XXIV Maratón de Praga (6-Mayo-2018)

Hace cinco meses mi madre y mi hermano me propusieron ir a visitar Praga, yo ni me lo pensé, miré fechas de la Maratónn de Praga y dicho y hecho.

Salimos viernes por la mañana, escala en Milano Malpenza y para medio día ya estábamos por Praga.

Visitas guiadas por la plaza vieja, castillo de Praga y puente de Carlos.

Praga es una ciudad pequeña con mucho encanto y muchas cosas bonitas que ver además de su cerveza pilsen …

Sábado por la mañana feria del corredor, dorsal y de nuevo a caminar por la ciudad. A media tarde me marcho al apartamento que tenemos situado en la misma Plaza Vieja, un lugar espectacular el cual recominendo visitar al menos una vez en la vida.

Domingo madrugo pronto ya que la carrera es a las 9:30 de la mañana, en Praga a las 5:30 de la mañana ya es de día.

Más de 18 grados nos anuncian para correr, mucha hidratación y al lío.

Los kilómetros van cayendo poco a poco, llevo un buen ritmo de carrera, pasamos la meida maratón en 1 h 44 min todo correcto según lo planificado.

Siguen cayendo los kilómetros bordeando el río Moldava con sus espectaculares catedrales y castillos de fondo, repito, Praga es una ciudad de ensueño.

Ultimos kilómetros en donde el cansancio se nota, el adoquín hace que la carrera final sea más difícil a partir del km 36, logro el objetivo que me propongo, siempre difícil, pero acabar una maratón.

Al final acabo en un meritorio 3h 42 minutos. Preparar un marathon en 2 meses escasos lesiones de por medio tiene sus consecuencias.

Por la tarde de nuevo ruta guiada, esta vez de las que me gustan ruta de la cerveza … visita a varias tabernas en donde hacen su propia cerveza realmente ESPECTACULAR.

Próxima parada Bournemouth Marathon (Octubre) … la ciudad de nuestro compañero Mark Knaggs

Enlaces sobre esta prueba

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jorge L. M40 3:41:56 1541 334

Buscando mi chanclo

UTMB 2017

Presumiendo
Han pasado ya más de 6 meses desde que crucé la meta del UTMB y todavía llevo en mi muñeca derecha la pulsera roja y blanca que dan a todos los corredores. La miro a menudo y a veces sonrío, otras veces me emociono y en alguna ocasión se me nublan todavía los ojos. Incluso a veces levanto la manga de mi camisa o mi chaqueta para que se vea, por si alguien la reconoce y piensa para sus adentros “joder, este tío ha corrido el UTMB”. Aunque lo cierto en que lo más seguro es que piensen que es de algún festival de música ya que este es un deporte minoritario que poca gente conoce. Lo importante es lo que produce en mi, como dicen por ahí “orgullo y satisfacción”.

 

Sacrificios
Los sacrificios para poder correr UTMB son muchos. 4 años de entrenamiento, muchos km, muchos madrugones, mucho dinero y muchos otros planes aparcados hasta superar este reto. Dudaba en poner si esto era un “sueño” cumplido, pero lo cierto es que está carrera nunca ha sido un sueño para mí, ya que hace 2 años ni se me pasaba por la cabeza poder correr 170km. Ha sido un reto más, el más grande, pero ni más ni menos. No es algo con lo que soñara desde pequeño, ni algo prioritario en mi vida. Lo que sí tengo claro ahora es que lo vivido en esta aventura me deja una huella para siempre como no lo ha hecho casi nada en mi vida.

 

Las cifras
170km, 45h de carrera, 10.000 metros de desnivel positivo y 65h sin dormir. 100km de barro, lluvia, ventisca, -10 grados y muchos picos por encima de 2500m. A pesar de estas cifras, la única cosa que me asustaba era que tenía era pasar la segunda noche sin dormir. Hasta la fecha había corrido 125km, así que esto solo eran 45 más y no me preocupaba demasiado, pero sí cómo iba a reaccionar en la segunda noche, ya que me habían contado y había leído que mucha gente lo pasaba bastante mal. Lo cierto es que yo no tuve nada de sueño, parece imposible, pero hasta que no llegué al hotel y me relajé, no tuve ningún susto. No puedo decir lo mismo de Ángel que ya se dormía la primera noche y de Carlos, que tenía que darle gritos y conversación para que no se quedara dormido mientras andaba. Cada cuerpo reacciona de una manera, y no sabíamos lo que pasaría hasta que lo vivimos.

 

Sentimientos
No voy a describir en detalle cómo es la carrera, ni como es el terreno, ni cada tramo. En esta crónica quiero contaros, o contarme a mi mismo para recordarlo dentro de unos años, las emociones vividas antes, durante y después.

