Buscando mi chanclo

Viaje a Escocia (Edimburgo, Stirling, Glasgow). 25-29 de Mayo de 2018.

Viernes, 25 de Mayo.

Larga espera en el aeropuerto de Alicante de toda la comitiva viajera a Edimburgo, suavizada por algunas tapas, cañas y refrescos. Dispersos por el avión llegamos a las 2.30 (1.30, hora local a partir de ahora). Frío, por lo poco abrigados, algunos. En laberínticos pasillos mostramos el pasaporte o carnet y enseguida encontramos tres taxis para nuestros respectivos apartamentos. El grupo más numeroso, de 8, formado por las parejas de Mariángeles-Jesús, MºJesús-Pepe, Martina-Uwe y Lola-Rafa, se marcha en una dirección y el otro grupo, Julia, Juanma, Pinki y yo, hacia Melville Terrace, 17. 20 libras. En la pared, junto a la puerta, un número cifrado nos abre una caja metálica donde está la llave. Casa de planta baja, fría. Juanma encuentra la caldera y la pone en funcionamiento. Salón, cocina, aseo, dos habitaciones, una con cama de matrimonio y otra con dos camas. Además dos habitáculos para utensilios de la casa. El día anterior había llegado la avanzadilla de la familia Mufy, es decir, Juan Carlos-Patri, sus respectivas madres, Quique y su sobrino Marco, que se alojan en otro apartamento muy cerca del de los del primer grupo.

Sábado, 26 de Mayo.

Frente a nuestro apartamento, Melville Terrace, 17, el parque Meadows, un pulmón cubierto de césped y todo tipo de árboles: tilos, avellanos, castaños… y cientos de niños jugando en equipos, jóvenes corriendo, otros sentados al escaso sol. Lo atravesamos en dirección al centro histórico. Allí hemos quedado con un guía a las 10.30. Viene del país vasco y nos lleva por lo más típico inoculándonos la poca simpatía de lo escocés por los ingleses a base de datos, anécdotas. Pronuncia tan aceleradamente que se traga muchas sílabas y, a veces, se hace casi incomprensible. Visitamos la superficie de la tumba de Knok, el corazón de piedra sobre el que se puede escupir, las guerras fratricidas de religión entre católicos y Covenants (palabra escocesa que significa “promesa solemne”: eran los protestantes reformados presbiterianos o puritanos que se unieron contra los católicos). Ya sin el guía, hemos paseado en grupo y finalmente, a últimas horas de la mañana, rodeando el impresionante castillo sobre la negra roca volcánica, como hormigas diminutas por la falda del peñasco, hemos entrado a un pub donde han tardado una larguísima hora en darnos de comer. Eso sí, nos hemos bebido lo indecible, sobre todo el amigo Pinki, que no cesaba de hacer viajes a la barra en busca de pintas de cerveza o chupitos de wisky y a los servicios a desbeber.

Acabada la comida un grupo ha ido en busca de los dorsales y otros han deambulado, como hacía Horacio por Roma, “entre la engañosa multitud”, tomando café y escuchando el “parakalós” (gracias) griego en esta ciudad donde se pueden escuchar todas las lenguas imaginables y ver atuendos de todas las religiones y barbas de todos los muslimes. Incluso jóvenes con las orejas, no ya con el piercing tradicional, sino con aros que han horadado y adaptado a su forma, como en las antiguas tribus africanas, la oreja totalmente deformada. Aún no hemos visto por aquí el labio prolongado para albergar un plato, como la bolsa del cormorán para guardar la caza marina.

No encontraba el grupo de los dorsales el del llamado Josele, por más que se empeñaban en su búsqueda. Ante la insistencia de los colegas y la dedicación de la chica, que ha sido merecedora de un aplauso, le han conseguido otro dorsal. Pero ¿cómo iban a encontrarlo si el buscado dorsal estaba en poder del susodicho hacía ya casi un mes y dormía en el fondo de su maleta? Le había sido enviado por correo a San Juan.

Entre unos y otros quehaceres, el tiempo ha pasado volando y apenas hemos tenido ya tiempo de acercarnos a casa unos minutos y ponernos otra vez en camino para la cena en la pizzería “Ciao Roma” de el 64 de la calle South Bridge, repleta de gente en las distintas dependencias que se asoman a dos calles. El camarero italiano, a pesar de la demora en el servicio a algunos de los comensales, ha hecho alarde del carácter latino bromeando con unos y con otros, en especial con el políglota Andrés Basso Romero de Hoyos, abreviado, Pinki, en permanente puya futbolística además con Felete, Rafa Olivares, irreconciliables defensores de los mayores rivales del fútbol hispano. Justamente a la hora de la cena se jugaba la final de la Champion entre el Liverpool y el Madrid en Kiev. Hemos salido del restaurant y nos hemos dirigido al punto de salida de la carrera para su reconocimiento. Mañana, Domingo, unos a las 8 y otros a las 10 comenzamos en Potterrow las respectivas carreras. A las 8 la Media Maratón y a las 10 la Maratón.

Domingo, 27 de Mayo.

