi pasa a recogernos para llevarnos al aeropuerto.

Lunes, 22.

Ya en el aeropuerto comenzamos a sobrevolar las verdes praderas vienesas hasta ver 70 minutos después los secos campos de Fiumicino en Roma. Allí un imprevisto control de pasaportes por la suspensión temporal de los acuerdos de libre circulación de Schenguen a causa de la reunión del G 7 en Taormina. Una hora después volamos rumbo a Alicante, rodeada también de montes y valles amarillos y secos.

San Juan, 28 de mayo de 2017.
José Luis Simón Cámara.

34 Vienna City Marathon (23-Abril-2017)

Buscando siempre combinar un maratón con un viaje apetecible, este año mi elección fue Viena: entre las muchas opciones de carreras que estuve barajando, esta ciudad además brindaba la posibilidad de ver a unos queridos amigos que viven en Austria. Además, para este destino también podía contar con un coach personal, ya que Uwe me acompañaría en este viaje.

Así que preparación obligatoria, siguiendo el “plan Pili” ya testado con éxito en 7 ediciones anteriores. Esta vez mi talón de Aquiles nos exigió ajustar el entrenamiento a sus capacidades y seguramente me faltaron algunos kilómetros de rodaje…

Excelente organización en todo, y hasta nos abrieron el salón de actos del ayuntamiento para la Carbo Party con pasta o Kaiserschmarrn (deliciosa especialidad dulce vienesa tipo pancakes) la tarde del sábado.

Había para todos los gustos: el sábado carreras de 10 km, distancias más cortas para niños y adolescentes; luego el domingo medio maratón, relevos maratón (muchísima gente, por cierto!) y maratón. Sólo el pronóstico del tiempo me hizo temblar: frío, algunas lluvias y rachas de viento hasta 70km!

Amaneció el domingo con mejor tiempo del anunciado, y al final disfrutamos hasta de cielos azules, llegamos secos a meta y sólo tocó viento. El recorrido es muy bonito: sale en la ciudad de la ONU, cruza el Danubio, sigue el canal del Danubio, pasa por el centro y el parque del Prater para terminar en pleno centro histórico al lado del ayuntamiento. Había música en muchos puntos, y a lo largo del recorrido había gente animando y avituallamientos abundantes.

Eso sí: los últimos km por el parque se hicieron eternos, ya que nos tocó no sólo luchar contra el cansancio sino también contra el viento contrario. Pero con cada paso nos acercamos a la meta y al final la crucé después de 4:11. No mi mejor tiempo, cierto, pero contenta por el tendón que me había aguantado y por la octava maratón cumplida.

También en la meta todo perfectamente organizado: entrega de medalla, cortavientos para no enfriarse (muy necesario!), y un recorrido corto para la salida y guardarropa. El domingo terminamos en total 32.533 corredores, 6.319 de ellos el maratón completo.

A partir de allí disfrutamos de la parte de turismo, de gastronomía y por supuesto de amigos. Gracias a Pili por prepararme y animarme, y a todos los atotraperos que me estáis acompañado en entrenamientos, carreras y viajes.

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Martina W-55 4:11:46 4135 30

41ème Édition Marathon de Paris (9-Abril-2017)

Llegamos a París el sábado 8 de abril a las 9:00, y nada mas llegar al aeropuerto de Orly, nos dirigimos hacia la feria del corredor. (Expo du running). Quería recoger el dorsal y ya tener la cabeza despreocupada para pasear por París.

En la Expo todo ha sido muy rápido. No ha habido colas, puede que sea porque fuimos a primera hora de la mañana, aunque estaba todo bien organizado, mucha gente atendiendo. Pasar control de seguridad, presentar el certificado médico, justificante de participación y DNI o pasaporte. Te entregan el dorsal nada mas entrar y a 50 m te regalan una pequeña mochila de la organización.