 

¡Yo he subido más alto!
Lo cierto es que cruzar la meta me llena de orgullo, de ego, de satisfacción pero nunca de un sentimiento de superioridad. Quizá llegar el 1.564 de 1.687 de un total de 2.540 que empezamos la aventura, con menos de una hora y media de margen 45:07:20 por debajo del tiempo límite de 46h 30 minutos, me haga sentirme humilde y conservar los pies en el suelo. Pero joder, ¡es todo un reto! Le comenté un día comiendo a Pepe, mi padre, que era el desafío deportivo más importante de la familia a lo que me respondió, orgulloso como nunca de su hijo, con solo cinco palabras que nunca olvidaré ¡Yo he subido más alto!…

 

5 de 5
Antes de empezar la carrera ya dije que era un éxito que los cinco que nos apuntamos casi un año antes, estuviéramos en la línea de salida, sin lesiones, ni ninguna cosa grave, y eso que Jorge tuvo un buen susto unas semana antes y yo me rompí dos costillas dos meses antes de la salida. También he de contar que tengo una alegría contenida, por qué igual que salimos cinco, tendríamos que haber llegado cinco. Ángel se retiró en el km 110. Le he dado muchas vueltas pensando que si me hubiera quedado con él y le hubiera empujado un poco más como han hecho conmigo en muchas ocasiones e hizo Carlos en esta, hubiéramos sido 5 de 5. Quizá fue egoísta no esperar un poco más, pero en carrera, con el tiempo justo, exhausto, es difícil sumar 2+2, y más complicado evaluar con calma determinadas decisiones. Seguramente continuar sin él fue un acto egoísta, pero también sé que solo yo puedo juzgarme a mi mismo, ya que cada uno competimos contra nosotros mismos y yo hubiera aceptado con total comprensión la misma decisión. También sé que a Ángel ni se le ha pasado esto por la cabeza, pero lo cuento porque es lo que siento estos días y creo que he aprendido de ello. Creo que en el grupo hay una alegría contenida por esa misma razón, porque esto ha sido un trabajo de equipo y nos ha faltado un miembro. Lección aprendida de todas formas, la próxima vez no dejo un compañero en un avituallamiento salvo causa de fuerza mayor. ¡Aplicarme a mi también el cuento!

 

La salida
En la línea de salida estuvimos más de una hora sentados esperando que llegara el momento. En cuanto dimos el primer paso se me encogió el corazón y estuve 2km llorando, soy el llorón del grupo. La salida es realmente espectacular, Chamonix se vuelca con nosotros. Hay un pasillo de gente durante casi 8km y todos van mirando el nombre de tu dorsal y te dicen “Bon courgege David”, “Bravo David”. A un km nos esperaba la familia animándonos, aunque solo nos vimos durante unos segundos, fueron suficientes para coger fuerzas para los primeros puertos. El siguiente empujón emocional fue encontrarnos con Jessi después del primer avituallamiento. Es una alegría ver gente conocida en carrera. Nos hicimos una foto y seguimos adelante.

 

Finisher
No sirve de nada lo que hayas pensando que ibas a hacer el día de la carrera, una vez empieza, cualquier cosa puede cambiar tu planificación, el único objetivo de una prueba como esta es ser Finisher. Tenía claro que Sergio y Carlos estaban un punto por encima. Iban a hacer su carrera a un ritmo superior al mío, así que la primera sorpresa fue encontrarnos con Jorge y Carlos en uno de los primeros avituallamientos. Ver a Carlos fue una mala señal. Nada más verle la cara sabía que algo había pasado. Nos contó que había pasado un momento muy malo por problemas estomacales, pero que continuaba.

 

Courmayeur
La carrera transcurre tranquila, ya sabemos que esto no son más que los kilómetros de calentamiento que poco a poco van agotándonos las fuerzas. Después de otra bajada infernal llegamos al km 80 donde nos está esperando la familia, en Courmayeur, Italia. Es el avituallamiento donde está la bolsa de vida, donde pasamos más tiempo, porque nos cambiamos de ropa, comemos y pasamos un rato con la familia. Sabíamos ya que aquí empezaba a la carrera. Cuando salimos de Courmayeur, nos coge Carlos por detrás y nos dice que el médico le había dado una pócima milagrosa: ‘agua con gas’. Hablamos con él y nos dice que no podía comer nada, y aunque parezca mentira, apenas comió hasta meta.

 

Las inclemencias del tiempo
Salimos Ángel, Carlos y yo con mucho calor de Courmayeur pero pronto el tiempo empieza complicarse. Lluvia, una ventisca de lluvia, nieve y frío nos cae encima camino del refugio de Bonatti nos metemos dentro como podemos y nos ponemos toda la ropa de abrigo y de protección para la lluvia que tenemos en la mochila. El el avituallmiento de Arnuva ya nos dicen que en la cima del Col Ferret hay -9 grados y que o nos ponemos todo el material obligatorio encima o no nos dejan salir. Menos mal que fuimos previsores y llevábamos más de lo obligatorio. El barro fue una constante en toda la carrera.