Con el rocío de la noche chorreando por las tiernas hojas de los árboles me he ido acercando sin necesidad de guía, solo siguiendo a gentes que confluían de todas las calles de las proximidades, a Poterrow Place, desde donde salía la carrera. Unos enormes tráilers numerados recogían las bolsas con el número de identificación de los corredores, distinguidos también por colores y número según su categoría, tiempo aproximado y edad. Me he encontrado en el punto de cita con los amigos: Pepe, Rafa, Juan Carlos y Quique. No lejos una imponente mezquita, hasta aquí han llegado los seguidores de Mahoma desde el desierto a este paraíso vegetal. La gente no para de moverse. 8 grados, altísima humedad, niebla pegajosa y nosotros con pantalón y camiseta de manga corta. A las 8.05 ha comenzado a moverse la multitud. Hemos pasado 7 minutos después por debajo del arco de salida. Primeras millas, así lo cuentan aquí, por la ciudad con toboganes y bajadas pronunciadas hasta llegar casi al nivel del mar. Alejándonos de la ciudad va aumentando la arboleda, los jardines, unos cerros vestidos de amarillo chillón y abajo en una zona lacustre unos inmensos y blanco cisnes hundiendo su largo cuello entre el plumaje o navegando altivamente con su cuello de interrogación. El frío ha desaparecido. Únicamente algo entumecidas las manos y, de momento, entre la bruma, el sordo sonido del mar, ese mar envuelto en bruma bajo cuya protección se cobijaban los barcos piratas, las naves vikingas que sorprendían a los asustados pescadores, secuestraban a sus mujeres, violaban a sus doncellas y se llevaban en las bodegas de sus naves el preciado licor que los nativos destilaban de sus cereales.

Kilómetros viendo el mar, la arena, las rocas, pájaros, el oleaje se confundía con la niebla espesa, por la orilla derecha de la carretera esas casas con jardín lleno de flores sin necesidad de riego, gentes aplaudiendo, niñas ofreciendo en cuencos gominolas, allá en un balcón una estelada y la consiguiente peineta de Rafa observada por un corredor local que le hace notar lo poco que le ha gustado al hispano, música y poco a poco vamos dejando el mar y adentrándonos entre la vegetación y más casitas con terraza. La observación de lo que nos rodeaba, de la gente, la conversación sobre mil asuntos que pasan por la cabeza para distraer del duro e interminable movimiento alternativo de las piernas, los avituallamientos, normalmente limitados a agua, con un gel en dos ocasiones. Ya a las 10 llevábamos casi vencida la carrera, apenas nos quedaban dos millas. Encontramos en uno de los giros a Pepe que nos había adelantado una milla larga y, animados por la proximidad del fin, el agua, los geles, las gominolas, la música, los ánimos de la gente, encaramos los últimos cientos de metros hasta ver ya los colores rojos de alfombras y el arco de paso de meta al alcance de los ojos. Pasamos bajo el arco cuando el reloj marca las 2.26 horas de comenzada la carrera, si bien es verdad que habíamos pasado 7 minutos después por el punto de salida. Los cuatro juntos atravesamos la meta. Relajación, medallas, bolsita de camiseta y recuerdos. Agua, estiramientos, recogida de bolsas, cambio de ropa y camino hacia los autobuses. Nos encontramos con los corredores de la Maratón. 25 minutos nos costó llegar hasta los autobuses que tardaron una hora en llevarnos a la zona universitaria próxima al punto de salida en Edimburgo. Larga ducha de agua caliente para reconfortar el cuerpo sometido al frío y el esfuerzo. Quedo con Pinki delante del “dedo de Hume”, la estatua del famoso filósofo que se encuentra en la confluencia de George IV Street y Royal Mille. Nos tomamos una caña en la barra de un bar donde se hace trizas una copa de cristal a nuestras espaldas. De allí bajamos en dirección al Grassmarket y pedimos un bocadillo pequeño de cochinillo riquísimo que devoramos junto al punto del Last Drop, donde los condenados a la horca se tomaban de verdad el último golpe. Nada que envidiar al cochinillo de Segovia, sobre todo la corteza, crujiente y sabrosa. Nos sentamos en la terraza del Pub The Beehive Inn no. 18—20 a beber una pinta cuando vimos venir a lo lejos al teutón de la blanca cabellera al viento. Uwe se sentó con nosotros a tomarse una negra enterita y después siguió rumbo a la búsqueda de la bufanda para su heredero. Apareció la familia Mufy y entre bromas y tragos nos despedimos, Pinki a gandulear por la calle y yo a descansar un rato al apartamento. Cuando nos preparábamos para salir a la cena llegó Pinki hecho polvo.

–¿A estas horas a cenar? Uf.. Tengo la barriga…! Diles que estoy vomitando. ¿Les sentará mal? ¿Es hoy la cena que encargamos o mañana? Creo que es mañana.

–Tío, haz lo que quieras. No va a pasar nada. ¿Cómo les va a sentar mal?

Finalmente se quedó en casa y nos marchamos Julia, Juanma y yo al encuentro del grupo. Autobús de línea hacia The Stable Bar en las afueras de la ciudad. Una estrecha carretera entre prados nos deja en una parada bajo los árboles y desde allí nos adentramos por un solitario camino que nos conduce a una especie de “cortijo” con un gran patio central. En otro tiempo hubo cuadras. Ahora los caballos pastan por los alrededores. Construcción sólida de piedra y en la esquina del fondo izquierda una acogedora venta con varios salones. Tenemos preparada una larga mesa en la zona elevada de un salón donde otros clientes se distribuyen en distintas mesas. El menú de ensaladas, pescado y carne ya está encargado. Todo abundante, quizá excesivo incluso para cuerpos agotados por el esfuerzo de la carrera. Evidentemente regado con el dorado líquido de la mies o de la uva, también de la lluvia. Regresamos al autobús, el primero se nos escapa, disfrutando de los hermosísimos árboles de proporciones casi descomunales que nos protegen con sus altísimas ramas.