Después puedes seguir paseando por la Expo y comprar y probar diversidad de productos y servicios o bien dar la vuelta y salir. Nosotros salimos nada mas coger el dorsal.
La tarde ha sido: pasear un poco, coger un bus turístico que te recorre por todo el Paris (las zonas mas importantes para visitar), paseamos a pie por alrededores de la Torre Eiffel, Opera Garnier y luego sobre las 19:00 nos dirigimos a casa para cenar y descansar.

Domingo, día de maratón, las salidas estaban muy bien programadas, había un intervalo entre cada grupo de corredores por tiempos (élite, preferente, 3:00; 3:15; 3:30 y así sucesivamente), cada 10-15 min había una salida. De esta forma no se formaban cuello de botella, ni que los mas lentos te molestasen a progresar. Es una maratón que desde principio puedes correr a tu ritmo, gracias a buena organización y tener esas avenidas tan anchas.

Sobre las 8:10 me coloco en mi cajón de salida, en la avenida Les Champs-Elysees estamos cerca de 50 mil corredores esperando nuestro turno de salida, es una imagen espectacular, en el fondo a unos 500 m esta Arco de Triunfo. Gente por todos los lados, mucha animación.

Ya es mi turno, pistoletazo de salida y salgo a las 8:25 justo después de los que iban a hacer 3 horas. Salimos a un ritmo muy bueno, 4:30-4:40 dependiendo de tramos, con este ritmo iba hacer menos de 3:15 y me encontraba muy bien los primeros kms, aunque sabía que esto era largo y que después haría calor, habría cuestas, y que las piernas estarían muy fatigadas como para aguantar ese ritmo. “Intentaba” ir con cabeza.

Intentaba distraerme con otros corredores, con el apoyo del público, con distintos puntos de animación que habían durante la carrera, de esta forma intentar no pensar mucho en carrera y llegar entero para los últimos kms. Pues sobre el km 25 que hacia una media de 4:35/km, con ese ritmo bajaba de 3:15, pero las piernas cada vez pesaban más y el sol apretaba, entonces pensando que los últimos kms se me harían muy largos, decidí bajar el ritmo hasta 4:40-4:45.

Sobre el km 25-26 me alcanza el globo de 3:15, era un grupo muy numeroso, de unos 30-40 corredores. Decido unirme a ellos, me meto en el medio del grupo, aunque al principio me costó adaptarme, porque íbamos muy pegados unos a otros, y había que tener cuidado con zancadas y piernas y brazos de otros corredores, ya que todos querían estar muy cerca del globo. Con paso de kms cada vez quedaba menos corredores en grupeta, y por el km 30 quedamos unos 10-15 corredores, pasamos por punto de avituallamiento, se baja el ritmo y en el 31 aprox. la liebre, al haber bajado ritmo en avituallamiento, decidió subir bruscamente el ritmo para que le salga la media bien, pero claro a estas alturas de carrera, mis piernas súper cargadas, no pude seguirlos, y se me fueron escapando y alejándose poco a poco. Pensé que aun quedaba mucha carrera y la parte mas importante estaba por llegar, así que decidí ir con cabeza y controlando.

A partir del km 34 ha sido un calvario, empecé sufrir muchísimo, tanto por el calor como por las piernas que ya no querían seguir corriendo. Era correr por pequeños objetivos, como “venga vamos 2 kms más” o “venga, aguanta hasta avituallamiento sin parar de correr” o “venga, vamos a intentar seguir a estos chicos con camiseta amarilla”. Paraba a andar y a los 5 segundo me decía venga pues en vez de andar, corre despacito. Y así de km 35-40 hice una media de 5,50/km y los últimos 2 kms más lento todavía.

Pase por meta en 3 horas y 26 minutos. Pos. General 4754 / 42444; en mi categoría 2350 / 14084. (Sin duda pensé que si hubiera salido mas lento desde principio acabaría mucho mejor y menos tiempo, pero no me arrepiento de nada, hay que arriesgar y probar, si no te sale bien, pues otro día será).