 

Nunca dejes a un compañero
Después de una bajada complicada, con mucho frío, barro y lluvia se nos hace de noche y Ángel se queda en la bajada. Carlos empieza a ponerse nervioso con los tiempos de corte y tira de mi para que vaya más rápido. Llegamos un poco antes que Ángel al avituallamiento y cuando llega él nos dice que va a descansar un poco, comer y que luego saldría. Este es el punto en el que tendríamos que haber esperado 5 minutos más y obligarle a salir con nosotros, ¡Lección aprendida!

 

Nuevos amigos
A la hora de salir Jorge Hermosillo un curioso personaje Mexicano se acerca a Carlos y a mi y nos pregunta si puede salir con nosotros, le decimos que claro, sin problema, y ya hacemos el resto de la carrera junto a él y a su mujer que nos espera en cada avituallamiento. Durante esas horas, vamos conversando y vamos descubriendo al gran deportista de 57 años que va con nosotros. 4 días antes había escalado en Mont Blanc y al día siguiente de acabar UTMB se iba a hacer el camino de santiago en bicicleta, vamos, sin palabras.

 

Luchando contra mi mismo
Conforme avanzan los km nos vamos dando cuenta que vamos bastante justos de tiempo y que los tiempos de corte los pasamos con 30, 45  minutos de tiempo, lo que nos obliga a hacer paradas muy cortas para repostar. Yo paso dos momentos muy malos, el primero en el puerto de Bovine donde nos cargamos 500m de desnivel en muy pocos km. Mi mente me dice que soy incapaz de correr 50km más, pero la engaño diciendo que solo tengo que hacer 30 más, que en 30 km me veo con la familia y allí me retiro. Parece que somos dos personas corriendo, una cansada, agotada y negativa, y otra que le va engañando con trucos mentales, y forzando la sonrisa de vez en cuando buscando sentimientos positivos. Afortunadamente gana la segunda.

 

Subimos ese puerto y en la bajada cojo mucho frío y empiezo a llorarle a Carlos diciéndole que no sé si voy a ser capaz. Ahora sé que lo que busco es su ánimo, su apoyo, ya que físicamente no tenía ningún problema, solo estaba cansado. Le pregunto si él va a continuar y me dice que hemos llegado hasta aquí y que él no va a parar hasta que reviente. Eso me hace pensar en lo que les dije a mis compañeros en un mini discurso en la salida, que habíamos llegado hasta aquí y solo teníamos una oportunidad, que fuéramos a por ella y no las dejáramos escapar. Las palabras de Carlos me animan y continuo.

 

El segundo momento malo es cuando pregunto en un avituallamiento cómo es el siguiente puerto, y me dicen igual que el que me acaba de destrozar.  Un pensamiento de retirada pasa por mi mente, pero vuelvo a auto engañarme rápido pensando que solo me queda subir un puerto y bajarlo para estar en Vallorcine, donde está la familia y casualmente nuestro hotel a 100m. No tiene sentido retirarme aquí porque me puede costar más llegar en autobús, que hacerlo andando, así que vuelvo a engañar al David pesimista, y me digo que subo el puerto y lo bajo y se acabó.

Amanece que no es poco
Pero amanece y subimos el puerto a muy buen ritmo, no paramos de adelantar a gente en todas las subidas de la carrera. La luz lo cambia todo, las noches son difíciles, pero los rayos de sol empiezan a salir y el sol a calentar y casi sin darnos cuenta, después de una larga bajada, llegamos a Vallorcine, a 20km de meta. Belén me da ánimos y Ángel que nos espera allí nos dice que no nos entretengamos que Sergio había tardado mucho en hacer la última parte y vamos con el tiempo justo. Así que no me da tiempo ni a cambiarme de ropa, ni casi a comer, ni a escuchar el mensaje de ánimo de Josemi, que escucharía días más tarde, y salimos decididos a ser finishers. Belén me pregunta que cómo voy, le digo que no se preocupe que llego sin problemas. Mi ánimo era otro. ¡El poder de la mente!

 

Sorpresa final
Luego pasa lo que pasa siempre al final de una ultra, nos esperaba como siempre la última parte de la carrera con sorpresas. Habían cambiado el recorrido y eso nos despistó un poco. Pensábamos que ya habíamos subido y empezado a bajar cuando nos damos cuenta que nos queda la subida a La Flegere, una pista de esquí con una subida de espanto, pero desde arriba, vemos Chamonix muy abajo y ya nos sentimos finishers.

 

Compañía inesperada
En la bajada y desde hacía ya muchos muchos kms, el dolor de pies era insoportable, y solo cuando conseguía dejar de pensar en el dolor,  podía disfrutar un poco. Menos mal que apareció otra vez Jessi con su inagotable sonrisa (para muestra una foto), que se había hecho el camino inverso para ir a nuestro encuentro y nos acompañó hasta meta. Solo dejar de pensar en el dolor y hablar con ella, hizo que todo fuera más soportable. ¡Mil gracias Jessi!