Lunes, 28 de Mayo.
Excursión por Escocia.

En un autobús de dos pisos, lo que nos permitía bastante movilidad interna y nos la restaba en algunos lugares estrechos, salimos a las 7.30 en dirección a Stirling. En el camino hacemos dos paradas breves: una junto al canal de Forth y Clyde, en Falkirk, donde aparecen dos gigantescas cabezas de caballo, obra del escultor Andy Scott, hecha con láminas de acero. Rinden homenaje al caballo, tan importante en la historia militar y agrícola de Escocia; pero no son caballos, son Kelpies, una criatura sobrenatural de la mitología escocesa que ronda lagos y ríos, cambiante de forma para atraer a sus víctimas que son arrastradas al fondo del lago y devoradas. La siguiente parada es para visitar la rueda de Falkirk, un ascensor giratorio de barcos. Se utiliza para salvar un desnivel de 24 metros. En 5 minutos la rueda gira 180 grados y eleva las embarcaciones hasta el nivel del canal para continuar su viaje. Fue inaugurado por la reina Isabel el 24 de Mayo de 2002 en el marco del festejo de sus bodas de oro en la Corona. Pero las primeras esclusas fueron construidas en 1790 y permitían navegar a los barcos. Con el tiempo quedaron en desuso y ahora cumplen una función turística.

Llegamos a Stirling, ciudad importante en la convulsa historia de las relaciones entre Inglaterra y Escocia. La primera parada fue junto al Puente de Stirling donde el reducido ejército del rebelde William Wallace consiguió con tretas imponerse al ejército inglés de Enrique I. Fue allí también donde otro luchador escocés, Robert de Bruce, consiguió años después, en 1314, ganar otra batalla contra Inglaterra. Subimos con dificultad, por lo estrecho del acceso, hasta la explanada al pie del castillo de Stirling, donde fue coronada a los pocos días de nacer la hija de Jacobo V, María Estuardo, el año 1542. Pasamos la zona de los fosos y accedimos a la entrada libre donde pudimos ver todos los objetos de recuerdo que hay en casi todos los lugares históricos: figuras, gorros, wisky, ….

Lago de Lomond.

Por unas estrechas carreteras con excesiva circulación e incluso colas, tratándose de un lunes, llegamos al mayor lago de Escocia donde se baña la gente hacinada sobre la escasa arena o haciendo equilibrios sobre las piedras. El lago Lomond tiene varias islas, hay deportes acuáticos, incluidas las atronadoras motos de agua que deben asustar a la fauna de los bosques circundantes que, como una espesa barba, rodean los alrededores de la boca. Sorprendente el cambio en unas horas de esa espesa bruma que humedece árboles y caminos y se mete hasta los huesos a este sol que atraviesa los árboles más frondosos y desnuda a los nativos que van desprendiéndose de las sucesivas capas de cebolla, como nuestro inefable y silencioso Pepe Gil, también caracterizado por su, a pesar de negarlo, inevitable distanciamiento permanente en las carreras.

Hoy nos prometíamos un día de descanso, relajado, viajando en autobús despreocupadamente por los alrededores y hasta las faldas de las “Highlands” tierras altas, sin llegar a pisarlas. Ver los inventos, equivalentes a la noria siria, para elevar el agua no sólo a través de esclusas, la arquitectura en honor a los caballos, soporte de la guerra y la agricultura en otros tiempos, Stirling, ciudad histórica por las muchas y decisivas batallas y finalmente Glasgow.

Ése era el objetivo. Hemos llegado a todos sitios, pero con tanto retraso que algunos de los lugares que pensábamos visitar estaban ya cerrados.

A lo largo del camino, el guía y conductor, dos personas en un mismo dios, nos ha dado por la mañana un breve aperitivo histórico. Pero no podíamos imaginarnos lo que nos esperaba por la tarde. Se le ha desatado una diarrea histórico-biográfica imparable que nos hacía escalar desde la planta baja al 2º piso del autobús y había un trasiego de subidas y bajadas tratando de huir de aquella inagotable voz que nos perseguía a golpe de datos, no sabemos si inventados o mezclados. Era tal el embale que llevaba, solo lo interrumpía unos segundos para revisar el GPS que, por fuerza, lo confundía, o para atender alguna complicación de tráfico que requería toda su atención, especialmente dedicada a su discurso. Aunque nos decía, por las largas colas en la carretera, que podía tratarse de un “bank holiday” o día de fiesta de la banca que prácticamente paralizaba toda actividad comercial, razón por la que en todas partes había mucha gente y en la carretera mucho tráfico, lo ha comprobado Martina, y mucho nos tememos que el conductor y guía lo sabía positivamente, lo que le permitiría explayarse a sus anchas sin posibilidad alguna de escapar a sus designios, atrapados como estábamos en un embotellamiento de varias horas que nos ha restado la posibilidad de ver el museo del transporte en Glasgow, cerrado a las 5 de la tarde.

Llegada a Glasgow.

Aparcó el autobús por el centro de la ciudad y nos dirigimos a la plaza del Ayuntamiento. Monumento a los escoceses muertos en la gran guerra o 1ª mundial y gran columna que emula a la de Trafalgar Square en Londres. Por la George Street nos encaminamos hacia la zona universitaria, edificios mastodónticos, algunos más modernos con grafittis que cubren toda la pared y retratos de personajes relacionados con el mundo universitario. Llegamos al entorno de la catedral gótica con estatuas de hombres ilustres, desde Livingstone a Thomas Campbelll, siempre al lado el cementerio y a lo lejos, tras el perfil de la catedral, en la lejana colina un erizado muestrario de cruces y monumentos funerarios. Regresamos al autobús repartiéndonos el cansancio de Marco, el niño de la excursión, y reiniciamos el viaje a Edimburgo.