Acabamos justo al lado de Arco de Triunfo. Mucho espacio para corredores, con mucha fruta y agua. (solo esto agua y fruta). Eche de menos coca-cola y cerveza. Esto junto a que pongan avituallamientos en un solo lado de carrera ha sido para mí, los 2 puntos negativos, frente a centenar de puntos positivos. Cada vez que llegaba un avituallamiento, tenías que frenar tu ritmo para poder coger agua o frutas, y si estabas corriendo por el lado contrario, había que cruzar la calle como se pueda entre tanta gente para conseguir una botella de agua. Espero que en la próxima edición lo pongan en ambos lados de carrera. Entre la multitud de puntos positivos, en especial quiero destacar 2: el detalle de la animación en todos los puntos de la carrera, que tanto el speaker como el volumen de música, estaba en un nivel intermedio, de esta forma no molestaba a otra gente para que sigan con su descanso en sus casas o que puedan mantener una conversación normal y segundo punto, han sido que mientras estábamos esperando en cajones de salida, cada pocos metros habían distintos WC con muy pocas colas, para hacer tus necesidades.

Sin duda, una maratón muy bonita, bastante bien organizada y que se quedara para siempre en mi mente.

Quiero agradecer por el apoyo y los que habéis hecho de alguna forma que esto ha sido posible, sin duda no es fácil conseguir acabar una maratón. “A to trapo” y en especial a Jesús por sus continuos apoyos. Al compañero de triatlón y carreras, Dr. Javier, que me ayudo con certificado médico. A Alberto (Maño) de haber sido un excelente compañero de entrenamientos durante estos últimos 2-3 meses. A mi madre por acompañarme en el viaje y mis compañeras de trabajo por cubrirme en trabajo.

Saludos y gracias. ¡Hasta la próxima carrera compañeros!

Farid.

Hacía 6 años que no corría la distancia, bien por problemas con el  hierro o bien por lesiones, pero tenía clavada la espina de Barcelona 2011 donde no conseguí bajar mi marca de mi primera maratón. Un grupo de amigos de Novelda me liaron (y yo me dejé) para correr mi tercera en París, en enero ya me cayeron 50 y que mejor manera de celebrarlo. Luego ví la oportunidad de irme una semana con otra gente de mi tierra, por lo que combinación perfecta: correr y turismo. A 5 semanas del dia una sobrecarga del sóleo me tuvo parada 15 dias, por lo que me planteé el no correrla, pero me lo trataron bien y decidí hacerla.

La carrera no me fue como quise, ese día, el más caluroso de los 7 que estuve, me pasó factura, el calor me mata para correr, yo con máxima de 12º hubiera sido feliz. Debí salir más reservona, pero me dejé llevar un poco por el ambiente, quién la ha corrido de vosotros ya sabe que París y acompañantes se tiran a la calle, aunque iba perdiendo fuelle a partir del 30 ya no pude remontar, en los 2 últimos avituallamientos me paré (muchísima gente se cruzaba, se paraba..era un poco caos), notaba mis piernas bastante cargadas, el gemelo derecho, los hombros…solo queria llegar.

Para el fuerte calor que hizo ví un poco mal por parte de la organización los últimos avituallamientos, los puntos de los cubos de agua (la mayoría estaban vacíos), y sobre todo que solo hubiera un vaso de isotónica en toda la carrera en el km33. Como anécdota decir que ni vi la torre Eiffel al paso por el km 29, madre mía!!!!

A pesar de todo conseguí acabar mi 3ª, y aunque me juré y perjuré que no habría otra, a día de hoy me gustaría intentar de nuevo esa marca que tengo en mis piernas, aunque tenga algún añico más, pero se tienen que dar muchas circunstancias: tengo que entrenar en meses de frío, y tiene que ser una fecha con frío también, muy difícil me lo pongo.

Después de la carrera a seguir pateando por París, esa misma tarde subimos a la torre de la Sacré-Coeur, ya llevábamos otras cuantas escaleras antes del maratón, y los días posteriores pues eso… otro maratón que me pegué a recorrerme todos los rincones de la ciudad, así llegué a casa después de 7 días

Toñi

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Farid SEN M 3:26:32 4684 2350
Toñi VET F2 4:00:56 15805 166