 

Felicidad compartida
En la entrada al pueblo, hay una imagen que se me quedará grabada para siempre. Íbamos Carlos y yo corriendo, porque había mucho público que nos animaba no porque tuviéramos fuerzas, y al girar la úlltima curva vi la cara de Sergio que salió a nuestro encuentro a la carrera y de un salto fundirnos enun abrazo. Esa cara se me ha quedado grabada, rota por el cansancio y la emoción de vernos, de saber que lo habíamos conseguido (solo habíamos tardado unas 7h más…).

 

Gracias Belén
Avanzamos por la última calle y por fin me encuentro con Belén, Joel y Jurek. Belén me pregunta si soy capaz de llevar a Jurek en brazos, y le digo ‘¡Sin problema!, avanzamos todos de la mano a meta junto al “tío” Carlos y por fin, después de casi dos días seguidos sin descanso, cruzo la meta. Me arrodillo y rompo a llorar desconsoladamente, de emoción, rabia, desahogo, satisfacción y no se cuántos sentimientos juntos. La verdad es que hasta se me caía la baba, ¡Vaya espectáculo!

 

Agradecimientos
Quería finalizar la crónica, como no, con varios agradecimientos. Hubo un sexto hombre que corrió con nosotros. Como he contado antes, Belén quiso ponerme un mensaje en Vallorcine, pero no tuvimos tiempo. No escuché ese mensaje hasta una semana más tarde tumbado en la cama releyendo el grupo de WhatsApp que teníamos nosotros, nuestras familias y el sexto hombre. En este grupo había un mensaje de audio que nos mandó Jose Miguel a Carlos y a mi para motivarnos en la última parte. Ese mensaje, tus consejos, tu sobre sorpresa y todo lo que has hecho por mi para que acabara UTMB, se merecen como poco una agradecimiento público. ¡Gracias amigo!

 

También releyendo ese grupo de WhatsApp puede comprobar lo duro que fue para ellas, nuestras mujeres, ese fin de semana. Creo que no fui consciente realmente hasta leer las conversaciones que cruzaron entre ellas. Tensión, miedo, incertidumbre, emoción contenida. En fin, gracias Belén, ¡Gracias chicas!
Y por último a todos aquellos que me seguisteis aquel fin de semana y que me habéis apoyado en esta locura. Gracias familia, Grupo Ñ, Locos Por el Trail, TTT…

Y por último de verdad a Ángel Parra, no hubiera acabado la carrera sin haber entrenado contigo, si no nos hubiéramos apuntado a la Transvulcania hace 4 años, si no hubiéramos hecho juntos los 110 primeros kilómetros. Esta carrera es tan tuya como mía. Gracias.

Y se me olvidaba mencionar a Carlos Ramos, que tiró de mi como siempre al final, solo espero alguna vez poderte devolver de alguna forma las vces que me has llevado a meta, aguantando mis quejas. Gracias.

¿Y ahora qué?
Mucha gente después de contarle la aventura, me preguntan que cuál es mi próximo reto. La verdad es que llevo 20 años disfrutando del deporte y los retos cada vez son mayores. No sé qué pasará a partir de ahora, no sé si haré algo tanto exigente como esto, no sé si habrá un reto más grande, pero sé que este ya no me lo cuentan.

 

David Gil
FINISHER DEL UTMB 2017

Dublin Marathon (29-Octubre-2017)

Tenía muchas ilusiones puestas en esta Maratón, la verdad que me está gustando mucho esto de correr en el extranjero, a principios de Junio se lo propuse a mi hermano ya que estuvo viviendo en DUBLIN y su respuesta fue, ¿estás seguro que vas a correr o vas a beber GUINNESS?. Dicho y hecho, en pleno verano compra de dorsal, compra de billetes de avión y de viaje a la bella Irlanda.

Meses de duros entrenos, buena puesta a punto hasta el último mes en donde una vieja lesión me vuelve a dar guerra.

Mi objetivo y para lo que estaba entrenando era bajar mi marca de 3h 25 minutos, acercarme al 3h 19 minutos pero después de las últimas 3 semanas todo se va al garete por el maldito gemelo.

Cambio de planes ahora, el objetivo es acabar dignamente y tengo que decir que fue gracias a  mi fisio de confianza NOELIA,  gracias por hacer magia con tus manos.

Llegamos el viernes a Dublín y nos vamos a ver la imponente y bella  iglesia de San Patricio, recorrido por el parque de Phoenix, paseo paralelo al río Liffey con sus múltiples pasos para los turistas y visita obligada al famoso TEMPLE BAR en donde hay infinidad de grifos de cerveza, conté hasta 14.

Ya el sábado hacemos la visita a la famosa y genuina THE GUINNESS STOREHOUSE en donde nos explican con todo lujo de detalles el proceso de fermentación de tan deseado tesoro, yo particularmente soy un enamorado de esta cerveza negra que tan popular hizo el señor Arthur Guinness que en su momento firmó un contrato de más de 9000 años. 4 horas de ruta por la fábrica  de 5 plantas merece la pena de verdad.

Feria del corredor en donde hay infinidad de gente de muchos países de Europa, esto de ir de copiloto en un taxi donde tienen el volante al otro lado es curioso y divertido.