Sancho, no el del Quijote, con mucho más sentido de la oportunidad y de la medida que el que nos tocó en suerte como guía y conductor, volvió a las andadas o “volantadas”, porque a la vez que hablaba, movía los brazos y manos gesticulando como si tuviera el público delante, aunque estaba solo y aislado en su cabina. Cuando se le acabaron los temas propiamente turísticos, como las repetidas historias sobre Fleming y Churchil o loas reiteradas en versión ampliada de William Wallace o de Robert de Bruce, entonces echó mano al repertorio de sus experiencias personales que, mientras se limitaron por la mañana a una ligera y oportuna referencia a sus primeros pasos en la emigración, se trataba de un joven mallorquín hijo de emigrante rusa y padre francés, tuvo cierta lógica pues hacía referencia a la cuantiosa población española que hay en la zona de Edimburgo. Sólo en la fábrica de galletas de Edimburgo, que abastece a medio Reino Unido, la mitad de la plantilla, unos 600, son españoles. Él comenzó en la construcción y sufrió una caída que le fracturó la pierna dejándolo inútil. Después de mucha pelea, pues querían que se marchara a España, consiguió que lo atendieran y vive desde entonces en el piso 12 y último de un edificio en las afueras de la ciudad. Hasta ahí bien, por la mañana. Pero luego, por la tarde, en el viaje de regreso, inexplicablemente comenzó a explayarse en historias personales y de amigos, algo sin interés alguno para la tripulación, cuando además había comenzado el viaje de regreso diciendo que tras unas breves palabras iba a pasarle el micrófono a uno de los excursionistas que pensaba contar la sorprendente y trágica historia de María Estuardo, una de las reinas de Escocia en una de sus épocas más convulsas que coincidió con el reinado de su prima Isabel I de Inglaterra, corona a la que también ella aspiraba y quizá con más derecho que la propia Isabel si nos atenemos a la legalidad de los derechos dinásticos en el siglo XVI durante el que se desarrollaron sus reinados.

Martes, 29 de Mayo.

Sin prisas ni citas ni horarios nos hemos levantado esta mañana, última de estancia en Escocia. Ninguno de los habitantes de Melville Terrace teníamos la tarjeta de embarque para el vuelo impresa. El hábil y silencioso Juan Manuel, se podría decir lo mismo de su discretísima y, según mi amigo Pinki, sabia compañera, consiguió hacérnosla visible en el móvil y supusimos que esa modalidad sería suficiente para el vuelo de regreso. Hechas las maletas hemos salido de casa unos y otros. Tras el luminoso y caluroso paréntesis de ayer, la niebla ha vuelto a colgarse de los árboles y edificios. Una ligerísima llovizna, lo que por nuestra tierra llamamos chirimiri, nos caía al principio del paseo. Buscando calles alternativas a las habituales hemos dado con el Museo Nacional de Escocia donde hemos visitado algunas salas: los primeros aeroplanos, colgados del techo, la impresionante mandíbula de ballena, la oveja Dolly… Hemos comprado algunos regalos y vuelta a la calle, otra vez humedad condensada. Rincón donde se encuentra el museo de los escritores, entrada a la catedral de St. Giles, gótica, de hermosas y luminosas vidrieras, sin imágenes porque es protestante, excepto la sombría estatua de tamaño humano, aunque él fuera inhumano, junto a la que se ha hecho una foto mi amigo Pinki. Se trataba de Jhon Knox, uno de los más intransigentes presbiterianos de inspiración calvinista que fustigó lo que consideró vicios de María Estuardo y no eran más que juegos infantiles de diversión o distracción, aunque él gustaba para sí disfrutar de jóvenes mozas. Frente a la catedral una estatua de Walter Scott y a la espalda unas tumbas entre las que se encuentra la del fanático Knox, bajo la piedra nº 23. Hacemos algunas compras más de regalo y algo para comer en casa antes de llamar al taxi que nos llevaría al aeropuerto, tema del que se ocupó Juan Manuel con tanta eficacia que cuando montábamos en el taxi se presentó un segundo taxi y ya en el aeropuerto se nos ofrecía un tercero. Las tarjetas de embarque en el móvil han cumplido su función y luego, tras algún despiste de correas y líquidos no introducidos en bolsas de plástico transparentes, con los pies descalzos sin bolsa de protección, hemos cruzado los largos pasillos de supermercados con intentos fructíferos e infructuosos en la compra de distintos objetos y wiskys escoceses. Poco antes de subir al avión ya hemos visto un ruidoso grupo de jóvenes que como se ha confirmado después iban de despedida de solteros con un nivel alcohólico bastante elevado porque no han parado de vociferar a lo largo de todo el vuelo. Curiosamente parece que llegamos a Alicante envueltos en niebla, como si nos hubiera acompañado desde las lejanas tierras del norte.

Ya en la cinta que escupe las maletas, despedida, besos, abrazos. Eran las 9.30 de la noche.