Sábado noche un buen plato de pasta en un italiano y a preparar la ropa para la batalla del domingo.

El domingo desayuno rápido me coloco mi ropa de A TO TRAPO y lo único que pienso es en no lesionarme.

Comienza la carrera a 10 grados, temperatura perfecta para correr, un poco de sol el cual me encanta  y mi ritmo es cómodo  a 5´10 voy aguantando porque no sé cómo voy a salir de esta, me grabo a fuego una frase que me dice un amigo cuando uno está lesionado LA MEJOR MARCA ES CRUZAR LA META.

Van cayendo los km y paso la 1/2 en 1 h 49min voy bien sé que lo puedo hacer, pero la Marathon es larga y te pone a prueba tanto física como mentalmente. La carrera pasa por el centro de Dublín y por el parque Phoenix en donde hay mucha animación, llego hasta el km 33 en donde mi gemelo empieza a darme guerra y ya no voy bien, pero sé que voy a acabar,  los niños en la calle ofreciendo continuamente los ositos de chucherías con su sonrisa de oreja a oreja de inocencia y felicidad, voy acabando la carrera con continuas subidas ya que el perfil de la carrera no invita a un gran fin alero ya sé que voy a acabar.

Último km se acerca la meta, no me lo creo, lesionado y logro parar el cromo en 3h 49 minutos.

Nuevamente FINISHER de una Maratón y ya van 17.

Quién sabe dónde será la siguiente pero la habrá, no lo dudéis, muchos kms para seguir disfrutando.

Como bien dice un buen amigo mío, mi mejor Maratón está por llegar, esperemos que sea pronto.

Un abrazo amigos ser felices y disfrutar de la vida … corriendo.

Nombre Categoría Tiempo Puesto General Puesto Categoría
Jorge M40 3:51:09 4893 1087

Viaje a Viena. (19-22 de mayo de 2017)

Viernes, 19.

Poco rato después de sobrevolar las aún grandes manchas de nieve de los Alpes que se extienden cientos de kilómetros comenzamos a ver extensiones verdes de prados y bosques ya en las proximidades de Viena. Al asomarnos a la escalerilla del avión nos recibió un viento cálido. Nos hemos dirigido al tren CAT. Después de alguna dificultad con los tikets (12 + 12 = 24 euros) en las máquinas expendedoras hemos subido al tren y en 16 minutos estábamos en Viena. Llegamos a la MitteWien o estación central. Cogimos el metro para llegar a Mariahilfer strasse, 34, donde se encuentra el hotel NH. Nos habíamos pasado una parada y eso nos obligó a caminar 15 minutos por la amplia calle comercial, llena de marcas: Boss, Zara, Berska, Diesel, H and M…. La parada de Neubaigasse está justo en los bajos del hotel. (He averiguado que la diferencia entre strasse y gasse es la que hay entre calle y callejón). Dejamos la maleta tras pasar por recepción y bajamos a un kiosco de la calle donde tomamos unas salchichas y longanizas con tomate y mostaza, y dos botellas de medio litro de cerveza, a la sombra del kiosco, frente a Maríahilferkirche, iglesia barroca dedicada a María Auxiliadora, con una campana de 4.500 kilos. La hora, eran casi las 3, nos ayudó a devorarlos. Regresamos al hotel y descansamos hasta las 5.30. Después de la siesta nos desprendimos de la camiseta interior. Sorprendente que la lleváramos aún en Alicante y fuera justamente en Centroeuropa donde el calor nos obligara a quitárnosla.

Emprendimos un recorrido por la laberíntica zona monumental. Palacio imperial de Hofbourg, del gótico al historicismo, donde están plasmados todos los estilos, residencia de la mayor parte de la realeza austríaca, especialmente de la dinastía Habsburgo durante más de 600 años. Se entra y sale por patios y arcadas, escuela de equitación española, salas de exposiciones.

Perdidos entre palacios y jardines llenos de gente tumbada por el césped, con niños correteando, de vez en cuando las campanas o el reloj de una iglesia, fuimos de Albertina a Francisco José y de Fernando a María Teresa viendo pasar carruajes de caballos con turistas. Antes de verlos ya el olfato se había percatado de su proximidad por el inconfundible olor a boñigas que impregna el entorno monumental. Eso sí, los carruajes llevan un dispositivo que recoge las deposiciones sin que haya muestras de ellas por la calle.

Difícil ver suciedad. Casi todos los monumentos se caracterizan por su tamaño, grandioso, mastodóntico, algo distinto a la elegancia de los palacios italianos del Renacimiento. Fuimos recorriendo palacios, unos en forma de herradura, otros de doble interrogación con jardines, hasta encontrarnos con un jardín lleno de gente, música más allá y mesas con jarras de cerveza y vino blanco. Un conjunto musical toca canciones populares y la gente baila y se agolpa con trajes regionales del Tirol. Nos encontramos en la Ratplatz o plaza del Ayuntamiento, edificio neogótico de finales del siglo XIX con torres como de iglesia, lleno de banderas. Pedimos dos copas de vino blanco, el que había. 5 euros, 2 de garantía por las copas de vino que nos reembolsan al devolverlas. De allí seguimos, a un lado la Universidad, guiados por una esbelta torre a lo lejos. Apenas podemos acercarnos porque está rodeada de una valla en rehabilitación. Parece gótica y lo es, pero del siglo XIX.

Es la Votiv Kirche, Iglesia votiva. Iniciamos ya el camino de regreso. Habíamos llegado al punto más lejano previsto para el paseo de hoy y poco después del Parlamento, cuando teóricamente nos quedaba ya menos de la mitad del recorrido, con poca luz y un mapa impreciso, comenzamos a dar vueltas por la zona alejándonos del destino. Después de preguntar varias veces con resultados contradictorios, llegamos ya a las 9.30, exhaustos, a la calle Mariahilfer. Nos sentamos en la calle en un italiano. Inma tomó un croissant con café con leche y yo una cazuela con tres huevos fritos y jamón. Antes de las 11 Inma dormía y poco después también yo, arrullado con el susurro de la canción tercera de Garcilaso, escrita por estas tierras.

Sábado, 20.

Hoy hemos salido ya desayunados hacia las 10 en dirección al Naschmark

Antes hemos pasado por la Ópera para informarnos de sus actividades. El edificio de la Ópera es neorrenacentista, de mármol blanco. Antes de llegar ya se te echan encima jóvenes vestidos con trajes de época ofreciéndote todo tipo de entradas a los espectáculos de la ópera o de palacios dedicados a representaciones musicales y ballets. Entradas a 80, 60 ó 40 euros, dependiendo del lugar elegido para presenciar la representación. Incluso era posible tener una entrada para 2 por 35 euros, algo tentador, pero minutos después resulta que no era allí, en la Ópera, sino en otro de los muchos palacios que se dedican a ofrecer representaciones. Nos ha parecido poco claro y hemos desistido, pero antes de marcharnos seguidos por su insistencia, nos ha dicho que podíamos hacer una visita guiada a la Ópera por 6 ó 7 euros. Caminando encontramos un gran jardín, Karlplatz, con la grandiosa iglesia barroca de San Carlos Borromeo al fondo, escoltada por dos impresionantes columnas y poco después llegamos al Naschmercat, entre dos calles, Linke Wienzeile y Rechte Wienzeile, que se abren formando un largo y ovalado espacio de casi un kilómetro de largo.

Los primeros cientos de metros están copados por puestos o chiringuitos de mariscos, carnes, encurtidos, salazones, olivas, todo tipo de vegetales, lechugas, brócoli, espárragos, salchichas, pizzas, comida india, china, japonesa, puestos con especias y mil colores y olores que perfuman el entorno. Hacia las 12 y estimulados por tanto derroche de olores, colores y sabores, hemos parado en una quesería donde hemos tomado queso francés con un vino blanco muy suave y cerveza. Muy amables.

Hemos seguido el paseo entre gente que a veces dificultaba el paso por los pasillos entre unos y otros comerciantes hasta llegar a una zona de ropa, pañuelos, gorros y finalmente el mercado de las pulgas, donde se puede encontrar de todo y de todas las épocas, desde anillos y collares a grifos viejos o teléfonos de todos los modelos y épocas, trozos de aparatos en desuso, tuercas de distintos tamaños…

Hacia las 13.30, regresando por otro de los pasillos del interminable mercado ya pensábamos en comer. Habíamos leído de un café Drechsler, fundado en 1919 en la calle Linke, nº 22, y justamente estábamos al lado. Mantiene el aire de la época. El frío con el que ha amanecido el día ya se hacía más palpable y, cansados también de tanto roce humano, hemos encontrado alivio al entrar en aquel remanso de paz, sin ruido y acogedor, espacioso y silencioso. En forma de L, con unas lámparas antiguas nos hemos sentado en una antigua mesa de mármol gris con pies de hierro negro. Una sopa de lentejas y un escalope con ensalada de verduras y patata, vino blanco y 2 cañas, 2 expresos y un Jaques Daniel, 40 euros.

Ya repuestos hemos regresado a la Ópera donde teníamos previsto entrar con un grupo a las 3 para hacer una visita guiada y, al menos, conocer ese mítico lugar donde cantan los divos. Ayer tarde precisamente dieron un concierto de homenaje a uno de ellos con motivo del 50 aniversario de su primera actuación en este lugar, Plácido Domingo.