Hay, sin duda, muchos detalles, percances, anécdotas, curiosidades que me escapan por olvido o por no haber sido testigo de los mismos. Animo al que quiera hacerlos inolvidables a que los escriba. Quiero dejar constancia también de lo mucho que este viaje debe al esfuerzo y dedicación de nuestros amigos y guías Martina y Jesús, sin cuya entrega y cariño nada hubiera sido igual.

San Juan, 3 de junio de 2018.
José Luis Simón Cámara.

XXIV Maratón de Praga (6-Mayo-2018)

Hace cinco meses mi madre y mi hermano me propusieron ir a visitar Praga, yo ni me lo pensé, miré fechas de la Maratónn de Praga y dicho y hecho.

Salimos viernes por la mañana, escala en Milano Malpenza y para medio día ya estábamos por Praga.

Visitas guiadas por la plaza vieja, castillo de Praga y puente de Carlos.

Praga es una ciudad pequeña con mucho encanto y muchas cosas bonitas que ver además de su cerveza pilsen …

Sábado por la mañana feria del corredor, dorsal y de nuevo a caminar por la ciudad. A media tarde me marcho al apartamento que tenemos situado en la misma Plaza Vieja, un lugar espectacular el cual recominendo visitar al menos una vez en la vida.

Domingo madrugo pronto ya que la carrera es a las 9:30 de la mañana, en Praga a las 5:30 de la mañana ya es de día.

Más de 18 grados nos anuncian para correr, mucha hidratación y al lío.

Los kilómetros van cayendo poco a poco, llevo un buen ritmo de carrera, pasamos la meida maratón en 1 h 44 min todo correcto según lo planificado.

Siguen cayendo los kilómetros bordeando el río Moldava con sus espectaculares catedrales y castillos de fondo, repito, Praga es una ciudad de ensueño.

Ultimos kilómetros en donde el cansancio se nota, el adoquín hace que la carrera final sea más difícil a partir del km 36, logro el objetivo que me propongo, siempre difícil, pero acabar una maratón.

Al final acabo en un meritorio 3h 42 minutos. Preparar un marathon en 2 meses escasos lesiones de por medio tiene sus consecuencias.

Por la tarde de nuevo ruta guiada, esta vez de las que me gustan ruta de la cerveza … visita a varias tabernas en donde hacen su propia cerveza realmente ESPECTACULAR.

Próxima parada Bournemouth Marathon (Octubre) … la ciudad de nuestro compañero Mark Knaggs

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jorge L. M40 3:41:56 1541 334

UTMB 2017

Presumiendo
Han pasado ya más de 6 meses desde que crucé la meta del UTMB y todavía llevo en mi muñeca derecha la pulsera roja y blanca que dan a todos los corredores. La miro a menudo y a veces sonrío, otras veces me emociono y en alguna ocasión se me nublan todavía los ojos. Incluso a veces levanto la manga de mi camisa o mi chaqueta para que se vea, por si alguien la reconoce y piensa para sus adentros “joder, este tío ha corrido el UTMB”. Aunque lo cierto en que lo más seguro es que piensen que es de algún festival de música ya que este es un deporte minoritario que poca gente conoce. Lo importante es lo que produce en mi, como dicen por ahí “orgullo y satisfacción”.

 

Sacrificios
Los sacrificios para poder correr UTMB son muchos. 4 años de entrenamiento, muchos km, muchos madrugones, mucho dinero y muchos otros planes aparcados hasta superar este reto. Dudaba en poner si esto era un “sueño” cumplido, pero lo cierto es que está carrera nunca ha sido un sueño para mí, ya que hace 2 años ni se me pasaba por la cabeza poder correr 170km. Ha sido un reto más, el más grande, pero ni más ni menos. No es algo con lo que soñara desde pequeño, ni algo prioritario en mi vida. Lo que sí tengo claro ahora es que lo vivido en esta aventura me deja una huella para siempre como no lo ha hecho casi nada en mi vida.

 

Las cifras
170km, 45h de carrera, 10.000 metros de desnivel positivo y 65h sin dormir. 100km de barro, lluvia, ventisca, -10 grados y muchos picos por encima de 2500m. A pesar de estas cifras, la única cosa que me asustaba era que tenía era pasar la segunda noche sin dormir. Hasta la fecha había corrido 125km, así que esto solo eran 45 más y no me preocupaba demasiado, pero sí cómo iba a reaccionar en la segunda noche, ya que me habían contado y había leído que mucha gente lo pasaba bastante mal. Lo cierto es que yo no tuve nada de sueño, parece imposible, pero hasta que no llegué al hotel y me relajé, no tuve ningún susto. No puedo decir lo mismo de Ángel que ya se dormía la primera noche y de Carlos, que tenía que darle gritos y conversación para que no se quedara dormido mientras andaba. Cada cuerpo reacciona de una manera, y no sabíamos lo que pasaría hasta que lo vivimos.

 

Sentimientos
No voy a describir en detalle cómo es la carrera, ni como es el terreno, ni cada tramo. En esta crónica quiero contaros, o contarme a mi mismo para recordarlo dentro de unos años, las emociones vividas antes, durante y después.