Construida a mediados del siglo XIX fue semidestruida en la 2ª guerra mundial y reconstruida después. Hacen más de 300 representaciones al año y tienen decorados de más de 150 óperas, lo que obliga a tenerlos en un almacén donde cada día los camiones, que pueden acceder hasta el escenario, los tienen que recoger y cambiar. El escenario tiene forma de herradura y es allí donde se celebra el baile del martes de carnaval en el que participan 150 parejas. Las condiciones para poder presentarse son tres: tener entre 17 y 24 años, saber bailar el vals y pagar 150 euros. Aunque si los bailarines quieren tener derecho a sentarse en una mesa deben pagar otros 100 euros por cabeza. Hoy sábado, 20 de Mayo, se representa “El oro del Rhin”, ópera de Wagner. Normalmente todas las entradas están vendidas de antemano y aunque suelen rondar los precios por los 100 euros, teóricamente se pueden sacar entradas de pie por 11 euros, pero es prácticamente imposible porque ya hoy había cola a las 2 para sacar esas entradas y la función es a las 7 de la tarde. Hemos sabido que en una gran pantalla en el exterior del edificio se proyecta la función y allí hemos ido a las 6.50. Hemos tomado asiento y nos hemos zampado media hora de una representación aburridísima, con ruidos, frío y sin entender nada. No nos ha enganchado. Nos hemos hecho unas fotos con la estatua de Goethe, otras en la plaza de Schiller y hemos regresado al hotel tras tomar un tentempié.

Domingo, 21.

Hoy hemos visitado el monumento más hermoso con diferencia de toda Viena, la catedral de San Esteban o Stephandom. Una obra con la que ninguna otra resiste la comparación. Empezada a construir como iglesia románica en el siglo XII, fue sufriendo modificaciones sucesivas al ritmo del desarrollo de la ciudad y su burguesía, hasta que en el S. XV comienza ya a ampliarse por el exterior, manteniendo el culto en la nave antigua, y va desarrollándose con la aportación de distintos estilos según las épocas, por eso hay también elementos renacentistas y barrocos. Su torre principal se puede ver desde casi toda la ciudad. Parece un gigante rodeado de enanos. En su interior, formado por tres naves, las recargadas columnas son esbeltísimas. Se conservan pocas vidrieras originales, la mayoría destruida por los bombardeos en la 2ª guerra mundial. Coincidiendo con la visita hemos escuchado el órgano y algunas voces profesionales cantando una misa de Mozart.

El frío arreciaba y hemos vuelto al hotel antes de alejarnos más. Habíamos sacado dos tikets de metro para 24 horas. A 7.50 euros cada uno. Eso es el equivalente de tres viajes. Hoy habremos hecho 7 u 8. El tiempo de espera, anunciado con precisión en unos paneles, nunca ha superado los 4 minutos. Ya abrigados nos hemos dirigido hacia el Danubio, el viejo Danubio, que ahora se ha convertido en una especie de zona pantanosa, rodeada de pequeñas casas, con mucha vegetación y nenúfares, en comunicación con el gran río de fuerte corriente y partido en dos grandes brazos separados por una isla estrecha, de unos 300 metros, pero de 22 kilómetros de larga. El brazo más próximo al viejo Danubio tiene unos 200 metros de ancho y el otro unos 300. Hemos paseado por la isla, paraíso de aves que picotean despreocupadamente por el césped, corredores y ciclistas bajo los árboles, así kilómetros y kilómetros, a cada lado un Danubio. Entre el viejo y el nuevo Danubio, la moderna Donau City, un bosque erizado de edificios y torres altísimas de hormigón, acero y cristal contra los que se estrellan las aves, deslumbradas. Paseando por aquellos parajes cómo no acordarnos de que en una de estas islas, parece que más arriba, por las proximidades de Ratisbona, fue donde Garcilaso estuvo desterrado por su amigo el emperador Carlos V por desobedecer sus órdenes y apadrinar la boda de su sobrino Pedro, hijo de su difunto hermano Pedro Laso de la Vega, comunero convicto y confeso. He aquí unas estrofas de su canción tercera:

“Con un manso ruïdo
de agua corriente y clara,
cerca el Danubio una isla, que pudiera
ser lugar escogido
para que descansara
quien como yo estoy agora no estuviera;
……
Aquí estuve yo puesto,
o, por mejor decirlo,
preso, forzado y solo en tierra ajena;
…….
Danubio, río divino,
que por fieras naciones
vas con tus claras ondas discurriendo…”

Desde allí hemos ido en busca de El Prater, ese inmenso parque, pulmón de Viena y lugar de paseo de los vieneses ya desde finales del siglo XIX, como cuenta Stephan Zweig en sus memorias:

“Recuerdo aún el día de mi primera infancia (Zweig nació en 1881) en que, con el ascenso del partido socialista, se produjo en Austria el cambio decisivo; con el fin de demostrar por primera vez y de manera evidente su poder y su número, los obreros habían hecho circular la consigna de declarar el primero de mayo fiesta del pueblo trabajador y decidieron que desfilarían en formación cerrada por el Prater, más concretamente por su avenida central, donde por lo general se veían, entre anchas y hermosas hileras de castaños, desfiles de calesas y landós pertenecientes a la aristocracia y la burguesía rica. Presa de horror, la buena burguesía liberal se quedó de una pieza ante semejante anuncio. ¡Socialistas! La palabra tenía entonces, en Alemania y Austria, un sabor a sangre y terrorismo, como antes la palabra “jacobinos” y más tarde “bolcheviques”; en un primer momento nadie creía posible que aquella horda roja llevase a cabo su marcha desde los suburbios sin quemar casas, saquear tiendas y cometer todos los actos de violencia imaginables. Una especie de pánico se apoderó de la gente. La policía de toda la ciudad y de los alrededores se apostó en la calle de Prater y el ejército, puesto en estado de alerta, recibió la orden de disparar en caso de necesidad; ningún carruaje se atrevió a acercarse al Prater, los comerciantes bajaron las persianas de hierro de sus tiendas y recuerdo que los padres prohibieron a sus hijos salir a la calle en un día de tamaño espanto, que podía ver a Viena en llamas. Pero no pasó nada. Los obreros marcharon hasta el Prater con mujeres e hijos, en compactas filas de a cuatro y con una disciplina ejemplar, ostentando todos en el ojal un clavel rojo, el símbolo del partido. Durante la archa cantaron La Internacional, aunque los niños, al llegar al hermoso césped de la “Avenida noble”, que pisaban por primera vez, intercalaron en ella sus inocentes canciones de colegio. No se insultó a nadie, no se golpeó a nadie, no se cerró ningún puño; policías y soldados sonreían a los manifestantes en un gesto de camaradería. Gracias a aquella actitud irreprochable, ya le fue imposible a la burguesía estigmatizar a la clase obrera tachándola de “horda revolucionaria” y, como siempre en la vieja y sabia Austria, se llegó a concesiones mutuas; aún no se había inventado el actual sistema de represión y erradicación a porrazo limpio, todavía estaba vivo (aunque ya palidecía) el ideal de humanismo, incluso entre los líderes de los partidos.

Apenas había aparecido el clavel rojo como símbolo del partido, en seguida se vio otra flor en el ojal, el clavel blanco, signo de afiliación al partido socialcristiano (¿verdad que es enternecedor que aún se eligiesen flores como distintivos de los partidos, en lugar de botas altas, puñales y calaveras?)”.

Notas tomadas del interesantísimo libro “El mundo de ayer”, pág. 91 y siguientes.

Hay allí una feria permanente alrededor de la antigua noria. Por allí pasean corredores, ciclistas, gentes sentadas bajo los árboles, cuervos confiados picoteando, que solo inician el vuelo cuando ven encima a los humanos.

Comimos una sopa, pizza y ensalada con un litro de cerveza y dos cafés. (30 euros). Aunque sentimos la tentación de echarnos sobre el césped para dormitar la comida, cogimos nuevamente el metro porque la tierra aún estaba algo húmeda de la lluvia nocturna.

Descansamos un rato en el hotel y por la tarde volvimos a la carga con la ópera. Hoy tocaba “Las Walkírias” de Wagner. Hemos aguantado sentados delante de la gran pantalla una hora y, ya algo cansados de ópera y helados, aún nos quedaba la visita al Museumquartier que, de tan cerca de nuestro hotel, nos había pasado desapercibido. Parte del edificio está además en rehabilitación tapado con grandes paneles delante de los cuales el día anterior vimos una concentración de gente sudamericana con música y fotos protestando por la situación en Venezuela. En el interior del conjunto se encuentra el Leopold musseum y el Mumak, de arte moderno. Ambos ya cerrados a aquella hora de la tarde. Atraídos por el movimiento de gente con copas en la mano nos hemos dirigido a una sala de donde salían, bien vestidos, más bien de mediana edad. Ya dentro de la sala camareros que pasaban con bandejas de bebidas y canapés. Aunque nadie nos ha dicho nada hemos visto un cartel en la puerta donde ponía “Event privé”, Congreso europeo de diseño estratégico. Aún hemos cruzado después a los jardines de María Teresa, la emperatriz, flanqueados por el museo de historia natural y el museo de arte. Ha sido la última visita.

Hacia las 8.30 café con leche gigante y croissant en la cafetería donde nos han atendido con más simpatía. Una de las camareras, creyendo que éramos franceses nos decía “Je m´apelle Alejandra”. Era lo único que sabía en francés. Curiosamente en una parte, la más visible y exterior del bar, hay un salón para fumadores que está casi siempre lleno.

Hemos preguntado si eso es normal y nos han dicho que sí, que suele haber un salón para fumadores en muchos bares de Viena. Poco después al hotel. Mañana a las 9.45 un taxi pasa a recogernos para llevarnos al aeropuerto.

Lunes, 22.

Ya en el aeropuerto comenzamos a sobrevolar las verdes praderas vienesas hasta ver 70 minutos después los secos campos de Fiumicino en Roma. Allí un imprevisto control de pasaportes por la suspensión temporal de los acuerdos de libre circulación de Schenguen a causa de la reunión del G 7 en Taormina. Una hora después volamos rumbo a Alicante, rodeada también de montes y valles amarillos y secos.

San Juan, 28 de mayo de 2017.
José Luis Simón Cámara.