 

¡Yo he subido más alto!
Lo cierto es que cruzar la meta me llena de orgullo, de ego, de satisfacción pero nunca de un sentimiento de superioridad. Quizá llegar el 1.564 de 1.687 de un total de 2.540 que empezamos la aventura, con menos de una hora y media de margen 45:07:20 por debajo del tiempo límite de 46h 30 minutos, me haga sentirme humilde y conservar los pies en el suelo. Pero joder, ¡es todo un reto! Le comenté un día comiendo a Pepe, mi padre, que era el desafío deportivo más importante de la familia a lo que me respondió, orgulloso como nunca de su hijo, con solo cinco palabras que nunca olvidaré ¡Yo he subido más alto!…

 

5 de 5
Antes de empezar la carrera ya dije que era un éxito que los cinco que nos apuntamos casi un año antes, estuviéramos en la línea de salida, sin lesiones, ni ninguna cosa grave, y eso que Jorge tuvo un buen susto unas semana antes y yo me rompí dos costillas dos meses antes de la salida. También he de contar que tengo una alegría contenida, por qué igual que salimos cinco, tendríamos que haber llegado cinco. Ángel se retiró en el km 110. Le he dado muchas vueltas pensando que si me hubiera quedado con él y le hubiera empujado un poco más como han hecho conmigo en muchas ocasiones e hizo Carlos en esta, hubiéramos sido 5 de 5. Quizá fue egoísta no esperar un poco más, pero en carrera, con el tiempo justo, exhausto, es difícil sumar 2+2, y más complicado evaluar con calma determinadas decisiones. Seguramente continuar sin él fue un acto egoísta, pero también sé que solo yo puedo juzgarme a mi mismo, ya que cada uno competimos contra nosotros mismos y yo hubiera aceptado con total comprensión la misma decisión. También sé que a Ángel ni se le ha pasado esto por la cabeza, pero lo cuento porque es lo que siento estos días y creo que he aprendido de ello. Creo que en el grupo hay una alegría contenida por esa misma razón, porque esto ha sido un trabajo de equipo y nos ha faltado un miembro. Lección aprendida de todas formas, la próxima vez no dejo un compañero en un avituallamiento salvo causa de fuerza mayor. ¡Aplicarme a mi también el cuento!

 

La salida
En la línea de salida estuvimos más de una hora sentados esperando que llegara el momento. En cuanto dimos el primer paso se me encogió el corazón y estuve 2km llorando, soy el llorón del grupo. La salida es realmente espectacular, Chamonix se vuelca con nosotros. Hay un pasillo de gente durante casi 8km y todos van mirando el nombre de tu dorsal y te dicen “Bon courgege David”, “Bravo David”. A un km nos esperaba la familia animándonos, aunque solo nos vimos durante unos segundos, fueron suficientes para coger fuerzas para los primeros puertos. El siguiente empujón emocional fue encontrarnos con Jessi después del primer avituallamiento. Es una alegría ver gente conocida en carrera. Nos hicimos una foto y seguimos adelante.

 

Finisher
No sirve de nada lo que hayas pensando que ibas a hacer el día de la carrera, una vez empieza, cualquier cosa puede cambiar tu planificación, el único objetivo de una prueba como esta es ser Finisher. Tenía claro que Sergio y Carlos estaban un punto por encima. Iban a hacer su carrera a un ritmo superior al mío, así que la primera sorpresa fue encontrarnos con Jorge y Carlos en uno de los primeros avituallamientos. Ver a Carlos fue una mala señal. Nada más verle la cara sabía que algo había pasado. Nos contó que había pasado un momento muy malo por problemas estomacales, pero que continuaba.

 

Courmayeur
La carrera transcurre tranquila, ya sabemos que esto no son más que los kilómetros de calentamiento que poco a poco van agotándonos las fuerzas. Después de otra bajada infernal llegamos al km 80 donde nos está esperando la familia, en Courmayeur, Italia. Es el avituallamiento donde está la bolsa de vida, donde pasamos más tiempo, porque nos cambiamos de ropa, comemos y pasamos un rato con la familia. Sabíamos ya que aquí empezaba a la carrera. Cuando salimos de Courmayeur, nos coge Carlos por detrás y nos dice que el médico le había dado una pócima milagrosa: ‘agua con gas’. Hablamos con él y nos dice que no podía comer nada, y aunque parezca mentira, apenas comió hasta meta.

 

Las inclemencias del tiempo
Salimos Ángel, Carlos y yo con mucho calor de Courmayeur pero pronto el tiempo empieza complicarse. Lluvia, una ventisca de lluvia, nieve y frío nos cae encima camino del refugio de Bonatti nos metemos dentro como podemos y nos ponemos toda la ropa de abrigo y de protección para la lluvia que tenemos en la mochila. El el avituallmiento de Arnuva ya nos dicen que en la cima del Col Ferret hay -9 grados y que o nos ponemos todo el material obligatorio encima o no nos dejan salir. Menos mal que fuimos previsores y llevábamos más de lo obligatorio. El barro fue una constante en toda la carrera.

 

Nunca dejes a un compañero
Después de una bajada complicada, con mucho frío, barro y lluvia se nos hace de noche y Ángel se queda en la bajada. Carlos empieza a ponerse nervioso con los tiempos de corte y tira de mi para que vaya más rápido. Llegamos un poco antes que Ángel al avituallamiento y cuando llega él nos dice que va a descansar un poco, comer y que luego saldría. Este es el punto en el que tendríamos que haber esperado 5 minutos más y obligarle a salir con nosotros, ¡Lección aprendida!

 

Nuevos amigos
A la hora de salir Jorge Hermosillo un curioso personaje Mexicano se acerca a Carlos y a mi y nos pregunta si puede salir con nosotros, le decimos que claro, sin problema, y ya hacemos el resto de la carrera junto a él y a su mujer que nos espera en cada avituallamiento. Durante esas horas, vamos conversando y vamos descubriendo al gran deportista de 57 años que va con nosotros. 4 días antes había escalado en Mont Blanc y al día siguiente de acabar UTMB se iba a hacer el camino de santiago en bicicleta, vamos, sin palabras.

 

Luchando contra mi mismo
Conforme avanzan los km nos vamos dando cuenta que vamos bastante justos de tiempo y que los tiempos de corte los pasamos con 30, 45  minutos de tiempo, lo que nos obliga a hacer paradas muy cortas para repostar. Yo paso dos momentos muy malos, el primero en el puerto de Bovine donde nos cargamos 500m de desnivel en muy pocos km. Mi mente me dice que soy incapaz de correr 50km más, pero la engaño diciendo que solo tengo que hacer 30 más, que en 30 km me veo con la familia y allí me retiro. Parece que somos dos personas corriendo, una cansada, agotada y negativa, y otra que le va engañando con trucos mentales, y forzando la sonrisa de vez en cuando buscando sentimientos positivos. Afortunadamente gana la segunda.

 

Subimos ese puerto y en la bajada cojo mucho frío y empiezo a llorarle a Carlos diciéndole que no sé si voy a ser capaz. Ahora sé que lo que busco es su ánimo, su apoyo, ya que físicamente no tenía ningún problema, solo estaba cansado. Le pregunto si él va a continuar y me dice que hemos llegado hasta aquí y que él no va a parar hasta que reviente. Eso me hace pensar en lo que les dije a mis compañeros en un mini discurso en la salida, que habíamos llegado hasta aquí y solo teníamos una oportunidad, que fuéramos a por ella y no las dejáramos escapar. Las palabras de Carlos me animan y continuo.

 

El segundo momento malo es cuando pregunto en un avituallamiento cómo es el siguiente puerto, y me dicen igual que el que me acaba de destrozar.  Un pensamiento de retirada pasa por mi mente, pero vuelvo a auto engañarme rápido pensando que solo me queda subir un puerto y bajarlo para estar en Vallorcine, donde está la familia y casualmente nuestro hotel a 100m. No tiene sentido retirarme aquí porque me puede costar más llegar en autobús, que hacerlo andando, así que vuelvo a engañar al David pesimista, y me digo que subo el puerto y lo bajo y se acabó.

Amanece que no es poco
Pero amanece y subimos el puerto a muy buen ritmo, no paramos de adelantar a gente en todas las subidas de la carrera. La luz lo cambia todo, las noches son difíciles, pero los rayos de sol empiezan a salir y el sol a calentar y casi sin darnos cuenta, después de una larga bajada, llegamos a Vallorcine, a 20km de meta. Belén me da ánimos y Ángel que nos espera allí nos dice que no nos entretengamos que Sergio había tardado mucho en hacer la última parte y vamos con el tiempo justo. Así que no me da tiempo ni a cambiarme de ropa, ni casi a comer, ni a escuchar el mensaje de ánimo de Josemi, que escucharía días más tarde, y salimos decididos a ser finishers. Belén me pregunta que cómo voy, le digo que no se preocupe que llego sin problemas. Mi ánimo era otro. ¡El poder de la mente!

 

Sorpresa final
Luego pasa lo que pasa siempre al final de una ultra, nos esperaba como siempre la última parte de la carrera con sorpresas. Habían cambiado el recorrido y eso nos despistó un poco. Pensábamos que ya habíamos subido y empezado a bajar cuando nos damos cuenta que nos queda la subida a La Flegere, una pista de esquí con una subida de espanto, pero desde arriba, vemos Chamonix muy abajo y ya nos sentimos finishers.

 

Compañía inesperada
En la bajada y desde hacía ya muchos muchos kms, el dolor de pies era insoportable, y solo cuando conseguía dejar de pensar en el dolor,  podía disfrutar un poco. Menos mal que apareció otra vez Jessi con su inagotable sonrisa (para muestra una foto), que se había hecho el camino inverso para ir a nuestro encuentro y nos acompañó hasta meta. Solo dejar de pensar en el dolor y hablar con ella, hizo que todo fuera más soportable. ¡Mil gracias Jessi!

 

Felicidad compartida
En la entrada al pueblo, hay una imagen que se me quedará grabada para siempre. Íbamos Carlos y yo corriendo, porque había mucho público que nos animaba no porque tuviéramos fuerzas, y al girar la úlltima curva vi la cara de Sergio que salió a nuestro encuentro a la carrera y de un salto fundirnos enun abrazo. Esa cara se me ha quedado grabada, rota por el cansancio y la emoción de vernos, de saber que lo habíamos conseguido (solo habíamos tardado unas 7h más…).

 

Gracias Belén
Avanzamos por la última calle y por fin me encuentro con Belén, Joel y Jurek. Belén me pregunta si soy capaz de llevar a Jurek en brazos, y le digo ‘¡Sin problema!, avanzamos todos de la mano a meta junto al “tío” Carlos y por fin, después de casi dos días seguidos sin descanso, cruzo la meta. Me arrodillo y rompo a llorar desconsoladamente, de emoción, rabia, desahogo, satisfacción y no se cuántos sentimientos juntos. La verdad es que hasta se me caía la baba, ¡Vaya espectáculo!

 

Agradecimientos
Quería finalizar la crónica, como no, con varios agradecimientos. Hubo un sexto hombre que corrió con nosotros. Como he contado antes, Belén quiso ponerme un mensaje en Vallorcine, pero no tuvimos tiempo. No escuché ese mensaje hasta una semana más tarde tumbado en la cama releyendo el grupo de WhatsApp que teníamos nosotros, nuestras familias y el sexto hombre. En este grupo había un mensaje de audio que nos mandó Jose Miguel a Carlos y a mi para motivarnos en la última parte. Ese mensaje, tus consejos, tu sobre sorpresa y todo lo que has hecho por mi para que acabara UTMB, se merecen como poco una agradecimiento público. ¡Gracias amigo!

 

También releyendo ese grupo de WhatsApp puede comprobar lo duro que fue para ellas, nuestras mujeres, ese fin de semana. Creo que no fui consciente realmente hasta leer las conversaciones que cruzaron entre ellas. Tensión, miedo, incertidumbre, emoción contenida. En fin, gracias Belén, ¡Gracias chicas!
Y por último a todos aquellos que me seguisteis aquel fin de semana y que me habéis apoyado en esta locura. Gracias familia, Grupo Ñ, Locos Por el Trail, TTT…

Y por último de verdad a Ángel Parra, no hubiera acabado la carrera sin haber entrenado contigo, si no nos hubiéramos apuntado a la Transvulcania hace 4 años, si no hubiéramos hecho juntos los 110 primeros kilómetros. Esta carrera es tan tuya como mía. Gracias.

Y se me olvidaba mencionar a Carlos Ramos, que tiró de mi como siempre al final, solo espero alguna vez poderte devolver de alguna forma las vces que me has llevado a meta, aguantando mis quejas. Gracias.

¿Y ahora qué?
Mucha gente después de contarle la aventura, me preguntan que cuál es mi próximo reto. La verdad es que llevo 20 años disfrutando del deporte y los retos cada vez son mayores. No sé qué pasará a partir de ahora, no sé si haré algo tanto exigente como esto, no sé si habrá un reto más grande, pero sé que este ya no me lo cuentan.

 

David Gil
FINISHER DEL UTMB 2017

Dublin Marathon (29-Octubre-2017)

Tenía muchas ilusiones puestas en esta Maratón, la verdad que me está gustando mucho esto de correr en el extranjero, a principios de Junio se lo propuse a mi hermano ya que estuvo viviendo en DUBLIN y su respuesta fue, ¿estás seguro que vas a correr o vas a beber GUINNESS?. Dicho y hecho, en pleno verano compra de dorsal, compra de billetes de avión y de viaje a la bella Irlanda.

Meses de duros entrenos, buena puesta a punto hasta el último mes en donde una vieja lesión me vuelve a dar guerra.

Mi objetivo y para lo que estaba entrenando era bajar mi marca de 3h 25 minutos, acercarme al 3h 19 minutos pero después de las últimas 3 semanas todo se va al garete por el maldito gemelo.

Cambio de planes ahora, el objetivo es acabar dignamente y tengo que decir que fue gracias a  mi fisio de confianza NOELIA,  gracias por hacer magia con tus manos.

Llegamos el viernes a Dublín y nos vamos a ver la imponente y bella  iglesia de San Patricio, recorrido por el parque de Phoenix, paseo paralelo al río Liffey con sus múltiples pasos para los turistas y visita obligada al famoso TEMPLE BAR en donde hay infinidad de grifos de cerveza, conté hasta 14.

Ya el sábado hacemos la visita a la famosa y genuina THE GUINNESS STOREHOUSE en donde nos explican con todo lujo de detalles el proceso de fermentación de tan deseado tesoro, yo particularmente soy un enamorado de esta cerveza negra que tan popular hizo el señor Arthur Guinness que en su momento firmó un contrato de más de 9000 años. 4 horas de ruta por la fábrica  de 5 plantas merece la pena de verdad.

Feria del corredor en donde hay infinidad de gente de muchos países de Europa, esto de ir de copiloto en un taxi donde tienen el volante al otro lado es curioso y divertido.

Sábado noche un buen plato de pasta en un italiano y a preparar la ropa para la batalla del domingo.

El domingo desayuno rápido me coloco mi ropa de A TO TRAPO y lo único que pienso es en no lesionarme.

Comienza la carrera a 10 grados, temperatura perfecta para correr, un poco de sol el cual me encanta  y mi ritmo es cómodo  a 5´10 voy aguantando porque no sé cómo voy a salir de esta, me grabo a fuego una frase que me dice un amigo cuando uno está lesionado LA MEJOR MARCA ES CRUZAR LA META.

Van cayendo los km y paso la 1/2 en 1 h 49min voy bien sé que lo puedo hacer, pero la Marathon es larga y te pone a prueba tanto física como mentalmente. La carrera pasa por el centro de Dublín y por el parque Phoenix en donde hay mucha animación, llego hasta el km 33 en donde mi gemelo empieza a darme guerra y ya no voy bien, pero sé que voy a acabar,  los niños en la calle ofreciendo continuamente los ositos de chucherías con su sonrisa de oreja a oreja de inocencia y felicidad, voy acabando la carrera con continuas subidas ya que el perfil de la carrera no invita a un gran fin alero ya sé que voy a acabar.

Último km se acerca la meta, no me lo creo, lesionado y logro parar el cromo en 3h 49 minutos.

Nuevamente FINISHER de una Maratón y ya van 17.

Quién sabe dónde será la siguiente pero la habrá, no lo dudéis, muchos kms para seguir disfrutando.

Como bien dice un buen amigo mío, mi mejor Maratón está por llegar, esperemos que sea pronto.

Un abrazo amigos ser felices y disfrutar de la vida … corriendo.

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jorge M40 3:51:09 4893 1087